Tiempo de Bafici (10)

Cómo me reí

por Flavia y Quintín

Q: Así que estuviste viendo la de Herzog.

F: Sí, me desperté tarde y como no tenía tiempo para salir a disfrutar del día primaveral, me propuse sustituirlo por las poderosas imágenes de Herzog. Me senté en el living, puse el DVD y la aguanté 45 minutos. Fue una desilusión fuerte. Quizás sea una película pensada para ver en 3D. En 2D no me dijo nada, aunque Herzog habla mucho. Aunque me tiene sin cuidado lo que diga, si me gustan sus fotografías, sean submarinas o del espacio, lo adoraré hable lo que hable. Pero esta vez solo era esa lata infernal. Aunque como vi solo la mitad, quizás me perdí lo bueno.

Q: Yo, en cambio, estuve revalorizando la película. En realidad no es más que un institucional de la fundación que protege la Cueva de Chauvet y la investigación científica interdisciplinaria que allí se realiza. Herzog, que supo ser un fundamentalista de la imagen, con el tiempo se convirtió en un cínico y acepta todos los encargos que le hagan. Pero no deja de tomárselos en broma y también se toma en broma el papel que él mismo juega. Con esa voz en off impostada, excesiva, Herzog no hace más que reírse de un emprendimiento científico bastante ridículo, sobredimensionado por el exceso de precaución y de detalle. La Cueva está vedada a la humanidad para que los visitantes no la arruinen como hicieron con las Cuevas de Altamira. En cambio, son objeto de una preservación maníaca, millonaria y completamente inútil. De todas las entrevistas con los científicos que están ahí para descubrir los grandes secretos de la humanidad, el único hallazgo concreto que se menciona es que los leones de hace 32.000 años no tenían melena. Por lo demás, salvo la sorprendente belleza de alguna de las pinturas —especialmente la de los famosos caballos, que demuestran que ya había artistas en el paleolítico— poco resulta de la investigación. Herzog se da cuenta de eso y les toma el pelo a los científicos so pretexto de interesarse en sus minuciosas e inútiles pesquisas. Vista desde ahí, como un falso documental (no porque se falsifique el tema sino el tono), Cave of forgotten dreams se hace más interesante.

F: Eso no cambiaría mi impresión porque yo buscaba otra cosa. Pero lo que decís está bueno, quizás la termine de ver con más simpatía.

Q: Hoy Luciano Monteagudo me habló de un documental alemán llamado Under Control, sobre centrales atómicas, en el que se explica absolutamente todo sobre el funcionamiento de las usinas nucleares. Tenía ganas de verlo, especialmente después de los sucesos en Japón, pero Monteagudo me sacó las ganas de ir, diciéndome que el nivel de detalle de la película agotaba cualquier posible reflexión a los treinta minutos. Eso me hizo acordar a otro documental alemán, que se llama Dust, en el que se dice todo lo que uno quiere saber y mucho más sobre el polvo. Herzog les toma también el pelo a estos documentales alemanes tan serios que tratan con la misma monotonía lo importante y lo trivial.

F: Así que mi héroe Herzog, a quien hasta ayer detestabas, se convirtió en un ídolo, en un transgresor de aquellos.

Q: Es que hace falta un poco de irreverencia en este mundo del cine de hoy, tan profesionalizado y tan careta.

F: Sí, hoy hablábamos con Leonardo D’Espósito del tedio que nos dan las ficciones de festival, que solo nos bancamos el cine experimental o los documentales. Y Leo me decía que hasta prefiere el cine mainstream porque las películas de festival, salvo contadas excepciones, tienen algo de impostura, de querer hacer pasar un intento más o menos fallido por una obra importante. El oficio de los programadores es hacerse los distraídos y elegir igual las películas, las menos peores.

Q: Para no hablar de los fondos de ayuda a los cineastas jóvenes, torpes y perezosos, que todo festival que se precie necesita tener.

F: Bueno, cambiemos de tema. ¿Qué viste en esta mañana gloriosa de domingo?

Q: Antes, voy a seguir con mi proceso de revalorización de las películas. Por eso quería decir algo de Un mundo misterioso, la de Rodrigo Moreno.

F: No me digas que ahora te gusta.

