Bafici 2010 (0,9)

Sweetgrass de Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor

por Quintín

Hace muchos años, cuando recién empezábamos con El Amante, vi una película argentina que seguía a un grupo de esquiladores de ovejas en la Patagonia. No me acuerdo del título ni del director, pero las imágenes que me quedaron en la memoria tienen que ver con la dureza de aquel trabajo. Los esquiladores iban de estancia en estancia y trabajaban como galeotes. Las largas horas expuestos al frío requerían de una compensación importante en calorías y así, el personaje fundamental del grupo era el cocinero que preparaba cuatro comidas fuertes por día. La película era un reportaje social y aunque no recuerdo cómo estaba hecha, me permitió asomarme a una de las formas más extremas del trabajo humano.

Muchos años más tarde, en 2003, vimos con Flavia un film llamado El viaje del pastor hacia el tercer milenio por el cual su director Erich Langiahr ganó con el premio al mejor documental en Solothurn, donde se celebra el Festival de Cine Suizo y se otorgan los premios a la producción anual (una especie de Goya helvético). Allí estábamos ese año y la película nos impresionó mucho. Contaba la vida de uno de los últimos pastores trashumantes, dedicado con su mujer a llevar las ovejas de una punta a otra del territorio suizo en busca de renovadas pasturas naturales. A la dureza de la tarea (una enorme cantidad de meses viajando por el campo con la manada) se agregaba otra dificultad: la de encontrar paso a través de territorios cada vez más llenos de obstáculos físicos y jurídicos para el tránsito del ganado. Era una película hermosa, a la que la lentitud de los animales y la belleza del paisaje le daban una majestuosidad impresionante. La vida de la pareja de pastores no era tan terrible como la de los esquiladores patagónicos; su elección era voluntaria y no fruto de la necesidad. Vivían en una casa confortable, disponían de todas las comodidades, pero solo durante el tiempo en el que no pastoreaban. Había en esa tarea de esfuerzo continuo, de gran soledad y de comunión con los animales y los paisajes una componente mística y hasta una intención de resistencia contra la modernización de la vida rural, como si mantener los trabajos ancestrales  fuera una necesidad del mundo. Quisimos traer la película al Bafici, pero creo que hubo un inconveniente y no lo logramos para gran tristeza de nuestra parte.

Ahora que vivimos un poco más cerca de la naturaleza y hasta tenemos una perra, estos temas nos sensibilizan aún más (aunque yo sospecho que Flavia siempre tuvo alma de pastora) y por eso empezamos nuestro Bafici doméstico viendo la que sería mi tercera película de pastores: Sweetgrass, que se ocupa de los últimos cowboys en hacer pastar durante el verano una gigantesca manada de ovejas a través de las montañas de Montana. Los directores, una fotógrafa y un antropólogo, siguieron a los hombres y los animales (no solo ovejas, sino perros, caballos y mulas) durante tres meses cada año entre 2003 y 2005 (cuando por razones no explicadas se abandonó el sistema) y filmaron probablemente los planos más impresionantes del Oeste americano desde Río rojo o El otoño de los Cheyennes. Los protagonistas humanos, por su parte, hacen pensar en los secundarios de Ford, con sus caras que recuerdan a las de Ben Johson o Harry Carey. La película comienza con una esquila durante la últimas nevadas y sigue con las ovejas atravesando un pueblo para encaminarse a hacia las altas montañas y sus laderas por las que no pasan vehículos de motor y en las que el hombre debe tener mucho cuidado. Es un gran placer ver a las manada iniciar la caminata matutina, adivinar a los caballos y sus jinetes atravesando la niebla, oír las palabras de los vaqueros hacia los animales, casi los únicos diálogos de la película. Con todo ese placer a mano, la película comete sin embargo algunas de las típicas chapucerías que le quitan consistencia pero le permiten circular por los festivales. Sweetgrass está filmada a lo largo de tres travesías distintas, pero está montada como si todo ocurriera en un solo viaje, un poco como las grabaciones musicales que juntan las distintas tomas en una. Eso daña el sentido del tiempo, desconcierta por la aparición y desaparición de los personajes y no permite tampoco hacerse una idea del itinerario. Barbash y Cataing-Taylor filman momentos aislados, distintos campamentos dentro de la expedición y caen a veces en excesos propios de sus respectivas profesiones: cierto regodeo en lo bonito por un lado y una perspectiva de registro de museo antropológico por el otro.

