Intrascendencias (143)

Dick

por Quintín

Hoy pasé la mitad de Simulacra y llegué a esa zona de las novelas en la que todos los jugadores están en la cancha, en la que las premisas básicas han sido casi completamente establecidas y solo queda que unos y otras se crucen hasta llegar al desenlace. No oculto que prefiero las primeras partes, mientras que con las segundas me carcome la ansiedad por seguir las peripecias finales pero también empiezo a sentir nostalgia por el momento de la lectura en la que todo era todavía flamante y fresco.

3.SC.arbolessecos

De todos modos, Simulacra es una novela prodigiosa, tan cargada de imaginación, tan premonitoria en muchos sentidos, que el placer no disminuye porque nos hemos hecho amigos de los personajes y habitantes del mundo que construye. Voy a contar algunas cosas que ocurren en los capítulos que terminé de leer (del 5 al 10) para ilustrar el talento de Dick y también la relación que voy adquiriendo con él.

Al principio del capítulo 5 aparece un papoola, criatura marciana encantadora que despierta simpatía en niños y adultos pero que en este caso no solo es un simulacro sino que está al servicio de un vendedor de naves espaciales usadas con las que se puede huir a Marte y establecerse allí como solitario colono, lejos de la alienación terrestre. Por alguna razón misteriosa, la policía permite esas huidas, aunque en cualquier momento, según Al el vendedor, va a impedirlas:

Un día no muy lejano, la PN (Policia Nacional) va a acabar con ellas. Y entonces ya no habrá mercado de chatarra. No más grietas en el muro de la sociedad autoritaria, a través de las cuales unos pocos —unos pocos afortunados— pueden escapar.

La idea de una grieta en el muro recuerda al final de Blade Runner, pero también que la escapatoria de la pesadilla tecnológica de la Tierra en 2041 está la utopía agraria de William Morris de la que hablábamos ayer. De todos modos, resulta que Al es el ex socio de Duncan, el tipo que no quería aprobar los exámenes para permanecer en el consorcio Abraham Lincoln: ambos eran un dúo musical que interpretaba música clásica con unos recipientes de vidrio. Duncan convence a Al para presentarse en un concurso de talentos porque el objetivo de su vida es tocar en la Casa Blanca y conocer a Nicole. En la novela, hay muchos personajes enamorados de Nicole solo de verla en la televisión. El psicoanalista Egon Superb habla del tema con uno de sus pacientes:

Le tengo muchísimo miedo. ¿Tiene esto algún sentido, doctor?

La imagen de la Mala Madre. Superpoderosa y cósmica.

Es por causa de los hombres débiles como yo por lo que Nicole puede gobernar. Soy el motivo por el que tenemos una sociedad matriarcal… soy como un niño de seis años.

No es usted el único. Usted se da cuenta. De hecho, es la neurosis nacional. El fallo psicológico de nuestra época.

No sé cuál es el motivo del amor de los americanos de 2041 hacia Nicole. Pero más difícil es entender el amor de muchos argentinos de 2014 a una mandataria que no solo es a todas luces inepta sino también —y acaso de un modo mucho más evidente— prepotente, soez y carente de toda sensibilidad humana y social.

De todos modos, es verdad como dice Johny Malone que la misoginia de Dick es un asunto serio. Julie, la que abandonó a un hermano para irse a vivir con el otro, es un ser desalmado y los hombres se dan cuenta; la describen como “una muñeca fría y hostil”. El hermano que se la ha quedado ofrece devolvérsela al otro a cambio de un puesto en Karp und Sohen Werke, la empresa que fabrica los simulacros presidenciales. Karp está aliada con A. G. Chemie, el gigante farmacéutico cuyo lobby consigue prohibir la psicoterapia y, en general, con el resto de las grandes corporaciones. El gobierno de Nicole trabaja en acuerdo con el conglomerado industrial pero, en algún momento, desconfía de su cuota de poder y decide no contratar más a Karp para simular al presidente. Pero los ejecutivos de Karp se rebelan y amenazan con divulgar el secreto de que der alte, el presidente consorte, es una ficción. La presidente habla del tema con sus asesores en estos términos:

Y estos ocho hombres—señaló prontamente Pembroke— estos altos oficiales de la Karp, son criminales de facto; deliberadamente han conspirado contra el gobierno legal. Son iguales que los hijos de Job. Están al mismo nivel que ese Bertold Goltz. Aunque lleven moño por la tarde y beban vino añejo y no deambulen por las cunetas y las calles.

