Diario marplatense (4)

Renuncia y seminario

Por Flavia y Quintín

Acá Flavia. Yo ando perdida en Mar del Plata (y, para ser justos, no solo en Mar del Plata, pero acá aun más.). En este momento tiene lugar un seminario coordinado por Q sobre el Cine del Futuro. Pero no me quedé. No pude. ¡Y para colmo dura dos días más! Es que tanta gente me hace mal, tanta vida social me mata. No es que no los quiera, los quiero a todos. Pero me esfuerzo tanto por ser anfitriona, que me canso mucho. Sufro y me escondo en mi pieza. Y de esta manera tan simple, abandono el cetro de la reina de las anfitrionas y me convierto en una anfitriona ausente. Y cuando no me escondo en mi cuarto me voy a caminar para el sur, donde no suelo encontrarme con nadie. Saco fotos, tomo un poco de aire y sol y vuelvo a mi refugio del Hermitage para ver si Tomás mandó una nota, si hay nuevos mensajes de Janfiloso o de la Enananegra. Y la paso bien, aunque siento una culpa tremenda. Para darle un corte a este círculo vicioso, declaro que abandoné el festival, que simplemente estoy acompañando a Q a participar del festival de Mar del Plata. Esta vez me ganó por knock out. Nadie me cree que no me gustan los festivales. Pero es así. Ni siquiera me gustaba el festival que hacíamos en Buenos Aires. Ese era el peor de todos. Desde la mañana a la noche saludando gente, “Hi, nice to see you again!, “When did you arrive?, “When are you leaving?” Todo el día sonriendo a miles de personas y manteniendo conversaciones que no le importan a nadie. Small talk. Es cierto que hay raros momentos en que se arma una buena mesa y la cosa se vuelve interesante. Me gusta escuchar hablar a gente inteligente. Pero eso ocurre en muy pocas ocasiones, no porque no haya gente inteligente sino porque hay algo en la esencia de los festivales que no permite ese tipo de intimidad necesaria para pensar y conversar: todo el tiempo llega alguien nuevo, las mesas son de diez personas. Y lo peor es que se me van las ganas de ir al cine. Uno se siente muy raro en un festival de cine sin ir a ver películas. Este año estoy batiendo todos los récords. Vi una sola película, es más, para ser sincera, vi media. Y me gustó a medias. Si mi marido no se divorcia después de mi desaparición del día de hoy, mañana empiezo una nueva vida. Basta de festival, vuelvo a leer, a caminar y a escribir sobre algún libro para La lectora. Es que los festivales me enajenan. Me siento vacía, no sé quién soy, no sé qué hago, no sé dónde ponerme. Por favor, ¡que Alan Pauls o Vivi Tellas me expliquen dónde está la felicidad festivalera! Yo me quiero ir a mi casa y desayunar a solas con Q, no con quinientas personas durante diez días.

 

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Pero volvamos al seminario de críticos. Para aquellos que les interese, les cuento que Q invitó a 6 críticos internacionales de primer nivel que tienen que exponer durante una hora su idea acerca del cine del futuro. Luego de cada conferencia le llega el turno a las preguntas del resto de los panelistas y después a las del público. Hoy expusieron Peter Van Bueren (Holanda) y Mark Peranson (Canadá, de la revista Cinemascope) sus ideas acerca del cine del futuro. Por supuesto, Peter Van Bueren empezó diciendo que no había tal cosa llamada cine del futuro. Que solo se podía hablar del cine de hoy. Después de esas palabras me fui, así que tendremos que esperar a que Q vuelva exhausto para que nos sintetice las exposiciones. En los próximos días expondrán sus tesis Cristina Nord (crítica alemana de TAZ), Alvaro Arroba (el crítico español de la revista Letras de cine), Jonathan Rosenbaum (leyenda del Chicago Reader) y Emmanuel Burdeau (jefe de redacción de los Cahiers du cinéma).

 

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Acaba de hacer su entrada Q.

F: ¿Cómo te fue en el seminario?

Q: No sé. Fue agotador. Dos charlas de dos horas en inglés (había traducción simultánea pero no soporto los auriculares) y el sonido era pésimo. Y tenía que prestar atención porque debía coordinar el debate.

Cuarto intermedio hasta el día siguiente porque hay que ir a una cena oficial.

F: Escuché tu presentación de Van Bueren y fuiste muy preciso y amable. ¿Cómo se portó el holandés con su discurso?

Q: Bien. Sacó a relucir su costado solemne para contar la historia de la crítica de cine en Holanda. Pero después se puso a hablar mal del festival de Mar del Plata y se hizo más entretenido.

F: ¡Nooo! Y qué dijo contra el festival…

Q: En realidad, su teoría era que había buenas películas en MDP, pero estaban escondidas por una serie de malas praxis.

