Primera página (105), respuesta

El príncipe feliz, de Oscar Wilde

por Flavia de la Fuente

Como decidimos prolongar nuestro viaje por el litoral argentino, y se nos estaban acabando los libros para las primeras páginas, antes de partir de Santa Fe fuimos corriendo a una librería que nos recomendó un tuitero. La librería se llama Ferrovía y queda en la calle 9 de Julio 3137. Espiamos con cautela la vidriera y nos dimos cuenta de que se trataba de una librería interesante. Entramos, y le comentamos a Santiago, así se llama el joven librero, que buscábamos libros pequeños, que se pudieran leer rápido y le contamos este proyecto de las primeras páginas. Así fue cómo me llevé varios cuentos ilustrados para chicos y muchos libros más que nos les voy a revelar ahora. Pagamos la cuenta y, cuando me estaba yendo, Santiago me regaló El príncipe feliz de Oscar Wilde, una edición preciosa de Gadir de tapas duras, papel ilustración de buen gramaje e ilustrada por Georges Lemoine. Además, la traducción de Borges hace de su lectura una delicia, un auténtico placer.

Como siempre, me fijo la fecha de nacimiento de Oscar Wilde (cuyo nombre completo era Oscar Fingal O’Flahertie Wills) y veo que mañana es el aniversario de su natalicio. Wilde nació en Dublín el 16 de octubre de 1854. Su vida fue breve, vivió apenas cuarenta y seis años. Murió en Francia en 1900.

De Oscar Wilde leí El retrato de Dorian Gray y De profundis. De Dorian Gray (1891), su única novela, lo único que puedo decir es que me gustó mucho en su momento, pero no puedo afirmar nada más, dado que la leí en otra vida, cuando tenía más o menos veinte años y no sé qué me pasaría ahora con el mismo libro. En cambio,  De profundis la leí de grande, ya bien pasados los cuarenta y recuerdo que me pareció una obra maestra y que me conmovió su desesperación, amargura y sinceridad. Siempre ando con ganas de releer esa carta que Wilde le escribió desde la prisión a su pareja, Lord Alfred Douglas (más conocido como “Bosie”).

Volviendo a la primera página de hoy, Georges Lemoine escribe que los cuentos infantiles de Wilde fueron exitosos desde su origen y lo siguieron siendo siempre. Que cuando se publicó en 1888 El príncipe feliz y otros cuentos la tirada fue de 1000 ejemplares que se agotaron rápidamente.

El cuento es sencillamente maravilloso. ¡Qué elegante es la prosa de Wilde! Es una delicia. El príncipe feliz cuenta la historia de una estatua y una golondrina. La estatua del príncipe era hermosa, resplandeciente, bañada en oro. Los ojos eran dos brillantes zafiros y un rubí rojo centelleaba en la espada. Era el orgullo del pueblo. Un día, una golondrina rezagada se refugia a los pies de la estatua y siente que le caen gotas de agua. Lo primero que piensa la golondrina es que llueve, mas enseguida se da cuenta de que no es así. Curiosa, levanta vuelo para ver qué pasa y atónita comprueba que la estatua está llorando, que el agua que cae son las enormes lágrimas de los ojos del príncipe feliz. Preocupada, la buena golondrina le pregunta por qué llora y así es cómo el príncipe le cuenta las miserias que ve en el mundo y, de ahí en más, juntos se ocuparán de remediar cuanto esté a su alcance. Un niño enfermo que no tiene dinero ni para el jugo de naranja que necesita, una costurera sin esperanza. En fin, la cuestión es que el príncipe le ruega a la golondrina que le saque cada uno de sus adornos valiosos y se los entregue a los necesitados. Y así, poco a poco, se va despojando de todos sus ornamentos. La golondrina cumple con cada una de las misiones con suma responsabilidad y cada vez que retorna junto al príncipe le recuerda que ella debe partir, que debe unirse con sus congéneres en Egipto. Pero el príncipe, para retenerla, le ruega que antes de irse sobrevuele por una única vez la ciudad para que vea la miseria del mundo. La golondrina, que a esta altura estaba totalmente enamorada del príncipe feliz, cumple otra vez con los deseos de su amado y ve con sus propios ojos el horror de la miseria y la enfermedad. Así que cuando regresa junto a la estatua le anuncia que se quedará junto a él para siempre, para juntos tratar de paliar tanta desgracia. Cada día, la golondrina despega trocitos del oro que tiene adherido el príncipe a su cuerpo y se lo entrega a los pobres. Con ese oro salvan a muchos miserables de morir de hambre. Mientras tanto, el clima se va volviendo frío y más frío. El invierno avanza implacable. Una noche helada, con la ciudad cubierta de nieve, la fiel golondrina se da cuenta de que va a morir, de que su cuerpo no tolera más el frío. Se despide entonces de su amado, a quién le dice que llegó el momento de partir, pero esta vez no se trata del viaje a Egipto, sino del viaje final hacia la muerte. Al morir la golondrina, al príncipe se le rompe en dos su corazón de plomo. Días más tarde, pasan junto a la estatua unos funcionarios del gobierno acompañados por el alcalde. Miran al príncipe y se preguntan qué habrá pasado que el príncipe se convirtió en un mendigo. Como esa imagen de pobreza les resulta deprimente, deciden voltearla y fundir todos los metales que queden para aprovecharlos. Así lo hacen, pero se encuentran con la sorpresa de que hay dos trozos de plomo que se niegan a fundirse. En un breve epílogo, se cuenta que el príncipe y la golondrina vivirán eternamente felices en el paraíso bajo el cuidado del buen Dios. Fin.

¿No es una historia bellísima? A Q le pareció muy triste, a mí muy romántica y, por otra parte, muy realista y actual, con los políticos tirando abajo la estatua del príncipe porque era fea y haciendo la vista gorda a todo el horror del mundo que los rodea. ¿Qué vería hoy la misma golondrina si sobrevolara el mundo? Gente durmiendo a la intemperie en las calles de las grandes ciudades, infinitas villas miseria, hospitales sin recursos, escuelas con niños desnutridos, epidemias, en fin, lo que ya sabemos sin tener necesidad de volar, pero casi todos seguimos viviendo como si nada, mirando hacia otro lado porque es insoportablemente triste y no sabemos qué hacer. Este problema, tan cotidiano le quitaba el sueño a hombres de la talla de Tolstoi, por ejemplo.

Lo que no entiendo es por qué se supone que es un cuento para niños. Para mí es simplemente un cuento genial, narrado de manera clara y con lenguaje sencillo, pero con ideas fuertes y sentimientos dolorosos. Y es bello, muy bello. Elegante como todo lo que escribió Wilde.

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