Q: Bueno, no es para tanto. Pero ayer, cuando cenamos con Scott Foundas, este nos confirmó lo mal que había sido recibida la película en Berlín pero también nos dijo que no era una película para ese festival donde esperan siempre películas solemnes. A él le gustó y contó que se había reído mucho de los chistes, que la burla de la película a los intelectuales le había resultado muy graciosa. Y ahí caí en la cuenta de que Un mundo misterioso era una comedia. Es evidente que es una comedia, pero a mí la parte cómica no me hizo la menor gracia.

F: De nuevo no entiendo. Si no te hizo gracia, qué ves hoy en la película que no veías ayer.

Q: La de Herzog no me hizo gracia anteayer pero hoy sí. Con la de Moreno no me pasa exactamente lo mismo, pero sí reconozco que hay un intento de hacer una comedia que yo no puedo apreciar como tal. Hay toda una parte de la película que me deja indiferente y que a otros les causa mucha gracia. Me acuerdo que una vez nos pasó eso con Silvia Prieto de Rejtman: la vimos en la Lugones llena de críticos que se reían a carcajadas mientras nosotros pensábamos: “¿De qué se ríen estos boludos?”. Como el humor es algo muy personal, tal vez haya que darle un poco más de crédito a Moreno.

F: Me parece una teoría peregrina. Así no podrías juzgar una comedia solo porque no te hace reír o disfrutar. O tampoco podrías juzgar una película de terror que no te asusta. No te sigo.

Q: Hoy me desperté dubitativo. Tal vez tengas razón vos. Pero a mí esto me pasa, en particular, con las comedias. En general, evito ver comedias porque me hacen sufrir mucho.

F: Si te encantan muchas comedias…

Q: Me encantan cuando logro superar la sensación de absoluta incomodidad que me producen. Por eso valoro tanto las comedias que me gustaron en la vida, porque pude sobreponerme a la fobia que les tengo. Sin ir más lejos, durante años me negué a ver cualquiera de esas llamadas “nuevas comedias americanas” después de que Locos por Mary me hizo sufrir mucho.

F: Pero eso fue en el siglo pasado, en el siglo XX.

Q: ¿Qué te estoy diciendo? Lo que pasa es que, como no hay muchas comedias de festival, una de las cosas que me permitió trabajar en el Bafici fue dejar de ver comedias.

F: Sigo sin entenderte. Creo que hablás de cierto humor cínico, cruel, con excesivo sarcasmo. Yo tampoco soporto esas películas. Y ahora muchas comedias americanas son así. Yo las apago.

Q: Yo me refiero más que nada a la dificultad que tengo con las escenas en las que los personajes se sienten incómodos o humillados. Y esa es la base de la comedia en cualquier época y lugar.

F: Para mí no. Para mí la base es la felicidad.

Q: Ahí estoy de acuerdo y, en ese sentido, la película de Moreno le niega la felicidad a su protagonista. De hecho, es una vez más la historia del pobre tipo que sale de la domesticidad que lo agobia para terminar volviendo a ella con el rabo entre las piernas y ahogando sus intentos de liberarse. Pero podría ser la historia de un pobre tipo con el que el director no es condescendiente y le da permiso para tener una vida distinta. Una vida en la que el mundo sea misterioso y que no termine haciendo del título una frase irónica a la que hay que entrecomillar. No puede ser que el cine argentino siga filmando La fiaca. Pero, bueno, es un modelo universal la historia del pequeño burgués boludo al que el director vigila para que tenga el castigo que le corresponde a todo pequeño burgués boludo y abandone sus sueños de libertad. Uno va al cine para no tener que ver eso, ese núcleo dramático que nos persigue desde el teatro independiente de los 60.

F: Yo no sé. A mí me tiene harta esto de revalorar las películas después de sufrirlas. A mí me gusta que las películas me gusten cuando las veo. No un año después, ni siquiera al día siguiente. Soy una hedonista. Aunque me pasó muchas veces que volví a ver películas que no me habían gustado y me gustaron y también lo inverso.

Q: Al único que no le pasa eso es a Jorge García que solo les da una segunda oportunidad a las películas después de treinta años.

F: Lo que quería decir es que el hablar no me quita el tedio que sentí en el cine, aunque reconozca como buenos todos los argumentos a favor de un film dado.

Q: Y esto nos lleva directamente a lo que nos pasó esta tarde con Meek’s Cutoff de Kelly Reichardt.

