Carta desde Mar del plata (7)

por Quintín

Querida Flavia. Se va acabando el festival y con él esta extraña experiencia que no me gustaría repetir. Me siento solo y triste sin vos y todo lo que hice en estos días —ver muchas películas, escribir un montón— tuvo que ver con disimular esa sensación. En verdad, no me siento cómodo en el mundo del cine, pero cuando estás logro disimularlo, aunque a veces a costa de arrastrarte a actividades sociales que te interesan muy poco y que —ahora vengo a descubrirlo— a mí tampoco me encantan.

Pero ahora te quería hablar un poco de gastronomía. Ayer fuimos con Lerer y Scott a comer a un lugar recomendado por Panozzo. Se llama Pontevedra y es un antiguo almacén o una antigua farmacia devenida restaurante y cuya especialidad son los mariscos. Panozzo nos había advertido que era un poco caro y se quedó un poco corto. Era bastante caro: pagamos ciento cincuenta pesos por persona y comimos entre los tres media porción de rabas, media tortilla, media paella y dos postres, con dos botellas de vino (a precio razonable, 50 cada una). Lo que no me terminó de cerrar fue la calidad, sobre todo después de haber comido estos mismos platos en España hace unos días. Uno debería saber que en la Argentina no se debe comer paella, porque aunque los ingredientes pueden ser buenos (ayer lo eran), el problema de la paella —como bien lo explica el maestro Josep Pla— es el arroz. Y en las Pampas, el arroz nunca está a punto. Pero también resulta un poco irritante que en un lugar que no es mucho más que un boliche de barrio (bien puesto, es cierto), donde no hay tarjeta y ni siquiera sirven el vino en copas, cobren esos precios. La gastronomía argentina sigue en buena medida atada a sus malas costumbres tradicionales, en parte porque seguimos siendo comensales de una mala tradición.

La experiencia de ayer me hace acordar un poco a las proyecciones en el Auditorio, acaso uno de los puntos más flojos del festival de Mar del Plata. Se ve mal pero, sobre todo, no se ve. Salvo que uno se siente en un par de filas de atrás —que los veteranos se apuran por ocupar— te tapan los de adelante y, además, los subtítulos electrónicos (que colocaron en un display delante de la pantalla son invisibles en las diez primeras filas. Ayer, cuando nos dimos cuenta de que la copia de la película de Raffi Pitts venía subtitulada al alemán, se produjo una huida masiva hacia los costados. Ese tipo de problemas es inadmisible. Si no tienen arreglo, deberían abandonar el Auditorio.

Y hora, para continuar con la gastronomía, te voy a hablar de la película que fui a ver esta tarde. Nadie la había recomendado y, como gran excepción, la elegí por el catálogo o, mejor dicho, por la síntesis del programa que dice así:

El camino del vino. (Nicolás Carreras). Al experto en vinos Charlie Arturaola le ocurre lo impensable: pierde el paladar. En búsqueda de la cura, emprende un camino lejano y olvidado, intentando recuperar la experiencia más íntima y física de la cosecha de la uva.

En realidad, la elegí porque trataba del vino aunque no pude darme cuenta si era documental o ficción ni tenía la menor idea de quién podía ser el tal Charlie Arturaola. Así que me senté y observé cómo el director Nicolás Carreras y su hermano el montajista Sebastián Carreras (sin relación con Enrique Carreras) presentaban la película con frases cancheras como: “¡Qué lindo que es estar en este festival, popular y con un público tan lindo!”, que no se sabía si eran en serio o le estaban tomando el pelo al público. Cuando se apagaron las luces pensé: “Me voy, me rajo. Esto deber ser insoportable”. Es que ver una película es un problema, porque uno puede quedar a merced de cualquier canalla durante una hora y media. Pero la voz de la conciencia pudo más y me dijo: “Q, no podés ser tan prejuicioso, quedate y aguantá como un hombre.” Así fue como me quedé, por suerte. Aunque cuando empezó la película no las tenía todas conmigo. En los primeros minutos se ve a Arturaola, que es un sommelier verdadero (toda la gente que trabaja en la película hace de sí misma y lo único ficcional es el problema que sufre el protagonista) en medio de un congreso de vinos, un evento o como se llame lo que se hace en esa actividad. Arturaola es un gordo muy simpático, muy entrador, que nació en Uruguay y vive en Estados Unidos pero tiene cierto acento cubano o portorriqueño. El ambiente de la industria del vino mete miedo. Aunque al principio no se sabe si estamos viendo una publicidad o qué, la película muestra adecuadamente el dinero que hay en juego en el negocio y el complicadísimo trabajo del sommelier, mezcla de relaciones públicas y sabiduría zen, una tarea que parece en el fondo irrealizable aunque el tipo no tenga ningún inconveniente físico.

