Voces del pasado

Diario, 28.09.2007

por Dasbald

A veces me da miedo salir a la calle o conocer gente nueva y mezclarme, ya que esa mezcla la mayoría de las veces produce pequeños epicentros incontrolables e impredecibles. Será por eso que ya no tiro las cartas del tarot y los cuadraditos que yo mismo me dibujé en una noche de insomnio, un tarot un poco cargado de mitología del hiperespacio, duermen dentro de un sobre de papel, encerrados en un cajón junto a los cuadernos de los diarios que se acumulan desde hace años. Así que llevo una vida bastante solitaria, de encierro en la semana, hasta que llega el viernes y el sábado y salgo a trabajar por la noche, en la madrugada. Esto implica que la mayoría de las aventuras se reduzcan a ir de un estante a otro de la biblioteca, a contemplar las texturas de los vegetales en la verdulería, el ojo de vidrio del carnicero, los zapatos envejecidos y abandonados en la vidriera del zapatero cuya mutua compañía siempre me da más tristeza que ese zapato abandonado en la calle, en el borde del cordón. Un caño roto en el baño me quita el sueño como si una enfermedad terminal se apoderara de la casa poco a poco. Un bulto en la pierna es un cáncer directamente o un dolor persistente de cabeza un aneurisma con el que dios vaya a saber qué cosa me querrá decir. Vivo en una especie de dramatismo premeditado, de tragicómicas apariciones, de fantasmas incrédulos, escépticos ante su propio horror. Vivo en el recuerdo más que nada. Un libro subrayado del que no me acuerdo nada provoca en mí las mismas emociones decimonónicas que una flor seca en la mente de una solterona virgen. Una camisa sin estrenar, guardada aún en su flamante papel de seda, como un bebé en una incubadora, pero muy detrás de la ropa que uso diariamente, me provoca al encontrarla un sobresalto como si me hubiera perdido en un bosque encantado. El primer viaje a Ushuaia, la primera pelea entre mis padres, la primera vez que mi hermano puso una tiza sobre el pizarrón todavía húmedo, recién limpio, donde me enseñó cómo escribir las primeras letras, el paisaje que construía en invierno con todos los arbolitos de navidad que fui coleccionando a lo largo de mi infancia y que luego copiaba con mis lápices de colores. Vivo de listas que se multiplican por lo que recuerdo y lo que olvido, por lo que invento para mi propio árbol genealógico y lo que realmente acarreo. Vivo por sobre todas las cosas por lo que abandono. ¿Un don de familia? ¿Otro más? Hoy al mediodía sonó el teléfono y era Carla para decirme que, entre cajas y mamotretos de su propio mausoleo, encontró un paquete con manuscritos y cuadernos de diarios viejos que yo creía perdidos para siempre. Carla es lo opuesto a mí. Acumula sobres enviados por su familia generaciones atrás, valijas herrumbradas, sombreros de copa con los que sus bisabuelos iban a cenas de gala en la inauguración de un barco que salía de sus astilleros en el Mediterráneo, pieles que ella nunca sabrá cómo usar ya que su vida se reduce a la simpleza de sus vinilos y sus 3 perros labradores. Cuando cortamos no sabía si estar alegre o triste, asustado o gratamente excitado. Excitado, Exit: una salida hacia dónde era esta nueva aparición. Me acordé en seguida del último libro de A. M. Homes, The mistress’s Daughter, en la que ella cuenta cómo un día aparece su madre verdadera a trastocar su vida de hija adoptiva. Cómo paso a paso primero se comunican por carta, luego mantienen oscuras conversaciones telefónicas en las que la madre biológica le pide ser adoptada a los 52 años por esta escritora de 31. Cómo luego de la muerte de esta nueva madre que siempre vivió sin saberlo a unos minutos de su casa, Homes abre sus cajas y encuentra fragmentos que se disuelven bajo su mirada y que ella deberá recomponer a cada paso con su pasión y con su escritura. Un libro extraño en el que la ficción del estilo sirve para confesar y contar cosas dolorosas, abismales. ¿Y si al abrir esa caja que creo saber muy bien lo que contiene encuentro un pasado que se irá disolviendo entre papeles amarillentos, caligrafías sucesivas, viajes compulsivos, truncos? ¿Podré resistir ser el que realmente fui? ¿El que se empeñó en escribir su autobiografía en contra de su destino? ¿Será como encontrarse con un primer amor que ya ha envejecido y nos avergüenza porque nos devuelve una imagen demasiado naïf de nosotros mismos, demasiado pretenciosa? Sé muy bien que ahí están algunos diarios, pero sobre todo el primer libro que escribí a los 16 años, o que al menos intenté y no fueron más que notas y más notas sobre escritoras muertas, arrastradas por la locura, las drogas, la prostitución, como si un espiritista tratara de traerlas desde el más allá. Sé que ahí conversé edípicamente, nunca como un adolescente que intenta seducir sexualmente a una mujer, con Virginia Woolf, Jean Rhys, Leonora Carrington, la Miranda de Shakespeare, la Monelle de Schwob, la loca en el ático de Jane Eyre, Billie Holiday, la reina Elzabeth I y su corte esotérica, entre tantas otras que fueron acompañando mi curiosidad entre los 14, 15, 16 años. Estas páginas que vuelven y que resuenan en mi mente como si un extraño hubiera dejado un mensaje en el contestador y me dijera, tengo tu ADN en mis manos, un fósil entalcado, que puede ser cruel pero que puede ser demasiado frágil para soportar la crueldad que anida en él. Cuelgo y me quedo pensando en todas estas cosas. Las escribo mientras el sol brilla definitivamente con la distracción que tiene la primavera al posar tan casualmente cada rayo de luz, novedoso, articulable.

