Noticias policiales

Publicado en Perfil el 28/10/12

por Quintín

No hay nada como la literatura de evasión cuando se hacen vuelos largos. No hablo de evadirme de la realidad política y social (del kirchnerismo o de las derrotas de River, por ejemplo), sino de una realidad más acuciante: la claustrofobia que provoca estar en un avión más de diez horas. Para mí literatura de evasión fueron siempre las novelas policiales y así me armé de un trío para viajar a Madrid.

Empecé con El triturador de huesos de Wolf Haas, un austríaco nacido en 1960 que inventó al detective Brenner, un ex policía lento, de pocas luces, representativo de la Austria profunda, cuyos pensamientos y hazañas relata en un alemán dialectal que traducido en España da frases como esta: “porque a día de hoy, si conduces a 190 todo el rato, para 190 kilómetros necesitas exactamente una hora”. Pero ni Brenner ni Haas son tan tontos como parecen y se encargan de plantear y resolver unos crímenes complicadísimos que ocurren entre personajes tan sórdidos como los cerdos humanos que protagonizan las películas de su compatriota Ulrich Seidl. Así y todo, no deja de ser un mérito que tanta grosería tenga su encanto. (Escribí “encanto” y no lo puedo creer del todo).

No habíamos comenzado a cruzar el Atlántico cuando le tocó al segundo libro: Calle de la Estación, 120 del francés Léo Malet (1909-1996) primer volumen de la serie con el detective Nestor Bruma que tardíamente empezó a traducir la editorial Asteroide (ya salieron por lo menos tres). La novela transcurre en 1941, durante la ocupación alemana, pero además fue escrita y publicada en ese período. Así, salvo por algunas dificultades atribuibles a la guerra, la vida resulta normal y los crímenes son los habituales. Calle de la Estación no vale la pena, salvo para investigar la literatura amordazada, como lo es seguramente la del chino que acaba de ganar el Premio Nobel. El fanfarrón y caricatural Burma no es interesante y la trama es inútilmente intrincada, tanto que abandoné el libro sin averiguar quién era el asesino porque daba igual. En la solapa dice que Malet fue surrealista, pero ya se sabe que la contribución de los surrealistas a la literatura (y al cine) no fue gran cosa.

Tras abandonar a Malet logré dormirme, de modo que no pude leer el tercer libro, sobre un comisario en tiempos de Mussolini. Pero al llegar a Madrid, me enteré de que Acantilado lanzó el faraónico proyecto de publicar las 192 novelas de Simenon. Tal vez se trate del único escritor cuyos libros de género están a la misma altura que los considerados puramente literarios (sea eso lo que fuere). Conan Doyle, por ejemplo, creía que sus obras serias eran mejores que las aventuras de Sherlock Holmes, pero era al revés. Del otro lado, John Banville, escritor de cuidada prosa, escribe unos policiales mediocres y perezosos. Simenon, en cambio, es una roca y es un acierto publicar los Maigret mezclados con los no Maigret.

Para publicitar el acontecimiento, Acantilado editó un librito que me regalaron en la librería con un relato de Simenon y textos de varios autores conocidos. Pero ninguno es satisfactorio, todos están congelados en verdades de consenso que ya no nos dicen nada. Leo Pietr el letón, primer volumen de la serie —también el debut del comisario Maigret— y me encuentro con un escritor colosal cuya incorrección política es flagrante. Ese hombre no solo se jactaba de haberse acostado con diez mil mujeres, también escribía que “todas las razas tienen su propio olor que detestan las otras razas” o que la judía “era de una belleza vulgar, animal”. Y lo escribía en 1932, cuando estas palabras estaban a punto de tener consecuencias terribles. No solo hay que interpretar el antisemitismo de Céline; el de Simenon llevaría también un buen rato.

Foto: Flavia de la Fuente

About these ads

Una respuesta para “Noticias policiales”

  1. Johny Malone Dice:

    Gran noticia la reedición de Simenon. Sobre la descripción que comentas de esa mujer judía, en la literatura noir se suelen hacer tipificaciones de ese tipo. Como no leí ese relato, no sé en qué contexto se dice. Referirse a la belleza de una mujer como vulgar y animal puede ser hasta una especie de elogio erótico (en la ficción noir, aclaro).

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 222 seguidores

%d bloggers like this: