Intrascendencias (134)

Innes

por Quintín

¡Hamlet, venganza! de Micheal Innes tiene tres partes: Prólogo, Desarrollo y Desenlace. La segunda es muy distinta de la primera. Si el Prólogo proponía la construcción de un palacio literario encantado, el Desarrollo lo es de un castillo atravesado por pasajes secretos. Mientras cada personaje revela una conducta ambigua y misteriosa, el texto en sí parece la superficie de un espejo trucado. Mientras Appleby, el enviado de Scotland Yard, y Gott, autor como Innes de novelas policiales con seudónimo y director teatral de la función interrumpida por el asesinato de uno de sus intérpretes, investigan, razonan y conjeturan, el resto de los personajes se comporta de una manera rara y todos tienen algo que ocultar.

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Pero además el misterio tiene una doble trama porque no se sabe si la muerte de Lord Auldearn se debe al intento de robarle un documento secreto que puede desencadenar la guerra o a razones de índole más privada. Mientras tanto, el bucólico paisaje que rodea Seamnun Court se llena de periodistas ávidos como chacales y la armonía familiar de los Crispin, los señores del lugar, se revela mucho más precaria de lo que parecía. Lo que parecía un elogio de la aristocracia británica, tiene ahora acentos de furiosa crítica al pasado de rapiña que constituyó la fortuna de la nobles. El padre de la duquesa, que en el prólogo aparecía como un artista de gran talento es descrito ahora como un ejemplo perfecto de filisteísmo:

un pintor capaz de representar a unos comerciantes prósperos como santos de El Greco.

Incluso se produce otro asesinato, el de Mr. Bose, un hombre moreno venido de la India que oficiaba de apuntador en la pieza (porque no es correcto poner a un tipo de tez oscura en escena) y afirmaba conocer la literatura de James-Juice. Esa alusión burlona a Joyce me hizo pensar que Innes, que en esa época era profesor de literatura inglesa en Adelaida (es decir en medio de la nada), después de haber estudiado psicoanálisis en Viena y antes de volver a Inglaterra para enseñar en Oxford después de la guerra, aprovechó la circunstancia y el género para demoler discretamente la literatura de sus contemporáneos y proponer otra cosa, que parece una escritura influida por Chesterton y Wilkie Collins pero en la que cada frase quiere decir algo distinto de lo que supuestamente enuncia o tiene un significado múltiple

pensaba, como cualquier joven novelista dinámico debe pensar a menudo, que sería necesario tener varios cerebros para perseguir simultáneamente la multiplicidad de ideas que se disputaban el dominio del único que poseía.

La novela que parece concebir Innes es como un juego que se desarrolla en varios tableros, como la representación de Hamlet que se realiza de acuerdo a la tradición, cuando a la vista del espectador se ofrecían tres escenarios (el inferior, el superior y el posterior) en los que los cuadros de la pieza se iban sucediendo para no perder tiempo.

Pero el mejor ejemplo de esta ambigüedad provocadora que maneja Innes, en una novela en la que la personalidad de los personajes es absolutamente pastosa e inestable, es la insólita connotación gay de toda la segunda parte. Esta empieza con Appleby asistiendo a una función de ballet donde se dedica admirar el “Puro Estilo Muscular” de los bailarines hombres (aunque, por otro lado, parece haber una relación entre lo que se representa en escena durante Les présages de Massine,y la inminente guerra). Terminada la función, cuando Appleby llega a su departamento (es un oscuro policía) lo está esperando nada menos que el Primer Ministro para encargarle el caso Auldearn, pero antes de explicárselo, ambos tienen una conversación de entendidos sobre ballet. Un rato más tarde, cuando Appleby irrumpe en la escena del crimen y se encuentra con el grupo de actores retenido por la policía, Innes escribe:

El espectáculo que se presentó a su vista le recordó una de esas violentas orgías que le eran profesionalmente familiares. Una de esas deplorables ocasiones en las cuales, en medio de la locura general, ciertos bravos caballeros, hasta el momento los más escandalosos del grupo, se despojan de sus narices postizas, de sus gorros de papel y de sus globos y banderines; clausuran las salidas y hacen entras a un grupo de colegas que cuentan las botellas, olfatean los vasos y apuntan los nombres y las direcciones.

Aunque la palabra “orgía” no se usa en el original, todo el párrafo parece aludir a alguna razzia policial de homosexuales cuando la sodomía era todavía un delito en el Reino Unido. Curiosamente, la palabra “homosexual” no se usa nunca salvo en un contexto aparentemente inocente, aunque revelador por el contraste: en una conversación sobre publicidad, se dice que algunos productos son vendidos “homosexualmente” porque los clientes son del mismo sexo que los personajes que muestran los anuncios, como por ejemplo en el caso de los cigarrillos. Borges dice en una reseña de un libro de Innes, que afortunadamente el autor usa la psicología pero no el psicoanálisis, aunque me da la impresión de que Innes se burla por anticipado de la pacatería de Borges. Pero si cabían dudas, déjenme copiar un párrafo sobre el final de la segunda parte en la que Piper, un escritor desayuna en la habitación de Clay, el famoso actor que hacía de Hamlet:

Era una hermosa criatura —pensaba Piper—, con esa soberbia belleza corporal que proviene de la Providencia y no de un sistema de ejercicios. Quizá tenía un leve enfoque femenino: el pequeño espejo de plata que había sacado de un bolsillo era demasiado elegante; los diestros ademanes con que dirigió el reflejo a su nariz y a su barbilla eran visiblemente los de una belleza consciente de sí misma.

En fin, no sé si esto es un delirio de mi parte o Innes juega con el lector como el gato con el ratón. Supongo que el Desenlace traerá nuevas sorpresas, aunque por ahora, la identidad del asesino importa poco y nada.

Foto: Flavia de la Fuente

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Una respuesta to “Intrascendencias (134)”

  1. Johny Malone Says:

    Está resultando un libro tremendo. Igual creo que se trata de la típica homofilia inglesa, heredera de la amicitia romana.

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