Del mismo modo podríamos decir que todos nosotros somos también criminales de facto —recalcó Nicole secamente—. Porque este gobierno, como usted ha señalado, está basado en un fraude. Y de primera magnitud.

—Pero es el gobierno legal —dijo Garth—. Con fraude o sin él. Y lo hacemos por el bien de la gente. No lo hacemos para explotar a nadie, como en las grandes empresas. No lo hacemos para engordar a expensas de los demás.

Al menos, pensó Nicole, eso es lo que nos decimos.

¡Qué parecidos los argumentos a los que ciertos gobiernos exhiben a la hora de deshacer alianzas con sus cómplices empresarios!

Para complicar las cosas, Nicole sugiere que, dado que Hermann Goering va a venir de visita, se traiga a uno de sus verdugos para ejecutar una purga y liquidar a todos los ejecutivos de Karp. Ese asunto tiene mal a Goltz, el líder neonazi que en realidad es un judío preocupado por la suerte de los suyos si los nazis verdaderos reaparecen en cuerpo presente.

Mientras tanto, la figura de Richard Kongrosian, el pianista que toca sin usar las manos (en una entrada anterior dije que no tenía manos, pero no es así) adquiere cada vez más importancia y la Casa Blanca lo busca mientras que él intenta huir a Marte en una nave de segunda mano. Kongrosian representa en la novela al artista que en el fondo es un médium espiritual entre el arte y el público: ni siquiera su cuerpo interviene en esa transmisión. Me parece que Dick se sentía un poco así y, aunque en 1964 le faltaban diez años para empezar a ver visiones, la personalidad esquizoide de Kongrosian, al borde del brote psicótico, convencido de que ha sido contaminado por un olor indeleble o de que se ha vuelto invisible y, al mismo tiempo, consciente de que no es así es una figura muy cercana al autor. Cuando habla de él y de su angustia, el libro adquiere una densidad muy especial y una desesperación que lastima.

Por último, al menos por ahora, Dick prevé en Simulacra el destino de Chernobyl, zona contaminada por la radiación en la que la gente vive de todas maneras. Esto ocurre en el norte de California (aunque el traductor, psicótico o destrozado por el consumo de sustancias) diga que es en Carolina del Norte. Allí viven los be, incluso la resaca de los be.

¿No era este el lugar más adecuado para que los hijos de Job se dieran a conocer? Esta región decandente apestaba a derrota; aquí vivían aquellos que habían fallado, Bes que no jugaban ningún papel importante en el sistema. Los Hijos de Job, como los nazis en el pasado, se alimentaban de la decepción, de los desheredados. Estas ciudades arrumbadas a las que el tiempo había sobrepasado eran la auténtica cantera del movimiento.

Pero en esa zona es donde Kongrosian, el último artista, el loco iluminado, había decidido vivir.

Foto: Flavia de la Fuente

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4 comentarios to “Intrascendencias (143)”

  1. Johny Malone Says:

    Baudrillard decía que el profeta no es el que predice lo que va a pasar, con fecha y todo, sino el que es capaz de establecer un texto, un discurso (oral o escrito), en el cual la realidad, en algún momento, terminará metiéndose, transformándose en él. Realmente, Dick tuvo esa capacidad, a un nivel macro, político, pero también a un nivel micro, personal. Pienso que si hubiera nacido hace 2.000 años, hubiera fundado una religión (¡o si se hubiera avivado como L. Ronald Hubbard!)

  2. Larsen Says:

    Off topic: ¿escribiste algo sobre El crítico? No sobre la filmación -eso lo leí, hace tiempo- sino sobre la película.
    Saludos,
    L.

  3. Florbb Says:

    Off tópico 2: Cómo busco tu crítica a un autor en el blog? No encuentro donde.
    Gracias.

  4. Johny Malone Says:

    Murió H.R. Giger. En cierta forma, compartía con Dick la idea de que la realidad iba a seguir un desarrollo metastásico, obsceno. No cuesta tanto reconocer que tenemos bastante de alien.

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