F: Hoy fui muy esperanzada a verla porque me había gustado Wendy and Lucy y porque era un western. Había leído el artículo de Pena en el libro del Bafici y sus ideas me parecieron interesantes. Quería ver los grandes espacios, los caballos, las carretas, el polvo y la nieve. No le pedía mucho más y en un principio pensé que estaba frente a lo que buscaba. Pero enseguida me empecé a aburrir, a fastidiar. Más me aburría y más me fastidiaba a medida de que había más acción dramática.

Q: A mí me pasaba lo mismo. Después de una introducción con planos muy bonitos (en formato cuadrado, como está de moda), de ver praderas, caballos, ríos, desiertos y carretas, la película se va concentrando en su trama. Tres familias de colonizadores se dirigen al Oeste guiados por un baqueano llamado Meek. Pero Meek es un inútil, además de un tipo violento y fanfarrón. Por mala intención o por torpeza desvía la caravana, que termina lejos del río y con una ración muy escasa de agua potable. Hacia la mitad de la película los colonos capturan un indio al que Meek quiere matar frente a la oposición de la protagonista, Michelle Williams (la que hacía de Wendy en Wendy and Lucy). Mientras crece el suspenso (¿encontrarán agua?, ¿cuál será de la suerte del indio?, ¿cuáles son las razones de Meek para elegir el camino equivocado?, ¿se morirá el enfermo?) y la angustia consiguiente la película progresa hacia un final que nunca llega: la narración se interrumpe sin que sepamos cuál será el desenlace.

F: A mí me empezó a cansar y solo veía gente disfrazada en una especie de teatrito filmado. Los aireados planos del comienzo se terminaron y con ellos se fue mi felicidad.

Q: Si hubiera conocido el final —o el no final— de antemano, sin sufrir por la suerte de esos tipos ni por la extraordinaria combinación de maldad y estupidez de Meek, creo que habría apreciado más la película, podría haber reconocido la habilidad de la directora para revertir algunos clichés del western y generar situaciones novedosas.

F: Sí, lo del final fue un alivio. Y quizás tengas razón y en una segunda visión sea más disfrutable.

Q: De todos modos, creo que esta es la típica película que está blindada a la crítica. Reichardt, como siempre, toma todas las precauciones: mantiene el secreto sobre la conducta de Meek, no resuelve todo con un duelo, no postula una fácil comunicación entre blancos e indios y su discreto feminismo se resuelve como una apuesta por la inteligencia contra la fuerza. Hasta tiene un momento poderoso cuando el indio se pone a invocar a los dioses cantando. La película no intenta aleccionar a nadie y la falta de una resolución es una salida elegante del conflicto que uno debe apreciar. Con esas virtudes, Meek’s Cutoff logra ser una de las películas indiscutidas del año festivalero, genera pocas críticas adversas, gana premios e inaugura festivales. Pero tanta corrección deriva en buena medida de su academicismo. Como vos decís, no deja de ser algo muy parecido al teatro filmado. La película no respira, se toma demasiado en serio y se excede en su prolijidad y en su trabajosa artesanía. Si este es el mejor cine que pueden dar los festivales, estamos en problemas serios.

F: Entonces a vos te gustó menos que a mí.

Q: Es raro. Mientras la veía intentaba encontrarle objeciones a la película, pero al salir del cine esas objeciones no se sostenían y, sin embargo, me gustaría poder encontrarlas. No me gusta nada tener que aceptar una película que no me gusta.

F: Creo que es un cine demasiado calculado y sin vida.

Q: Hoy vi dos películas más. Una se llamaba Fading de un tal Olivier Zabat, del que en 2004 vimos una película llamada Miguel et les mines, de la cual no me acuerdo nada, aunque me parece que ganó algún premio en Marsella. Esta es una película inexplicable. Dos guardias de incendio de un hospital sienten ruidos raros en el sótano y te transmiten una angustia espantosa, aunque no sabemos si hay tales ruidos. Además, hay una escena de una boda y un tipo con piercing y tatuajes por todas partes que se inyecta alguna droga sin que se pueda encontrar alguna conexión entre unas escenas y las otras. No éramos muchos en la función de prensa, pero todos salimos absolutamente perplejos. No sé qué decirte.

