La frialdad del fin

Sobre Pablo Siquier

por Dasbald

En una novela de Iris Murdoch, creo que en Una derrota bastante honrosa, un personaje sofisticado que se dedica a manipular las relaciones humanas, como si fueran marionetas, tiene una debilidad y esa debilidad es la pintura. Aunque en este caso sería mejor decir la fortaleza, porque nos hace saber que la pintura es un arte que se debe apreciar con la frialdad de la madurez, tal vez con la distancia de la vejez.

 

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Es verdad que hay mucho de distancia necesaria para hablar de pintura, para verla, para apreciarla. Escribir sobre ella me parece una tarea que debe equilibrar la distancia con lo personal, las pasiones deben permanecer ocultas en el estilo, en la invisibilidad de su malla elástica, capaz de contenerlo todo.

Pude ver muchos de los cuadros que Pablo Siquier colgó en su última muestra en Ruth Benzacar cuando aún no habían sido estirados sobre un bastidor y podían enrollarse, si se quería, y luego desenrollarse, como un mapa gigante que se usa en soledad para rastrear algo demasiado sutil como para darle una definición, un referente concreto o incluso un color. Me gusta mucho esta etapa de la obra. Es más: me gusta la pintura que no posee un marco fijo como un bastidor o un oropel. Me gusta enrollarla y desenrollarla sólo cuando tengo ganas de verla. Me gusta que no esté expuesta, porque si hay algo que hace sufrir a la pintura, me ha dicho una, cierta noche, es el exceso de miradas indiscriminadas. Las pinturas odian los museos. Eso es algo que cualquiera que hable su lengua sabe perfectamente.

 

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Esta serie de Siquier, que me abstendré de llamar pinturas, o que llamaré pintura de la distancia, pintura que pone a lo matérico y al color en segundo plano con respecto al dibujo y a su construcción, continúa la serie comenzada años atrás con la que el artista exploraba nuevas técnicas e instrumentos, y ponía así una distancia considerable al hecho de pintar, pero esta vez, llevándola a su fin, a su sofocación en la simetría absoluta. Porque, al contrario de lo que normalmente piensan los decoradores de interiores, a mí la simetría no me distiende sino que me produce asfixia, encierro, duplicidad en la que las salidas se anulan, se extinguen. Vaya mundo el de la decoración, al que Siquier se ha acercado irónicamente con sus pinturas ornamentales. Sólo un espíritu a contrapelo como el de Mario Praz puede acercarnos al refinamiento de la decoración y no convertirnos en snobs del buen gusto.

