Política y aventura (2)

Los planchas al poder

por Carlos Cossi

Uno. A la derecha, un ex vicepresidente uruguayo y dirigente colorado. A la izquierda, uno de los principales senadores del mismo partido. En el medio un personaje nuevo, de los que no salen en la fotos, de los que viven en el margen sin ser independientes ni autónomos. ¿Su nombre? Su nombre no lo sabemos. Como el “bueno” desencantado de Leone, lo llaman por las características de su pelo. Y no es “blondie”, su pelo es largo y oscuro, su melena semienrulada combina la estética cumbiera con el look metalero. El Uruguay es su desierto pero él, a diferencia de “blondie”, no anda solo, no es un falso outsider. Se lo conoce como el “Peluca”, es el líder del Movimiento Plancha, nuevo integrante del panorama político uruguayo.

 

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No recuerdo si la foto tuvo lugar o no, tal vez la estoy inventando, pero les aseguro que es sumamente representativa de la cantidad de fotos y notas aparecidas en diarios y publicaciones políticas durante la segunda mitad del 2007. Luego me entero de que el verdadero nombre de este novel político es José Valdez. Novel sólo para el público y en tanto líder de un sector político, ya que Valdez tiene antecedentes como militante de la corriente histórica más popular del Partido Colorado, el batllismo. En general, los autodenominados planchas, gracias a la tradición inclusiva de la política partidaria uruguaya, están diseminados entre los anónimos adherentes a los tres grandes partidos. El MP, como se imaginan, es la versión uruguaya de la cultura plancha/villera argentina. Su estética general es menos vistosa y llamativa que la de sus pares argentinos, fiel al estilo moderado y sin estridencias, casi gris, de este lado del charco.

Dos. La incorporación del MP a la política de partidos generó reacciones públicas diversas y oscilantes, en general más positivas que negativas. Desde la reprobación elitista entre temerosa y políticamente correcta hasta la propaganda populista y el crédito cauteloso, la recepción no fue ni indiferente ni sensacionalista. Una aparición exitosa que desafía las leyes del marketing y la publicidad política.

Del contacto entre la cultura plancha y el mundo político surgieron novedades para ambas partes. El “Peluca” Valdez que venía haciendo apología mafiosa del delito –parte de su código ético consistía en considerar válido el robo fuera del barrio- no tuvo más remedio que desdecirse y empezar a articular otros contenidos. De la noche a la mañana tuvo que responder inquietudes acerca de política económica, de cuestiones sociales candentes como el aborto, la discriminación a los homosexuales, la drogadicción entre los jóvenes e incluso fue interrogado, entre otras cosas, por sus preferencias de orden religioso. Lejos todavía de articular un programa político consistente, el MP supone una oportunidad para el plancha de ejercer su condición de ciudadano sin abdicar totalmente de su cultura pre-partidaria. Al abandonar la militancia anónima y la semiclandestinidad para subir el escenario público, su discurso se transforma, empieza a asociarse a otros reclamos igualitaristas, a interpelar las fronteras de la ciudadanía. Su tema central pasa a ser la discriminación cultural y social que sufren por parte de los sectores bienpensantes y pacatos y por un sistema económico que los excluye. El mejor testimonio de esta mutación tuvo lugar a raíz de unas declaraciones del presidente de la Cámara de Turismo, Luis Borsari. Borsari declaró muy suelto de cuerpo que los planchas opacaban a Punta del Este y que no deberían circular libremente por un balneario dedicado al turismo de elite. De no existir el MP con un líder con exposición pública y ubicado dentro de uno de los principales partidos, la exhortación discriminatoria habría quedado incontestada y con viento en la camiseta como en tantos otros casos en que los excluidos carecen de voz y capacidad de presión. La respuesta de Valdez fue digna del mejor demócrata. No solo rechazó públicamente las declaraciones, sino que puso rumbo al balneario para reunirse con agrupaciones de planchas del lugar, desafió a Borsari a que respalde sus palabras y le solicitó una reunión. La historia terminó con el encuentro entre Valdez y Borsari y la retractación del último. Valdez, que se había retractado antes con respecto a los robos a desconocidos reforzó su nuevo discurso declarando “tenemos que rescatarnos entre todos”. Borsari, puestas en evidencia las implicancias siniestras de sus dichos previos, no tuvo más remedio que desdecirse: “Nosotros queremos que se le restrinja la circulación a todo aquel que delinca…Los planchas, si son decentes, pueden y deben circular por cualquier parte”.

