Intrascendencias (138)

Cristoff

por Quintín

Terminé la segunda parte de Inclúyanme afuera de María Sonia Cristoff. Me aburrí mucho. El título parece pensado para mi relación con el libro. Pero no, refleja la posición de Mara, la protagonista, con respecto al mundo. Mara fue intérprete simultánea, trabajó en todas partes interpretando científicos y cancilleres. Pero un día se hartó y para vengarse hizo algo imperdonable, después de lo cual tuvo que dejar el oficio. Ahora es guardia en el museo Udaondo en Luján, vive en un pueblo cercano y piensa pasar un año en soledad, sin contacto con otra cosa que su trabajo rutinario.

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Pero acá también está un poco harta porque en el museo le asignan la tarea de ayudar a un taxidermista que va recuperar dos caballos embalsamados. El tipo es un idiota, un charlatán presumido y Mara ya planea una venganza contra él. También cultiva unas plantas siguiendo al pie de la letra un libro francés del siglo XIX. Pocas veces me ocurre con un libro preguntarme qué mierda me importa de lo que estoy leyendo. Soy paciente, me interesan casi todos los temas y en particular todos los oficios, pero a Mara no y Cristoff expresa una y otra vez su fastidio. El de Mara por lo menos, que además es progresista y le molesta que Udaondo haya sido un reaccionario mataindios que explotaba a sus empleados, le molestan los campesinos franceses, los cancilleres, los empleados y solo simpatiza con la viuda de un comunista del pueblo.

No sabemos si Cristoff comparte esos puntos de vista con Mara. La historia de Mara se intercala con pasajes de un Cuaderno de notas, que a diferencia del resto está escrito en primera persona y contiene investigaciones bibliográficas relacionadas con el museo y también sobre escritores que describieron experiencias de aislamiento, desde Xavier de Maistre a Huysmans, como si fuera el background preliminar de la narración. Esta se compone como un tapiz en el que se intercalan la ilustración histórica culta que cumple la función de fijar el relato en un contexto casi periodístico, la información que va acercando al lector a un doble desenlace (el del episodio que alejó a Mara de su oficio anterior y de la crisis que se le presenta en este), las largas y gratuitas enumeraciones que Cristoff transforma en rasgo de estilo: plantas en el libro de botánica, enseres y personajes del museo, las tonterías que hacen y piensan los pequeñoburgueses que abandonan la ciudad y se refugian en un pueblo, etc.

Pero lo que más me está molestando de Inclúyanme afuera es que no encuentro a la autora en ninguna parte. No sé de dónde escribe ni por qué escribe, no sé qué sentido le encuentra a su quehacer que se diferencie de resolver crucigramas aunque aquí las reglas son diferentes e incluyen puestas en abismo y guiños al mundo literario, a la universidad, al feminismo:

Dicen —dice Sylvia Molloy— que los escritores latinoamericanos del diecinueve admiraron a cierto Huysmans pero no pudieron reescribirlo. En el siglo veintiuno alguien, como un duelista, recoge el guante.

¿Hasta qué punto Inclúyanme afuera es una reescritura de A contrapelo como sugiere esta frase? Al parecer, esta es la clave de la novela:

Des Esseintes, el personaje de J.K. Huysmans, mezcla de fatiga y astucia. Ni el menor rasgo de ambigüedad, sin embargo, en su plan de completo aislamiento. (…) Pero el plan de perfecto aislamiento muestra sus primeras fisuras. Intenta un viaje: reaparece su fobia a los viajes. Compra colecciones de plantas: se cansa de las plantas. Las neurosis aumentan, se multiplican, se agudizan. Todo falla, las fisuras se agudizan, el plan fracasa. Interrupción definitiva. La fuga seguida de perfecto aislamiento fracasa.

Tal vez Cristoff sea quien recoge el guante y reescribe A rebours para triunfar donde sus colegas del siglo XIX fracasaron (según Sylvia Molloy). Pero a quién le importa lo que dice Molloy de Huysmans, ni si esa es la empresa de Cristoff aunque sea chic tratar los antecedentes de la obra en la propia obra, aunque más no sea para ayudar a los críticos. Creo que ni a Cristoff misma le importan Molloy ni Huysmans. Los utiliza como excusa, como partes de su estructura. No hay en Inclúyanme afuera una experiencia con el aislamiento, solo se lo enuncia y se mencionan sus referencias. La novela se construye con una enorme frialdad sobre esas bases, como si tuviera una obligación contractual o por el afán de quien juega solitarios de completar cada partida. No está Cristoff en la novela, está afuera, pero no se sabe dónde aunque nadie puede decir que su escritura no sea elegante, metódica y que su idea no haya sido atractiva. La segunda parte me resultó particularmente mecánica, lejana y condescendiente. Veremos la tercera y última.

Foto: Flavia de la Fuente

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2 comentarios to “Intrascendencias (138)”

  1. hilario ascasubi Says:

    Q, los caballos embalsamados son Gato y Mancha? hace poco estuve leyendo sobre su gesta (acompañaron a un gringo que fue a caballo de Buenos Aires a Nueva York) y recuerdo que hace poco los habían restaurado, incluso hay un video en YouTube donde habla el que hizo el trabajo.

    no creo que esto agregue nada al libro pero, bueno, tenía curiosidá.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Sí, son esos.

    Q

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