Intrascendencias (133)

Cristoff

por Quintín

Termino la primera parte (son tres) de Inclúyanme afuera, de María Sonia Cristoff, un libro en el que la protagonista Mara deja su trabajo de intérprete internacional y se recluye en un oscuro puesto de guardia del Museo Udaondo de Luján. Mientras leía las páginas de hoy, se me ocurrieron una serie de ideas disjuntas, posiblemente aisladas entre sí, tal vez más a partir del libro que sobre él. Acá van, numeradas, lo que no sé si es una buena idea.

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1) De todas las Intrascendencias, la entrada anterior sobre Cristoff debe ser la que menos lectores tuvo. La cuenta no llegó a los cien (probablemente lo haga hoy) y ni siquiera sé si son realmente lectores, se trata de gente que abrió el archivo. Esto me lleva a pensar cuáles son las razones para la popularidad de algunas entradas sobre otras. Hasta aquí, he detectado dos. Una es que hayan leído al escritor en cuestión. La otra es que la nota prometa algún tipo de polémica, de enojo, de confrontación. Me gustaría tener más lectores que siguen las Intrascendencias porque les gusta lo que escribo, independientemente del tema, pero no se puede pedir todo en la vida.

2) Hay en la página 36 de Inclúyanme afuera una enumeración de las cosas que puede hacer un intérprete en una cabina de traducción simultánea para reforzar la idea de que hay una sola cosa que no puede hacer, y esa es callar. Hace algún tiempo, noté que una enumeración heterogénea es una especie de test al que se someten los escritores argentinos. Es como si esa fuera la prueba de que pueden imaginar y que, por lo tanto, pueden escribir. La enumeración de Cristoff dura una página, contiene ítems como “desnudarse frente al colega con quien le tocó trabajar ese día”, “mofarse” o “desatar una tercera guerra mundial”. Pero no resulta muy ingeniosa y, sobre todo, no parece muy necesaria.

3) Pero hay otra prueba a la que se somete voluntariamente Cristoff. Un par de veces nos anuncia que Mara dejó de trabajar como intérprete y se refugió en el silencio a partir de “lo que ella hizo ese día”. Es decir que su carrera concluyó con un episodio radical, expresión de su hartazgo con la naturaleza de su trabajo. Al prometer la revelación de ese momento, Cristoff crea un suspenso que tiene dos caras. Por un lado, hace que el lector se interese en ese acto que, pensándolo bien ahora, justifica un poco la enumeración anterior, porque no será ninguna de las cosas que puede hacer un intérprete sino una más, distinta y original. Pero, al mismo tiempo, el lector piensa que ese momento deberá ser lo suficientemente bueno como para justificar la publicidad previa. Hay demasiadas expectativas creadas sobre él y promete ser, de algún modo, el núcleo narrativo del libro.

4) Un hombre y una mujer entran en la sala del museo que Mara custodia y se ponen a hablar de la hija de ella, a la que se le ha ocurrido ser monja de clausura. Es evidente la relación entre esta anécdota y la elección de Mara por el silencio, el aislamiento, la soledad. Pero me pregunto si no hay aquí un núcleo relacionado con la literatura escrita por mujeres, por ejemplo en Emily Dickinson o en las hermanas Brontë o en Virginia Woolf. O aun en libros que no necesariamente son ni hablan de mujeres aisladas (pienso en Mme. de Staël, por ejemplo, gran ejemplo de sociabilidad) sino de una actitud por la cual una mujer que escribe está aislada desde el momento en que escribe. Supongo que hay hombres que son también monjes de clausura literarios, pero no sabría qué ejemplos poner. Tal vez algunos escritores locos, como Robert Walser. Claro que también hay escritoras masculinas. ¿Las hay? ¿Tiene esto algún sentido? De todos modos lo de la monja, metáfora de la situación de Mara, lleva a pensar en una puesta en abismo cuyo paso siguiente es la propia autora.

5) En algún momento, Mara mira la bibiloteca de la tía de una amiga (ambas trabajan en el museo). En realidad es la biblioteca del marido muerto y los títulos que alcanza a leer son de “Georgi Dimitrov, Einstein, Paul Lafargue, Clara Zetkin, Victorio Codovilla, José Díaz Ramos, Mariátegui, Marx, Engels, Ghioldi, Gramsci, Karl Kautsky, Antonio Labriola, Lenin, José Murillo, Leonardo Paso, Alcira de la Peña, Aníbal Ponce”. Luego, escribe Cristoff que Mara se pregunta “¿qué habrá hecho aquel tío con esa mezcla?”. La pregunta es un poco insólita, porque no hay ninguna mezcla: esos libros denotan inequívocamente la biblioteca de un militante del Partido Comunista Argentino e incluye a sus históricos dirigentes. La aislada presencia de Einstein (un ídolo de la izquierda mundial) no hace más que ratificar la homogeneidad de la lista. Tal vez lo más raro sea un libro de Kautsky, el renegado, o que no se aclare que el Ghioldi coherente con esos títulos es Rodolfo y no Américo. La redacción de la frase haría pensar que Mara no puede caracterizar correctamente la biblioteca, pero no me queda claro qué pasa con Cristoff y por qué incluye ese pasaje. Hace poco, leí en un libro de Patricio Pron el catálogo de una biblioteca. Era la de su padre, militante de Guardia de Hierro y los títulos eran coherentes con esa posición, aun los que no eran de política. La lista de Cristoff es rara o, mejor dicho, es raro que la incluya sin decir de qué se trata.

6) Siempre vuelvo a esa idea, tan enseñada en la facultad de letras, de que los pareceres y posiciones de los personajes no son los del autor. Pero hay momentos en los que si no lo son carecen de sentido. Lo de la biblioteca está en el límite de lo indecidible, pero aun más lo están ciertas afirmaciones sobre el sexo. En Inclúyanme afuera hay una historia muy divertida, un recuerdo de Mara en el que se encuentra con una mujer en un bar de Nueva York y esta le cuenta su problema: un tatuaje, “una especie de sirena que nacía en el pubis y se extendía hasta el nacimiento de su cuello”. El drama de la mujer es que ahora tiene un novio del que está enamorada y tiene celos de que el novio piense más en la sirena que en ella, especialmente en la cama. La escena concluye en el minúsculo baño del lugar, donde la mujer lleva a Mara para preguntarle si vale la pena que se borre el tatuaje y, al verlo, Mara concluye que la sirena es más atractiva que ella. Antes, Cristoff escribe lo siguiente:

Mara pensó que en realidad las mejores experiencias sexuales surgen de desplazamientos de ese tipo.

La frase es más bien vaga, pero no deja de ser una confesión. Cristoff no es impúdica como Naipaul que en Media vida parece relatar la cura de su propia ineficacia sexual más que la de su personaje. Pero ¿qué sentido tiene atribuirle un pensamiento de ese tipo a un personaje si no se lo comparte? Por eso me pregunto de nuevo por la biblioteca y el ruido que hace esa palabra “mezcla” si se le atribuye solo a Mara. Es uno de esos momentos en los que la realidad se cuela en la ficción, no sin cierta violencia.

Sí, creo que lo que leí esta vez de Inclúyanme afuera me gustó menos que lo que me tocó en la primera entrega. Veremos como sigue el libro.

Foto: Flavia de la Fuente

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3 comentarios to “Intrascendencias (133)”

  1. Yupi Says:

    Esa forma de leer teniendo en cuenta al autor biográfico que ejerció y casi inventó Sainte-Beuve está desacreditada; sin embargo dio buenos críticos, empezando por el mismo Sainte-Beuve. Quizás el descrédito empezó cuando Foucault descartó de plano al autor biográfico y habló de la “función” del autor, que consiste en ausentarse para hacer legible el texto. Es complicada y no la recuerdo bien, pero esa era la idea. Aira tiene una buena anécdota al respecto. Parece que un señor después de leer una novelita en la que el padre de “César Aira” quema, o quiere quemar una iglesia, llamó a Aira a la casa y le dijo cuatro cosas sobre su familia. ¡Para que después hablemos de narratología!

  2. Larsen Says:

    Me gustó mucho Inclúyanme afuera, incluso más que la anterior, Bajo influencia. La frase del título, efectivamente, tiene origen inglés. “Include me out”, y la dijo Samuel Goldwyn. Un detalle: es Cristoff, no Christoff. Sin h.

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias. No sé por qué la rebauticé a esta chica. Tenía el libro delante todo el tiempo.

    Q

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