 

dibujodasbaldpb141368.jpg

 

Ilustración: Dasbald

9 comentarios to “Voces del pasado”

  1. onairosjs Says:

    Eres sin duda un personaje literario perfecto inmerso en una realidad que para todos nosotros es peor que la ficción. Que maravillosa descripción haces de tu cotidiano transcurrir. Gracias por compartirlo. Con esas pocas líneas que me has regalado, que ojalá sigan siendo más, puedo sumergirme un poco mas armado en la lectura de los diarios. Hacia allá voy.
    fraterno
    js

  2. patrickfish Says:

    Leo muy a menudo este blog y me gusta demasiado, pero siempre tengo una duda… ¿Este espacio es sólo para opinión de los escritores de la página o para todo el que desee opinar?

    Saludos.

    P.D. En sus Widgets debería haber un “Archivos” o algo así.

  3. estrella Says:

    Tan placentera tu escritura, que dan ganas de seguir leyendo. Me mató lo del zapateros y los zapatos; y lo del caño roto que te quita el sueño.

    Estoy leyendo el último libro de Vila-Matas, “Exploradores del abismo”. No es una novela, volvió al cuento, a pesar de haber pensado que jamás volvería a escribirlos (hoy hay una nota en Ñ de Gonzalo Garcés sobre las no bondades del cuento).

    Confiesa, entre otras cosas, que “no resistió ser el que realmente fue”, después de un patatús. Dice: “De pronto, tuve la sensación de haber heredado la obra literaria de otro… Desde entonces, soy alguien que necesita de las leves discordancias con el antiguo inquilino de su cuerpo, discrepar con él ligera y sutilmente (…) Él parrecía haber llegado a un callejón sin salida, a un abismo final y a los límites de la literatura, y yo, en cambio, sin tanto dramatismo, me siento ya simplemente ´fuera de aquí’ y he optado por dar un paso más y asomar mi mirada a otros espacios (…) Me convertí en un disidente de mí mismo…

    Sobre A.D. Homes, leí Música para corazones incendiados y Este liibro salvará tu vida. El que mencionás, ¿es el de Alcie? ¿está en español?

  4. dasbald Says:

    estrella , el libro de A.M.Homes es uno nuevo que salió este año y que seguro pronto estará en las librerías. Es una especie de autobiografía de su encuentro con su madre biológica que primero fue un artículo en el New Yorker y que después se convirtió en un libro poderoso.

  5. janfientoledo Says:

    salve dasbald; a la distancia seguís escribiendo bien “suaviter in modo, fortiter in re”, viejo precepto latino para abogados : suave en el modo, fuerte en lo esencial. Abrazo español.

  6. Alejandro ricagno, ausente ahce tiempo en LLP y ausente ayer en la radio Says:

    querido dasbald: Débote coments a más de uno de tus nuevos, brillantes posts ( y escritos con un tejido de exquisitez casi proustiana, pero sin madeleines). Éste es sencillamente magiistral, y me toca ´( diría me roza, pero en este caso es “me toca”, me señala díria con dedo y todo como un personaje de La boda de gombrowicz.) muy de cerca. ya diré por qué. Siempre un poco de misterio ( y secreto) es un aderezo de encanto no?
    saludos y gorros tejidos
    ale ricagno ( ah y quiero leer, luego, la impresión y el perfume de la apertura de esos viejos diarios, su susurro entre los dedos del Tiempo)
    Y vivan todas esas locas maravillosas! te faltó Violette Leduc….

  7. crompton Says:

    DD, tendrîqs la amabilidad de compilar tus post en soporte papel y dqrmelos en qlguna oportunidad? mi tolerancia haciq la pantalla se limita a los comments. Sorry por los errores producto del teclado de garcha de los franceses !!! Saludos a todos

  8. dasbald Says:

    Sí Ale Violette, que miedo me daba esa loquita. Viste que sus libros siempre están por ahí tirados en las ofertas?

  9. medusa Says:

    Dasbald: Yo tambièn soy fòbica.
    pero escribìs muy bien, es un gusto leer tus posts.
    Medu

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: