Filosofía y dolor

Disertación de cierre del Congreso Internacional de Medicina Interna para el Litoral

por Tomás Abraham

Antigüedad

Para el pensamiento de los antiguos, y cuando en filosofía se menciona a los antiguos nos referimos a los filósofos griegos, el dolor es parte de una reflexión sobre el uso de los placeres.

 

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Este uso depende de valores de verdad. Hay un buen uso como hay un mal uso del placer. El conocimiento del funcionamiento de nuestro cuerpo es lo único que puede determinar nuestra conducta en el buen sentido, en el sentido del Bien.

Michel Foucault en su última obra, El uso de los placeres, afirma que la reflexión ética de los griegos en tiempos de Platón y Aristóteles, gira alrededor de tres instancias de problematización: la dietética, la erótica, y la economía. Por lo tanto, la preocupación moral concierne a nuestra relación con las personas (erótica), al modo en que administramos las cosas (economía), y al cuidado de nosotros mismos (dietética).

Lo físico pasa a través de lo moral, es decir por el modo en que ejercemos el conocimiento. La moral socrática se basa en el conocimiento. Un cierto optimismo de la razón impone la creencia de que una vez que se sabe qué es lo que debemos hacer, lo hacemos. El conocimiento no es una operación desligada de la voluntad, implica una conversión del sujeto. Llegar al conocimiento es aprender a leer el alma, entender los condicionamientos a los que nos somete el cuerpo, poder separar las tinieblas de las apariencias, salir del mundo de las sombras. Es una tarea integral, sin restos.

Los griegos de acuerdo a las enseñanzas de Platón, Aristóteles e Hipócrates, pensaron que la más importante de las virtudes es la que reúne a todas: la prudencia. Supone un sentido de la medida, de los límites, del justo medio, de las proporciones y de la armonía.

Un lenguaje geométrico y musical sirve de metáfora a la excelencia moral. Moral y medicina se articulan en una concepción del cosmos, es decir del orden universal, en el que los lugares y las cosas se ajustan naturalmente. Este mundo no tiene fisuras, justicia y justeza reenvían la una a la otra, medida y moderación, belleza, bien y conocimiento están ensamblados en una misma concepción del mundo.

Lo que importa es el alma. Esta noción proviene de prácticas religiosas que se denominaron “misterios”, que sostenían que algo se “desprendía” del cuerpo, un hálito, un pneuma, la psiqué. Nuestro cuerpo está habitado por algo que lo trasciende, un ser transhumante, cuya migración la hace recorrer mundos distintos.

Hay un mundo de las almas que se incorporan a este mundo cada vez que un nuevo cuerpo nace. El cuerpo es la prisión del alma. Está conformado de tal modo que el estuche que cobija el pneuma, así como está cerrado hacia adentro –en el sentido que no tiene conocimiento de aquello que alberga–, está orientado hacia el afuera por medio de los sentidos.

Nuestro cuerpo está envuelto por una epidermis tamizada. Una caparazón porosa nos comunica con el exterior. Somos un plasma dinámico que se infla y se desinfla rítmicamente en contacto con lo que nos rodea. Los sentidos son vasos comunicantes que vehiculizan un tránsito permanente de materia entre cuerpos.

Nada en la naturaleza está quieto. Los griegos le dan a la naturaleza el nombre de physis. Su traducción implica una concepción de las cosas diferente de la nuestra. Lo que nosotros llamamos naturaleza designa aquello que no es obra de la mano del hombre. Es lo que nos ha sido dado “naturalmente”, sin trabajo humano, sin la artificialidad que impone la fabricación de cualquier artefacto.

Para los griegos no hay tal separación, la physis engloba todo lo que hay, obra del hombre incluida, y designa un proceso global, holístico, cuya característica principal es el hecho de que emerge. Brota, nace, crece. El mero suceder de las cosas implica un proceso de despertar, de apertura o de aurora, que expone el nacimiento diario del mundo.

Este ser que florece permanentemente puede pensarse como devenir, eternidad cíclica, metamorfosis y transmutación de elementos, identidad esencial, son varias las caracterizaciones que los primeros filósofos han dado de lo que llamaban cosmos. Por eso se llamaban fisiólogos, porque pensaban que en la physis había un orden –taxis es orden y cosmos, orden bello– y que la tarea del pensar es encontrar el elemento común que permita la derivación de las formas y su extensión a todo lo que es.

