Diario de Avellaneda (5)

Atardecer

por Carlos Ardohain

Me siento en la plaza con un libro que contiene veneno.

 

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No leo, cierro los ojos intentando saber si lo que siento es melancolía, tristeza o simplemente soledad. Es verano pero hace frío, y me gusta.

Hay varios niños que dan vueltas al monumento en sus bicicletas con rueditas. Lo descubro de pronto cuando identifico un sonido que tengo en mis oídos desde que me senté y es el chirrido monótono del plástico de las rueditas sobre las baldosas del suelo. Pienso que debería alfombrar el piso desplegando mi tristeza o lo que sea, para amortiguar el recorrido de estos cachorritos que ríen o lloran con la misma facilidad con que mueven sus piernas para hacer girar las ruedas. Son como animalitos amaestrados felices en la repetición de sus rutinas.

 

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Hay madres jóvenes que cruzan la plaza en diagonal, van a buscar a sus hijas a casas de amigas o vuelven con ellas en dirección al marido y la cena. Hay viejos olvidados que se identifican con la llegada de la noche. Hay ignoradas Alejandras que ningún escritor rescatará nunca, y se adivina en sus miradas que ellas lo saben. Hay árboles que guardan silencio mientras los pájaros se acomodan en sus copas.

Me imagino todo esto y pienso en mi rostro, la rareza de estar con los ojos cerrados y anteojos puestos, como si necesitáramos aumento para mirar hacia adentro, como si una cosa reemplazara a la otra.

Hay una cierta paz provinciana en el fresco aire casi nocturno, hasta que de pronto un grito destemplado en la voz de una mujer corta la tarde como un tajo: —¡Pablo, sos un hijo de puta!

Fotos:
Carlos Ardohain

13 respuestas to “Diario de Avellaneda (5)”

  1. Janfiloso Says:

    Un boliche como tantos; una mesa, como hay muchas,
    un borracho que serrucha su sueño de copetín,
    hay un tira que se asoma, una copa sin monedas,
    un «punga» que se las toma y una caña sin servir.
    Una partida de «tute» entre cuatro veteranos
    que entre naipes y toscanos despilfarran su pensión,
    y acodado sobre el marmol, agarrado como un broche,
    un curda, que noche a noche se manda su confesión.

    El trompa tira la bronca
    porque un pebete se cuela
    y un cantor, con su vihuela,
    pide permiso y entona.
    Y así, entre naipe, curda y canto
    de esta escena cotidiana
    se oye la voz de una nena
    «Papá, vamos, que mamá te llama»

  2. quevuelvaabraham Says:

    Estan todos hablando de faaaaaaasooooooooo rocanrolnnnnnn

  3. quevuelvaabraham Says:

    «…Que allí no lo conocían.
    Dentrando en conversación
    Dijo el Diablo que era brujo:
    Pidió un ajenjo, y lo trujo
    El mozo del bodegón.

    No tomo bebida sola,
    Dijo el Diablo; se subió
    A un banco y vi que le echó
    Agua de una cuarterola.

    Como un tiro de jusil
    Entre la copa sonó,
    Y a echar llamas comenzó
    Como si juera un candil.

    Todo el mundo reculó.
    Pero el Diablo sin turbarse
    Les dijo: -No hay que asustarse,
    Y la copa se empinó…»

  4. pABLO Says:

    Sr. Carlos, los habitantes de esa ciudad que usted homenajea son de lo mas campechanos, como bien dice. No saben ni para que sirve una senda peatonal. En diagonal norte cruzan para el orto: no asimilan las mas elementales señales del tránsito.
    A favor, debo decir que los bares de su ciudad todavía conservan el humo del cigarrillo y el fernet a 10 pesos…pero en Olivos tambien se puede fumar en los bares. Asi que nada..

    Lanús, con toda su gloria, tiene chicas lindas, tarjeteros modestos, centros comerciales y vida nocturna. Es una ciudad autosuficiente, como Quilmes o Banfield, o cualquier ciudad del conourbano (menos Avellaneda)

    Después de los allanamientos que conmovieron a la opinion pública, este semestre va a escasear el polvillo blanco que tanto se adultera y manosea en su ·ciudad», y notará el malhumor generalizado de los adictos que merodean por allí. No me extrañaría en nada que esa mano que le robaron al pobre Avellaneda sea limada y vendida como alita de mosca al primer boludo que se cruze.

    Le recomiendo, antes que esa plaza llena de mendigos y pais, el bar El Dioni, que es como estar en Palermo pero a la vueltra de su casa.
    Cualquier fin de semana del mes, lo invito un fernet con coca, si le gusta el fernet, y nos emborrachamos de lo lindo.
    Por supuesto, a diferencia de capital, los bares del conourbano admiten mas gente de la que puede entrar a un lugar. Pero jamás hará una cola en su vida.

    Desde aquí le mando mis saludos y espero la proxima entrega de su diario.
    No se fíe de los pais.

    Saludos!

  5. El Extranjero de Elea Says:

    Alejandra dice:

    «Mañana
    me vestirán con cenizas al alba,
    me llenaran la boca de flores.
    Aprenderé a dormir
    en la memoria de un muro,
    en la respiración
    de un animal que sueña”

  6. AcheDeTe Says:

    Con todo respeto: Nunca comprenderé a los que festejan los espacios cerrados densos con una humareda cerrada fruto de la quema de tabaco. Siempre me dije que si yo hiciera lo mismo con lechuga, seguramente sería reprendido. Es como si les pareciera a los fumadores que hay algo natural en ese hábito que todos sin excepción debiéramos disfrutar y hasta festejar –y conste que no jugué la carta del cáncer… está por verse quién juega la carta de Godwin…
    He notado que la ignorancia generalizada ha llevado también a mucha gente a fumar desprensivamente en el subte, lo que ya habla de una plusmarca para la bestialidad porteña.
    El disfrute de esa combustión, la compañía (?) que algunos incluso aducen les provee el palillo incandescente son realmente cosas que no me son dadas entender.

    Un asmático

  7. pABLO Says:

    Achedete: nadie lo invitó a usted a los bares de Avellaneda.

  8. Janfiloso Says:

    Fumar es un placer/genial, sensual.
    Fumando espero/al hombre a quien yo quiero,
    tras los cristales/de alegres ventanales.
    Mientras fumo,/mi vida no consumo
    porque flotando el humo/me suelo adormecer…
    Tendida en la chaisse longue/soñar y amar…

    Dame el humo de tu boca./Anda, que así me vuelvo loca.
    Corre que quiero enloquecer/de placer,
    sintiendo ese calor/del humo embriagador
    que acaba por prender/la llama ardiente del amor.

  9. AcheDeTe Says:

    Pablo: releí mi texto y no se desprende de él que yo me haya sentido invitado a ninguna parte en ningún momento. Sólo hice una reflexión sobre un hábito muy difundido y muy extraño. Nada más.

  10. pABLO Says:

    quería agitar un poco las aguas, nada más.

  11. matias Says:

    pablo te agradecemos aca los chicos del dioni bar y te invitamos a pasar a tomarte un fernet sin cargo , muchisimas gracias x tus palabras .abrazo

  12. carlos Says:

    ja, ja, ahora hay incentivos para comentar en LLP.
    ¿O será PNT (publicidad no tradicional) desembarcando en los blogs?

  13. AVELLANEDA Says:

    VA CON ONDA

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