Pero retomemos. Con esta serie, años atrás, Siquier se adentraba en el mundo digital, pero no como soporte y expresión de la obra en sí, sino que mediante un programa de diseño dibujaba lo que luego se proyectaría utilizando un plotter pegado sobre la tela en la que actuaba como platilla, como un apéndice que dejaba una huella producida desde la distancia del monitor donde el artista había explorado la cercanía del LCD. Comenzaba una lucha de distanciamiento y cercanía. Obras que no sabríamos si llamar pinturas, que colocaban a la pintura en cierta connivencia con el dibujo, que la despojaba, utilizando el ornamento, de todo ornamento. Son muy conocidas las pinturas de este artista que no ha parado de reproducir una relación de fascinación y fragmentación con lo arquitectónico. Pero aquí lo arquitectónico se desplegaba, era mirado desde una lejanía cerebral, dolorosa. La arquitectura tal vez, y lo urbano en este despliegue nuevo, enloquecía y se volvía como una casa, una ciudad, diseñada para perderse en ella: un laberinto. Aunque el más perdido, podríamos decir, sería el artista mismo y no los espectadores. Lo que en otras pinturas era un friso o una columna definida, aquí parecía haber desaparecido en un recorrido visual que lo había fagocitado, lo había destruido. Recorrido fruto de una memoria errática, que buscaba tal vez el centro o salida del laberinto en que se desarrollaba. Los circuitos se iban abriendo o cerrando, no sabría establecer la diferencia en este caso, a medida que esta serie crecía, y las pinturas se iban complejizando. El artista dibujaba en la pantalla lo que más tarde unos asistentes llevaban a cabo, tercerizándose así la ejecución manual de la obra, casi como en una usina que se dedicaba a alienar y sofocar en sus detalles a estos asistentes. ¿E iba extrayendo qué tipo de plusvalía, qué pigmento emotivo? Pero así la obra crecía, el artista exploraba y explotaba su método, el método crecía, el laberinto se agrandaba, construía sus muros cada vez más gruesos, más barrocos. El laberinto se volvía un pensamiento habitado por un único fantasma: el artista, y la razón, o el método del que a esta altura era prisionero, era un minotauro aséptico al que se sacrificaban horas propias y ajenas, asistentes silenciosos que trabajaban bajo una banda sonora sutil. La marca de lo humano estaba cada vez más presente en esa manera sofocada y perfecta de pintar, de descromatizar. Se había vuelto definitivamente el prisionero de un método virtuoso del que no podía escapar, como la memoria, que todo lo condensa y fragmenta a su paso, en su marcha repetitiva, de superposiciones. Es imposible no pensar, al ver estas pinturas nuevas, que se sobreimprimen en otras viejas, en la música minimal de Steve Reich, Alva Noto, Aphex Twin. Universos que vuelven una y otra vez, conscientemente, sobre sí mismos, buscando tal vez el fin. Porque algo de fin hay en estos últimos, nuevo, viejos trabajos. Algo que parece haberse agotado, pero que brilla como debe brillar algún confín del universo en su gelidez, si fuera posible rastrear dicho confín. Tal vez un confín donde el ser humano busca desaparecer, borrar sus gestos, o existir en su huella solamente. Poseedor de un sentimentalismo frío, en el fondo Siquier elabora su propia lucha con el lenguaje, con todo aquello que en su doble ser nos permite y nos impide.

¿El producto de esta lucha? Una pintura cerebral, cercana a la luz sublimada del dolor, del cansancio y la sobrexigencia de la razón y la poesía. Diario íntimo tal vez.

Pinturas: Pablo Siquier

24 respuestas to “La frialdad del fin”

  1. Juan Gonzalez del Solar Says:

    Hay mucho del arte moderno que me cuesta aun a pesar de mis intentos por «entender» y poder ¿a partir de ahí? disfrutar de la obra.
    Creo que la primera etapa, lo visceral de lo que produce a un espectador la obra, es solo la mitad de la recepción.

    De todos modos, luego de leer una nota así sobre búsquedas que tantas veces no «entiendo» y, por sobre todo, no me llegan, me vuelven las ganas de volver, de intertar otra apertura, de pensar más en mis carencias como espectador que en las supuestas carencias de la obra.

    Y estoy muy de acuerdo con tus observaciones acerca de la simetría; no hay nada que sofoque más en materia estética.

  2. Luri Says:

    Muy bueno Dasbald, me encanto lo de ‘las pinturas odian los museos’

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Luri, voy a ampliar tu cita. A mí me encanta toda esta parte:

    «Es más: me gusta la pintura que no posee un marco fijo como un bastidor o un oropel. Me gusta enrollarla y desenrollarla sólo cuando tengo ganas de verla. Me gusta que no esté expuesta, porque si hay algo que hace sufrir a la pintura, me ha dicho una, cierta noche, es el exceso de miradas indiscriminadas. Las pinturas odian los museos. Eso es algo que cualquiera que hable su lengua sabe perfectamente.»

    F

  4. Luri Says:

    Gracias F, he sido muy parco.
    Hay mucho acerca del futuro en obra y texto.

