Intrascendencias (125)

Stark

por Quintín

Richard Stark es uno de la docena de seudónimos que usó en su vida Donald Westlake (1933-2008), escritor del que Stephen King y muchos otros hablan maravillas. A Stark le corresponde la serie de Parker, un asaltante de bancos que trabaja en la franja del delito que podría denominarse independiente; es un cuentapropista que opera a espaldas de la mafia y con la que no tiene muy buenas relaciones. La primera novela de Parker es The Hunter (1962) que luego llevó al cine John Boorman bajo el título A quemarropa (Point Blank), con el que la novela volvió a publicarse y con Lee Marvin en el papel principal. Tengo un buen recuerdo de la película y me parece lo mejor que hizo Boorman. Hace poco leí el libro (creo que hasta escribí algo al respecto) y me lo acuerdo como muy duro y muy concentrado en los detalles (por ejemplo, la mejor forma de conseguir un documento falso). Parker sale de la cárcel y quiere vengarse de su mujer y de su amante (del de ella), que lo engañaron después de un robo. Pero resulta que el tipo le pagó una deuda a la mafia con la parte de Parker y Parker pretende recuperar su dinero de la Organización, asociación ilícita que opera como una corporación cualquiera. Parker es otro anarquista de los sesenta que pretende vivir a su manera —no demasiado miserable, no demasiado ostentosa— mientras una cosa semejante es todavía posible. No es el primer policial de estas Intrascendencias en el que nos encontramos con esa variante de izquierda del individualismo americano.

Hoja

El segundo volumen de la serie se llama El hombre que cambió de cara y ese viene a ser Parker, que después de sus inconvenientes con los muchachos del crimen organizado necesita desaparecer de la circulación y se somete a una cirugía plástica de buena calidad que le cuesta 18.000 dólares en 1963. El cirujano es un médico comunista a quien el macartismo ha dejado sin trabajo y en su actual ocupación de darles un nuevo aspecto a los delincuentes tiene miedo de que los pacientes lo liquiden porque es el único testigo de su nuevo look. Pero Parker tiene otros códigos y otros planes: dejar vivir al médico y participar en el asalto a un banco de Ohio que le propone Skimm, un viejo compinche. El trabajo parece fácil, pero Alma, la novia de Skimm no parece de fiar y Parker sospecha que intentará engañarlos, aunque no se sabe si los engañados incluirán o no al propio Skimm.

Voy por la mitad de la novela y hay una serie de indicios que hacen pensar que todo puede terminar en un desastre, pero hasta acá el libro me sorprende por su fineza y su inteligencia. Menos espectacular y menos violento que A quemarropa, el relato de la preparación del golpe es magistral: las relaciones de confianza y desconfianza con los cómplices, la observación cuidadosa del lugar, el recorrido por los circuitos del hampa (vendedores de armas, proveedores de vehículos). Un ejemplo de estas relaciones delicadas es el momento en el que Parker le propone al malhumorado dueño de un hotel rasposo que le guarde cinco mil dólares a cambio de quedarse con quinientos porque, le explica, él desconfía de los bancos (aunque en realidad tiene un par de negocios legales para no ir preso por evasión fiscal). Pero además, Westlake está obsesionado con los desplazamientos del protagonista, con las rutas que toma, los transportes en los que viaja, las calles de varias ciudades y pueblos de los distintos estados que recorre, los mapas que Parker consulta continuamente. El capítulo en el que Parker va a comprar un camión a Carolina del Norte es extraordinario. Primero el viaje desde New Jersey:

Parker llamó al aeropuerto de Newark. Podía coger un avión a las dos y cincuenta, hacer un transfer en Washington e ir de allí a Raleigh. Desde allí tomaría un autocar hasta Goldsboro. (…) Goldsboro es pequeña y de aspecto humilde, una ciudad atrasada a orillas del río Neuse, rodeada de plantaciones de tabaco. Hay una base de la fuerza aérea y el Hospital Estatal para Enfermos Mentales Negros. De eso, del algodón y de los fertilizantes es de lo que vive la ciudad.

