Carta desde Mar del Plata (4)

por Quintín

Querida Flavia. ¡Qué cosa estos gallegos con sus internas! No sé si leíste los comentarios, pero no sé qué le pasa a esta gente. Es cierto que el medio de la crítica no es el más sano para moverse en ninguna parte del mundo, pero da la impresión de que los españoles vivieran conspirando, como si fueran todos monjes negros de distintas sectas. Con decirte que cierto amigo nuestro, que no voy a nombrar, no se atreve a firmar con su nombre los comentarios que envía al blog. Pero este Jaime Pena me hizo enojar, es totalmente desproporcionada su reacción y no sé qué puede molestarle tanto. Pero su comentario no hizo más que confirmar que hay demasiada intriga, demasiados juegos de poder en todo esto, demasiada presión sobre directores completamente marginales atrapados en el cotilleo de los críticos. Un disparate.

Rosendo Ruiz y su compañera y productora en el videoclub

Bueno, ya me descargué. O lo intenté al menos. Hoy salió por fin el sol en Mar del Plata. Es un día lindo aunque me temo que va a terminar haciendo mucho calor. No sé por qué estar solo me vuelve más vulnerable a las inclemencias del tiempo. Quiero que vengas y me protejas de la temperatura, de la lluvia, de los porteros agresivos y de los críticos españoles.

Hoy me levanté temprano para ver mi primera película argentina, De caravana de Rosendo Ruiz, a quien conocimos en Córdoba como el dueño del cineclub anexo a un parripollo (Ruiz es dueño también del parripollo), una curiosidad que tiene que ver de algún modo con la película que hizo. En principio, hay que decir que esta producción íntegramente cordobesa —locaciones, técnicos, actores, tema—demuestra que por allá se pueden hacer películas técnicamente solventes y originales, que transcurran en un mundo diferente al que el cine argentino nos tiene habituados. El tratamiento —que no se aparta demasiado de la tradición costumbrista local aunque las costumbres no sean las porteñas— no solo es fresco sino que les permite emerger a algunas cuestiones sociales que suelen quedar al margen y son totalmente anómalas en una comedia alocada, romántica y policial apoyada en referencias, chistes, gags y personajes pintorescos.

Pero De caravana es sobre todo una comedia sobre las clases sociales. La película empieza en un recital de la Mona Jiménez, fenómeno esencialmente cordobés que funciona como expresión de un deseo de autenticidad y de rebeldía y que atraviesa buena parte la sociedad. En el centro de la película esta la figura de la Mona, el misterio de su carisma y sus recitales, donde convergen y se entrecruzan los deseos contradictorios de libertad y de ascenso social que recorren de punta a punta la película. Empezando por el distinto origen de la pareja protagónica y siguiendo por la continua tensión entre marginación y respetabilidad a la que los protagonistas se refieren todo el tiempo. Es como si De caravana estuviera secretamente ordenada por esa metáfora del cineclub en el parripollo, con su mezcla de aspiraciones culturales y materiales, de diversión y trabajo, de ordinariez y excentricidad, de orden y caos. La Mona (de paso, debo reconocer que lo que se ve de los recitales en la película me gustó mucho) —que no es un personaje central de la película pero sí su polo magnético— expresa esa situación tan fluida. Es un gran acierto de Ruiz haberlo advertido, porque es muy difícil que el cine logre decir algo atingente sobre una sociedad tan complicada, tan llena de prejuicios y rechazos como de cruces y alianzas entre lo popular y lo elitista, en donde la violencia se expresa mediante la alegría y la guarangada pero la guarangada es también un signo de distinción. De caravana tiene, entre otros méritos, el de haber reunido los mejores insultos de la historia del cine argentino. En sus actuaciones más lucidas se expresan no solo los tipos sociales sino también la simultaneidad de pulsiones tan contradictorias como el terror y la solidaridad, el odio de clase y la sed de vivir. Pocas veces una película argentina mostró de un modo tan contundente que la fragilidad es la condición esencial de sus personajes y también la del cine mismo, que gracias a ella se diferencia del resto del aparato audiovisual con el que no debe confundirse la propuesta de En caravana. Queda para debatir un final completamente inesperado, de un conformismo que encubre, una vez más, un acento siniestro y un diagnóstico político.

