Buenos Aires entre rejas

Una turista en la ciudad

por Flavia de la Fuente

Como ya saben los lectores, vivo desde hace cinco años y medio en San Clemente. Pero todos los años paso por lo menos el mes de abril en Buenos Aires. Durante ese mes, no soy más que una turista que va al Bafici y camina por su ciudad natal.


Uno de mis destinos obligados es el Rosedal, al que voy más de una vez porque me trae gratos recuerdos y, además, es una linda caminata desde mi casa. Otra razón por la que visito el Rosedal es que me gusta ver qué hacen los jefes de gobierno con ese parque. Por ejemplo, Telerman lo había embellecido muchísimo. Las fuentes tiraban cantidades enormes de agua, había lirios y rosas por todos lados. Todo resplandecía. Realmente hay que reconocer que el afrancesado le dedicó denodados esfuerzos a la jardinería.

Este año, como todos los años, volví a pasear por el Rosedal. Era un mediodía soleado de abril y en el parque reinaba la alegría. Miré a mi alrededor y noté que estaba todo muy cuidado, lleno de rosas, como corresponde, pintadito y hasta habían habilitado un puente que recordaba siempre cerrado. También comprobé que habían finalizado la restauración del Patio Andaluz. Digamos que estaba casi tan lindo como el de Telerman o acaso igual pero Georges ganó con la sorpresa.

Y hablando de sorpresas, iba caminando distraída y feliz, mirando las palmeras contra el cielo azul, perdiéndome entre las rosas, lirios y patos que deambulan libres por ahí, cuando de pronto me encontré con que la blanca estatua de Sarmiento estaba entre rejas. Como sabrán los porteños amantes de los parques, el Rosedal está todo enrejado desde hace años (quizás desde siempre, no lo recuerdo) y tiene un estricto horario de visita. ¿Por qué diablos habrán necesitado enrejar al pobre Sarmiento?

Sigo caminando y me encuentro con un parterre de rosas también enrejado. Hay un busto entre las flores pero no alcanzo a leer de quién se trata. De nuevo no entiendo el motivo de tanta reja. ¿Tendrán miedo de que se les escapen esas rosas? Porque todo el resto está en zonas libres. ¿O ese enrejado será el comienzo de una gigantesca prisión de rosas?

Me fui pensando en el aumento de las rejas en la ciudad. Hay rejas necesarias y otras, como las que acabo de describir, totalmente superfluas.

Volví a casa caminando por Libertador y, en un momento, llegué a Salguero. Medité un instante, crucé apurada Libertador y decidí tomar Salguero para seguir derecho hasta el boulevard de Charcas, que queda a dos cuadras de casa y que me encanta porque está lleno de arbustos de margaritas amarillas y cafés con terrazas. Sonriente y llena de oxígeno me dirigía a paso firme hacia mi meta hasta que me encontré con el horror. Los parterres de margaritas amarillas también estaban enrejados. Y casi ni se podían ver las locas margaritas. Les juro que me deprimí. Ninguna razón sensata para hacer eso. ¿Será para evitar que los perros fertilicen las plantas? No lo sé. No se me ocurre ninguna razón de peso para esas rejas horripilantes.

No caminé mucho más por la ciudad porque fui, como ya les dije, para ir al Bafici. Sin embargo, me pareció que las rejas habían proliferado por todas partes. En realidad, sí caminé. Fui dos o tres veces hasta el obelisco a pie. Y me encontré con más rejas inexplicables pero ahora no recuerdo exactamente dónde.

Rejas, prohibiciones médicas, delaciones. No sé si será culpa de Macri o acaso sea el signo de los tiempos. Pero, sea como sea, no es nada agradable esa versión de Buenos Aires.



21 respuestas to “Buenos Aires entre rejas”

  1. Martin H Says:

    El primero que enrejo las plazas fue De la Rua me parece

  2. janfiloso Says:

    Pensá que todo se fabrica ahora a prueba de vandalismo : teléfonos públicos, colectivos, vagones de tren, de subte.
    No será mejor invertir en educación? o el espíritu tanático de los adolecentes es una etapa que hay que transitar necesariamente?

  3. elsita Says:

    ¿quien venderá las rejas ?

  4. Doppel Says:

    !Que de rejas!
    Por ahí cuando se termine de enrejar quedará, visto desde arriba, el contorno de la cara de Macri, como el cuento de Borges del cartógrafo que quería hacer un mapa con todo y cuando terminó se dió cuenta que era su rostro. ¿¿Como se llama ese cuento???
    La quise disfrazar pero no hay caso no pega ni ahí con este tema. La cosa es que necesito el nombre del cuento para la fac, ¿como se llama?