F: ¿O sea?

Q: Por ejemplo, tomó el catálogo y dijo: “Supongamos que yo llego y quiero saber algo de este festival. ¿Con qué me encuentro? Abro y veo el discurso del presidente Kirchner, doy vuelta la página y aparece el gobernador, después el intendente, etc., etc. Tengo que llegar a la página 19 para encontrarme con el director del festival para que me diga algo que me interese.” Y siguió explicando: “Para mí Tsai Ming-liang es uno de los grandes maestros de la actualidad. Miro el índice de realizadores para ver si hay alguna película de Tsai Ming y no lo encuentro, pero no porque no haya una película sino porque está en la letra M. Si este festival tiene 22 ediciones ya deberían saber que Tsai es el apellido pero Ming–liang es el nombre.” Esta última crítica estaba un poco traída de los pelos, pero en el conjunto daba un panorama consistente. También habló de películas que no estaban en la sección que las podría poner más en foco, que era muy difícil orientarse en la descripción del material del festival. Por supuesto, Van Bueren incluía estas críticas en una más general sobre la dificultad de acceder a las películas más interesantes, entre otras cosas porque los críticos no escriben de ellas y se dedican a seguir la competencia oficial o las películas de su propio país. Después en el debate, yo me sumé a las críticas.

F: No me digas que hiciste eso. ¡Siempre haciendo lío! ¿Qué dijiste?

Q: Que salvo algunos casos aislados, la descripción que se hace de las películas en el catálogo es muy mala. Ahí saltó la hermana de un programador a defender la calidad de la escritura de las reseñas. Dijo que cada responsable de una sección la presentaba adecuadamente y yo dije: “No es cierto.” Para probarlo, abrí el catálogo al azar do veces. Una vez, había dos líneas de vaguedades. La otra, era un exhaustivo relato del argumento.

F: ¿Y qué decía el resto del público?

Q: Se reía, qué iba a hacer. Yo no quería atacar a los programadores, porque el material es bueno, pero me molesta que no se utilicen los medios disponibles para presentarlo y defenderlo. En ese sentido, es muy malo que este año no haya un diario del festival, que el año pasado estaba muy bien hecho.

F: Una pregunta al margen. Durante el poco tiempo que estuve no vi a ningún crítico de cine argentino. ¿Llegaron más tarde?

Q: Sí, había muy pocos. Ninguno de un medio grande. En realidad, siempre que organizamos una charla con críticos los locales piensan que no es para ellos. Ya sea porque sienten que ya saben todo o porque no los invitaron a ser panelistas. Vos sabés que nuestra relación con los colegas siempre ha sido complicada. Por ejemplo, hoy me agarró Diego Lerer en el desayuno y me preguntó si cuando en la crítica de la película de Postiglione hablo de un crítico traidor, me refería a él o al personaje que hace en la película.

F: ¡No lo puedo creer! Están cada vez más locos y paranoicos. Y eso que Lerer es el rey del mundo del cine. Es el crítico del diario más leído, es presidente de la Fipresci local, uno de los vicepresidentes de la Fipresci internacional, viaja a todos los festivales. ¿Será que siente culpable de algo? ¿Por qué se le ocurrió eso?

Q: Al principio pensé que me hablaba en broma. Le estuve dando explicaciones, diciéndole: “No, cómo pensás eso. Estaba hablando del personaje.” Después pensé: “¿Por qué no dejarás de comportarte como un pavo real?”

F: Me alegro de haber renunciado también a los desayunos multitudinarios y pedir un austero tecito en mi pieza, pero en paz. Cambiemos de tema. Y qué pasó con la segunda parte. Le tocaba el turno a Peranson, el director de Cinemascope. ¿Cómo lo presentaste?

 

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Q: Le hice un chiste a Peranson. Dije que era un tipo brillante y multifacético, que dividía sus actividades en tres compartimentos: editor de Cinemascope, programador de Vancouver y comprador compulsivo de ropa de altísima calidad.

F: ¿El pobre se puso colorado?

Q: Me parece que sí, pero después dijo que se iba a tomar la revancha.

F: Y cumplió. Estaba de punta en blanco. Lucía un traje de lino beige y una camisa negra con un delicado ribete beige. Y no te cuento el reloj ultramoderno que usa. Es mi primer amigo al que le puedo cantar la vieja canción de los Kinks Dedicated follower of fashion. ¿Pero de qué habló?