Creo que los cordobeses se merecían esta reseña que contradice un poco el tono general de estas cartas. Volviendo a lo cotidiano, ayer resolví el problema del almuerzo. Salía del hotel por Colón y a dos pasos vi un bolichón que ofrecía guiso de lentejas por 22 pesos. Resultó excelente y ahora se me hace agua la boca de solo pensarlo. Me parece que voy a repetir. Lo de la noche, en cambio resultó una decepción. Fuimos a comer a Los García, ese lugar que nos recomendaron la primera noche y terminamos cambiando por La Marca porque no había lugar. En Los García se come espeto corrido pero la carne, sobre todo la de vaca, es mediocre y está seca. Con poco vino y no del caro, costó 100 pesos por cabeza. El típico fiasco marplatense.

Me quedó hablar del cine de Escartín, un director muy interesante, solitario, inarticulado con el resto del mundo del cine, del que ayer vi dos funciones de cortos que eran de lo más variados. Hay una tercera el jueves, que contiene lo más nuevo de su producción y voy a esperar a verlos para decir algo sobre su cine.

Te quiero mucho

Q

12 comentarios to “Carta desde Mar del Plata (4)”

  1. ojosabiertos Says:

    Me gusta mucho lo que decís sobre De Caravana. Es algo totalmente extraño al universo simbólico del cine argentino, como Vikingo, pero en otro contexto cultural y en otro género cinematográfico. Es una vertiente popular del cine, y no obstante, hay ciertos planos elegantes, hasta sofisticados si se quiere, poco característicos de una comedia policial costumbrista. Y lo del final hay que discutir, y creo entender lo que sugerís. RK

  2. Begoña S. Says:

    Por posibles alusiones, y porque en el otro post solo escribimos Marcos, Berridi, y yo (porque con Jaime Pena no pareces tener problemas de identificación), te diré que no soy nadie más que yo misma y que no “impersono” a ningún amigo tuyo. Que he sido alumno de varios de los aludidos y que estoy medianamente informada. También insistiré en que no se perciben ni guerras ni conspiraciones entre los directores españoles (al menos que yo sepa, más allá de los típicos problemas de ego que tienen todos —Laxe el primero (bueno, el segundo tras Serra, según parece —)). Y que esos problemas pareces sacártelos tú de la manga en las conversaciones con los cineastas españoles con los que te topas. A eso en mi pueblo castellano se llama ser un poco liante. Cálmense.

    saludo afectuoso de una lectora poco provisional

    P.d: los hijos son muy interesantes, aquí hay cosas suyas: http://vimeo.com/loshijos/videos

  3. arroba Says:

    No sé si me buscas Quintín, pero más bien paso de polémicas públicas. Perdón porque me dé por aludido porque igual no iba conmigo tu comentario pero me ha parecido que me estaba servido en bandeja de plata. En todo caso perdón si peco de susceptible. Hace meses que no escribo en vuestro blog, varias veces con la lengua mordida porque me tienen harto tus constantes ataques a Victor Erice.

    En todo caso lo que dicen Jaime y Begoña tiene bastante sentido común. Aquí en España nunca ha habido una dialéctica entre cineastas de peso desde las famosas conversaciones de Salamanca de los años 60 donde Bardem aprovechó para decir sus chorradas sobre el cine políticamente útil. Las peleas públicas en este país ahora sólo son políticas, nunca culturales. Esto no es Francia ni Argentina, ni siquiera Italia. Es prácticamente imposible publicar un articulo de opinión dw tema cultural que sea polémico (no digo ya en el Cahiers, sino en El País o en otro medio masivo). La apatía es tal que rara vez será contestado, a nadie molestará. En vuestro blog en un año hay más discusiones conceptuales que en todos los medios culturales españoles juntos.

    Lo que me rompe las pelotas son tus constantes alusiones a Víctor Erice, que se merece un respeto y no sé qué ha hecho para merecerte —lo bueno es que no se enterará de estas historias (por muy poco que nos gusten sus últimas piezas), sobre todo porque ha elegido el silencio desde hace muchos años con contadas excepciones. Y como cualquier trabajador tiene todo el derecho a hacer lo que se le antoje, a moverse o a pararse. Y no maneja ningún hilo ni está aliado con Isaki Lacuesta. Por supuesto que a veces como fan suyo me he rebelado contra su silencio creativo… Pero se lo tiene ganado, como si le entra el síndrome de Bartleby. Sin embargo cuando ha tenido que decir algo lo ha hecho con total compromiso, sabiendo lo que representa pero sin ningún tipo de ego.
    El único cine español que verdaderamente importa de los últimos treinta años le debe casi todo a él (Serra —por mucho que le niegue, parten de lo mismo y van en la misma dirección, a veces hablan de lo mismo—, Almodóvar, Urbizu, Guerin), y no hablo tanto de influencias como de camino recorrido a partir del cual seguir. Igual que antes a Buñuel, a ValleInclán, a Goya y a Velázquez que fue nuestro primer cineasta en potencia.

    Un abrazo

    P.d: en el Bafici te llevé copias en DVD de la película de Laxe y también de la de Los Hijos. Cuidado que ha llovido…

  4. berridi Says:

    Ay Quintín, yo creo que te estás volviendo paranoico… Aquí las cosas no se perciben como tú piensas, es más, creo que estás un pelín desinformado.

  5. Fabian Says:

    Si Quintín se esté volviendo paranoico berridi se está volviendo berridi.

  6. lalectoraprovisoria Says:

    Efectivamente, me refería a Pausa, revista que nunca había escuchado nombrar hasta que la mencionó Escartín. No estuve en todo el día y no lo pude corregir.

    A todos los gallegos unidos y mutuamente defendidos. Creo que ese mensaje “En España está todo bien y sos un paranoico” suena un poco sobón para mi gusto. En todas partes hay conspiraciones, por qué no habría de haberlas en España. ¿Qué diablos están cuidando?

    “También insistiré en que no se perciben ni guerras ni conspiraciones entre los directores españoles”

    Es una broma ¿Ustedes han escuchado a Lacuesta hablar de Serra, por ejemplo?

    A Pena en particular. Tu alusión al saco de Ioseliani, tratándome de sentimental y pelotudo es una falta de respeto. Sos muy rastrero para discutir, Jaime. Pero, en todo caso, dirigile ese comentario a Arroba, que habla de la vida recoleta del maestro.

    A Arroba. No es para escandalizar a nadie si digo que Erice me la suda. No es una cuestión personal con él, a quien no conozco ni me importa un pito de su vida, sino simple discusión cinéfila. Lo que ha hecho en los últimos años, dejando correr esa mitología de que no filma porque los productores no le dan dinero, es una vergüenza apañada por sus adoradores.

    Q

  7. jaime pena Says:

    Quintín, lo del saco de Iosseliani era una broma entre paréntesis. Aunque también puede verse como que otro gesto de director que necesita ser reconocido y se esfuerza en caer simpático. Una actitud muy habitual en los festivales de cortometrajes para seducir a los jurados fuera de las salas de proyección. Es algo a lo que deberías de estar acostumbrado y en ningún caso una acusación de sentimentalismo.

    Nadie pretende decir que esto es un mar apacible en el que todo el mundo se lleva muy bien. Lo que ocurre es que ese mapa que pretendes dibujar con dos bandos confrontados y perfectamente delimitados es de una imprecisión y miopía extraordinaria. La realidad es mucho más compleja, por supuesto.

    Te dejo una defición del que podría ser uno de esos bandos a cargo de uno de sus integrantes más conscientes, el venezolano Andrés Duque:

    “Lo más importante que está sucediendo en el cine español de hoy está en el underground. Ha marcado mucho el programa D-Generación, de Antonio Weinrichter y Josetxo Cerdán, y el Festival Punto de Vista, cuando Carlos Muguiro reunió a una serie de gente que, de repente, nos conocimos. Nos une sobre todo la autoproducción, no atender a intereses de industria y la libertad absoluta para trabajar. Esa heterodoxia hay que reivindicarla. Estoy algo cansado de los sucedáneos del cine de autor europeo. Esas películas que responden a un eje francés que marca una línea muy ortodoxa de lo que debe ser cine de autor.”