Los cuerpos humanos son parte de este orden. Por la estructura de enlace de la physis, por ser una red orgánica que vive como un gran animal astral, el hombre está determinado por su lugar en el cosmos. Encontrar la forma de este lugar, el modo en que funciona, sus determinaciones, la jerarquía a la que está destinado, también es la labor de aquellos primeros filósofos. Pero hay algo que aparece casi de inmediato, y es que el ser humano es dependiente. Necesita de un afuera para sobrevivir. El alimento está afuera, sus posibilidades de abrigo, la protección que necesita para superar los primeros años de indefensión, la necesidad que tiene la especie de reproducirse exige el ir hacia afuera, todo en el ser humano le habla de su incompletud.

Somos seres carentes, necesitamos del otro, y sabemos que no nos bastamos a nosotros mismos. Todo esto no introduciría dificultad alguna, si no se produjeran algunos desarreglos. Desórdenes. El hecho de que haya interdependencia muestra que hay una sólida cohesión que me permite pensar que hay un Todo, que hay un Uno, un principio que articula el cosmos. Pero este proceso no está terminado de una vez por todas. Continuamente existen desajustes debido a que hay elementos que no respetan el orden establecido, salen del lugar asignado y perturban la totalidad.

El mundo griego es agónico, la palabra “agón” quiere decir lucha, confrontación. La misma mitología olímpica habla de enfrentamientos entre dioses, de raptos, incestos y traiciones. La literatura homérica habla de batallas en las que los héroes son asesinados y los usurpadores sufren su merecido castigo en manos de justos vengadores.

Los griegos no conocen el pecado original. La primera falta de la humanidad nada tiene que ver con la sexualidad ni con el orgullo de querer saber lo que está prohibido develar. No tienen un dios que muere en la cruz por amor a los hombres. Su primer pecador es Prometeo, castigado por robo, es un ladrón, se apropió del fuego que arrebató de la casa de Zeus. Con el fuego dio origen a la humanidad, la separó de la animalidad gracias a que con el fuego cuece el barro y la carne, puede ser cocinero y constructor, proveedor de casa y comida. La falta se debe a un acto de osadía con el que se hace fabricante y le permite autoabastecerse.

El castigo del dios Zeus es cruento, cada día un águila le comerá el hígado que se regenera para aportar el tejido de una próxima devoración. El hombre no debió arrogarse el poder de ser auto-nomos (darse a sí mismo su propia ley).

El cosmos está en peligro por efecto de elementos desencadenantes de anarquía. Los griegos lo llaman “hybris”, hybris es desmesura, fuera de medida. Exceso. Los hombres están sujetos a caer en estos desarreglos. Su misma conformación corporal los hace proclives a estos desbalances por la doble razón enunciada: por estar cerrados hacia adentro y abiertos hacia afuera.

Si el hombre tuviera conocimiento del orden universal del que forma parte, también se conocería a sí mismo. Conocerse es tener conciencia de los propios límites, de aquello que produce el mal. Hacer mal es lo mismo que equivocarse. Sólo la ignorancia es la responsable de la desdicha, y también sólo con el conocimiento se restablece el orden y la armonía.

La medicina hipocrática es una manifestación más de esta cultura. El dios Asclepio –Esculapio– es el dios de la medicina, divinidad fulminada por un rayo de Zeus cuando supo que había cobrado dinero por su servicio.

La medicina es parte de un arte de vivir y de una preceptiva que nos enseña el modo en que debemos relacionarnos con el cosmos, mejor dicho, “en” el cosmos, para que el equilibrio del todo se traslade a nuestro propio equilibrio. De ser así, nuestro cuerpo será un microcosmos reflejo de la armonía universal. Para que esto sea posible la medicina suministra el conocimiento y los ingredientes que permiten, conservan y restablecen el equilibrio del organismo. La medicina piensa en el cuerpo como la filosofía pensará en el alma. De modo análogo a la medicina, la filosofía tiene la misión de aportar el conocimiento necesario para que el hombre no se deje llevar por la hybris, la desmesura, por la ignorancia que le hace confundirse y tomar lo aparente por lo real y ser esclavo de las pasiones: causantes de los dolores del alma.

De las dos disciplinas, la filosofía es la principal por el hecho de que el alma es inmortal y el cuerpo no lo es. Esto permite definir a la filosofía como una medicina del alma, por llevar a cabo la misma operatoria.

¿Qué es lo que nos conduce a los excesos? ¿Cuál es el factor que nos aleja del orden y la mesura? Dijimos que nuestra misma constitución corporal, abierta al mundo y por ello frágil, nos hace vulnerables por las mismas necesidades que tenemos para poder sobrevivir. Sin embargo, esta razón no es suficiente. Las urgencias de nuestro cuerpo pueden ser satisfechas sin que se desencadene un mecanismo de sobreabundancia y de pérdida de control sobre sí mismo. Es aquí que se presenta el problema de los placeres. Antes que Freud, y sin los recursos de la ciencia psicoanalítica, Platón se vio confrontado con la relación entre la satisfacción de las necesidades y ese plus indomable que emerge del cuerpo y se apodera de nuestra mente.