  5. racinclú Says:

    Los tipos que viven al lado de tu casa, que no son adictos al paco ni integrantes de una barra brava, sino gorditos que miran a Tinelli y se ponen el jogging para comprarle facturas a la patrona, hacen cagar el perro en tu puerta de entrada.
    Los tachos de basura de la esquina se los roban sistemáticamente cada semana. Y no sirven para nada una vez arrancados de cuajo.
    Simpáticos señores en autos muy nuevos le ponen trapitos a la patente para evitar las multas.
    Esto es lo que hay. Los educamos a todos? Cómo, cuándo, quién? El Parque Centenario es arrasado periódicamente por los «vecinos», muchos de ellos con instrucción secundaria y terciaria.
    El progre bienpesante urbano de c.a.b.a tiene la palabra facho siempre lista para hablar de Macri. Curiosa interpretación del fascismo. Deben haber estudiado historia con Felipe Piga o con los libros de Lanata.
    Las rejas no solucionan la decadencia moral que tal vez sea un problema sin solución. Pero no creo que Aníbal F., Randazzo, o la Pirada tengan propuestas mucho mejores.

  6. verdadero fog Says:

    MAL INFORMADA O DISTRAIDA. flavia, recorro el Rosedal no menos de una vez por semana y hace siete años que veo las rejas. Su instalacion y cuidado corre poor cuente de quien mantiene el costoso parque que no el gobierno del chanta Macri, sino la empresa YPF, sucesora de Repsol que se hizo cargo del parque en tiempos de Menem, o del intendente De la Rúa. Las rejas del «parterre» protegen la plantas nuevas que están al cuidado de un grupo de mujeres que siembra, poda, onjerta y cuida todo ad honorem. A Sarmiento mejor tenerlo enrejado para que no salga a poner un blog puteándolos.

  7. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, verdadero fog. Es cierto, soy muy distraida. Es la primera vez que reparo en los enrejados internos del Rosedal. Se ve que me distraigo con las flores y los pajaritos. Pero le juro que las margaritas de Charcas estaban libres. ¿O no?

    F

  8. Hernan el que no choco Says:

    Aguardo las propuestas de racinclu.

  9. boudu Says:

    racinclu,

    el Centenario sufre de un hacinamiento tremendo, es el unico pulmon de la zona y le construyeron 2 millones de torres alrededor, con esa cantidad de gente por fin de semana es imposible mantenerlo bien, pero claro siempre es mas facil putear al vecino y seguir votando a los mismos de siempre y no cambiar nada…salvo poner alguna rejita.

  10. db Says:

    Las plazas del centro y barrio norte están casi todas sistemáticamente enrrejadas, me da vergüenza vivir en una ciudad así. En la de Montevideo y Paraná que tiene varios sectores y plazoletas le pusieron rejas hasta a las macetas y está prohibido entrar con perros. Al principio la gente le colgaba las bolsitas con caca de los carteles de prohibición. Ahora ya se resignaron y usan toda la cuadra de Paraná de cacodromo y meodromo, es una vereda prácticamente tomada y cerrada al público.

    La otra bestialidad ya la comenté pero tengo tanto veneno que le doy de nuevo, la baldosa se declara obsoleta en virtud del presupuesto: veredas de «cemento peinado», piso de galpones para la reina del plata, el nabo que subió este video resalta sus virtudes:

    «El GCBA está arregalndo las veredas del mmicrocentro con cemento peinado: es más rapido y fácil de mantener.»

    Del microcentro no, hay por todos lados, cuando tienen que arreglar una vereda levantan las baldosas y le echan el cemento.

    Anuncian con mucha pompa la limpieza de carteles en la vía pública. Cualquiera que vaya por el obelisco de noche tiene que llevar anteojos para sol para no quedar ciego por las pantallas hipergigantes e hiperluminosas, hay una que ocupa siete pisos de un edificio.

    Finalmente otra barbaridad para aniquiilar lo poco de aquel encanto social que quedó de la década menemista, ahora impera la ley y el orden en la gastronomía, este descerebrado está haciendo sacar todos los techos en la calle de los bares y restaurantes de la ciudad, las mesas en la vereda ahora deberan someterse a las inclemencias del sol y la lluvia paliados en el mejor caso por una miserable sombrilla a la cual tenés que estar mirando de reojo para que no se te venga encima, a quién jodían esos techos que creaban un lindo clima en la calle?

    Lo peor de estos tipos no es que sean de derecha, es que son imbéciles.

    Haciendo mierda Buenos Aires.

