Y el cuarto día descansaron
por Quintín
En algún momento hay que parar de comer y ese momento fue hoy. La noche de ayer fue una pesadilla. Nadie durmió bien y estábamos los tres agotados. Personalmente, la mezcla de jetlag, excesos de colesterol, caminatas y alcohol me dejaron arruinado. Pero antes de caer rendido, Lisandro nos había preparado un minibanquete doméstico, un tapeo de qualité.
Así nos sentamos a la mesa ratona para degustar morrones con ajo y aceite, jamón ibérico de cebo (no llegamos al de bellota todavía) con almendras, foie gras con cebolla caramelizada y platanitos fritos, entre otras cosas. Tres elementos se destacaron e hicieron la velada memorable.
Uno, aunque parezca mentira fue el tomate de la variedad raf comprado en la verdulería china de la esquina. Acá los chinos (al menos estos chinos) no venden comida rutinaria o subestándar, sino verdura de excelencia. Y para un argentino no hay nada mejor que un tomate. Un tomate fresco, dulce, que ya no se encuentran y que se puede comer como una fruta deliciosa.
El segundo elemento fueron los dos quesos de oveja, otra cosa a la que no estamos acostumbrados en las pampas. Comimos un Idaiazábal, queso duro ahumado que se produce en Navarra y el País Vasco. Lo acompañamos con una mermelada de membrillo. El otro era Flor de Esgueva, maravilla de Valladolid que se considera un campeón de los quesos curados (estacionados). Se parecía un poco al parmesano, pero más equilibrado. Flor de queso.
Dejo para el final el vino. Hace tiempo que Lisandro nos había prometido (no a Flavia que no toma, se había prometido a sí mismo y a mí) un López de Heredia, que según Alice Feiring es el único Rioja que se sigue elaborando de la manera tradicional y no se confunde con un vino que podría ser de cualquier otra parte. El Viña de Tondonia 2001 reserva se elabora con cepas ancestrales de uvas tempranillo, garnacha, graciana y mazuelo y un método sofisticado que incluye enormes cuidados y varios trasvasamientos. Este vino de 13 % de alcohol y 20 euros de precio (no es el top de la bodega) era ejemplar por el sabor, el equilibrio y la falta de aristas demagógicas. Como ocurre con algunos vinos argentinos, hay quien lo cataloga de “vino viejo” por oposición al “vno moderno”. Tiene razón Feiring, claro.
Tras la noche difícil que mencionamos, teníamos una cita con nuestro amigo Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya, la editorial independiente del grupo Random House. Constantino, a quien no veíamos desde el 2010, sufrió en el interin unos problemas cardíacos —bypass incluido— pero ya está reestablecido y con el buen humor de siempre. Tanto que me regaló a mí, el libro sobre Lenin que publicó hace poco. A mí. Un libro a favor de Lenin, imagínense. ¿Por qué me sentiré civilizado en Madrid y el gesto me cae tan simpático mientras que en Buenos Aires quiero asesinar a todos los leninistas? También nos llenó de libros (entre otros, conseguí Europa Central de William Volamann que quería leer hace tiempo).
Y así, como marca la tradición, nos fuimos al bar de la vuelta de la editorial a probar el tradicional jamón con tinto. Constantino fue crítico gastronómico y nos pasamos un rato hablando de vino. En particular, del Rioja crianza que nos trajeron, un poco dulzón y sin gracia. Bértolo suele pedir un vino joven para evitar que ese paso reglamentario por madera del vino con poco estacionamiento le dé apenas un sabor a vainilla sin que la relación entre la uva y la barrica se profundice. Casi todos los vinos de ese rango son así y casi en todas partes: parecidos entre sí, un poco aburridos y dulzones pero respetuosos de un paradigma de sanidad y robustez.
Más tarde compramos unos libros en la librería Antonio Machado, donde ejerce de librero el poeta, novelista y amigo Carlos Pardo, que entre otras virtudes tiene la de ser un gran lector. Después nos vinimos para el departamento donde Liso nos agasajó con otro tapeo, pero más moderado que el del día anterior porque no dábamos más. Comimos tortilla de papas (brillantemente hecha en casa), paté de sardinas portuguesas, navajas (unas almejas largas) y algunas sobras de ayer. El vino fue un Cortes de Cima 2009, vino del Alentejo portugués elaborado con tempranillo, syrah, petit verdot y touriga nacional. No estaba mal, pero nos preguntamos qué sentido tiene tomar un vino de una región remota para que se parezca al vino de acá a la vuelta, el que tomamos al mediodía (aunque el portugués era menos dulce). Uno lee la contraetiqueta del Cortes de Cima y dice:
Aromas elegantes y perfumados de frutos del bosque. En boca presenta una consistencia perfecta con notas de fruta madura y suculenta y un toque suave de madera, taninos sólidos y un final largo. Este vino se bebe con placer de joven, pero tiene estructura para evolucionar en la botella durante los próximos cinco a siete años.
Es una descripción que se puede encontrar en muchos vinos argentinos, españoles, etc., etc., elaborados en otros territorios y otras cepas. ¿Recorremos el mundo para tomar siempre el mismo vino?
Fotos: Flavia de la Fuente









octubre 22, 2012 en 8:42 pm
Acá hay que ir a la Avenida Alvear para conseguir un vino verde que antes lo tenían en la despensa de la esquina.
Acá no te aburrís nunca,pasás de los damascos turcos a las pasas de uva con semilla. Que recorremos el mundo para tomar el mismo vino es un consuelo.
Otro consuelo es lo que dijo el senador Yoma hoy: Que ocurre que el aceite de oliva va a Italia se envasa y se vende en Brasil.
octubre 22, 2012 en 8:43 pm
Gracias por seguir aclarando que Flavia no bebe. Es un placer seguir leyendo y conociendo algo más acerca del banquete madrileño inhouse o en la vereda.
octubre 23, 2012 en 4:38 am
“La editorial independiente del grupo Random House”. Lo que hay que leer…
octubre 23, 2012 en 5:08 am
Hablando de Random House y Bértolo, no dejes de leer CT (Cultura de la transición). Siempre es bueno saber por dónde van los desvaríos de la progresía oficial y multinacional.
octubre 23, 2012 en 7:20 am
¿Qué es “CT”?
octubre 23, 2012 en 8:44 am
CT es Cultura de la transición, un “concepto” progre de moda en España. Para muchos, es el libro del año; para otros, es el libro más estúpido del año. De ahí que sea interesante leerlo. Colabora la progresía oficial, de Bértolo y Gopegui a Echevarría y… ya no me acuerdo quién más. Cuesta 5 euros, lo que una copa barata.
http://www.megustaleer.com/ficha/P996946/ct-o-la-cultura-de-la-transicion
octubre 23, 2012 en 11:28 am
La foto del tio Stalin es reinquietante! Encima vestido de blanco, presentado como un angelito gordo. La banalidad del mal.
octubre 23, 2012 en 12:17 pm
Q. Muy cerca de ahi, en la calle Genova, cerca de la Plaza Santa Barbara tenes otra libreria con infinidad de libros en frances e ingles por dos mangos No me acuerdo el nombre pero no te la pierdas
octubre 23, 2012 en 2:57 pm
No te preocupes, que acá el Satlin-Leninismo te espera.
octubre 23, 2012 en 3:01 pm
Que bueno quedo el cuadro de Nini Marshal!!!!!! Tu depto es precioso.
Flavia toma fotos con la camara de Lisandro asi cuando viene me muestra todo el depto.