  5. Gloriamundi Says:

    Borges solía recomendar abandonar las lecturas que nos aburrían. Pocas veces la propedéutica de los administradores del Arte puede servir para ayudar a comprender mejor lo que se percibe por la propia sensibilidad. Cuando ello ocurre tiene la nobleza de la docencia. De lo contrario, no pasa del exhibicionismo erudito o -peor aun- del comisariato cultural.
    Juan: confiá en tus sentidos; disfrutá de lo que te gusta y, sobre todo, no permitas que te humillen por no fundamentar eruditamente lo que no te conmueve. El Arte ocurre, nomás.

  6. dasbald y enananegra Says:

    Leonardo, Durero, Kandisky, Matisse, por no decir los escritos de Wallace Stevens sobre pintura o los de Ashbery, todos esos escribieron todo lo que escribieron sobre arte porque este sucede nomás? o el nomás es simplemente para cerrar parafraseando la frase de Silesius que cita Borges una y otra vez?

  7. estrella Says:

    ¿La de la rosa?

  8. dB Says:

    Se ha formado una pareja?

  9. dasbald Says:

    perdón todo lo anterior no debemos atribuírselo a enananegra. quedó de ayer su nick y el mío juntos. perdón enananegra.

  10. Gloriamundi Says:

    Dasbald: El «Tratado de la Pintura» puede ser muy instructivo para saber lo que pensaba Leonardo e inferir sus condicionamientos históricos; pero del texto no podremos nunca deducir las razones de la ambigua fascinación que nos produce su obra. Incluso me aventuraría a decir que lo entenderíamos mejor leyendo sus anotaciones al margen de sus cuentas de gastos donde se queja amargamente de los engaños que le inflingen los efebos de los que se rodeaba.
    El Arte (lo inefable del encuentro entre el artista y su interlocutor eventual) ocurre al margen y, a veces, contra lo programado. Por eso, tal vez, Picasso advertía: «yo no busco, encuentro».
    La escritura de y sobre el Arte puede ser provechosa para el espectador cuando (como ya dije) tiene una intención docente, de desbrozar el sendero para su mejor comprensión. Personalmente he podido disfrutar de una (desconcertante al comienzo) novela como «El ruido y la furia» de Faulkner por haber sido advertido antes del procedimiento joyceano del «monólogo interior».
    Pero la crítica de Arte plástico (en particular) ha venido derivando desde -por lo menos-los años ’60 (cuando se decretó la «muerte de la pintura de caballete») en un género literario por sí mismo. No se dirige ya a ser guía para el público sino vehículo de lucimiento profesional del crítico dentro de un acotado círculo de colegas, galeristas y curadores; lo mismo que -por otra parte- ocurre con los propios artistas. Considero que esta nota y este artista son buen ejemplo de lo que digo.
    No los acuso de nada. Los considero parte de un fenómeno más amplio que es el fin del capitalismo productivo clásico y su progresivo desplazamiento por el actual capitalismo financiero. Con ellos desaparece el público burgués consumidor del arte representativo para ser reemplazado por el inversor abstracto en un arte abstracto. Críticos y curadores son los agentes de bolsa que gestionan la valorización de cierta obra para hacer rentable cierta inversión. El arte tradicional y su público tradicional quedan relegados al circuito de la reproducción mecánica del arte popular o menor. Así sea; pero si alguien pretende convencerme de que Siquier o Kuitca (la mejor inversión de la agente Benzacar) son mejores artistas que Sábat o Philip Burke, seguiré riéndome para adentro.

    A menos que alguien como Juan exprese su desconcierto algo acomplejado por no poder comprender un mensaje que aparenta dirigirse a él, como parte del público general, cuando en realidad se dirige a un círculo sectario y de él solo busca un sometimiento pasivo y culposo.

    ¡Ah…! Y no tenía presente la referencia a Silesius (no soy tan erudito).

  11. dasbald Says:

    No creo que la muerte de la pintura, que no creo esté muerta y si intelectualizada de una manera nueva, más provocadora, date del 60, ya Duchamp la mató mucho antes. Sí es verdad que palabra y arte están cada vez más imbricados, dando a luz una nueva forma que tal vez no te agrade o no te parezaca adecuada ideologicamente. bastaría escuchar a Siquier hablar con sus alumnos para comprender tal vez más cierta noción que una poesía con arte. Por lo demás llamar al arte actual arte plástico me parece una visión demasiado alejada de mí. No sabría como hablar en esos términos.
    No entiendo por qué debería el arte dirigirse al amplio público, como no entiendo por qué la matemática o la crítica en poesía. ¿acaso Función de la crítica, función de la poesía de Eliot no nos sirve para entender la poesía aún más? Yo creo que sí.
    Si alguien sostiene que un artista como Siquier es menor con respecto a n «ilustrador» ,y lo pongo entre comillas, es sinceramente un obstuso, un académico trasnochado, no un académico riguroso. Como verán yo hablé, en cierta manera, de algo inefable, pero eso no me impide circular en torno a la obra, complejizar mi sentimentalismo.
    El arte hoy en día pide muchísimo, tal vez más de lo que la masa está dispuesta a dar.
    Otra vez me siento Dasbald Eco de Horckheimer. Ufa.

  12. dasbald Says:

    Como decía Pauline Kael,sólo se lo que pienso de una película cuanod he terminado de escribir algo sobre ella. Cierto arte , tal vez hoy en día, pide un compromiso tal, que no pide solo una respuesta sentimental sino una respuesta que sea la creación de otra obra,o al menos el intento creativo de responder con otra obra.Pero es verdad que, como ya dijo Tom Wolfe en los ’70, este arte cada vez necesita más de la palabra que lo analiza y lo multiplica.

  13. Patizamba Says:

    Gloria, tu postura me resulta un tanto retrógrada y castradora. ¿Por qué no la revisás?

  14. Pablo E. Chacón Says:

    Pati … retrógrada y castradora … ¿por qué?
    no estoy de acuerdo con gloriaswanson (¿así era?), pero esos adjetivos ¿qué quieren decir?

  15. Patizamba Says:

    Porque Glora viene a decir que del Arte no se puede hablar y me gusta usar palabras rimbombantes.

  16. janfiloso Says:

    …los muertos que vos matais,
    gozan d ebuena salud …

  17. gabys Says:

    Me encantó el texto y las obras.
    De Arte entiendo muy poco y temgoo una aproximación casi sentimental o intuitiva (como en casi todo, canto de oido)
    Dasbald querido, ya le dije a enanegra que estais invitados a compartir un rissotto fatto in casa. Te lo debo por las traducciones y este texto.

  18. gabys Says:

    Ah! Eso sí…
    el vino lo tiene que traer ustedes!!
    Estoy ahorrando para comprar mi edición de Villette!!

  19. Gloriamundi Says:

    Si, por supuesto que ya Duchamp había anunciado la muerte del mercado burgués del arte (si los burgueses valoran la obra por la firma del artista consagrado, él presenta un mingitorio firmado y basta). Pero Duchamp tuvo la coherente decencia de dedicarse en adelante a jugar al ajedrez.

    Señalo los ’60 porque fue entonces cuando en nuestro país se consumó la alianza entre los críticos (Romero Brest mediante) y los galeristas para determinar los valores de las obras (valores pecuniarios, no nos engañemos) por fuera de cualquier parámetro de calidad plástico (o visual o como Dasbald quiera llamarlo). Si los «artistas» protegidos (promovidos para la venta) no pueden dibujar ni una rana, cubramos con palabras abstrusas sus happenings, instalaciones, mapas o circuitos esgrafiados. Cuanto más abstrusas las palabras, más subiremos la cotización.