Más allá de que es probable que la discriminación continúe y que muchos planchas terminen acusando a Valdez de traición a los códigos originales, este tipo de enfrentamientos públicos pone a la defensiva los prejuicios sociales y desnuda sus flojos y cobardes respaldos. Apenas Valdez hace la denuncia, se moviliza y pide la rectificación de Borsari, ésta le es rápidamente concedida con la anuencia de la mayoría de la opinión pública. También contribuye a crear una nueva imagen del plancha, ahora sometido a las mismas responsabilidades que cualquier ciudadano. Desde ahora, los planchas duros que se dediquen al robo y al saqueo no sólo tendrán en su contra a la ciudadanía sino que comprometerán a su líder y la credibilidad futura de su incursión política.

Tres. Resulta llamativa y saludable la generosidad con la que el MP se ha hecho cargo hasta ahora de las desconfianzas de la población, sobretodo teniendo en cuenta la debilidad de su posición social y el desprecio y temor automático a que son sometidos demostrado por el incidente de Punta del Este. Claro, también les gusta provocar irresponsablemente, eligiendo el número 666 para su lista, aunque Valdez asegura que no conocía las connotaciones religiosas de la cifra. En la Quiniela –uno de los juegos de azar más populares en el Uruguay- el 666 es el número de la bestia y Valdez jura que el número representa su forma bestial de hablar.

Tal vez estemos ante una novedosa modalidad de articulación entre cultura y política. En un contexto político como el uruguayo en donde los méritos, acreditaciones y éticas extrapolíticos no se admiten fácilmente, Valdez parece haber encontrado una fórmula. El llamado a un mutuo y conciliador “rescate” general supone una traducción política de la ética grupal inusual y feliz. El hecho de que en el primer acto político del MP en la casa del partido Colorado se animara con música de los Pibes Chorros y con una versión en clave de cumbia villera del himno del Partido, son señales de un camino incierto y un poco bizarro, pero en última instancia removedor. Mucho más removedor e interesante que la reciente, y tan festejada incorporación de nuevas generaciones al mismo sector del Partido Colorado al que ingresó el MP. Mientras Valdez y los suyos desafían los prejuicios enfrentando la discriminación en la boca del lobo y sin pedir permiso, y, de paso, reformulan los límites entre el partido y la sociedad, la juventud colorada se autocondena a la intrascendencia más conformista. En la línea encuadrada de la mayoría de las juventudes políticas, sus propuestas alineadas culturalmente y con escasa visibilidad pública, resultan estériles y carentes de contenido renovador.

El futuro del MP es incierto. Es muy probable que choque con límites infranqueables o termine en la reivindicación particularista. Sin embargo, revela las posibilidades de la política, no conozco otra actividad humana capaz de generar deliberadamente y en libertad este tipo de transparencias y desdoblamientos

Cuatro. El igualitarismo uruguayo vive y lucha pero sufre de anquilosamiento y soberbia. El “naides mas que naides” de los gauchos orientales es parte justificada y central del orgullo nacional, pero cuando el orgullo impide la crítica y las críticas parten del desdén, el futuro de esa construcción corre peligro. La tradición uruguaya, mal que le pese, tiene dos desafíos centrales que enfrentar. El primero tiene que ver con los procedimientos. Se trata de diseñar espacios e instituciones para que las voces no alineadas en partidos, movimientos, gremios y corporaciones tengan posibilidad de hacerse oír y valer. El ciudadano uruguayo sin ese tipo de escudos (como la figura del “Defensor del pueblo”, una justicia accesible y ágil, o la cultura de la defensa del consumidor) vive a la intemperie.

El segundo es el que pone en evidencia la aparición del MP y consiste en replantear la discusión semántica en torno a los alcances del “naides más que naides”. Mientras existen sectores de la población que viven como ciudadanos de segunda, las políticas públicas intentan evitar la exclusión pero siguen produciendo efectos no deseados y no logran compensar razonablemente los vacíos que deja el mercado. No puede ser que las políticas sociales terminen reforzando e institucionalizando desigualdades sociales de origen –una escuela pública de un barrio rico es mil veces mejor que una en un barrio pobre- y que su crítica quede en manos de burócratas y especialistas deseosos de renovar financiamientos públicos e internacionales. No es serio que las instituciones amparen nuevas desigualdades vinculadas a beneficios escandalosos otorgados a las burocracias públicas invulnerables y que se sigan renovando alegremente monopolios privados y estatales con la excusas nacionalistas y antiliberales de siempre.

La igualdad política y social necesita ser repensada sin reverencias ni dogmatismos. A esta altura es el mejor homenaje que se le puede hacer a una idea tan noble.

Foto: Flavia de la Fuente

3 comentarios to “Política y aventura (2)”

  1. janfiloso Says:

    ! Qué lo parió Mendieta ¡

  2. janfiloso Says:

    1 Leo en la nación del 14/2 (nota del new york times) que IBM muta su negocio del hardware al software; ¿ quién querrá una computadora en el futuro si todo lo hará un teléfono ? -pregunta- (buena pregunta, buena razón para dejar de vender computadoras y empezar a vender programas).