Hedoné es hija de Eros y Psyché, en latín se lo ha traducido por Voluptas, hija de Cupido y Psyché. Eros a su vez es hijo de Poros y Penia, la pobreza y la riqueza. Eros deambula eternamente entre el exceso y la falta. El drama de Eros es la repetición. La acción de este dios es la que mayor peligro ocasiona a los hombres. En la relación sexual, en la necesidad que tenemos de alimentarnos, en la búsqueda de los bienes para proveernos de lo que la supervivencia nos exige, se infiltra este “demonio”, daimón, y esclaviza nuestra mente, nos vuelve locos. Somos presos de la manía.

La satisfacción de una necesidad vital no sólo neutraliza un estado de malestar sino que nos proporciona la “alegría” de la satisfacción, un resto psíquico que nos seduce y que no queremos perder. Por eso somos seres que buscamos alegría sin necesidad. Es el comienzo de un camino peligroso.

La medicina griega, lo mismo que la filosofía elabora la preceptiva, los consejos prácticos, que debemos aplicar para que la doble trampa del exceso y la falta no se apodere de nosotros y que intentemos repetir la alegría.

Del dolor por no tener al placer de al fin poseer, la rueda de la fortuna nos ata a su eje y nos enloquece. Dolor y placer son las dos caras de una misma moneda, y sólo la episteme, el conocimiento, nos permite la liberación de sus cadenas.

Podemos seleccionar cuatro respuestas a la relación de la ignorancia con el dolor que dieron los filósofos griegos y que conformaron el núcleo de la reflexión moral de la antigüedad hasta el advenimiento del cristianismo.

Platón elabora y propone una disciplina conducida por un maestro que nos enseña el camino de la verdad. Combina las artes corporales, la composición musical, el aprendizaje de las matemáticas, la ciencia del lenguaje para depurarlo de las trampas retóricas y de la sofística, y así llegar a una conversión espiritual –metanoia– semejante a un estado místico. Esto nos permite parir el alma enlatada y sellada por nuestro cuerpo, y reconocer nuestro origen y verdadera identidad. Gracias al mismo Eros, el amor, él, esta vez conducido por la Episteme, nos conducirá por el verdadero camino de la sabiduría.

Aristóteles, mentalidad más práctica y no tan exigente, elabora el concepto de “prudencia”, phronesis, una virtud que no deriva de una teoría específica, sino de la conducta general de un hombre sabio, que tiene conciencia de cuál es su lugar en la colectividad, de sus deberes de ciudadano, que tiene curiosidad por develar el orden cósmico al que pertenece, y que con el conocimiento llega a tener una especie de sentido común, una intuición, que le permite actuar y decidir sus actos con sentido de oportunidad.

Los estoicos son los filósofos que han pensado el dolor. Sus representantes más notorios son los que reflexionaron sobre la conducta de los hombres. Epicteto, Séneca y Marco Aurelio. Son ellos los que hicieron del dolor una cuestión moral. No quiere decir esto que no exista el dolor físico, sino que todo dolor corporal debe pasar por una napa de representaciones que nos hace sufrir. No hay dolor directo sin que pase simultáneamente por una coloración psíquica. A cada pinchazo de dolor hay una imagen que se le adosa, una palabra que lo acompaña, una reacción mental que lo reviste.

La terapéutica estoica consiste en el aprendizaje de un control mental por medio del cual podemos manipular muestras emociones, las causantes del dolor del que nos quejamos. El ideal de “ataraxia”, de indiferencia, estoico, pretende que tomemos conciencia de que nuestro dolor no proviene de alguna lesión de un agente exterior, sino del modo en que procesamos los efectos de la acción agresora.

Por un camino equivocado que nos hace comparar lo que sucede con lo que debería suceder, el lamento porque las cosas ocurren de otro modo del que deseamos, que no se cumplen nuestras expectativas, por lo que nos ocasiona ver frustradas nuestras ilusiones, y ver perdidas nuestras posesiones, es por esta actitud frente a la vida que nos ocasionamos a nosotros mismos dolor.

Aceptar lo que nos toca no es sólo resignarse, sino liberarse de las cadenas del lamento y recuperar la energía para iniciar vías alternativas.

