Intrascendencias (139)

Lautréamont

por Quintín

Entre los libros famosos que no he leído, figura Los Cantos de Maldoror. Aunque creo haber comprado a lo largo de mi vida al menos cinco ediciones. La que tengo en las manos es de Pre-Textos, octubre de 2000 y es muy linda. Viene con un prólogo del traductor Angel Parente, que es una gran presentación del escritor: corta, clara, interesante, con los datos y los comentarios esenciales. Parente empieza así:

Cuando en 1868 se publica el primero de los Cantos de Maldoror, la literatura francesa es la protagonista de uno de los más importantes momentos culturales de su historia. Rara vez sucede que en el corto espacio de cincuenta años, en un mismo país, y aun más raro en una misma ciudad, un pequeño grupo de escritores estén provocando un terremoto cultural que puede compararse al producido por el Romanticismo. Similar al Romanticismo y acaso más importante.

Luego Parente habla de Baudelaire, de Flaubert, de Rimbaud, de Zola, Hugo, Verlaine, Mallarmé para desembocar en la llegada de Lautréamont a París en 1867 en medio de “una efervescencia que no se circunscribía al campo literario”. En pocos meses tendrán lugar la guerra franco-prusiana y la Comuna. Lautréamont morirá en 1870 a los 24 años. Había nacido en Uruguay en una familia rica y había padecido la adolescencia en un internado en Francia, de donde egresó con un odio tan profundo como su fervor literario.

BA.12.Elrincón

No tengo una idea muy clara de aquel período histórico. Ni muy clara ni siquiera aproximada. Pero lo que menos entiendo de lo que es una verdad aceptada es la eterna aparición de Flaubert y Baudelaire como un binomio, o como parte de el mismo movimiento. Es decir, entiendo a Flaubert, un escritor transparente, pero no entiendo a Baudelaire y aunque disfruto de sus fragmentos leídos al azar me sigue pareciendo inapresable como también me resulta misteriosa su devoción por Poe. Allí hay una zona nebulosa de la literatura y del pensamiento en la que no he logrado penetrar. Y que seguramente habita Lautréamont, quien en palabras de Breton fue “el gran cerrajero de la vida moderna”.

Una de las virtudes del ensayito de Pariente es que están las cosas más famosas que se dijeron de Lautreámont. Fue casi ignorado por el siglo XIX, aunque hacia 1890 Léon Bloy (“Es lava líquida. Es descabellado, negro y devorante”) y Rémy de Gourmont se ocuparon de él. El siglo de Lautreámont es el XX, donde Gide lo descubrió y los surrealistas lo canonizaron. Pariente consigna, sin embargo, que dos escritores famosos desconfiaron de Lautreámont: Malraux, que describió su obra como “un baudelairismo de empleado de ferrocarriles” y Camus, que escribió lo siguiente:

El conformismo es una de las tentaciones nihilistas de la rebelión que domina una gran parte de nuestra historia intelectual. Muestra en cada caso cómo el rebelde que pasa a la acción, si olvida sus orígenes, es tentado por el mayor conformismo. Esto explica que en el siglo XX, Lautréamont, saludado habitualmente como el cantor de la rebelión pura, anuncia, por el contrario, el gusto por la servidumbre intelectual que florece en nuestro mundo.

Malraux fue un gran figurón de la cultura y hoy se lo considera lo que en francés se denomina “un chante”. Lo de Camus parece más interesante y tiene algún indicio en el amor que por Lautreámont suelen profesar los comunistas, empezando por Aragon y Eluard. Aunque Elisa Carrió haya descubierto El hombre rebelde, las acciones de Camus no están muy altas tampoco. Sin embargo, pocas figuras intelectuales se preocuparon por la “servidumbre intelectual” de los ex rebeldes, un tema cuya vigencia aumenta cada día. Y será curioso buscar en Los Cantos de Maldoror ese anuncio de la servidumbre del que habla Camus. Ahora estoy por fin en condiciones de leer a Lautréamont pero, como ven, sigo sin empezar.

Foto: Flavia de la Fuente

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6 comentarios to “Intrascendencias (139)”

  1. hipólita Says:

    un empujón:
    aira adora a lautréamont
    (aunque aborrece la traducción
    de pellegrini)

  2. Reiriz Says:

    Quintin: Más allla de Lautremont, me gusta que dediques una intrascendencia a un poeta. Soy lectora de poesia y no me es grato verla desplazada siempre. En cuanto a lautreamont; Aragon dijo que su fuerza poetica excede las posibilidades humanas y Borges lo llamó un “pendejo gritón”, “un invento de París”. Quizás la única vez que le escuché a Borges la palabra “pendejo.”. Entre ambos extremos, se ubicará la verdad. Pero creo que el canto donde habla de los ladridos de los perros al anochecer y de la sed de infinito y el canto sobre el viejo oceano, leídos en voz alto, aún emocionan. Un abrazo.

  3. Yupi Says:

    Para el contexto histórico de esos escritores hay uno notable: El Libro de los Pasajes de Walter Benjamin. Tiene dos inconvenientes: 1. los editores en castellano, además de muy competentes, eran pobres, por lo que el libro tiene un cuerpo de letra capaz de matar a un lince; 2. uno podría quedarse a vivir ahí adentro, tal es la cantidad de curiosidades y datos cruzados.

    Reiriz: ¿la frase se la oyó decir a Borges? Pregunto porque es el tipo de frase que no escribiría ni a punta de pistola. Quizás mejor fue la que dijo al enterarse de que una comisión planeaba un monumento a Florencio Sánchez: “No van a dejar farabute sin estatua”.

  4. Reiriz Says:

    Si, se la senti decir a Borges personalmente (como público) en 1974 en una charla que dio en la Alianza Francesa de la avenida Cordoba, sobre Francia en la literatura. Despues hizo una aclaración sobre la etimologia de la palabra “pendejo”. Esa charla no tuvo desperdicio. Dijo cosas extraordinarias y ridiculizó a Celine. Un saludo

  5. Yupi Says:

    Gracias, no conocía el dato. Estos días estuve recordando las charlas de Borges, la suerte que tuvimos de tenerlo cerca. Es como haber sido contemporáneos de Shakespeare o de Dante. Por eso mismo sus opiniones no siempre eran fáciles de traducir. Generalmente atacaba a un escritor para defender a otro, o para romper el consenso, lo que desconcertaba a todo el mundo. Recuerdo el enojo de Wilcock cuando apenas aterrizado en Italia en los tempranos 70 (socialismo, revolución, etc) Borges declaró que los negros eran haraganes y merecían ser esclavos. Wilcock le escribió a Bioy en una carta: “No dice lo que piensa. ¿Por qué dice eso? ¿Pretende que nos maten?”.

  6. FedericoR Says:

    Creo que siempre se une a Flaubert y a Baudelaire no porque hoy podamos leer similitudes en sus libros, sino porque ocuparon lugares sociales similares. Bourdieu ha escrito mucho y muy bien sobre eso: ambos estaban inventando un tipo de escritor (el escritor autónomo, digamos) que es todavía el modelo dominante hoy.
    Hace poco Mar Dulce editó las actas de los procesos por obscenidad a ambos (otra vez unidos). De paso, es notable como el prólogo, creo que de Tavarosky, insiste en adjudicar a razones narratológicas la absolución de Flaubert y la condena a Baudelaire, cuando se cae de maduro que la diferencia estuvo en la “calidad” de la familia Flaubert (que había elegido bien a sus padres, según dijo Gautier) y en el peso de cada abogado (al pobre Charles lo defendió un pibe). En eso, el Poder Judicial no cambia…

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