Q: Hizo una descripción muy precisa y muy detallada de la trastienda de los festivales, partiendo de los distintos grupos de interés que se mueven allí (productores, distribuidores, audiencia, etc.) hasta concluir en la necesidad de dedicarle al fenómeno una mirada basada en las prácticas de la economía capitalista que trascienda la mera discusión del gusto sobre el programa de ese año. Fue muy buena la charla, tal vez un poco árida para los espectadores comunes que nunca escucharon hablar de un agente de venta, los famosos sales agents que, en la explicación de Mark, son los peores villanos de esta película.

F: Explicá lo que son los sales agents.

Q: Son los intermediarios entre los productores y los distribuidores locales. Es decir, la comercialización internacional de las películas pasa necesariamente por ellos, incluyendo la decisión de que un determinado festival las proyecte. Son unas pocas compañías, con sus característicos patrones que exhiben una arrogancia infinita, que imponen sus productos a los festivales grandes mientras se los retacean a los chicos a quienes esquilman y extorsionan.

F: Recuerdo que eran gente terrible. Es una de las razones por las que jamás volvería a trabajar de programadora en un festival. Hemos sufrido muchas humillaciones.

Q: A mí me pasa lo mismo. Uno de los grandes alivios cuando nos echaron del Bafici fue saber que nunca más tendríamos que tratar con esos hijos de puta. Lo notable, y eso es lo interesante de la descripción de Mark, es que esa gente encarna el poder económico en el sistema de los festivales y va transfiriendo a su personalidad todas las marcas de la codicia y el abuso del prójimo. Es realmente marxismo puro. Justamente, Van Bueren había mencionado que varios de ellos habían comenzado como gente bienintencionada que quería ayudar a los directores independientes frente a los distribuidores. Pero en diez años se transformaron en los monstruos que son ahora.

F: Estuvo interesante.

Q: Sí, muy interesante. El punto de partida de Mark me parece muy fértil para analizar la constelación de festivales y el flujo económico del cine independiente. Por ejemplo, la concentración de poder en manos de los sales agents tiene efectos sobre la clase de películas que se hacen.

F: Gracias, Q. Cuando vuelvas hoy del seminario, o mañana a la mañana, continuaremos con la entrevista sobre el capítulo dos de tu seminario.

Fotos: Flavia de la Fuente

10 respuestas to “Diario marplatense (4)”

  1. Boudu Says:

    Flavia, permitime el atrevimiento de aconsejarte: Comete un alfajor Havana (de nuez, preferentemente) y se feliz! :)
    Pensa en los que nos tuvimos que volver a Buenos Aires a laburar. Lo que haria en tu lugar es mandar a la mierda las tareas de anfitriona (aunque no debe ser posible) y ver peliculas y morfar (que bien se morfa en mar del plata). Por lo menos me hiciste sentir afortunado de ser un simple cinefilo sin conexiones y no tener que hacer vida social y dedicarme a un poco de playa, ver pelis y morfar (que bien se morfa en…)

    En cuanto a lo malo del catalogo, yo lo dije primero!

  2. Tideida Says:

    ¡Qué buen artículo! Creo que es artículo y que excede a lo que podriamos llamar «post».
    En fín, se transmiten los nervios, la desesperación y el tedio por tanta… gente.
    Me quedé con ganas de saber más acerca del backstage de los festivales, espero ansioso el capítulo 5 del diario marplantense.

  3. janfiloso Says:

    solo para que flavia no me extrañe :

    estoy totalmente de acuerdo con boudou en una cosa : ! qué bien se come en mar del plata ¡

    y discrepo totalmente con boudou en otra : ! qué ricos son los conitos de coco de havana ¡

    (los que me conocen saben que si me hubiera tocado ser anfitrión del festival, me habrían encontrado caminando con flavia, comiendo con boudou, o viendo duro de matar 5 en la tele del hermitage)

    (dale enananegra : hacé lo tuyo)

  4. Damián Says:

    Estimados: Me llamo Damián Damore, soy redactor de Ñ y le cuento que yo fui uno de los cincuenta que asistió a la charla. Fue caótica, divertida, despojada, ¡real!, como poca gente en este festival, e imagino, que en muchos otros. Me hizo acordar mucho a cuando trabajando en Radio Rivadavia para las trasmisiones del fútbol de ascenso un día tuve que decir desde una oficina del club (aun no existía la manía del celular) El Porvenir, con el presidente in-situ, una cosa que era cierta: que habían despedido al técnico por los malos resultados: tardé media hora en salir de ella… La charla de ayer fue una gran respuesta política al acto ñoño que premió a ¡Chan!taolalla y Cía (uy, perdón!) la semana pasada. Los problemas del sonido para el público para mi fueron menores al lado de tanta algarabía cinéfila. Si PvB dijo eso sobre Tsai en el catálogo del festival, no quiero imaginar si escuchaba la traducción simúltanea en donde la traductora insistía en que era «Chai Ming yan». Fue una charla cojonuda: no había nadie de la organización que presentara la charla, o yo no la vi y fue una especie de comando revolucionario que tomó las instalaciones de un hotel abandonado, el Provincial, para hablar del cine que no nos dejan ver. PvB relató con mucho humor los que es la crítica y quienes son los grandes directores de la actualidad (… » Tsai, Apitchatpong, Jarmush, Scorsese, Moretti… no Moretti, no»). Fue cruda y genial: Hasta Cecil B Demented se hubiera escapada por los pasillos circulares del Provincial buscando una salida al mar. Saludos cordiales. D