La preceptiva estoica, sus manuales de consejos, pretenden crear un sistema inmunológico, un sistema de seguridad, que nos tenga a resguardo de los vaivenes de la fortuna, de la imprevisibilidad del azar de la vida. La vida de los hombres está sujeta a enfermedades, pérdidas de bienes, muerte de seres queridos, angustias de soledad, frente a todas estas y otras contingencias debemos armarnos con la filosofía, un saber protector que nos permita crear una distancia entre lo que nos pasa y lo que somos. Esa brecha espiritual es la que nos despega de las emociones y de la esclavitud que padecemos por adherirnos a nuestras propias secreciones anímicas.

Los epicúreos elaboraron un camino inverso, pensaron una filosofía cuya materia prima son los placeres, idearon el modo de seleccionarlos, disfrutarlos en libertad, con pleno dominio de sí mismos. Su propedéutica se basa en el aprendizaje de la simplicidad, de la ampliación de la esfera de nuestro deleite, de no depender de una supuesta excelencia de los objetos, ya que ésta por lo general no deriva de las cualidades inherentes al objeto, sino de los prestigios de la opinión pública y de presiones exógenas. El placer depende de nuestra capacidad de encontrar matices en lo más simple, en el agua que bebemos y en el pan que comemos, en nuestra independencia respecto de los deseos de tener más y mejores cosas.

Las filosofías grecorromanas, las de una civilización que fue hegemónica desde España hasta la India durante mil años, y que luego no dejó de tener efectos por un período de otros mil años, hasta la naciente modernidad de la revolución galileana, y que para otros especialistas, tiene peso hasta la revolución médico-biológica de Pasteur en el siglo XIX, es un pensamiento moral, ya que concibe la conducta del hombre en términos de autonomía y sabiduría. La libertad para los filósofos antiguos tiene que ver con el poder, resulta del dominio sobre nosotros mismos, de no dejarnos esclavizar por el deseo ni por las representaciones. Lo inmoral es dejarse someter por debilidad y cobardía personal de un ser pasivo al dominio de otro o de un objeto. Debemos dominar el dolor, rasgo funcional a una sociedad de valores viriles y guerreros, con una jerarquía estamental cuya base se sostiene sobre un sistema de cautiverio esclavista.

Actualidad

Foucault en sus estudios sobre las instituciones sanitarias en el siglo XVIII, se interesó por lo que llamó la medicalización de la sociedad, sustitutivo del asistencialismo del antiguo régimen. La explosión demográfica, la acumulación de las poblaciones, la urbanización salvaje y la concentración obrera en los recintos fabriles, exigieron, de parte de los aparatos de Estado luego de la caída de la monarquía absoluta, la elaboración y la puesta en funcionamiento de nuevas estrategias respecto de una política de la salubridad. Debió orientar nuevas formas de higienismo, hacerse cargo de la atención médica de las familias, así como darle una especial atención a la niñez y a la escolaridad. Se centró la atención en el estudio de los modos de vigorizar el cuerpo del obrero, organizar el control de las conductas luego de las jornadas fabriles, calcular los costos económicos –y no limitarse a la condena moral– del alcoholismo, medir las consecuencias de la miseria obrera y de las enfermedades deparadas por el hacinamiento, el trabajo infantil y la prostitución.

La medicina como tecnología de la salud participa de la preocupación de los aparatos de poder por la condición de los cuerpos, por su rendimiento, vitalidad, productividad. Ya no son las almas, motivo del desvelo pastoral, sino el estado general de los cuerpos lo que preocupa a una sociedad industrial capitalista que necesita fuerza de trabajo en forma intensa para crecer y expandirse. Nuevas formas de saber son necesarias.

Se trata de la incursión del saber y del poder médico en zonas antes ocupadas por la tutela religiosa o por los dispositivos jurídicos. El reemplazo del asistencialismo monárquico-eclesiástico por hospitales dedicados a la cura de enfermedades trajo como consecuencia el fin del Hospital General, funcional al sistema de segregación de la edad clásica, depósito de diversas y heterogéneas formas de marginalidad, y lo sustituyó por espacios sanitarios específicos y diferenciados. Otra novedad de la modernidad médica en el siglo XIX fue la incursión de la psiquiatría naciente en la justicia mediante la acción de los peritos forenses que elaboran cuadros clínicos de un sujeto delictivo cuyas circunstancias atenuantes y grados de responsabilidad dependen de un adecuado diagnóstico sobre su personalidad. De un modo o de otro, la medicina incursiona en la administración de la cosa pública y en el control de la conducta de la población desde hace doscientos años.

Los sistemas “nosopolíticos”, como los llama Foucault, son parte de la constitución de los dispositivos de poder y saber de la modernidad. Les sucede lo mismo que a otras instancias de los procesos históricos, están sujetos a mutaciones y destinados a nuevas funciones.

En lo que respecta a nuestros días creo que podemos hablar de una nueva sociedad terapéutica en la que la medicalización ha agregado ciertos conceptos y prácticas a su consolidada esfera de influencia. Para comprender esto me ha llamado la atención el fenómeno diverso y multiforme que congrega la figura de “calidad de vida”.

Es una noción holística que se abrocha a un sinnúmero de actividades que la tienen como un recurso promocional, un indicador estético y moral, un legitimador existencial.

Es increíble el sinnúmero de tareas que debemos realizar para mejorar nuestra calidad de vida. Siempre estamos en deuda. Cada vez aparecen productos inesperados, que desplazan a otros ya amortizados, sin los cuales nuestra calidad de vida empeora.

La calidad de vida es más que la salud, estar sano, en realidad, ya no quiere decir nada. En realidad nadie está sano, la salud es una conquista inestable, siempre en peligro y en situación de riesgo inminente. Uno puede estar mejor o peor, pero estar bien ya es un estado absurdo. Jamás tenemos los índices de los chequeos médicos en estado de optimización máxima. Si no estamos por debajo de la normal nos excedemos en algo. Y si el examen nos da un cuadro clínico excelente, de ninguna manera es una garantía para que no nos agarre un infartito por una plaqueta desprendida que nos hace un pequeño lío.

Todo es cuestión de estadísticas, y se sabe que los números ofrecen tendencias, probabilidades, y dentro de la gama de lo posible lo seguro no existe.

La calidad de vida dispone de los aportes especiales de dos disciplinas: la dietética y la psicología. No me refiero a dos saberes específicos sino a campos de saber de límites sumamente flexibles. La dietética ha recuperado su antiguo sentido hipocrático, y se inspira en una concepción del régimen que incluye casi todos los aspectos de la vida. Diagrama un arte de vivir, una sabiduría que debe componer no sólo las comidas y bebidas, sino las relaciones con nuestros semejantes, nuestras actividades laborales, las formas que tenemos de aprovechar el ocio, sin dejar de lado la importancia de nuestro hábitat y la distribución de los espacios, y menos aún olvidando la particular vivencia que tenemos del tiempo, en fin, ayudados por palabras elásticas como stress o fengshui, la calidad de vida desencadena un proceso infinito manifestado en una sintomatología curiosa. Me refiero al estado de hipocondría generalizada en la que vive la población. Cada uno de nuestros órganos puede ser un agente infiltrado por bacterias asesinas, cada ruidito es un anunciador de una desgracia, un dolorcito en el estómago es una úlcera, una peca es un cáncer de piel, y una morcilla salada o vasca es un despegue letal de ácido úrico.

Vivimos un estado de alerta generalizada, rodeados por un ejército de farmacólogos.

De ahí también la necesidad de la intervención de la otra disciplina, complementaria de la dietética, me refiero a la psicología. Los grupos de ayuda mutua, desde Alcohólicos Anónimos a Mujeres que Aman Demasiado, son ejemplos de un nuevo modo de terapia cuyo objeto clínico no es necesariamente una enfermedad. La palabra “disfunción” tampoco aporta más información para un tipo de dolencias de etiología difusa.

La alta cultura psicológica, los institutos de psicoanálisis refinado, además de los intelectuales con o sin cartera, han despreciado a estos grupos. Los consideran parte de una sociedad de masas que consume todo tipo de placebos a merced de una amplia gama de falsificadores.

No toman en cuenta que los padeceres de la vida actual no son una baratija mercantil o una vulgaridad vergonzosa. La obesidad, el tabaquismo, la drogadicción, hasta la soledad entre otros tipos de angustia, son tratados por este nuevo modelo cooperativo de ayuda mutua que atraviesa niveles de menor o mayor calidad en los servicios ofrecidos. Es tan difícil encontrar un buen terapeuta para grupos de autoayuda como en cualquier otra especialidad médica.

Además, es posible, se da con cierta frecuencia, que los pacientes provengan de los sectores de menores recursos. El hospital Pirovano en Buenos Aires, hace años que programa cientos de los mismos.

Entre estos grupos hay uno singular. Se llama grupo de Ayuda Mutua Renacer, fundado hace un par de décadas por el doctor Gustavo Berti. Es un grupo de padres que perdieron a sus hijos en circunstancias variadas: enfermedades, accidentes, crímenes.