Luego, empieza algo peor. El famoso experto Michel Rolland y un chef italiano le recomiendan al protagonista que recorra las bodegas mendocinas para llegar al corazón del vino. Y ahí empieza la segunda parte de la película, más terrorífica que la primera. Porque Arturaola va de bodega en bodega pidiendo que le dejen catar los mejores vinos para a ver si se le arregla el paladar. Y el espectador entra así en una dimensión fantástica, en parte por la trama pero sobre todo por la envergadura que ha alcanzado el mundo del vino en Mendoza, un emporio comercial e industrial que parece de ciencia ficción. Lo ambiguo, pero también lo interesante, es que Arturaola tiene que ir a pedirle permiso a una serie de aristócratas (al menos está claro que así se consideran ellos mismos y así actúan) que hacen de cada establecimiento una fortaleza exclusiva y que manejan un discurso muy denso sobre el amor a la familia, el trabajo manual y la pureza del contacto con las vides y la naturaleza. Aunque la película los deja bien e incluso les hace propaganda, parecen los malos de una película de ciencia ficción, unos alienígenas que han bajado al plantea Tierra para dominarlo. Es un mundo imposible y ajeno en el que ni siquiera se habla una lengua determinada, sino una mezcla de varios idiomas. En estos pasajes se ve cómo Arturaola no haya perdido tal vez el paladar pero sí la lengua materna y que ese grado de alienación y de dificultad es compatible con la idea de que no pueda seguir ejerciendo un oficio estresante y de cruzado como pocos por distintos intereses.

Pero después la película entra en una tercera etapa: el protagonista se va alejando de su mundo profesional, de esa implícita servidumbre hacia los poderosos (el sommelier es un poco como el crítico de cine: se le atribuye un poder del que en verdad carece) para relacionarse a través de una serie de casualidades con gente más común. Como consecuencia de ese proceso, el descenso al llano desde las alturas mendocinas se completa cuando Arturaola decide visitar a su familia —incluyendo a su padre y su hijo a los que no ve hace mucho— en la casa paterna de Montevideo. Es un gran acierto de Carreras no hacerle recuperar a Arturaola el paladar con una receta mágica sino acompañarlo en lo que puede entenderse como una  metáfora de la necesidad de salir del estrés profesional y poner un poco entre paréntesis la locura que hay en ese universo ajeno de millones y de vanidades, tan compuesto de realidades como de apariencias.

A la salida me encontré con Javier Miquelez, fotógrafo y ex novio de Carmen Guarini. Ahora tiene otra novia —más simpática— y la novia de Miquelez que también anda en el negocio del cine, me presentó a los Carreras y luego se agregó Arturaola. Estuvimos charlando un ratito en la puerta del cine y aproveché para felicitarlos a todos. El camino del vino no deja de ser una película muy original y muy difícil, una falsa ficción que utiliza los elementos inventados para internarse con paso seguro en el documental y que tanto puede servir para promocionar al protagonista como para mostrar lo complicado e intimidante que es su mundo. Es como si Carreras hubiera logrado, sin mala fe y sin que estos se dieran cuenta, penetrar en la fortaleza de los marcianos del mismo modo en el que Charlie se roba una botella de vino de 1936. El cine todavía es capaz de dar esas sorpresas, de mostrar lo que aparentemente no está ahí.

Finalmente, debo confesar que en esta edición de Mar del Plata descubrí una cosa tremenda sobre mí mismo como crítico: que cada vez me parece que no tiene gracia a menos que uno se relacione con los directores, que pueda hablar con ellos y no sentirse tan aislado y excluido. Pero tal vez ese sea simplemente el resultado de la soledad y de tu ausencia.

Te quiero mucho

Q

28 comentarios to “Carta desde Mar del plata (7)”

  1. lalectoraprovisoria Says:

    ¡Qué carta más triste! Arriba los ánimos. Mañana te esperamos Solita y yo en casa. Estamos muy ansiosa por verte.