F: Una pena que no sepas qué decirme. Porque me quedé pensando en lo que dije más arriba, que me gusta que las películas me gusten en el momento. Pero en el cine, hay un placer posterior que es hablar de las películas, te hayan aburrido o no, las hayas odiado o no, las hayas visto o no. Así que me decepcionaste. Inventate algo.

Q: Mejor te hablo de la otra película que vi esta mañana: Finisterrae de Sergio Caballero.

F: Por favor, esmerate.

Q: Esta me gustó en el momento. Amor a primera vista. Trata de dos fantasmas, es decir, dos tipos con unas sábanas encima y agujeros para los ojos, que dicen que están aburridos de ser fantasmas. Consultan entonces al “Oráculo de Garrel” que les indica que para abandonar su condición deben hacer una peregrinación a Santiago de Compostela y luego a Finisterrae, un acantilado en Galicia. Realizan el viaje a través de los campos, a veces sobre un caballo verdadero, a veces sobre un caballo de juguete, a veces con uno empujando al otro en una silla de ruedas. Cada tanto se encuentran con algún obstáculo, una tentación o un peligro, se pierden o se cruzan con algún animal, que la película se deleita en filmar.

F: ¿Los fantasmas no hablan?

Q: Sí, pero hablan en ruso.

F: ¿Cómo? ¿Por qué en ruso?

Q: No sé, hablan en ruso.

F: ¿Y de qué hablan?

Q: De variedades. Por ejemplo, se preguntan en qué animal se habrán de reencarnar. En un momento, uno de ellos mira por el agujero que hay en un árbol y ve un video con unos tipos vomitando. Le dice al otro: “Era un videoarte catalán de la década del 80”. Y después siguen caminando.

F: Parece divertida. ¿Es bella? ¿Se ve bien?

Q: Se ve muy bien. Es en Cinemascope y las imágenes de los paisajes son muy agradables: bosques, montañas, ríos, praderas bajo el sol o la nieve.

F: ¿Es como las dos películas de Serra?

Q: Sí, también tiene algo de Eugene Green y hasta del Bergman del Séptimo sello si uno quiere.

F: ¿Y al final que pasa?

Q: Al llegar a Finisterrae uno de los fantasmas se reencarna en una rana. De pronto, se encuentra con un príncipe, el príncipe toma la rana, la acaricia, le da un beso y la convierte en una hermosa doncella.

F: Me arruinaste la sorpresa encantadora. Pero es un final irresistible. Mañana la veo.

Q: Ante un disparate de este calibre, que de todos modos me resultó muy placentero, me preguntaba con qué tenía que ver la película y se me ocurrió una interpretación. Finisterrae habla del cine contemporáneo que se ha visto reducido a un estado fantasmal: los personajes han perdido su carnalidad y hasta su lenguaje. Para curarse Garrel les prescribe una peregrinación que termina felizmente en un reencuentro con la fábula clásica. Y, mientras tanto, ese cine hace lo único que puede que es mostrar la naturaleza y comportarse amablemente con el espectador, la razón por la cual todos queremos ver Blue Meridian, el documental sobre el Mississippi.

F: ¿Pero quién es el genio o el loco que hizo esta película?

Q: A la salida, Jaime Pena me explicó todo. Resulta que este caballero que se llama Caballero es el director de un festival de música y arte de vanguardia en Barcelona. Es compositor y artista plástico, pero con el cine no tuvo nunca nada que ver. Pero este año, el festival decidió tener una sede en La Coruña y a Caballero se le ocurrió filmar una promoción que giraba en torno al tema del Camino de Santiago. Entonces fue haciendo esta película en etapas a razón de un capítulo por mes, al parecer sin ninguna pretensión de que se mostrara entera en el cine. Sin embargo, intervino Luis Miñarro (productor de Serra, Alonso, Apichatpong, Guerín, etc.) y decidió estrenar la película y enviarla a festivales. Al que no le hizo ninguna gracia fue a Albert Serra, que se sintió absolutamente ofendido con la película porque consideró que le tomaba el pelo. Aunque bien podría haber supuesto que se trataba de un homenaje.

F: O que había creado una escuela.

