Locarno: memoria y balance (14)

Los jóvenes viejos

por Quintín

A esa altura habíamos visto ocho películas, nos acercábamos a la mitad del programa y no se me ocurría nada que pudiera ser premiado. Ninguna había despertado una aceptación compartida en el jurado, ni siquiera había entusiasmos individuales que establecieran una candidata a ganar el premio que, en realidad, era doble. Un Leopardo de Oro de 30.000 francos suizos era el primero, pero otros 30.000 francos del canal francés Cine Cinéma como derecho de antena iban para el segundo premio. El Leopardo iba para el director (de paso, el Leopardo de la competencia internacional vale 90.000 a dividir entre director y productor) y el otro no me acuerdo ya a quién le tocaba. Pero a Maren Ade le preocupaba mucho el asunto, ya que en representación de los directores menesterosos tenía mucha experiencia con productores y agentes de venta que se quedaban con la plata de los pobres realizadores.

No sé cuán representativa del cine contemporáneo era la muestra que habíamos visto hasta el momento, pero creo que algunas constantes merecen ser señaladas, especialmente la influencia del cine americano reciente: películas de jóvenes, música en inglés, obsesión con el profesionalismo, importancia de los actores, tonos ligeros (más bien de comedia), ambientes de clase media. Tal vez no se deba hablar propiamente de influencia, sino de dos caminos paralelos, de una carrera en la que los americanos llegaron antes, pero cuya meta era el establecimiento de ciertos estándares que hoy son predominantes. Me parece que estamos ante un cine que se presenta como cosmopolita para un espectador universal, en el que cada película tiene que aportar su rasgo distintivo pero también afirmar su pertenencia a ese universo.

Una buena prueba de esta tendencia fue la película que vimos a continuación, la francesa Memory lane de Mikhaël Hers, que hasta tiene título original en inglés. Es un ejemplo perfecto de lo que hablábamos: otra película coral de fin de curso con música pop americana y una serie de historias, algunas tiernas, otras más dramáticas. La película empieza con una voz en off que recuerda “aquel verano inolvidable” y luego vamos hacia ese verano para ver a los protagonistas que concurren a fiestas, tienen una bandita de rock, se enamoran y también sufren problemas con la droga, la soledad o las perspectivas laborales. Todo transcurre en las afueras de París, pero no el suburbio duro de los norafricanos, la miseria y el desorden del cine francés que estaba de moda hace unos años sino en Hauts-de-Seine, la Banlieue Ouest, reducto de clase media blanca según me explicaba Jean-Michel Frodon. Si la música es un tanto cursi y precaria (lo que molestó a Thom Andersen), Memory lane tiene locaciones notables —las mejores del festival— incluyendo una escuela en vacaciones con un patio central circular y las aulas alrededor donde vive uno de los personajes que parece algo así como el hijo de la portera. También hay una caminata nocturna por las vías del tren desde París hasta el pueblo, que es una verdadera delicia.

Pero como decíamos, las películas del sistema locarnés (y no sólo) deben tener una singularidad y así sucede con Memory lane. Su colección de anécdotas dulzonas, asordinadas y nostálgicas está interpretada por actores de treinta y pico, aunque lo que se cuenta les pasa a personajes que tienen diez o quince años menos. Hay una gran ambigüedad al respecto, porque nadie dice cuándo fue “aquel verano”, pero aunque la pareja central, que se conoce desde que eran chicos, haga el amor largamente demorado como si fueran adultos, su vida cotidiana es la de un grupo de adolescentes, como si todo ocurriera apenas un par de años después de que terminaron la escuela. La curiosa estrategia tiene, me parece, dos propósitos: el de ralentar el tiempo por un lado, pero también el de eludir la habitual visión naturalista del cine francés sobre la pequeña burguesía (el sistema familia-pareja-trabajo-ciudad) haciendo obvios sus clichés pero tomando distancia simultáneamente para desmontar su artificialidad. Memory lane no es una película que un crítico francés pueda soportar muy fácilmente, pero todo está cambiando bastante rápido en estos días.

Foto: Flavia de la Fuente

3 comentarios to “Locarno: memoria y balance (14)”

  1. Marco Says:

    Excelentes cronicas. Un autentico lujo

  2. ojosabiertos Says:

    Sí, excelente. RK

  3. Jose Apoj Says:

    Quintín, siempre es un placer leerte. Me gustó mucho lo que escribiste sobre el corto del autor de Le pornographe, una gran película de pajeros(también). Además, tus comentarios sobre fútbol me persiguen todo el fin de semana mientras sigo, desde Uruguay, las pésimas transmisiones de FPT. El otro día, vi el primer tiempo de Boca-San Lorenzo en una transmisión en la que Araujo hacía de comentarista. El tipo es lo peor. Clemente jugaba mal pero lo agredía con una bronca que parecía estar refiriéndose al propio Goebbels. Ok, jugó mal….¿es un delito? Lamentable ese hombre, un canalla.

    La película de Lafosse sobre la guardería suena muy apetecible. ¿Se podrá ver en algún lado pronto para los que vivimos en el fondo del mundo?

    Abrazos,

    Jose

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