Haciendo cine

Publicado en Perfil el 22/7/12

por Quintín

Hace poco trabajé en una película. Así se dice, pero no estoy seguro de haber trabajado, ya que mi participación fue mínima y no requirió ningún esfuerzo porque hice un cameo. La película se llama El crítico y la dirige Hernán Guerschuny (quien también dirige la revista Haciendo cine). Sé poco del argumento: es una comedia romántica protagonizada por un crítico de cine serio y amargado (Rafael Spregelburd) que se enamora de una chica simpática y vital que no es crítica de cine (Dolores Fonzi).

A las siete y media de la mañana me presenté en un lugar familiar: la puerta de Vigo, una pequeña sala de cine de la calle Ayacucho en la que desde tiempos inmemoriales se hacen funciones para la prensa. Estuve durante toda la jornada y la experiencia fue toda una novedad para mí. Como periodista, me había tocado asistir a alguna filmación, pero nunca estuve más de un rato y siempre con la sensación de estar molestando. La escena que se filmó aquel día corresponde al principio de la película y es así. Spregelburd llega a Vigo donde ya están reunidos sus colegas en tren de depredar las medialunas que le ofrece la productora (yo soy uno de ellos). Los críticos, provistos de pressbooks y remeras, charlan entre sí y se muestran maliciosos y pedantes. Spregelburd atraviesa los corrillos, toma café, come alguna medialuna y se va a sentar en la primera fila del microcine (al lado mío) mientras los críticos terminan de demoler una película que ninguno ha visto. Entonces, Spregelburd se acomoda en el asiento. La cámara se le acerca y lo observa mientras se pone los anteojos y extrae un anotador y una lapicera luminosa (solo el 0,1% de los críticos del mundo usa una lapicera luminosa, pero el cine es un universo de clichés). Las luces se apagan y la proyección comienza. Corten.

La escena no durará en la pantalla más de dos minutos, pero nos llevó todo el día a unas cincuenta personas que trabajaban en una atmósfera de cordialidad y camaraderia. El buen humor iba acompañado de un gran profesionalismo: los actores éramos atendidos con esmero y cada departamento se desempeñaba con ejemplar dedicación. Marcelo Lavintman, el director de fotografía, compartía la pesada cámara al hombro con una asistente muy flaca, pero resistente; los sonidistas, encerrados en una habitación contigua, atendían a la mínima perturbación en el ambiente; la maquilladora recomponía la cara de los protagonistas y de los extras; el director consultaba con su equipo cada toma y analizaban el resultado con gran espíritu democrático; afuera, un trailer servía de vestuario, pero allí también me entrevistaron allí para el making of. De acuerdo con los convenios laborales, paramos una hora para comer todos juntos en un restaurante vecino. Todo se hacía de acuerdo a reglas que eran estrictamente supervisadas. Baste decir que cuando llegué a la filmación ya había un inspector sindical que anotaba en una planilla la hora en la que cada afiliado había entrado a trabajar.

El lector se preguntará por qué todo se demora tanto, pero es así. Cada plano se ensaya, y luego se filma muchas veces porque hay una pequeña falla o para buscar un mejor ángulo. Para dar un ejemplo: cuando los críticos empiezan a mirar la película, para que el haz de luz del proyector aparezca en la imagen hay que utilizar un humo especial. Sincronizar el momento de máxima humareda (sin ahogar a los presentes) con el momento preciso de la toma no es un asunto fácil y hubo que intentarlo varias veces. Pero todo el mundo aguardaba paciente en el set o salía un rato afuera, donde una mesa de catering amenizaba la espera. Una señora mayor que pasaba por la calle preguntó a cuánto vendían el sándwich y terminó sugiriendo que le regalaran uno. Fue la única nota disonante en un día perfecto.

Foto: Flavia de la Fuente

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4 comentarios para “Haciendo cine”

  1. AleAlmendra Dice:

    y te paree una nota disonante que una viej pida que le regalen un sandwich?
    cuánto que habla de vos esa afirmación…

  2. Janfiloso Dice:

    ¡Qué bien sonaba almendra hace muchos años!
    Lo disonante, en el texto, no lo es en abstracto si no en concreto.
    P. Ej. Quintin seria disonante en una reunión de la Cámpora, y AleAlmendra lo seria en reunión de semiologos.
    Una señora mayor (no una “vieja”) pidiendo un sandwich no es disonante en si, si no en el contexto del relato en el que se usa la figura “nota disonante” de origen justamente, musical.
    No sé para que mierda contesto, pero venia leyendo un post divertido y curioso y leer un comentario al pedo me enojó.

  3. ctomatis Dice:

    te felicito por escribir “making of” y no “making off” como el ejercito de animales que no saben que “making off” significa “dándose a la fuga”

  4. Velcro Dice:

    Tendrá esto, y no lo digo como algo malicioso, consecuencias en el criterio de Q a la hora de criticar una película?

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