    2 Veo en CNN al alguacil del condado donde un loquito mató a siete personas en una universidad en USA; no sé qué otras cosas dijo, pero habló de un acuerdo que tiene el condado con Microsoft en virtud del cual se apuesta a una interconexión total como forma de evitar (¿?) que estas cosas ocurran (no llegué a entender cómo lo haría).

    3 No puedo aportar una idea tan ambiciosa y necesaria como la que reclama Carlos, pero de una cosa estoy seguro, el cambio viene por internet y el cisma ocurrirá por la información universal en tiempo real; dos condiciones : en tiempo real y universal, eso marcará el fin del “yo no sabía”. Creo, espero.

  3. Carlos Cossi Says:

    Leo en la edición de hoy de “El País” uruguayo, un informe sobre la participación de los jóvenes en la política. Me llama poderosamente la atención el fuerte sesgo sociológico/cuantitativista del informe, pero sobre todo la facilidad con la que muchos de los académicos consultados igualan resultados puntuales y provisorios extraídos de la encuestas con la realidades generacionales e identidades etarias a prueba de balas.

    El sociólogo Esteban Perroni, por ejemplo, dice en tono profético:
    “Si es para participar en política, los jóvenes lo harán en temas sociales que los involucren, y con rápidos resultados. Saben lo que quieren, y lo quieren ya. No comprarán propuestas abstractas, que dependan de catorce variables.” Además de no decir con claridad qué es lo que supuestamente quieren los jóvenes ya (aparentemente se trata de soluciones puntuales en la lógica de la política como servicio) parte de la base de que ese perfil juvenil ansioso e inmediatista es un dato inmodificable y que son idiotas en sentido griego, sólo se interesan por su situación. De nuevo, se subordina la capacidad reformulatoria de la política al poder supremo de los tiempos sociales y se cuelan de contrabando diagnósticos apresurados.

    Tal vez, si fuera cierto el diagnóstico de Perroni, lo de los jóvenes constituya un testimonio de la ausencia de una política sustantiva renovada antes que una posición final, antes que un gen cultural contemporáneo, tal vez piensen así porque no les ofrecen otra cosa.

    Otras perlas caen en el paternalismo e insisten en la idiotez juvenil: “La clave es dar con los temas y que les sean concretos para ellos. Porque si se trata de cuestiones abstractas no resultará… las desiciones que tomen no se regirán por si es de izquierda o de derecha. También pesará menos el eje privado y público. ‘Resuélvame los problemas y mejóralo ya'”. De nuevo, parece que más que jóvenes se trata de niños mentales, ansiosos y con bajo coeficiente intelectual, hay que darle lo que quieren, dárselos ya y sin ningún tipo de abstracciónes.

    En un apartado titulado “El fugaz movimiento plancha y colorado” el politólogo Jaime Yaffé habla de la participación del Moviemiento Plancha en las recientes elecciónes juveniles internas del P. Colorado y lo declara terminado, “un fiasco”. Una especie de resultadismo aplicado a la política, como si un resultado electoral o la incapacidad de generar actos públicos de masas fuera la única medida del impacto de un movimiento. El incidente de Punta del Este parece que no existió, las modificaciones en el discurso plancha y en los límites de la política tampoco, la revelación de los prejuicios sociales tampoco. Parecido piensa Perroni que declara “El Peluca arranca mal, ya que quiere dedicarse a la política, pero el primer hecho público que tiene es para rectificarse. No logró acumulación de seguidores y todavía derivó en discusiones internas en el Partido.” Otra vez el criterio cuantitativo y, aparece la discusión como un problema, como una falencia en la estrategia o en el camino al éxito. Habría que ve a que dicusiones se refiere Perroni pero generar discusiones (no de cualqueir manera) es uno de los méritos políticos más consolidados y la vida interna de los partidos uruguayos siempre fue conflictiva y libre, siempre se caracterizo por el rechazo a las unanimidades típicas de las oligarquías partidarias.

    La integración de los jóvenes es importante, pero más importante es a que se integran y cómo lo hacen. No se trata de sumar voluntades, se trata de que las nuevas generaciónes -que tampoco tiene el patrimonio de la renovación- permitan una supervivencia renovada de la política antes que más de los mismo, antes que contribuir a su raquitización. Y sobre todo, dejar de pensar en los jóvenes exclusivamete como destinatarios de políticas focalizadas (“Dar con los temas”)y considerarlos protagonistas, ciudadanos de primera.

    Aclaración: Me baso en la edición en papel del suplemento de los domingos del diario. La edición en internet requiere clave de acceso que no tengo. La dirección es http://www.elpais.com.uy/

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