La peculiaridad reside en que no se coordinan por un especialista en ninguna disciplina. No funcionan con un terapeuta ni con una autoridad religiosa. Lo que interesa aquí, además de la forma en que se organizan, es la concepción que tienen del dolor. No se basan en una teoría ni en una concepción filosófica determinada. Su búsqueda está abierta al diálogo y a la investigación. El intercambio y la contención de las emociones, el peso de la experiencia de cada uno se integra al grupo, pero más allá de la operatividad de ayuda mutua que ponen en funcionamiento, de lo que se trata es de un problema de sentido. El sentido del dolor en situaciones límite.

No pueden suprimirlo porque el olvido puede llevar tanto a la locura como también puede hacerlo la insistente y obsesiva presencia del recuerdo. Es un sufrimiento que no tiene cura porque ha herido algo de una profundidad tal que no tiene comparación con experiencias esclarecedoras o técnicas específicas para situaciones semejantes. No hay dolor semejante para lo que ni siquiera tiene un nombre. No hay designación ni identidad lingüística para un padre o madre que ha perdido a su hijo.

No buscan un paliativo en la religión ya que no invocan una fuerza superior salvífica que pueda ofrecer una interpretación y una justificación del dolor.

Buscan al sentido al mismo nivel del dolor, no lo subliman, ni lo curan ni lo suprimen. Las preguntas quedan abiertas y la reflexión puede inspirarse en filósofos o pensadores de variada orientación. Amplían el canal oprimente de la angustia y la desdicha hacia una interrogación existencial y una acción de conversión subjetiva. Por eso le interesa a Berti el desarrollo incipiente de Foucault acerca del tema de la espiritualidad, más complejo y menos meditado que el de moralidad y el de religiosidad.

Tiene que ver con el sentido de la vida y de la meditación que hay que intentar hacer para no dejarse vencer por el sufrimiento o el rencor, por la victimización o la anestesia. Intenta el difícil camino de aceptación y crecimiento interior, de expansión del horizonte existencial.

El doctor Berti, médico cirujano, neurólogo, trabaja sobre textos de Victor Frankl, Martín Heidegger, Michel Foucault.

Hay dolores que no se curan, hay dolores para los que no hay medicina. Hay dolores activos, con su herida abierta, sobre los cuales hay quienes nos quieren decir algo a los que, por motivos de los azares de la vida, podemos pensarlos más en frío.

Foto: Cora Burgin (Serie Asientos)

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31 comentarios to “Filosofía y dolor”

  1. dasbald Says:

    cuando tuve que hacer quimioterapia hace unos años y el dolor era insoportable, simpre pensaba ya no puedo más…y la verdadera angustia porvenía de saber que siempre iba a poder un poco más, que allí había un pozo sin fondo pero también me daba cuenta de que ahí brotaba un pozo profético ya que ese dolor y esa enfermedad eran una oportunidad de concientizar la verdadera enfermedad…recuerdo ese verso de Anne Sexton en el que les decía a los psicóticos que habían recibido un don…en estos tiempos, y en todos tal vez, asumir el dolor como un don, será tal vez llegar al fondo del nihilismo, un lugar en el que se pueda comenzar a ver otra cosa y no esa negatividad que hoy afecta a toda la sociedad humana sin dejar nada afuera y que tiene al cuerpo en su centro, como un sol, como una combustión de soledad moldeada?

  2. Lilia Muñoz Says:

    Gracias, TA, por este texto para pensarlo despacio. También por el anterior sobre el estoicismo.
    Alguna vez me he preguntado si se puede aspirar (aunque no seamos griegos) al mismo tiempo a los ideales estoico y epicúreo, parece un disparate o un chiste, aunque tal vez…

  3. estrella Says:

    Recién hoy leo este texto. Ayer sólo lo miré a vuelo de pájaro, muy extenso para un domingo con la casa llena de gente.

    Por suerte, en el silencio de esta mañana de feriado, lo puedo leer una y otra vez. Ya se lo envié a distintas personas, con resaltados especiales para cada quien.

    Buenísimo, Tomás. Buenísimo.
    De punta a punta.

    Me gustaría que en algún post tocaras el tema de la vejez.

  4. estrella Says:

    Noche vi Tiempo de vivir, la película de Francoise Ozon, creo que también por eso me gustó tanto este texto sobre el dolor, salud, etc.
    Las escenas entre el protagonista, un hombre de 30 años que sabe que va a morir (Melvil Poupaud), y su abuela (Jeanne Mareau), que también sabe que pronto morirá, son crudas, tiernas, mesuradas.

  5. estrella Says:

    Anoche. ERRATA.

