Publicado en Perfil el 7/10/12
por Quintín
Leí dos libros fascinantes y no logro acordarme cuál de ellos formula esta paradoja sobre los artistas famosos: que el público está mucho más interesado en la persona que en la obra, pero que es necesario construir una obra para que el público se interese en la persona. Uno de los libros es Mis modelos de conducta, de John Waters. El otro es Dos vidas, de Janet Malcolm, y en ambos se expresa involuntariamente otra paradoja que hace a la escritura de la no ficción americana (a esta altura universal): el arte de la biografía consiste hoy en un descenso a los infiernos más privados del protagonista porque la obra solo merece ser apreciada si se los conoce.
Pero vayamos por partes. El libro de Waters es una colección de artículos que alterna las memorias con el tipo de periodismo que se encarga a la gente famosa para que hable de otra gente famosa. A Waters le salen mejor cuanto menos famosos son los retratados. Cuando le tocan Johnny Mathis o Little Richard, es muy profesional pero no del todo interesante. Mejora notablemente cuando habla de sí mismo, de sus gustos y sus manías. En el mismo nivel están las semblanzas del trabajo Kei Kawakubo (deconstructora de la alta costura) y de los artistas de vanguardia cuyas obras colecciona. Pero lo mejor del libro, lo que lo vuelve realmente valioso, son las historias de tres perdedores. Rara mezcla de gran frívolo con campeón de los desvalidos (así es su cine), Waters se acerca a Leslie Van Houten —ex integrante del clan Manson condenada a cadena perpetua— para retratar a una víctima de la atrocidad del sistema carcelario. Y alcanza su cima en el capítulo dedicado a Bobby Garcia y David Hurles, oscuros creadores de cine pornográfico gay, a los que Waters eleva a la categoría de genios artísticos, aunque hoy están tan sumergidos en la sordidez y la miseria que no tienen dinero ni para comprarse una cámara. Waters sostiene que las películas de sexo con marines fornidos de Garcia y con individuos violentos y peligrosos de Hurles son obras maestras que deberían ser exhibidas en los museos. Y acaso lo hagan algún día, menos por su mérito intrínseco que a raíz de que Waters llamó la atención sobre la vida privada de sus autores.
Parecida es la conclusión del libro de Malcolm, dedicado a la misteriosa y excéntrica pareja compuesta por Gertrude Stein y Alice Toklas. Permítanme recordar que Stein escribió la Autobiografía de Alice B. Toklas y allí la autora le hace decir a su compañera que conoció solo tres genios, Picasso, Whitehead y Stein: es una de las frases más graciosas de la historia de la literatura. Malcolm inquiere en algunas cuestiones delicadas, como que Stein trabajaba duro para procurarle orgasmos a Toklas (y no al contrario, como hacía suponer su relación fuera de la cama) o las indescifrables razones por las cuales dos lesbianas judías americanas pasaron la guerra en la Francia de Vichy sin ser molestadas por los nazis, pero no está del todo convencida de que Stein sea un genio, aunque alguien que se dio cuenta de que había que abolir la comas para terminar con el realismo y con el siglo XIX no puede ser un escritor menor. Sin embargo, nos introduce en las conversaciones de un grupo de eruditos, devotos de Stein, quienes lamentan que uno de ellos nunca haya dado a conocer los cuadernos y las confesiones que Toklas le mostrara en 1952. La idea es que si los secretos más abyectos se revelaran finalmente, la Academia (muda ante la refractaria escritura de Stein y su incorrección política) tendría material para que la monumental Ser americanos entre en el canon literario y se convierta en lectura escolar. Creo que es hora de abordar ese ladrillo en dos tomos, pero la perra se comió el primero y nunca conseguí el segundo.
Foto: Flavia de la Fuente

octubre 7, 2012 en 1:25 pm
ser americanos es un libro visual y sonoro, es genial, arduo, requiere casi una entrega religiosa para ser soportado. haría falta una legión de monjes formalistas para ser recitado en voz alta. horas y horas de recitado frente a una buda gorda y rapada que lanza improperios al aire cada vez que sus discípulos pierden el ritmo. cuál es el sonido que produce una sola mano aplaudiendo? la risa de stein.
octubre 8, 2012 en 11:52 pm
Deberias leer, completo, entero, “Camara Gessell”. Argentino, Guillermo Saccomano. Bue, cierto que todo lo argentino , salvo algunas cositas, te producen puaj¡¡¡
octubre 11, 2012 en 4:47 pm
John Waters es un gran entrevistado. Lo escuché presentar este libro, Role models, en varios lugares, y fue excelente. Lo mismo pasa con muchos otros artistas yanquis (escritores, actores, etc), son muy buenos entrevistados, muy buenos dando charlas, te arman el show entero. En cambio muchas de las charlas, entrevistas, presentaciones, etc, con artistas acá me parecen soporíferas. Quizás tenga que ver con la radiación esnob ambiente, que acá me parece que está a niveles de alerta naranja.
octubre 11, 2012 en 5:22 pm
La diferencia es que los tipos trabajan, incluso cuando dan una entrevista. Y ni hablar una charla pública. Acá te hacen el favor.
Q
octubre 13, 2012 en 12:51 am
Y si, hay que reconocerlo, los yankis son espectaculares. El problema que hay que entender ingles, y no te dicen lo que cobran por el “trabajo”.