Luz, poesía, pintura V

Hopkins y los Shakers

por Dasbald

Gerad Manley Hopkins vivió y escribió rodeado de conocimiento y cultura, pero vivió y escribió como esos poetas que se resisten a trascender, tal vez porque sus credos religiosos le dicen que nadie que no sea frívolo escribirá, que nadie que no sea humilde se atreverá a poner una palabra por escrito, a la vez que son la prueba viva en sus poemas de que el poeta es poeta aún con muy poco. Como Emily Dickinson, quien escribió bajo la atenta mirada de su celoso Dios y con una cultura mínima, Hopkins escribió, bajo la atenta mirada de sus hermanos jesuitas, poemas, diarios, versos que tardaron en ser reconocidos debido a su forma personal del verso rimado quebrado en gráficos sinuosos, anunciando el verso libre. A diferencia del español o el francés que escanden sus versos de acuerdo a la cantidad de sílabas, el inglés posee varias formas de escandir a la hora de versificar. Una variedad, por ejemplo, tiene en cuenta la cantidad de acentos ignorando completamente las sílabas. Otra tiene en cuenta las sílabas conjuntamente con los acentos. ¿Complicado, no? Yo en un momento me pierdo, más si se tiene en cuenta que el antiguo era muy distinto del moderno. Y sigue. Y encima no hay que olvidarse de que los ingleses siempre fueron insulares en todo, hasta en su falta de deseo de incorporar métricas foráneas. Hopkins contaba la cantidad de sílabas estrictamente o la cantidad de acentos, y a la vez colocaba acentos gráficos donde no existían, buscaba una métrica particular para la individualidad del poema, pero siempre al borde del verso libre aun manteniendo la exigencia de la prosodia tradicional. Buscaba una poesía que no fuera dócil. Gran parte de la poesía original se ha perdido irremediablemente en esta traducción, no solo por mi incapacidad de traducir algo tan difícil, más si tenemos en cuenta los neologismos y la particularidad aglutinante del inglés que Hopkins extremaba por momentos y que nosotros en español desglosamos con una cantidad de torpes preposiciones.

De los presentes poemas, solo de los dos primeros se puede decir que están “terminados” en su idioma original, mientras que los otros forman un ciclo con las composiciones que se encuentran en los fragmentos o en los diarios. Difícil hablar de poemas terminados cuando, también como Emily Dickinson, la obra de este poeta comenzó a difundirse póstumamente. Como Emily Dickinson hizo del rigor su brevedad, del retiro su contacto más cercano con el mundo. Para acompañar estos poemas elegí una serie de dibujos de la cultura Shaker. Los Shakers fueron una secta religiosa protestante del siglo XVIII y XIX, fundada por la madre Anne en Inglaterra y tenía la mujer como centro espiritual y administrativo de la secta. Contaba entre sus rarezas puritanas con la prohibición de enmarcar imágenes, de ahí tal vez la costumbre de hacer dibujos-regalos que estaban destinados a una persona, la cual no podía difundirlos y prometía guardarlos como un secreto.


La grandeza de Dios

El mundo carga con la grandeza de Dios.
Arderá en rayos, como el resplandor de una hoja metálica sacudiéndose;
Va acumulando su poder, como el aceite se expande
Al ser prensado. ¿Por qué los hombres entonces ya no temen el juicio de su vara?
¡Tantas fueron las generaciones que con el sonido de sus pasos ensordecieron!
Y todo se encuentra pisoteado por el comercio; sucio, mustio por el duro trabajo;
Y todo tiene del hombre la desfachatez y ostenta del hombre la fetidez: la tierra
Está desnuda, pero no puede el pie sentirla, estando calzado.

Y muy a pesar de todo, la naturaleza nunca se agota;
En la profundidad de todas las cosas vive la frescura más amada;
Y a pesar de que la última luz del Oeste negro se ha extinguido,
Vuelve, la mañana, en el borde ceniciento del Este lejano, vuelve,
Ya que el Espíritu Santo sobre el mundo
Encorvado lo arrulla con sus pecho tibio y con su alas doradas.

 

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La linterna exterior

A veces una linterna atraviesa la noche.
Atrae nuestra mirada. ¿Quién anda ahí afuera?
Me pregunto: desde dónde buscando, me quedo pensando, un dónde,
Va, por la oscuridad sin bordes, con su linterna, vadeando.

A veces se me aproxima un hombre cuya belleza
De personalidad o mente brillante una rareza crea:
Son como el inicio de una lluvia sobre ese aire nuestro tan viciado y espeso
Que cae como chispa, hasta que en la muerte o la distancia se pierden.

La muerte y la distancia pronto los consumen: serpentean,
Y lo que más desearía poder ver, siendo el fin,
No puedo, perseguir lo que fuera de la vista está fuera de la mente.

Mentes de Cristo: intereses de Cristo, lo que para confesar o enmendar
Haya, los desee, los atesore, acune en amor, con pasos suaves los vea,
Sea rescate, su pago y liberación, y primer, presto, último amigo.

 

Ramas de fresno

De todo lo que puedo ver, vagando por el mundo,
No de todo la mente se nutre así, así como suspira profundamente
El poema, o un árbol cuyas ramas se abren al cielo.
Decir que son ramas de fresno: ya sea en un día de diciembre y en
Un atado desprolijo o que se abran espectralmente en rizadas
Crestas tiernas y se entreniden al cielo y sus más altas cumbres.

Rozan la altura, la repiquetean, ¡cómo azotan con sus garras
Las refulgentes habitaciones de la bóveda invernal! Mayo
Entremezcla en ellos azul y blanca nieve, un borde deshilachado
De verdor: son los tanteos de la tierra hacia el escarpado
Cielo con quien nos acuna, con celo.

 

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La salida de la luna

Me desperté en pleno verano cuando ya no se dice noche/ sino blanco caminar de la mañana:
La luna, decreciente y atenuada hasta parecer/ el borde de una uña calcada a la luz de una vela,
O geminando una fruta paradisíaca,/ encantadora en su fase menguante aunque sin brillo,
Subió más allá de los retretes, se apartó del túmulo, se alejó de la oscura montaña de Maenefa;
Un arbotante la sostenía, mientras un colmillo la arponeó,/ la enlazó, pero no la sujetó.
Esta fue la preciada, tan deseable visión,/ para nada buscada, si bien un genuino don,
Me desgajó, me dividió,/ párpado a párpado el sueño deshojó.

 

Traducción: Dasbald

Una respuesta to “Luz, poesía, pintura V”

  1. janfiloso Says:

    Sólo Dasbald puede traernos un 25 de diciembre los poemas de un jesuita que hablan de un mundo sin dios, junto al arte oculto de los shakers. Por extraños modos llega el espíritu de la navidad.

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