Q: Pero no fue así. Se lo tomó muy mal. Finalmente, la aceptó el Festival de Rotterdam y, desde entonces, no para de viajar por todos lados. Supongo que nuestro amigo Mark Peranson debe odiarla. Pero creo que deberían reconsiderar. Es un ejemplo de frescura y buen humor, tan escasos en el cine contemporáneo. Y además complementa lo de Serra. El núcleo duro de Serra son los actores de su pueblo, con su carnadura concreta, mientras que el de Caballero es el internacionalismo y la abstracción.

F: Así que después de todo lo que dijiste más arriba, te gustó una comedia.

Q: Pero acá no hay ninguna situación incómoda, no es la película de Moreno.

F: No tenés arreglo.

Tres recomendaciones para mañana:

Mafrouza – Oh la nuit! (Primera parte) de Emmanuelle Demoris

Hahaha de Hong Sang-soo

The Forgotten Space de Sekula y Burch

Fotos: Flavia de la Fuente

12 comentarios to “Tiempo de Bafici (10)”

  1. Boris K Says:

    Hoy pude ver la Fuguet, más que agradable sorpresa. Muy buena.

  2. Samurai Jack Says:

    Hay algo en esa historia de Serra ofendido con Finisterra que me gusta, que se joda.
    Pensé eso que hablábamos hoy de la película de Moreno y de La fiaca. El protagonista de La fiaca provoca una situación el de la película de Moreno en cambio es lanzado por la ruptura que provoca su mujer. En La fiaca es el entorno el que lo termina por amoldar mientras que en la de Moreno hay como una convicción del protagonista si se quiere, la H en la carrocería del coche es el indicio.
    Sobre el tema del humor, el inicio parece un homenaje a Sábado.

  3. Samurai Jack Says:

    Ahh! vi la de Hendler y es como la contracara no sólo de Vaquero sino también de la de Moreno. en el sentido de la libertad que le permite al personaje.

  4. Gerónimo Elortegui Says:

    F, “Cave of forgotten dreams” es como el catálogo del festival si se sigue por orden alfabético, hay que darle su tiempo hasta el final y seguro gusta, por las mismas razones que a Noriega.

    De Serra no está para nada mal burlarse, puesto que él tampoco se toma en serio las historias que versiona. De Reichardt con “Old joy” y “Wendy & Lucy” tuve suficiente por un tiempo, no están mal, pero…

    De lo que ví hoy me gustó una animación francesa “Allez raconte!”, de eso y más sigo hablando en http://baficidiario.wordpress.com

  5. voaextraña Says:

    la rubia cabellera verdosa mojada por las sombras y las tinieblas solares.
    Negarse al test de las manchas sumergiéndose en ellas hasta empaparse en el mismo temblor que destilan…gcias.

  6. Lenny (una pregunta más) Says:

    Garrell no es el nombre de un director de cine?

  7. Sofía Di Paola Says:

    Hoy:

  8. dedalus (2) Says:

    Flavia: la pileta del Club Armenio (en Armenia y Cabrera) no sé si tiene poco o mucho cloro, pero está en el último piso del edificio -del club-, y se ven hermosos atardeceres. Altamente recomendable.

  9. pol Says:

    No sé si alguna vez contaron como arman estos posts, pero los diálogos de Flavia parecen escritos por Q. Quizás ella tira la idea en medio de un diálogo y Q tipea diligente, aunque sería buenísimo que los armaran de laptop a laptop como en una especie de chat en tiempo real levemente corregido.

    Una pavada, ya sé, pero me dio curiosidad.

  10. sar Says:

    Q. Ya que recomendás la primera de Mafrouza… estoy haciendo el tour de forcé mafrouziano, y si voy a recordar éste y cualquier otro bafici va a ser, entre otras cosas, por estas películas. Me falta la última nada mas, pero hasta ahora, y como decía Mc Cartney “it´s getting better all the time”, así que tengo todas las expectativas para el cierre. Es como si a medida que va avanzando la serie la directora y los personajes fueran sincronizando la respiración. Salgo de la sala feliz e iluminado. Saludos

  11. Fancinema | » BAFICI 2011: mini-críticas de Fancinema Says:

    […] […]

  12. Lucia Says:

    Uy yo vi Fading ese domigo a la mañana… o sea fui de las que salio perpleja, pero podría decir que no me gusto paa nada si no fuera por los últimos 10 minutos. No entendi nada de nada, pero fue muy inquietante.

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