  11. Xtian Says:

    Hola Flavia. Vivo en Guemes y Bulnes, así que somos casi vecinos… Pregunto: a «Café con terrazas» te referís a que la gente pone sillas sobre el boulevard, como en La Pharmacie en Vidt y Charcas? O las dos parrilas que quedan entre Bulnes y Guise?

    En cuanto a las margaritas, te referís a los canteros que separan la calle por la que circulan autos del «empedrado» peatonal? Esos canteros están enrejados por lo menos desde agosto de 2004, que es cuando yo me mudé al departamento en el que vivo hoy. Igual pongámosle un «creo» porque estás tan segura que me hiciste ahora dudar, pero paso por ahí todos los días y no recuerdo ningún día de «sorpresa» de «uh, pusieron rejas». Capaz que soy más distraído que vos!

  12. Gerónimo Says:

    Las rejas se van reproduciendo, por casa aparecieron en la época de Telerman. Desde ese momento no pisé más la ahora incomparablemente hermosa plaza.

    Las marquesinas sobre las veredas y los toldos cerrados si deben ser retirados lo antes posible. Esas cosas si que afean la ciudad.

  13. sonny Says:

    cada vez peor de todas formas vamos hacia las peliculas de ciencia ficcion donde se vive en cuidades totalemente cerradas y afuera es la escoria
    saludos

  14. elsita Says:

    las rejas en los portales de las iglesias para que nuestros vecinos que duermen en la calle ( lo llaman situacion de calle puaj) no tengan reparo .

  15. Liso Says:

    Verdadero Fog, De la Rúa no tiene nada que ver con las rejas que cercan el rosedal. Éstas fueron inaugaradas en 1996 por el entonces intendente Jorge Domínguez.
    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=167725

  16. Santiago Giralt Says:

    Habría que analizar quiénes ganaron la licitación para las rejas.
    Ahí debe haber una clave de tanta cárcel.

  17. abrunhosa Says:

    «Rejas, prohibiciones médicas, delaciones. No sé si será culpa de Macri o acaso sea el signo de los tiempos. Pero, sea como sea, no es nada agradable esa versión de Buenos Aires.»

    Coincido. La pregunta es: ¿cómo se logra un cambio cultural? Macri es uno de los pocos políticos que nos dice que tenemos que cambiar nuestra naturaleza «chanta»: proteger los bienes públicos, ser responsables en el manejo, no incurrir en faltas simplemente porque no tienen costo. En eso es más valiente que casi todos. Está mostrando más liderazgo que todos los otros gobernantes. No me gustan sus métodos y no me gusta él, pero ciertamente no está haciendo la fácil.

  18. lalectoraprovisoria Says:

    Vecino Xtian, ¿no me digas que tampoco había visto las rejas en Charcas desde 2004? Soy un desastre. Entonces, quizás se marchitaron las margaritas… La cuestión es que hay rejas y está más feo.

    Las terrazas de las que hablo son las del Café Martínez, La Pharmacie, Angelina y, tambien, aunque nunca voy, la de los restaurants de al lado.

    Y como apunta Santiago, sea cuando sea que las pusieron, en Buenos Aires hay cada año más rejas por todos lados.

    F

  19. Xtian Says:

    Ojo, igual ahora me pusiste paranoico a ver si soy yo el ciego que no veo nada, aunque paso todos los días por ahí…

    Yo creo que tendríamos que escribir una versión de 70 balcones y ninguna flor, pero que ahora sean las rejas en vez de los balcones…

  20. S.A Says:

    Las rejas son una tradición desde siempre pero con más impetu desde la época que Buenos Aires se convirtió en una ciudad Art Nouveau donde las rejas son un bien preciado para la ornamentación de frentes y fachadas y casi tan importante como los vitrales, los bajorrelieves, gárgolas y demás tipos de expresión artística en las edificaciones. Con el devenir de los años y la falta de respeto mutuo entre los vecinos se decide enrejar los parques porque encierran parte del patrimonio cultural de la ciudad (léase esculturas, bustos, etc) que son vandalizados hasta el cansancio y no sólo por adolescentes sino que por adultos también lo cual deriva en un gasto terrorífico en la restauración de las obras artísticas que están allí (hay que recordar que detrás de Suecia, la Argentina es el segundo país en el mundo con más cantidad de obras de arte en espacios públicos abiertos). Ultrajar una obra de arte es inaceptable incluso si la pueden reparar posteriormente. A quién se le ocurriría meterle un puñetazo en el medio de La Gioconda porque igual después se puede restaurar? Veanlo como una medida del estado para proteger nuestro patrimonio de nosotros mismos, es triste pero es la realidad.

  21. Juan Says:

    Hermoso

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