Lo mejor viene un poco después cuando el camión con acoplado que Parker arregló comprar por 800 dólares resulta una ruina:

Allí estaba el camión, una cabina Dodge de nueve años de antigüedad y una remolque Fruehauf, iluminado por la luz de un reflector colocado en la pared del edificio. El remolque era de color metalizado y estaba muy sucio, y la cabina era roja. El nombre de la compañía, impreso en las puertas, había sido borrado con pintura de un rojo más oscuro. El motor estaba en marcha. Parker meneó la cabeza. Se acercó al camión, abrió la puerta del lado del conductor y se metió en la cabina y cerró el contacto. El motor se detuvo. El tipo rubicundo lo observaba, mordisqueando parsimoniosamente su puro, pero Parker lo ignoró. Comprobó todos los neumáticos. Estaba todo hecho un asco, pero al menos no se veían desperfectos graves. Los guardabarros habían desaparecido y también la mayor parte de las luces de posición. La ventanilla de la puerta derecha estaba rota, y la cabina y el remolque estaban unidos con un apaño a base de cuerdas porque el enganche original también estaba roto. En la cabina el tapete que debía cubrir el suelo había desaparecido y asomaba el suelo metálico con zonas claramente oxidadas. Parker abrió las puertas del remolque y vio que la mayor parte del revestimiento de madera de las paredes interiores había sido arrancado. Volvió a menear la cabeza y se dirigió a la parte delantera para abrir el lado izquierdo del capó. El motor era un desbarajuste grasiento, con cables deshilachados y el manguito del radiador resquebrajado. El medidor del aceite había desaparecido, igual que el respiradero.

A continuación, Parker negocia con el dueño para que haga los arreglos que le permitan llegar como sea a su destino. Y el viaje es una penuria, con el camión que pierde aceite y agoniza sin saber si va a llegar a su destino. Aunque uno no entienda de mecánica, hay un virtuosismo notable en la narración que la hace enormemente disfrutable.

Me gusta mucho este libro. En el primero de la serie se me aparecía todo el tiempo Lee Marvin, pero ahora, cuando sé que Parker no tiene sus rasgos, leo con más libertad y disfruto de un autor que me parece completamente nuevo. Y además, Westlake no está desesperado por crear un innecesario suspenso y cuenta tranquilo, disfrutando del paisaje geográfico y humano.

Foto: Flavia de la Fuente

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9 comentarios to “Intrascendencias (125)”

  1. stv Says:

    Guillermo Piro es otro fan de Donald Westlake y sus alias (igual que de Andrew Vacchs). Un libro que me encanta de Richard Stark es “La luna de los asesinos” y recuerdo otro desopilante, firmado como Donald Westlake que se llama “La esmeralda candente”. Si mal no recuerdo también entre varios guiones participó de “The Grifters” película de Stephen Frears.

  2. stv Says:

    Como dato de color “La luna de los asesinos” fue traducido por César Aira en los años 70 para Emecé.

  3. stv Says:

    Esto es lo último que comento porque parezco un pesado. Q, me acordé que hay una remake de “Payback” (A quemarropa) de 1990, protagonizada por Mel Gibson. A mí me gustó mucho esa versión. Saludos.

  4. Johny Malone Says:

    Hay varias adaptaciones a la gran pantalla. ¡Hasta Godard hizo una, con Anna Karina haciendo de un Parker femenino! Hay otra con Jim Brown haciendo de Parker negro. Y la última con Jason Statham haciendo de Statham insoportable.

  5. stv Says:

    Hola Johny: la que mencionás con Jim Brown está bien? Ni la conocía.

  6. Johny Malone Says:

    No la vi, sé de ella por esta entrada: http://thrillingdetective.com/parker.html. Si es Jim Brown, pésima no debe ser.

  7. Johny Malone Says:

    Raro que Q no se acordó de la de Godard…

  8. Gervasio Says:

    La novela de la que habla stv es The Hot Rock, de la serie con el ladrón Dortmunder y sus amigos, que son las novelas policiales “de comedia” de Westlake. Por lo general son muy divertidas. Esa novela fue llevada al cine por Peter Yates con Redford y Segal, “Un diamante al rojo vivo”. Westlake era tan bueno que la única película de Costa Gavras en la que uno no se duerme, “La corporación”, está basada en una de sus novelas.
    Westlake era muy amigo de Lawrence Block. Cuando falleció, Block habló sobre él en The Mistery Book Shop, una librería especializada en policiales, sita en New York.

    sdos.

  9. saint jacob Says:

    …Yo aún no decido si ‘la mejor de Boorman’ es ‘A Quemarropa’ o ‘La Violencia está en Nosotros’… con todo, creo que son las dos realmente buenas que hizo…

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