    Patizamba me llama castrador y reaccionario. ¿Acaso hay algo más reaccionario que Dialéctica del Iluminismo con su repudio de la Modernidad en bloque porque culminó en Auschwitz? ¿hay algo más castrador que decretar que después no se puede escribir poesía? Si vamos a citar a Frankfurt prefiero quedarme con Marcuse explicando la alienación del consumismo vulgar como producido por los que lucran con la reproducción del sistema, no condenando a sus víctimas.

    Si el Arte no «debería dirigirse al amplio público» pero «pide un compromiso tal que…» ¿a quién se dirige y a quién pide?; más aún: ¿qué da y a quien? Ya lo dije: es un circuito de negocios entre críticos, galeristas e inversores. Los «artistas» son, apenas, el soporte material del negocio. Cuando entré en la Pueyrredón ya tenía unos años de Historia y taller con Aurelio Macchi detrás, así que eso se me hizo evidente muy pronto y me abrí de ese ambiente. Otros (como Juan Doffo o Sendra) entraron conmigo más virginales y siguieron sus carreras, de cuya honestidad no dudo.

    Dasbald: yo no usé la palabra «ilustradores» para Sábat o Burke (tal vez porque soy muy obtuso); ¿Carlos Alonso también es un «ilustrador»? ¿Siquier puede guiar a sus alumnos frente al escorzo de un pie?
    A mí no me interesa escupirle el asado de su curro a nadie; pero si el Arte y su crítica no tienen que dirigirse al «amplio público» ¿por qué hablar de ello en un blog con 7000 visitantes diarios? ¿ o hay una élite dentro del blog?. Ya sé que aquí cada quien escribe lo que le viene en gana una vez que forma parte; no hay drama.
    Lo realmente triste es que Clarín le quiera vender a ese «amplio público» que debería sentirse orgulloso de que Kuitca y Siquier expongan en el Reina Sofía (por obra y gracia de ese circuito de negocios) una obra que no interpela a ese público ni lo necesita más que para reduplicar la fama que la valoriza ante el inversor al que quieren realmente pescar. ¿O debemos sentirnos orgullosos también por los millones que se pagaron por el pase de Carlitos Tevez?

    Patizamba, Juan o Gabys: vean, si pueden, los programas de Simon Schama. Es discutible (como todos) pero al menos trata de que se entienda lo que quiere transmitir; no sé si por honestidad, por hipocresía o por «obtusidad». Pero, al menos, no pretende hacerle tragar al «amplio público» un discurso que no le atañe y que se dirige, en realidad a una élite adquisitiva.

  20. dasbald Says:

    la palabra decencia y Duchamp juntas…pero bueno perdón me voy a seguir haciendo millones con artistas que no son artistas interesantes porque no saben dibujar ni un rana.

  21. Pablo E. Chacón Says:

    gloria mundo, marcuse era un muchacho que se hizo el loco, que escribió infinidad de estupideces -es el wilhelm reich de los freudomarxistas-, pensaba que garchar era la libertad (garchar está muy bien), pero garchar por obligación … va en gustos
    el hombre unidimensional es un libro casi tan patético como la función del orgasmo
    cierto que era un viejo simpático y fumón y no un pornógrafo vergonzante como adorno, pero su rigor teórico es nulo (en el primer tomo de la historia de la sexualidad, foucault, no sé si nombrándolo o no, lo destruye sin contemplaciones)
    garchar nos hará libres?
    suele hacernos esclavos

  22. Gloriamundi Says:

    ¿Encima lo hacés gratis? En mi barrio eso tenía un nombre…

    Pablo, sos todo un banana. Ciertos derechos de los que vos disfrutás como naturales una generación tuvo que conseguirlos. Tampoco el voto secreto o el voto femenino trajeron la liberación definitiva (imposible) ¿Preferirías que no existieran? Cada uno tiene el Margaride que se merece.

  23. lalectoraprovisoria Says:

    ¿Margaride?
    Eso sí que es antiguo!!
    Q

  24. pepita Says:

    Gloriamundi hace unos dibujos muy lindos , visité su blog, podría hacer unos de T y Q?

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