    Las declaraciones salen en el último Cahiers español (con perdón). Me reconocerás que las dos últimas frases son geniales. Lo que te propongo es que realices una rápida encuesta entre Escartín, Los Hijos y Laxe para comprobar quienes de ellos las subscribirían al completo. Verás como ese presunto bando se resquebraja.

  8. lalectoraprovisoria Says:

    Pero Pena, si yo nunca dije que había dos bandos bien delimitados. Ni que yo adscribiera a uno de ellos. Te repito que el párrafo que originó esta querella lo escribí sin haber visto nada de dos de los tres integrantes de uno de los supuestos bandos y era, por lo tanto, una broma. Pero la frase de Duque (a quien tampoco conozco) sí pone en evidencia que hay un “underground”, un bando que de algún modo se reconoce como tal. Lo interesante, para completar el panorama si uno no tiene acceso a las conversaciones particulares, sería saber quiénes son esos “sucedáneos del cine de autor europeo” de los que Duque está cansado, como expresa en una verdadera declaración de guerra. Allí podríamos mejorar el mapa que tenemos de este asunto y, de paso, dejar de hablar de Erice, lo que le molesta tanto a nuestro amigo Arroba.

    Q

  9. jaime pena Says:

    Antes preferiría que realizases esa encuesta que te propongo porque sospecho que sería ahí en donde comenzarían a aflorar las contradicciones. En cualquier caso creo que no es muy difícil identificar entre todos aquellos cineastas españoles que conocemos cuales responden a una tipología más cercana a la del cine francés o a una ortodoxia francesa “de lo que debe ser cine de autor”. Esto último me interesa más o, al menos, alude más a nuestro trabajo y a un discurso crítico que tenemos que reconocer que nos viene impuesto. Vamos, lo que comentabas en tus crónicas vienesas a propósito de la línea crítica de Moller y Huber. Por esa razón me gusta tanto el cine de Los Hijos. El cine o lo que sea. Porque en el fondo hacen que nos cuestionemos qué es eso de una buena película. No voy a ocultar que admiro profundamente los tres largos de Erice, pero también entiendo que la postura de Los Hijos nos obliga a replantear si ese modelo es hoy en día pertinente. Lo mejor es que Los Hijos lo hacen con sus películas y no necesitan representar ningún personaje, lo habrás comprobado. Otros lo hacen con sus declaraciones.

  10. lalectoraprovisoria Says:

    Pena. Ahora sí entramos en un debate interesante, en ese terreno ambiguo en el que detrás del cuestionamiento del canon francés aparecen elementos absolutamente contradictorios, pero que nos interpelan como críticos. De todos modos, creo que Los Hijos tienen tantas contradicciónes como nosotros. Curiosamente, el que no las tiene es Olaf, cuyo pensamiento es siempre monolítico y un poco fascista en materia cinematográfica.

    Q

  11. jaime Says:

    Los Hijos tiene tantas contradicciones como nosotros, es cierto. Pero tienen menos miedo que nosotros a que salgan a relucir. “Circo” es la mejor prueba. Pocos cineastas se permitirían el lujo de sacar a la luz una película que parece ir en contra de los logros y descubrimientos de “Los materiales”.

    Como sea, lo del fenómeno del “afrancesamiento” en el cine español es algo muy reciente. Ahora que se acaba de morir, piensa en Berlanga, un cineasta totalmente refractario al propio concepto de cine de autor y al que los franceses nunca entendieron. Como en el fondo tampoco entendieron a Buñuel y por eso sus películas francesas son las peores de su filmografía. Ahora que lo pienso, Albert Serra podría representar esa síntesis entre el Berlanga más esperpéntico y la tradición francesa. Si es que esta síntesis no es imposible…

  12. kukutrushku Says:

    estais todos locos. la vida está allí fuera. salid de vuestro egocine y mirad a la gente.

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