Publicado en Perfil el 21/10/12
por Quintín
Entre los conceptos de la psicología debería figurar la compulsión editorial, es decir, el deseo irrefrenable de publicar libros ajenos a pérdida. Sería una explicación para la cantidad de pequeñas editoriales independientes que pululan en la Argentina. Es cierto que muchas responden a la ebullición de un mundo literario y cultural lleno de jóvenes entusiastas, de aspirantes a escritores que necesitan canalizar su producción aunque eso vale solo para los sellos especializados en material argentino. Pero ¿cómo entender, por ejemplo, que en el curso de pocos días hayan aparecido en Buenos Aires tres ediciones locales de escritoras británicas minoritarias y fallecidas? El título de esta nota alude a un cuarto libro de una escritora minoritaria y fallecida, la colección de relatos de Jane Bowles publicada por Eterna Cadencia. Pero Bowles es americana y nos concentraremos en las damas inglesas.
La primera es Virginia Woolf (1882-1940), cuyos Cuentos completos salieron en Ediciones Godot. Godot es una editorial de izquierda, a juzgar por la publicidad de otros libros en las últimas páginas. Gramsci, Lukács, un estudio sobre la revista Barcelona, otro sobre la inexistencia de dios y hasta una obra del lingüista soviético Valentín Nikoláievich Volóshinov —traducido por Tatiana Bubnova— El Marxismo y la filosofía del lenguaje. Godot proclama orgullosamente que sus traducciones son “textos producidos por nuestro equipo, despojados de los modismos generados en otros países que traducen al español”, una frase que debería estremecer de placer a Guillermo Piro, campeón de la cruzada contra los traductores españoles. Editar a Woolf no es un exotismo, —está en la categoría “famosas y famosos”— aunque creo que el tratado del profesor Volóshinov debe ser más ameno que la intratable ficción de esta mujer.
Un poco más audaz es la decisión de publicar Muy lejos de Kensington, de Muriel Spark, de quien La Bestia Equilátera ya había impreso otros tres libros. Gracias a este trabajo de redescubrimiento Spark (1918-2004) se ha convertido en un clásico de suplemento literario: nadie habla mal de ella. Hay que reconocer que este libro es una delicia y está escrito, a los 70 años, desde un estado de felicidad absoluta. Spark es un curioso ejemplo de escritora católica, un término que hoy suena como una mera yuxtaposición de palabras, pero es la perspectiva desde la cual Spark le da voz a “la gente ordinaria” en la Inglaterra de los años 50. Esta rara variedad de thriller es también una discreta memoria erótica y un método para adelgazar (como bien intuye la tapa de Juan Pablo Cambariere). Y, de paso, ilumina de costado ese mundo editorial del que indirectamente hablamos al principio, lleno de chicas y ambiciosos y mal pagos en el que se mezclan estudiantes, aristócratas y desesperados.
El diván victoriano (1955) es una novela corta de Marghanita Lanski (1915-1988), autora inédita hasta ahora en castellano. Hay detrás una editorial nueva, Fiordo, un diseño muy elegante y una traducción al argentino de Martín Schifino. Lanski se dedicó a los diccionarios y no escribió mucha ficción, pero esta es una novela perfecta, escrita en los últimos momentos en los que cierta orfebrería literaria era todavía posible, tenía sentido fuera del academicismo y del marketing del estilo. Sobre una base fantástica (una mujer contemporánea se despierta en el cuerpo de otra a mediados del siglo XIX), Lanski construye una trama de deseos y terrores freudianos y una comparación muy aguda entre dos sociedades que no se diferencian tanto, como se nota en la imposibilidad que tiene la protagonista para demostrar que viene del futuro. Editar este libro es un gesto a la altura del distinguido virtuosismo de la obra.
Foto: Flavia de la Fuente

octubre 22, 2012 en 8:02 am
Leí con alguna esperanza dos novelas de Muriel Spark. Memento mori me pareció divertida, con algunos hallazgos, pero nada del otro mundo. Podría ser mucho mejor La intromisión es fallidísima. También existe la “compulsión a descubrir escritores geniales” olvidados; hace años fue Sandor Marai, luego la de El baile. Nunca son del todo malos; nunca son la maravilla que aseguran las contratapas y los suplementos.
octubre 22, 2012 en 10:45 am
En lugar de hablar pavadas por adelantado, leé Lejos de Kensington y después contame.
Q
octubre 22, 2012 en 11:19 am
Adhiero calurosamente. Lejos de Kesington es puro disfrute y la Sra Hawkins un personaje entrañable del que cuesta despedirse cuando se termina la novela.
octubre 22, 2012 en 2:42 pm
No sé por qué la agresión innecesaria, Quintín. No dije ninguna “pavada”; simplemente dije que otras dos novelas que leí de Spark no me parecieron ninguna genialidad. Una -Memento mori- es más o menos buena pero nada del otro mundo; la otra -La intromisión- es sin dudas mala. Con Marai y con Nemirosky me pasó lo mismo: aparentes joyas olvidadas que después no brillan demasiado. Quizá leo Lejos de Kensington, quizá no. Los antecedentes no me predisponen demasiado a hacerlo.
Por lo demás, hace unos meses decretaste de un plumazo que Coetzee era malo luego de leer una sola novela. Yo por lo menos leí dos.
octubre 22, 2012 en 4:54 pm
Je,je. Pero a mí no me gusta Marai ni Nemirovsky, por eso te lo digo.
Saludos
Q
octubre 22, 2012 en 5:17 pm
Además sospechado alguna ironía en la oración “Gracias a este trabajo de redescubrimiento Spark (1918-2004) se ha convertido en un clásico de suplemento literario: nadie habla mal de ella”. Pero evidentemente no la había.
Saludos,
P.
octubre 22, 2012 en 5:25 pm
Debe leerse: “Además había sospechado…”.
octubre 24, 2012 en 10:47 pm
¿En serio Muriel Spark es buena y Coetzee es malo? No tengo nada contra la ilustre dama, indudablemente conoce bien su oficio (más allá de que, como dice Larsen, tampoco es nada del otro mundo -cosa que, también comparto, suele suceder con estos “redescubrimientos”), pero de ninguna manera puede compararse con Coetzee. “Esperando a los bárbaros”, “Vida y época de Michael K” y “Juventud” son tres obras maestras, aunque admito que “Desgracia” es una novela muy fallida inexplicablemente inflada hasta lo indecible por la crítica (especialmente angloparlante).
octubre 25, 2012 en 5:35 am
Otro que ataca el libro de Spark sin leerlo. Solo porque leyó otro. Qué gente peleadora. Es buenísimo ese libro.
Ah, Esperando a los bárbaros me parece una auténtica porquería. Las otras que menciona de Coetzee no las leí.
Q
octubre 25, 2012 en 7:48 am
Mi estimado Quintín, me parece que no leyó bien mi comentario. Nunca dije que ese libro particular de Spark fuese malo, ni bueno, ni regular; de hecho, no dije nada sobre él. Sólo dije que, leyendo a ambos autores, noto una considerable diferencia de categoría, la diferencia entre un escritor mayor y una interesante escritora menor.
Y no, no tengo intenciones de pelearme con nadie.
Ahora, si a usted “Esperando a los bárbaros” le parece “una auténtica porquería”, está en todo su derecho.
Mis respetos,
Rodríguez