Diario de la Viennale 7

29 de octubre

por Flavia y Quintín

Hoy es lunes a la noche. Ganó CFK. Seguimos sin ver el sol. Y parece que seguirá nublado por cuatro años. Mañana nos volvemos a Buenos Aires. Nos espera un avioncito diminuto que nos llevará a Milán y luego un 707 que nos transportará a la Argentina. Seguimos atrasados con los diarios de la Viennale. Ahora va la crónica de lo ocurrido el día sábado 27 de octubre.

Hace cinco años que venimos en octubre a la Viennale y desde hace también cinco años que almorzamos siempre durante el fin de semana con la familia Schweighofer. A veces el banquete es en la casa, otras en sofisticados restaurants de la campiña austríaca. Pero, sea donde sea, siempre es una fiesta que ya se convirtió en tradición.

 

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Hasta el año pasado, los únicos invitados al almuerzo eran F y Q. Pero el año pasado se sumaron Simon Field, ex director del festival de Rotterdam, Alessandra ex empleada de Martin Schweighofer, Scott Foundas, ex de nada y cada vez un poco más de todo, y Lisandro de la Fuente, hermano de F y laburante madrileño, que viene a Viena durante el fin de semana a visitar a su familia sanclementina. El año pasado el menú fue espectacular. Todavía recordamos con nostalgia el sabroso risotto que cocinó Teresa, la mujer de Martin. También recordamos que todo terminó con una borrachera generalizada cuya causa principal fue el exceso de grappa. La única que puede relatar los hechos es F ya que solo toma agua.

Este año no vinieron ni Simon ni Scott ni Alessandra, pero los reemplazó un peso pesado, el coloso griego Michel Demopoulos, un gran amigo de F y Q, ex director del festival de Salónica. Al parecer todo iba a ser más tranquilo. La ausencia de Simon Field, un agitador nato que está siempre listo para las discusiones encendidas y para empinar el codo, parecía indicar que todo transcurriría sin mayores percances. Simon y Q juntos son dinamita. Pero al menos por este año, Q y Simon no se iban a pelear a los gritos y suponíamos que se bebería con moderación dado que el gigantesco Michel es una persona muy mesurada, salvo en el tamaño (debe andar casi por los dos metros). Además, de entrada, Martin anunció que esta vez no se tolerarían excesos. Hay que prevenir al lector diciendo que Martin, director de la Austrian Film Commission, es una persona sumamente equilibrada.

Como todos los años, el sábado a las 13 hs. en punto nos pasó a buscar Martin en su Jaguar por el Hilton. La casa de la familia Schweighofer queda a 15 minutos del centro y a una estación de tranvía de un pueblito vitivinícola muy pintoresco llamado Grinzing. El viaje es muy agradable. Q y Martin conversaron durante todo el viaje como loros. Lisandro y F admiraron el otoño en el canal del Danubio. Lisandro le dice a F que en Madrid todavía está todo verde. Que hizo un viaje en el tiempo, que Viena le lleva un mes de ventaja a Madrid respecto del otoño. De pronto, Martin dobla y allí estamos. En la puerta de su casa que parece en pleno campo. Todo es muy agreste. F se alegra de estar de nuevo en la naturaleza y piensa en sus flores sanclementinas.

Nos reciben Teresa, Sophie (la hija de Martin que se ha convertido en una bella jovencita de 16 o 17 años) y el labrador negro, Paco, que es tan grande como F. Teresa es española, creció en Nueva York y se mudó junto con sus padres a Viena a los 12 años. Es intérprete de las Naciones Unidas y dice que su idioma materno es el inglés, aunque sus padres sean españoles. El segundo, el español y el tercero, el alemán. Como ya les dijimos, Teresa cocina como los dioses. Esta vez nos agasajó con la tradicional Kürbiscremesuppe (sopa crema de zapallo) que, hasta ese día, solo habíamos comido en restaurants. La roció con un toque de aceite de zapallo. Otra delicia austríaca.

Pero no nos apresuremos. Llegamos a la casa, nos sacamos los abrigos, nos sentamos en el confortable living y Martin ofreció tragos. Todos empezaron con gin tonic, acaso a manera de homenaje a Simon Field que tenía dos gatos a los que había llamado Gin y Tonic. F tomó su clásico vaso de agua y temía por el devenir del festejo vienés de este año. El gin tonic es peligroso… Ya había visto un par de veces las consecuencias fatales de esta bebida.