Lo menos logrado de una película casi inevitable para el cinéfilo es la necesidad de incorporarle un pequeño conflicto, que es la presencia de una banda de osos que atacan a la manada y dejan un tendal de ovejas horriblemente despanzurradas. Los planos en los que se ven los osos, o los que muestran a los vaqueros tirándoles contrastan por desprolijos con la serenidad de los grandes momentos, aquellos en los que la cámara se toma todo el tiempo necesario para mostrar, por ejemplo, un valle en el que las ovejas parecen nieve en movimiento. Como en la película suiza, hay aquí un extraño sentido de la Historia que también se emparenta con la tradición nostálgica y crepuscular del western. Pero también, como en la película argentina, se ve a los peones resignados a su suerte y desamparados frente a la posibilidad de que el trabajo se corte. La visión de los últimos pastores trashumantes americanos parece el final de una era en la que los años se suceden con una monotonía marcada por el ritmo de los trabajos, el mundo es predecible y la naturaleza es más que un motivo de explotación, curiosidad y recreación. Es difícil no sentir respeto por esas rutinas que tanto se parecen a una aventura en la que el tiempo fue abolido.

Pregunta para especialistas ovinos. ¿Cuántas ovejas integran la manda aproximadamente?

9 comentarios to “Bafici 2010 (0,9)”

  1. equidna Says:

    Cinco ya es majada. O cuatro.

  2. JorgePayador Says:

    Majada, bien dicho. 4 o 5 majadita, Equid.

  3. Glenda Says:

    Puede ser que sea el documental de Carlos Echeverría: Querida Mara, cartas de un viaje por la Patagonia

  4. pablot Says:

    El documental sobre las ovejas que marchan no dejará de remitirme a lo que fatalmente viviré al otro día, cuando en manada, como de costumbre, intente abordar el subte “B” hacia mi trabajo.
    ¿Por qué entonces elijo ver algo así? ¿será por eso del distanciamiento brechtiano?

  5. equidna Says:

    “Las majadas del Plata, ¡qué fortunas se han hecho con ellas, en medio siglo! y ¡qué salto!, ¡desde las ovejas criollas, hijas degeneradas de las famosas merinas españolas, andarines como cabras y casi sin lana, cuyos rebaños recorrían la pampa desierta, sin más obstáculo que algún repunte indolente y tardío, más o menos como si hubiesen sido vacas; que sólo se esquilaban cuando algún acopiador improvisado se atrevía a hacerlo por su propia cuenta, tomando en pago la mitad de la lana y pagando por el resto un precio irrisorio, hasta las Rambouillet y las Lincoln de hoy.
    Era preciso ser extranjero, aseguraba don Hortensio, con mal disimulado desdén, para poder creer que las ovejas iban a dar más que la hacienda vacuna; a él por lo menos nunca se le hubiera ocurrido semejante cosa.
    Y por esto también fueron irlandeses los primeros reyes de la cría ovejuna en el Plata.”

    (Godofredo Daireaux, “Recuerdos de un hacendado”)

  6. Pecho Flores Says:

    Quintín querido
    Te recomiendo una película que ya te recomendé en el 2008 sentados afuera del teatro Colón de Mar del Plata: “Il Somni” en catalán El sueño si no me equivoco. Documental del fotógrafo de Albert Serra (de “El canto de los pájaros”, -donde tu amigo Mark pasó a la fama-)
    Es una maravilla y trata sobre el último viaje que emprende un pastor catalán con miles de ovejas. Es brillante, lúcida, y bella, además de increíblemente triste (prestale atención a una mirada que el pastor le echa a unos cables y a unas máquinas) pues es un esquema de vida que se termina. El plano de la mirada del pastor lo vas a ver porque te voy a pasar el DVD en estos días. Después me contás de tu cuarta experiencia con lo que ahora podemos llamar “cine de ovejas”. Igual “Entre las piedras hipnotizadas por la luna”, que pasamos en mardel creo que en el 2006 de Rubén Guzmán, es otra película que observa y transmite un modo de vida rural y crudo, en el altiplano jujeño, esa pedisela a Mazzola.
    Abrazo

  7. Laura Says:

    No me acuerdo de pastores de ovejas, pero una de las cosas que más me impresionaba (y gustaba) de Suiza en mis vaciones de infancia eran los traslados de vacas de pueblo en pueblo por las rutas helvéticas (vacas limpias, bien cuidadas, con sus tocados de flores en las cabezas y cencerros enormes de bronce). Inevitablemete, comparaba con la situación de los animales en Argentina y con nuestra débil “cultura rural” tan alejada de lo urbano (que diferencia de la determinación suiza en proteger su cultura tradicional).

  8. ERN Says:

    LAS ESTACIONES DE PELECHIAN, PADRE FUNDADOR EN REGISTRAR OVEJAS.

  9. Mr. Burns Says:

    No hay majadas de ovejas como las de LA TIERRA DEL FUEGO SE APAGA, del mexicano Emilio Fernández, fotografiadas por Gabriel Figueroa (1955). Los actores de la película son tan malos que arruinan la fiesta.

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