  6. centauro Says:

    A ver si nos ponemos de acuerdo.Todos coincidiran en que no conocemos en el mundo más que estado-policia,policia -estado.Sin embargo en el mundo existen sociedades más justas y ordenadas que otras;es decir postular un orden racional no debería ser utópico.Todos sabemos que representa la policía,su corrupción al ser el órgano ejecutor del estado. Pero la pregunta del millón es si vamos a resistir instalando la necesidad de la muerte en el centro.Se lo digo a ustedes que ante la frase de Chacón :”más vale policía muerto”… , que está en el derecho a decir lo que quiera y no es que sea él ,así cualquiera hubiera dicho eso saldría a contestar,nadie dijo nada.Porque convengamos que una sociedad está compuesta por periódistas,empresarios,obreros,empleados,jubilados,policias,estudiantes.Qué pasa si de esa frase sacás la palabra policía,y le agregas gordo,negro ,pelado y la mar en coche.Así que el chiflado,el disléxico,la nulidad intelectual,el Ed Wood de la filosofía haya salido a contestar.M e banque por respeto toda la semana ni mencionar mí pasión por Kafka y Sacher -Masoch por el día del padre y así quedé.Aca no se trata de las reglas del juego.Qué sabe Chacón si a lo mejor yo soy víctima del gátillo facil y él un cana lo salva, tiene la bola de cristal.No es una polémica.Espero no haber leído mal porque no tengo empacho en disculparme,pero esa frase más vale policía muerto me taladra el cerebro.

  7. tomás abraham Says:

    señor centauro,
    estimo que se subió al colectivo equivocado. en este post no viajan ni Chacón, ni Kafka, ni, por Dios, Sacher-Masoch.
    En cuanto a Ed Wood, menos aún.

  8. centauro Says:

    Está bien mís disculpas del caso.A Sacher Masoch lo leó pero no pego latigazos en la espalda,Ed Wood me causa gracia.Con respecto al post debo decir que aprendo mucho y que gran parte de su exposición la trato de aplicar,su método es novedoso para mí en filosofía:el distanciamiento.Y le confieso que ayer no hubo ninguna clase de discordia,eso es el pasado.El punto es que justamente como la existencia tiene un fondo trágico me parece que no hay que apoyarse en el “poder inmundo de la muerte”.Me parece valiente de sú parte dicha exposición porque ahora nadie acepta la existencia tal cual es.

  9. alita Says:

    “Del dolor por no tener al placer de al fin poseer, la rueda de la fortuna nos ata a su eje y nos enloquece. Dolor y placer son las dos caras de una misma moneda, y sólo la episteme, el conocimiento, nos permite la liberación de sus cadenas”.

    …solo uno de mis “subrayados”.

    Que suerte que volviste!
    Muy bueno…… te sigo releyendo…

    Una cosita más, me gustaría mucho que de vez en cuando respondas algunas preguntas, como la de Lilia, me pareció interesante….

    Gracias igual por todo.

    (ves, siempre queremos más, es la cadena de deseos que nunca termina….)

  10. tomás abraham Says:

    haciendo caso a alita respondo a lila, que se puede ser epicúreo y estoico a la vez…no veo por qué nó. menos dolor y más placer.

  11. uLYSes Says:

    Como se puede ser cristiano y epicureo.

  12. tomás abraham Says:

    ulyses: Como el padre Grassi? ( es una broma)

  13. alita Says:

    Satisfecho mi deseo de saber, no hay dolor
    Gracias !
    ….que sigan las respuestas!

    También yo creí que se podía ser epicúreo y estoico al mismo tiempo, no me parecieron contradictorios según lo explicaste aqui.

  14. gabys Says:

    gracias, tomás
    leí tu texto como si lo hubieses escrito para mí,
    como si me estuvieras leyendo
    como si al leerlo pudiese verme á mí y alguien que no me conoce me viera completa
    gracias tomás

  15. uLYSes Says:

    JAJAJJAJ!muy bueno Tomás!
    Igual caiste en el chiste más facil.
    Quizás un munsulmán tenga esa respuesta.

  16. dasbald Says:

    ultimamente se me viene a la mente Kundera, un autor que no me gusta nada, pero él da una especie de síntesis de esas cuetiones entre lo epicúreo y lo estoico, o al menos una definición de lo epicúreo desde lo hedonista que puede ser leída como dicha síntesis. si mal no recuerdo, hace una revisión crítica de lo que sería el hedonismo hasta llevarlo hacia el epicureísmo y no hacia su concepcion vulgar, casi actual podríamos decir, en donde capricho y decadencia se unirían para fomentar y satisfacer todos los placeres. el verdadero hedonismo, creo recordar dice Kundrra, radica en la persecucion del placer, y ese placer estaría dado por el uso adecuado de esos placeres, por la medida justa, justo antes de sentir hastío, decadencia, pobreza moral. una medida justa, spinoziana podriamos decir, para el cuerpo?