    Besos y estoicismo,

    Flavia

  2. saint-jacob Says:

    F es Yoko (chiste malo). Curiosamente, el último pàrrafo del post se conecta con algo que Penna escribiò en el ùltimo Amante, me parece (¿o tendrè que releer ambos textos?)… quizá estoy loco, nomàs…

  3. saint-jacob Says:

    Recien leo la columnita de la derecha…parece que Q entrò en el ‘fin de semana perdido’…

  4. funebrero Says:

    Para los que quieran ver El camino del vino, está disponible en MUBI. Sólo hay que entrar en la página del festival e ir a la ventanita de MUBI. También se pueden ver otras películas argentinas, como Aballay, la nueva de Spiner. Es online y gratuito.

  5. Wild Turkey Says:

    Hay lugares mucho menos caros para comer paellas, cazuelas, cayas o rabas. Los Vascos, en el puerto, o Stella Maris, cerca de Güemes.

  6. Francisco Says:

    Antes de ayer te felicité rápida e inesperadamente por tus crónicas, cartas y críticas a la salida del shopping los gallegos. Mas allá de la desazón que trasluce la carta vuelvo a agradecerte por la labor crítica que realizas y que ahora, al parecer, debe sostenerse en un contacto y en una relación con los directores que no alcanzamos asistiendo a sus creaciones. Al igual que Daney para vos, muchos lectores anónimos encontramos inspiración, motivación y aliento en tu desempeño crítico.

  7. lalectoraprovisoria Says:

    Francisco. Gracias. Es muy reconfortante saber que alguien aprecia lo que uno hace.

    Q

  8. tavota Says:

    muy buena la película, la vi en mubi, gracias x la recomendación

  9. Christoph Says:

    Gracias, muy linda nota. Me encanta esa textura intima (e autoreferencial) en el momento de hablar del cine.
    Soy uno de los productores de la peli (y ayudé bastante con el guión).
    Después de haber leído las notas de Battle y Lerer, ambos dicen que la película es “forzada”, tu carta, junto con el premio, fueron la salvación del fin de semana.
    Saludos
    Christoph

  10. Mishíguene kop Says:

    Está bien la película. Gracias por el link. Pero si se refieren a que El camino del personaje está forzado a propósito para que se termine redimiendo y pueda así aprender que lo verdaderamente importante es la familia, las raíces y no tanto el desempeño profesional que es consecuencia de lo primero. En ese sentido es una casi una fábula con moraleja incluida, con redención del personaje protagonista y todo. Un personaje que tenía abandonados a su hijo y a su padre, que apenas si se acordaba del viejo y de vez en cuando recordaba al hijo, de pronto, tras el vía crucis de los viñedos, termina aprendiendo a ser persona. En ese sentido sí es bastante forzada. Pero lo notable son las actuaciones, la naturalidad de gran parte de las actuaciones (aunque hay un viñatero un poco durito) y el envidiable uso de la cámara, el montaje y la música, que son actores fundamentales en la fluidez del discurso. Lo que no entiendo es por qué lo de la música klezmer, pero bueno… No creo que sea una película que vaya a cambiar nada de nada, pero se deja ver y se celebra, aunque sí es tramposa, en el sentido de forzada y bienintencionada. Una película para complacer a los burgueses que la van a consumir y para que se sientan mejor con ellos mismos y con sus vidas egoistas. Un poco como ir a la Iglesia, rezar 100 padres nuestros, ya que no los van a crucificar como a Cristo, y listo el pollo y el perdón. Bueno: por eso mismo. Se trata de una fábula burguesa. Muy bien contada, eso sí. Pero tramposa.