 

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Cuando se acabó el gin tonic, pasamos a la mesa. La novedad del 2007 fue que el plato principal lo cocinó Martin. Nuestro amigo pasó el día anterior 3 horas preparando una salsa bolognesa. Pero no crean que cocinó cualquier bolognesa sino una muy particular. Martin nos agasajó con la receta de la mamá de su tocayo Scorsese que está hecha a base de tres clases de carne distinta (ternera, novillo y cerdo). Los spaghetti bolognesa de Martin S. resultaron un éxito. Creo que todos tomaban vino tinto, porque a Q se le metió en la cabeza que el vino austríaco blanco es muy malo. Y, aunque todos le dicen que no es así, que en Austria hay vinos blancos excelentes, parece no creerle a nadie. Pero sigamos con el banquete. Terminada la fuente de spaghettis, F y Teresa levantaron la mesa y llegó la hora de los postres. Esta vez Teresa convidó un strudel de un dulce de amapola o algo así. Dijo que si nos quedábamos dormidos era por el relleno del strudel. Pero estaba buenísimo. Lo sirvió con helado de vainilla. ¡Qué rico! Martin, mientras tanto, ofrecía café con su nueva máquina de café espresso.

 

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Lisandro de la Fuente, Michel Demopoulos, Martin Schweighofer, Q y Teresa Schweighofer (de izq. a der.)

 

La conversación fluía, la tarde iba pasando suavemente. Una vez ingerido el postre Martin empezó a llenar vasos de grappa. F ya empezó a preocuparse. Eso mismo lo había visto el año anterior, el año del desastre que dejó al tigre Simon de cama. ¡Mmm!, vamos mal, pensó la aguachenta cronista. Para colmo, al cabo de varios vasos generosos de grappa empezamos a recordar anécdotas del festival de Pusán donde lo único interesante son las borracheras. F nunca vio tanta gente ebria junta como en Pusán. Y todos, en algún momento, caen como moscas. En Pusán Q comió en estado de alcoholismo severo animales vivos, Thierry Frémaux cantó el himno del Olimpique de Lyon hasta el cansancio, Mr. Kim (director del festival) se desmayaba todas las noches. En fin, un panorama desolador para la sobria F que contemplaba a todos estos personajones haciendo el ridículo pero felices de la vida. La cuestión es que Martin acababa de regresar de su último viaje a Pusán y tenía un tesoro: una botella de soyu adentro de otra botella de un material como ladrillo o cerámica. Martin, que ya no estaba tan sensato, nos mostró la botella, que hasta viene con un martillo para romper la cubierta.

 

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Martin rompiendo la botella de soyu

 

Cuando comenzó el desastre ya era de noche. Empezamos a jugar al festival de Pusán. Cada convidado debía beber su vaso de soyu de un trago, hasta el final y verter el contenido hacia atrás como prueba de que el vaso estaba vacío. Varias rondas de este juego. Combé. Combé. Combé. Y todos reían. Y todos estaban borrachos. F sacaba fotos, pero también había abandonado el agua, tomaba té verde, para sentirse también en Corea.

 

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Ya eran las 7 de la tarde y nadie se podía tener en pie salvo las sensatas Teresa y F. Era hora de retirarse antes de que el asunto pasara a mayores. Por suerte, también Lisandro estaba lúcido así que nos pudo guiar en el tren y luego el tranvía de vuelta al Hilton. El jaguar se quedó con su dueño durmiendo la mona. Nos besamos, nos declaramos todos amor eterno y muy agradecidos por la velada nos despedimos hasta el año que viene.

 

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Michel Demopoulos y Q en el tranvía

8 comentarios to “Diario de la Viennale 7”

  1. jose orlando Says:

    Que lindo el pedo entre amigos… Pero todo era por el frío europeo supongo. Así no te puede hacer mal nada. Un saludo.

  2. janfiloso Says:

    ! Extraordinario relato de las libaciones Austríacas ¡
    !! Prosit ¡¡

  3. onairosjs Says:

    Que linda cronica, que buenos momentos transmites F. A pesar del agua, que no aclaraste si se traba de “eau de vie”, debes haberlos disfrutado pues se transparenta placer en tu post. Que bueno.
    fraterno
    js

  4. Jotafrisco Says:

    Carnevale no tiene tanto rock.

  5. Nico Says:

    Hablen de las películas que vieron!!!! Basta de hablar de Viena, borracheras y comidas austríacas entre los pobres como nosotros que no podemos cruzar ni la gral. paz!!!

  6. santiago Says:

    Como ex-borrachín, digo que me causó una envidia verdísima el asunto del soyu (con o sin martillo).
    Como actual viejo (también) verde (ah, los años!), manifiesto mi total disconformidad con la no-inclusión de una foto de Sophie.
    Hip.

  7. dB Says:

    El de la foto no es el pato Fillol?

  8. gabys Says:

    uy, qué rico y qué bueno todo. Y con el precio al que está acá la calabaza!! El aceite de calabaza debe cotizar en bolsa!!
    Grande Lisandro, el único hombre lúcido!

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