    Para Flavia: los alfajores Havanna ya no levantan a nadie: los aplastó la globalización, pero los chipirones de Rinkon Bazco en JB Justo y Entre Ríos aseguro que sí.

  5. laenananegra Says:

    no sólo para que janfiloso no me extrañe: qué bien están desarrollando el género dialógico, un derivado de Platón pero sin grandilocuencia, íntimo hasta el punto de lograr que me imagine a la feliz pareja ya con los ruleros bien colocados y la bolsa de dormir esperando entre las sábanas.

  6. estrella Says:

    Por qué no pensar que a otros les pasa lo mismo que a uno. Caramba. F. habla como «me he heblado» yo tantas veces: no me gusta ser anfitriona, me canso aunque no me esfuerce y me escondo por ahí, en algún lugar de la casa. Siento culpa, pero no la paso bien, aunque creo que (tarde pero seguro) voy en camino de logar mi independencia. Detesto las mesas de más de seis personas, no tengo conversación de cóctel y mi voz suena como si saliera de un sótano, si hay más de dos personas, nadie me escucha.
    Juanfiloso, te envidio: despatarrado en unn buen sillón de Heermitage, viendo Duro de Matar 5.

  7. cege Says:

    Como te prometi Flavia, te estoy enviando la foto de Q recien llegado al Hermitage pero no pude resistir la tentacion de publicarla en mi blog y de paso te invito a leer mis impresiones sobre el Fest (cada uno se hace su propio «festival») La direccion te la di pero por las dudas ahi va de nuevo meykinof.blogspot.com
    Entiendo tu cansancio, y es verdad que el género dialogico le va muy bien al tema, agrego un dato: son muy buenos los triples y masas de Petit Four y buenos precios y poca gente.

  8. BobbyFischer Says:

    Con respecto al comentario de PvB:

    Si vamos al caso, el (costoso) catalogo del Bafici, o el librito (gratis) ese con las reseñas de 5 renglones tampoco se caracteriza por la riqueza de contenidos o el ejercicio critico. En el diario del festival Sin aliento, muchas veces hay recomendaciones (puntualmente de criticos internacionales invitados al festival) de peliculas que tampoco se alejan mucho de la intrascendencia. Lo que es peor, muchas veces vienen realizadores mediocres que por su sola presencia en el festival sus peliculas reciben mas publicidad que aquellas que son bajo cualquier criterio imprescindibles (Shara, The World, Buongiorno Notte..). Pienso en Henner Winckler, Ron Mann, Valeska Grisebach o Juan Rulfo (de los que me acuerdo ahora). Justamente no critico a la gente que en Mar del Plata o Buenos Aires dedica una importe cantidad de tiempo en una tarea encomiable (y tan poco lucrativa). Tambien pienso que la gran mayoria de los criticos internacionales (en la Argentina por suerte pasa mucho menos) solo sabe actuar por consenso. Jamas emite juicios personales. Y la suerte con que premia Fipresci no se diferencia demasiado de la suerte con la que premian los jurados oficiales de los festivales. Nadie duda del (enorme) talento de Tsai Ming Liang, pero es mas facil criticar un error de catalogo o reproducir elogios superficiales para la gilada que analizar en profundidad una obra. O bien actuar de alumno ciruela de un (ex o actual) programador de algun importante festival europeo. No hablo en particular de PvB (y mucho menos de Q ojo) sino en general.
    No me gusta el festival de Mar del Plata, quizas por los mismos motivos que Van Bueren (el despilfarro, el provincianismo, etc), por eso no voy . Peeero buena parte de la responsabilidad por el estado de desorientación que hay en el cine actual la tienen los criticos (que parecen hoy mas cronistas deportivos) y su falta de compromiso.

  9. janfiloso Says:

    ! qué suerte para q que existen los damian damore ¡

    (flavia, le podés decir a q que esta semane extrañé mucho el comentario de futbol; supongo que entre tu supuesta luna de miel en el hermitaje y el festival no cabe el futbol, pero en otras mentes mas primitivas y ezquisofrénicas como la mía sí cabe, así que decile por favor que lo extrañe)

  10. pavo real Says:

    si, hablaba en broma…

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