  11. Mishíguene kop Says:

    Corrijo (odio escribir comentarios y después no poder corregir):
    Está bien la película. Gracias por el link. Pero si se refieren a que el camino del personaje es forzado a propósito a partir del guión para que se termine redimiendo y pueda aprender que lo verdaderamente importante son la familia, las raíces, el terruño, y no tanto el desempeño profesional, que no deja de ser consecuencia de lo primero, es así. En ese sentido se trata casi una fábula, con moraleja incluida, con redención del personaje protagonista y todo. Un personaje que tenía abandonados tanto a su padre como a su hijo, que apenas si se acordaba del viejo y de vez en cuando recordaba al hijo, de pronto, tras el vía crucis de los viñedos, termina aprendiendo a ser persona. Ese camino predecible de redención personal es lo que la convierte en una trama bastante forzada. Aún así, lo notable de la película y lo que la salva del oprobio y la “redime” son las actuaciones, la naturalidad de gran parte de las actuaciones (salvo algún viñatero un poco durito) y el envidiable uso de la cámara, el montaje y la música, que son actores fundamentales en la fluidez del relato. Lo que no entiendo es por qué lo de la música klezmer, pero bueno… No creo que sea una película que vaya a cambiar nada de nada, pero se deja ver y se celebra, aunque sí es tramposa, en el sentido de forzada y bienintencionada. Una película para complacer a los burgueses que la van a consumir y para que se sientan mejor con ellos mismos y con sus vidas egoistas. Un poco como ir a la Iglesia, rezar 100 padres nuestros, ya que no los van a crucificar como a Cristo, y listo el pollo y el perdón. Por eso mismo: se trata de una fábula burguesa. Muy bien contada, eso sí. Pero tramposa.
    Pd: el personaje protagonista recupera al final de la película la capacidad de distinguir si un vino es más o menos ácido. Se lo dice al padre, recriminándole que en todos esos años no haya aprendido a hacer un vino como la gente. Y su mujer, que está viendo la escena de redención, da cuenta con su mirada de asombro de que efectivamente el somelier recuperó la capacidad de catar y volviendo a sus raíces se redimió.

  12. Mishíguene kop Says:

    Me acabo de dar cuenta de que El camino del vino tal vez sea la primera película kirchnerista de la historia. Ya sé que esto que digo puede parecer una provocación, pero no, juro que no.

  13. Jotafrisco, la ira de Dios Says:

    Habiendo visto El camino del vino, puedo decir que, si bien ni se me ocurrió que fuera kirchnerista (es buenísima, Christoph, felicitaciones) el cortometraje Lote 30, que estuvo en competencia, me pareció muy cyberkumpa-friendly. Sin dejar de estar bueno, obviamente: no me parecen aspectos contradictorios.

  14. lalectoraprovisoria Says:

    Christoph. De nada. Me sorpendió la perspicacia de los colegas que le dieron el premio Fipresci. No me lo imaginaba.

    Mishíguene. Efectivamente, se puede leer en El camino del vino una fábula burguesa, pero es quedarse muy corto. Una película no se puede reducir a su argumento y menos a la síntesis de su argumento. Más en este caso, cuando al hacer los personajes de sí mismos, se pueden ver muchas cosas que contradicen y tensionan la superficie del relato que, por otra parte, no es tan simple. Entre otras cosas, como dije arriba, la película va de la montaña al llano, del Primer Mundo a Montevideo y de la opulencia a la sencillez.

    Pero tampoco es cierto, me parece, que el protagonista recupere su paladar. Apenas logra darse cuenta de que el vino muy malo de su padre es ácido, la parte más elemental de la degustación, apenas un elemento básico en el sofisticado trabajo del somelier.

    Es cierto que podría ser, si no la primera película kirchnerista, sí la primera sobre el período kirchnerista, en el sentido de que da cuenta de un fenómeno económico y social contemporáneo y complejo como es la industria del vino, desde ya mucho más refinada que la del cine. Es un desafío adicional estar a la altura del tema y lograr que se vea más allá de la fachada y la publicidad, algo que logra la película.

