Intrascendencias (132)

Dick

por Quintín

Retomo Simulacra de Philip Dick. Dos cosas pude comprobar a partir de los comentarios de las entradas anteriores. Una es que hay muchos fanáticos de Dick, fanáticos fervorosos e informados, que lo han leído y releído todo. La otra es que Simulacra no es de sus libros más celebrados. Sin embargo, los tres capítulos que leí hasta ahora son deliciosos y supongo que el punto débil del libro será (si es que ese es un punto débil) que sostener coherentemente todas las premisas del mundo que Dick imagina para 2041 (la novela es de 1964) es intelectualmente imposible. Al volver a Dick vuelvo a tener la impresión de que uno podría sumergirse en su obra y no salir de ella, pero eso es lo que pasa con un número bastante grande de escritores, desde Shakespeare hasta Aira, digamos. O desde Proust hasta Pynchon, o desde Donald Westlake hasta Michael Innes, para nombrar a dos escritores de policiales que descubrí en estas Intrascendencias. No sigo porque, como dijo Guillermo Piro en un tuit, listar escritores favoritos no hace más que revelar nuestras limitaciones. Pero, de todos modos, más que de favoritos se trata de universos en los cuales es posible sumergirse. Se me ocurre que en la Argentina solo unos pocos de esos universos están habitados y tienen la masa crítica mínima de afiliados. Claramente, Dick es uno de ellos.

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Cuando empecé el capítulo 3 de Simulacra me di cuenta de que me acordaba poco de los anteriores, pero rápidamente pude reconstruir el 2014 o el 1984 de Dick, que se ocupa de los habitantes un gran edificio de departamentos en California y de una organización mundial que está dividida en cuatro grandes Estados: Los Estados Unidos de Europa y América (en realidad, EE.UU. + Alemania), el Imperio Francés, Asia Popular o Africa Libre (“es decir, negra”). En esta situación planetaria orwelliana, los EUEA son una democracia de partido único, altamente burocratizada, políticamente correcta y con enormes restricciones y prohibiciones, como por ejemplo el derecho de tener perros y gatos, porque solo se admiten mascotas que no hagan ruidos que perturben a los demás (de modo que entre los bichos domésticos solo quedan las tortugas) o la prohibición de votar para quienes sean estériles. Con sus continuas declaraciones contra el nazismo, encarnado aparentemente por una secta neonazi enemiga del gobierno, los EUEA practican la eugenesia, la uniformidad social y la verticalidad como si fueran una versión pacíficamente impuesta del Tercer Reich al que, además, la mayoría de sus habitantes desea secretamente volver.

Dick logra en este tercer capítulo combinar la esfera privada con la pública y empieza por presentar a Vince Strikerock, habitante de los Apartamentos Abraham Lincoln el día en que descubre que su última mujer se ha divorciado de él la noche anterior y se ha ido de la casa para aparecer (sin que Vince lo sepa aún) en la cama de su hermano Chic, que también vive en el edificio. Pero, al mismo tiempo, la televisión muestra cómo se van llevando presos a los últimos psicoanalistas. Antes ha transmitido en cadena un discurso Rudi Kalbflesich o der Alte, el presidente en ejercicio, consorte electivo de Nicole que es una especie de reina joven pero que lleva cuarenta años en el poder. Dick no explicó bien todavía cómo funciona ese asunto, pero hacia el final del capítulo revela que Kalbflesich es un robot, un simulacro, y ese un secreto del que solo están enterados los funcionarios g, Geheimnis o “guardianes del secreto”, mientras que los b, o Befehltrager son simplemente “cumplidores de instrucciones”. Pero también, y eso es lo interesante, es que la lucha por el poder se plantea entre la burocracia del partido y las empresas que crean el simulacro presidencial: durante el período en que este ejerce el cargo, la empresa que lo maneja tiene inusitadas prebendas que las convierten en una amenaza. Está claro que Dick pensaba en el famoso complejo militar-industrial que Eisenhower denunció en su discurso de despedida en 1961, pero el tema del poder de las corporaciones y de su disputa-complicidad con los políticos sigue siendo uno de los ejes por los cuales se va a la mierda el mundo.

Aguardo con ansiedad las páginas siguientes de Simulacra. Es raro tener tantos libros promisorios entre manos. Trataré de leerlos, de encontrar más y de seguir con esta serie, que es de lo más divertido que me ha pasado.

Foto: Flavia de la Fuente

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Una respuesta to “Intrascendencias (132)”

  1. Johny Malone Says:

    Sencillamente fantástico. La capacidad generativa y regenerativa de las obras de Dick es única. Parecen seres vivos. No sé si se podrá conseguir en la web, pero si podés, mirá el documental que hizo el canal Infinito sobre Dick, es tremendo.

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