Intrascendencias (140)

Morris

por Quintín

Siempre creí que la localidad de William Morris donde murieron Abal Medina y Ramus, dos de los asesinos de Aramburu, se llamaba así por William Morris (1834-1896), entre otras actividades medievalista, poeta, socialista, diseñador, novelista, renovador de las artes decorativas y figura originalísima del mundo intelectual victoriano. Igual, me parecía raro que tuviéramos esa suerte: el lugar se llama así por William Case Morris, pastor anglicano que administró establecimientos educativos en la Argentina, quien también parece haber sido un personaje interesante, aunque no tanto.

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Quiero hablar del William Morris que creía en la artesanía y detestaba el diseño industrial (y que hubiera aborrecido un lugar tan feo como William Morris), del Morris que nunca viajó a la Argentina pero sí a Islandia, como resultado de lo cual tradujo al inglés las sagas islandesas que leyó Borges. Quiero hablar de Morris porque acabo de descubrir en la biblioteca un hermoso libro suyo editado por Capitán Swing que se llama Noticias de ninguna parte y es, según leo, un antecedente de El señor de los anillos (infecto mamotreto al que aborrezco con toda el alma).

Noticias de ninguna parte, publicado en 1890, viene con un prólogo de E. P. Thompson a quien alguna vez llamé “mi marxista favorito”. Este prólogo no es lo mejor de Thompson (Thompson escribió en cambio una biografía de Morris que está muy bien) y tiene además una frase muy desafortunada sobre la necesidad de la violencia en la historia. Pero es corto y explica de qué va el libro. Noticias de ninguna parte es una novela utópica que transcurre en un comunismo agrario poblado de diseños y artesanías medievales. Un militante anarquista, después de una acalorada reunión de la Liga Socialista (asociación en la que Morris tuvo una participación muy activa), vuelve a su casa en los grises y polucionados suburbios de Londres para despertar en el tercer milenio, donde el Támesis está limpio, la gente es feliz y no se conoce el dinero (y otras curiosas cuestiones a las que no llegué en las pocas páginas que leí).

Leí apenas dos capítulos y el libro resulta muy agradable: en especial no tiene esa cosa infantil y perversa de El señor de los anillos. Si bien la fantasía es sencilla, tiene los suficientes bemoles como para poner en escena los grandes dilemas asociados a la imaginación de un futuro más justo y menos bestial que el presente, cuestión que era tan vigente en el tiempo de William Morris como en este. La peculiaridad de Morris es su apuesta contra el capitalismo industrial, lo cual lo acerca paradójicamente a Chesterton y sus programas rurales anticolectivistas. Morris es un curioso antimoderno, alguien cuya línea de pensamiento perdió todas las batallas y, sin embargo, reaparece en los ecologistas, en cuestiones como la slow food y, muy especialmente, en la necesidad de dotar a la vida cotidiana de belleza mediante el trabajo manual. Veremos qué noticias llegan del siglo XIX.

Foto: Flavia de la Fuente

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Una respuesta to “Intrascendencias (140)”

  1. Johny Malone Says:

    Habrá perdido batallas, pero es uno de los grandes inspiradores del “Fantasy”, género que desde los 60 ha tenido y sigue teniendo mucho desarrollo en los países anglosajones, con destellos en algunos otros (por ejemplo, la Saga de los Confines, de Liliana Bodoc).

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