    Q

  15. Mishíguene kop Says:

    Claro que El camino del vino no se agota en la mera anécdota, y por eso mismo es una buena película. Da mucha tela para cortar, en realidad. Está en ella el tema kirchnerista del emprendedor: qué tiene más valor social, a quién le conferimos honores y a quién no. Una de las dueñas de los viñedos se queja ante el somelier de esto. Se reconoce la capacidad de quien apenas sabe catar, de quien ha aprendido a apreciar las sutilezas del trabajo ajeno, pero no se le da el mismo valor a quien produce aquello que el catador sabe apreciar. La mujer se queja de esto (con algo de resentimiento y una dosis de sabiduría zen cargada de sadismo para con el catador, a quien obliga a bajar al llano) y le dice a Charlie Arturaola que para aprender verdaderamente a apreciar algo, cualquier cosa, uno debe involucrarse en el hacer, ser un emprendedor y no sólo un consumidor, aun cuando dicho consumidor sea como lo es él un consumidor exquisito. De alguna forma, colateralmente, la película trabaja el tema de la obra y la crítica que la obra sucita y lo hace de una manera bastante sutil, sacando a la luz las contradicciones. Aplausos. Pero claro, lo hace también dentro de una fábula que le adosa a la película cierta falsedad moral. Eso no quita que el conjunto en sí sea de gran valor y que deje picando un montón de problemas sobre los que el espectador (¿el catador?) podrá seguir pensando (¿paladeando?), pero de alguna forma la contamina con la parábola de la redención. La película termina siendo, a grandes rasgos, una parábola cristiana, con un Cristo que después del calvario se redime, con una última cena en la que se reúnen todos los “apóstoles del buen vivir”, con el caliz en el que la sangre de Cristo pasa por vino, y un futuro que se espera venturoso, más humano, después del calvario por el que nuestro profeta del vino debió pasar para llegar a la redención.

  16. Mishíguene kop Says:

    Corrijo: sucita por suscita.

  17. lalectoraprovisoria Says:

    Mishíguene. Otra interpretación posible, que muestra efectivamente que la película es mucho más rica de lo que les pareció a algunos apresurados detractores. Y esa escena entre la dueña del viñedo y el somelier (el crítico, bah) es buenísima.

    Q

  18. Boris K Says:

    Los Carreras deben estar muy orgullosos por eso de fábula kirchnerista.

  19. lalectoraprovisoria Says:

    ¿Por qué?

    Q

  20. Boris K Says:

    Porque son kirchneristas (bah, peronistas), y defensores del cine clásico y popular.

  21. lalectoraprovisoria Says:

    ¡Qué horror!

    Q

  22. Boris K Says:

    Sin embargo es el segundo festival de Mar del Plata que una fábula peronista te arranca una crítica alentadora a fuerza de talento y oficio, el año pasado ocurrió lo mismo con Caetano. Yo digo que el año que viene, si la cocecha Marplatense sigue así, te encontramos militando en La Campora, je.

  23. lalectoraprovisoria Says:

    La de Caetano sí que era kirchnerista. Esta es más bien desarrollista. Je.

    Q

  24. Vuvuzelo Says:

    No vi la película, pero recordé Mondovino, un documental que muestra a unos cuantos desagradables en la avanzada yanqui contra franceses e italianos en la conquista del público vinero, que confirma muchos prejuicios que tenía sobre ese mundo, como el roble y el invento de los tintos que te dejan la lengua como si hubieras comido remolacha. Imperdible los únicos argentinos que aparecen: impresentables.

  25. Boris K Says:

    “cosecha”, quise escribir…

  26. Martin Says:

    Pueden visitar http://www.lote30film.com.ar Cortometraje Lote 30 Selección Oficial del 25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. saludos

  27. Jorge Says:

    Coincido con Mishíguene kop, el camino del vino es “Una película para complacer a los burgueses que la van a consumir y para que se sientan mejor con ellos mismos y con sus vidas egoistas”. Pero ademas opino que su escena final es lo peor del filme. Charlie utiliza a su hijo y su padre (abandonados por él desde hace muchos años) para apelar a la emotividad… una verguenza. Dicha escena culmina sugiriendo que ahora que Charlie recupero su paladar volvera a abandonarlos satisfecho por la mision cumplida. Eso es realmente anti-etico.
    P.D: Me extraña la critica de Q. ma hace pensar que tal vez ud tambien ha perdido el paladar…

  28. diego Says:

    Me alegra que se pueda desprender del film una lectura y posicion politica acorde a los tiempos que le son contemporaneos a los sucesos que cuenta… Y que ademas sea valorada como pieza cinematografica.

    Eso denota compromiso y cabeza en la realizacion.
    Cosa tremendamente mas loable que llenarse la boca de cinismos criticones.

    Por otro lado… Sospecho que si califican a una pelicula como cine popular y peronista… Y otros la critican por satisfacer a burgueses que buscan sentirse mejor con ellos mismos… No se porque… Pero intuyo que esa critica viene de burgueses instatisfechos.

    Salud¡

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