La vuelta a casa

por Flavia de la Fuente

Hoy me desperté temprano para llevar a Solita a la playa. Ayer, cuando llegamos a San Clemente era tarde y no la pude sacar de su prisión domiciliaria en el jardín porque ya era de noche. Así que esta mañana me di el gusto y, pese a la llovizna y al viento sur que pegaba fuerte, partimos las dos valientes hacia la playa. Solita corrió y corrió, intentó cazar gaviotas, se bañó en el mar, subió y bajó médanos y les buscó pelea a todos los perros que se le cruzaron por el camino. En fin, que me hizo reír con sus aventuras que son siempre las mismas, pero me enternecen. Debo confesar que últimamente tengo un problema. Me dan miedo las jaurías que andan por la playa desierta, tengo miedo de que ataquen a mi perrita. Y, para colmo, Soli no les tiene nada miedo. Es más, busca a los perros para jugar y los enfrenta sin ningún temor. Se sienta en posición de guerra, los mira desafiante, se hace la mala y luego corre al ataque. Y cuanto más grandes sean los contrincantes, mucho mejor. Lo curioso es que ya debería haber aprendido, dado que tuvo malas experiencias en el verano, cuando algún perro la mordió. Pero, al parecer su sociabilidad puede más que los malos recuerdos.

Salvo lo cachorros, los perros no le prestan la menor atención. Solita, ni bien los ve a lo lejos, se pone en guardia pero los otros la miran con desdén y permanecen inmóviles o bien siguen imperturbables su camino. La indiferencia de los perros me ofende, me duele. ¿La discriminarán porque es una perrita castrada? ¿Los perros sólo quieren sexo? No sé de qué se trata todo el ritual, pero nuestra cachorra busca roña hasta que, a veces, consigue que alguno se moleste y empiece a correrla. Y corren y corren hasta el hartazgo, sin llegar a cansarse nunca. Hoy la agarraron entre tres y la vi rendirse por primera vez. Solita yacía patas para arriba entre tres perros enormes. La verdad es que me asusté. Temí que los vencedores no respetaran el código de la banderita blanca que había sacado mi Solita. Así que me acerqué para llevármela conmigo. Ya sé que lo mío es un poco de idishe mame, pero muchos me dicen que cuando los perros son malos la pueden despanzurrar. Y si algo no quiero es que le pase nada malo a la pobre Soli que es lo más inocente que hay en el mundo.

Esta mañana del sábado, la batalla canina se daba frente a una curiosa fauna humana. Ya los había visto al pasar al comienzo de la caminata, pero no les di demasiada importancia. Se trataba de una fila de personas sentadas en el médano. Pensé que eran surfers que estaban esperando que aclarara para lanzarse a la mar. Mas no era así. Eran “meditadores”, gente que permanecía inmóvil mirando el mar. Aunque cuando me acerqué algunos me sonrieron debido al  espectáculo de la batalla canina que se desplegaba frente a ellos sacándolos de su nirvana. Até a Solita y seguimos caminando. Cuando los perros ya habían desaparecido de nuestro horizonte la volví a soltar para que pudiera seguir jugando. Más tarde, la até un par de veces más de manera preventiva. Q no me deja hacer eso. Pero, cuando estoy sola, siento que debo protegerla. Solita es demasiado confiada, o quizás no, quizás sabe muy bien lo que hace, mas yo no lo sé. Entonces, por las dudas, cuando veo animales muy grandes, la ato un ratito y listo. Cuando llegamos a casa, le di el premio que le compró Liso en el Corte Inglés, unos caramelos de jamón y queso con bajo nivel de grasa. ¡Le encantaron!

Ahora me voy a tomar un café con Q y a seguir leyendo Mis premios de Thomas Bernhard que está buenísimo.

7 respuestas to “La vuelta a casa”

  1. equidna Says:

    Se ve linda la playa sanclementina, con mucha arena

  2. estrella Says:

    No tengas miedo, Flavia. Es la manera que tienen los perros de jugar. Me parece que sólo hay que tener cuidado cuando se acerque a un perro que esté comiendo.
    Acá hoy el día está muy feo también, un sábado para ver películas o para leer.
    Ojo con Bernhard, la sobredosis puede ser fatal.
    Saludos!

  3. janfiloso Says:

    además, las hembras suelen se respetadas por los machos, aunque yo tendría cuidado con las jaurías porque vuelven a un estado primitivo.

  4. Pechoflores Says:

    Flavia, perdón
    Los perros no son malos, o están en celo o no. Solita tiene instinto no criterio. Por mas castrada que está la van a agarrar. Y la indiferencia de los perros es un concepto errado- No la sienten, la indiferencia es una característica humana.
    Otra cosa, no se si es el jetlag, pero faltan como varios elementos para que tus oraciones sean oraciones. Se te escaparon los «que», y otros conectores
    beso
    abrazo a quintín desde Cannes (Festival de perros de San Telmo)
    Pecho

  5. lalectoraprovisoria Says:

    Hola Pecho,

    Gracias Pecho por las correcciones. Ya le pegué una leída al texto y corregí algo. Espero que haya quedado mejor. ¡Volvé Gabi, por favor!

    Una pregunta. ¿Los perros en celo no buscan perras que estén en celo?

    Mi amigo Tarzán —un hombre de setenta años, que vive en la playa rodeado de perros y que es nadador como yo— me dijo una vez cuando pasó una jauría al lado nuestro: “No te preocupes, podés volver a tu casa tranquila. Están todos siguiendo a esa perra que está en celo.” En cambio, otras veces me dijo con suma preocupación: “Agarrá a tu perrita que esos perros/perras son medio bravos.”

    F

  6. Guiasterion Says:

    Estimada F.:

    Pienso que «Mi perra Tulip» de J. R. Ackerley es un libro que usted y Q. disfrutarán. Una historia de amor bellamente escrita, con una minuciosa narración de los periodos en celo de una perra pastor alemán. Beatriz Viterbo acaba de publicarlo y Aira en la contratapa lo cubre de elogios.

    G.B.

  7. lalectoraprovisoria Says:

    Estimado Guiasterion,

    Ya leí con mucho placer Mi perra Tulip. Efectivamente, es un libro encantador.

    De todos modos, muchas gracias por la recomendación.

    F

    PD: Hoy voy a empezar a leer la saga de Gerald Durrel. Comenzaré con Mi familia y otros animales. Después les cuento, pero al parecer son libros maravillosos. Están editados por Alianza de bolsillo.

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