  17. tomás abraham Says:

    dasbald,
    spìnoza es socrático. el conocimiento determina la buena calidad de los afectos. para él no es el placer sino la alegría la expresión positiva – afirmativa diría él – y tampoco el dolor sino la tristeza, la negativa. ambas tienen que ver con el grado de energía vital y de ” buena composición” de nuestras representaciones.

  18. dasbald Says:

    la alusión a spinoza era metafórica, imprudente…pero no veo por qué la eudaimonia no puede entrar en juego acá…no hay algo de estoicismo en él por más que el enfásis sobre la emoción lo aparte de la terapeutica racional de estos? es sólo una pregunta…

  19. dasbald Says:

    digo…en el equilibrio entre emociones, afectos, de distinta potencia también habría una manera de pensar el dolor y el placer…pero tal vez esté equivocado…

  20. dasbald Says:

    perdón Tomás pero se podría pensar en Spinoza como en un protopragmático?
    ya que estas respondiendo preguntas…

  21. tomás abraham Says:

    el estoicismo es una moral transversal a la historia de la ética occidental. hay estoicismo también en spinoza, como también hay flexibilidad a la manera de erasmo.
    eso de proto…lo dejaría por el momento.
    creo que en spinoza podemos encontrar variedades hasta esas propias de la new age en el estilo de las ideologías del potencial humano. pero no es responsabilidad del divino baruch

  22. santiago Says:

    Spinoza no, pero Spinetta dijo:
    Es imposible concebir una idea de cuerpo vivo sin tener en cuenta la remodelación encadenada que le es necesario llevar a cabo para sustentar un código de equilibrios sutiles dentro de sí, que bien pudieran considerarse:
    -nucleación en irradiación de volúmenes
    -articulación de un mecanismo de confinidad que le impide verter su anexo
    -continuidad, que es un régimen de admisión. (cuerpo es admisión)

    (etc.)

  23. Pía Says:

    Santiago, (antes aclaro: me gusta Spinetta) ¿que vendría a ser que un cuerpo vierte su anexo o no? ¿y lo de la nucleación en irradiación de volúmenes?
    En serio ¿donde dijo esto? y ¿qué quiso decir?

  24. tomás abraham Says:

    spinetianos:
    nucleación-admisión-irradiación-articulación,
    lo que es ser claro.

  25. alita Says:

    “Aceptar lo que nos toca no es sólo resignarse, sino liberarse de las cadenas del lamento y recuperar la energía para iniciar vías alternativas”.

    Hay una frase muy simple, no sé bien de donde es, pero me parece que se usa mucho en los denominados grupos de autoayuda y dice algo así como:

    Necesitamos
    Serenidad, para aceptar lo que no podemos cambiar
    Valor, para cambiar aquello que sí podemos
    Sabiduría, para reconocer la diferencia entre ambas.

  26. tomás abraham Says:

    alita, la frase parece escrita por el mismo séneca.

  27. dasbald Says:

    por algo esa frase se repite en todas las parroquias y se imprime en las estampitas. yo tengo una en mi coleccion de estampas religiosas…

  28. alita Says:

    Gracias por contestar, a todos, veo que estas muy “contestón”
    … me alegro mucho!!

    (yo no soy de este “palo”, de los que saben filosofía…ahora tengo tengo que averiguar que dice Séneca!!, pero está bueno, sigo aprendiendo, gracias nuevamente)

  29. santiago Says:

    Pia, pensaba contestarte, en broma: “a, no sé, preguntale a Tomás que es el filósofo”, pero el maldito me ganó de mano!!!…estoy en un cyber, ‘de paso’, esta noche (si el post no se va ‘para otro lado’) te digo algo del texto spinetteano. hasta entonces.

  30. Pìa Says:

    Todo bien Santiago. Si esta noche tengo posibilidad de sentarme a la máquina leeré lo que me digas del texto Spinettoso. Hasta ese momento, sigo sin entender qué corno quiso decir…

  31. Xiomara Silva Bocaney Says:

    Muy interesante. El Dolor es un elemento importante en el Ser Humano como intermedario para el conocimiento de Sí Mísmo. Esto puede ser discutido, pero no podemos negar que cada uno de nosostros pasa por allí de múltiples maneras, aprender de él nos iluminará más acerca de la función de Ser en el Mundo. Un mundo en el cual todos estamoa interrlacionados, cada aporte o defiiciencia se manifestará en lo que nos rodea y por ende en la evolución del Planeta en general…

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