Fotonovela de aprendizaje (4)

por Flavia de la Fuente

Con los ánimos que me dio este comment de Betina Z, decidí seguir contándoles cómo voy con mi aprendizaje. La última clase me pareció demasiado teórica; digamos que trataba de qué es la imagen digital, cómo funciona la cámara, qué son los colores, en fin, cosas muy complicadas y que no sé cómo profundizar porque son temas muy amplios y difíciles de verdad.

Lamentablemente, sé que nunca entenderé cómo funciona la cámara digital, que solo lograré repetir como un loro lo que nos enseñó el profesor. Que el sensor, los fotocitos, las plaquetas, en fin, nada. Porque no sé un corno ni de física ni de química ni de óptica ni de nada de nada. Pero, a no desalentar, me grito, sigamos adelante.

Y los colores qué. Qué es el color, que la máquina funciona con RGB (red, blue, green) y cada uno tiene valores entre 0 y 256. El 0 es el blanco y el 256 es el negro. O al revés, no me acuerdo. Nos enseñaron a ver en el Photoshop con el gotero cuánto mide cada pixel en valores de rgb. No sé, quizás debería pasarme todo el día mirando cuán verde era mi valle (la película es en blanco y negro). No sé. Les juro que no sé cómo practicar estas ideas. Y menos que menos entenderlas. Me doy cuenta, obviamente, de que una combinación de grados de 256 aquí y allá es lo que forma la imagen, pero nada más que eso.

Hoy voy a ver de nuevo los videos del profesor Molinari para ver si alguna lucecita se enciende en mi cerebro adormecido.

Mientras tanto, les cuento que avancé un poco con la fotografía de los objetos marinos, que esta semana me salvaron de caer en una depresión absoluta. Porque si no hubiese sido por Feininger y sus fotos de la naturaleza, esta semana no habría sabido qué hacer, y me habría pasado el día deambulando por la playa llorando a lágrima viva porque Solita tiene 4 años y le queda poco tiempo de vida, y cosas así. Es que para colmo, durante el fin de semana se me dio por releer El malogrado de Bernhard, porque siempre que ando medio deprimida me dan ganas de leer algún libro de Bernhard, porque me siento menos sola, veo que hay muchos deprimidos en el mundo, que no soy la única. Pero lo cierto es que los libros de mi amigo austríaco me alivian, casi diría que me producen una especie de placer malsano. Eso sí, nunca me llevo a Bernhard a la cama. A la cama en estos días me lo llevo a Depardon y su maravilloso libro Errance, que es el relato de una errancia fotográfica, como esta novela, pero con fotos maravillosas en blanco y negro de Depardon. El invierno no es fácil en San Clemente. Y, para colmo, la hija de Neptuno no puede nadar. Y si no nada, aunque camine mucho, no se siente bien. Pero mejor volvamos a lo nuestro, a las fotos de caracoles.

Resulta que las subí al curso, para compartir con mis compañeros y una de las chicas, Marta, que es muy buena fotógrafa, enseguida se dio cuenta de que estaba usando mal la luz. Me explicó que para que se resaltaran las texturas tenía que usar una iluminación lateral y no cenital, como la que yo había usado. Al rato apareció la profesora Caro y dijo lo mismo. Así que probé y fue mágico, las fotos mejoraron notablemente.

Entusiasmada, en otra caminata con Soli me la pasé juntando caracoles. Hasta me traje una pata de cangrejo muerto. Esta vez logré vencer la aversión y me traje un trozo de cadáver. Esto de la fotografía va a terminar convirtiéndome en un monstruo. Pero además del muerto, me traje un farito, esos caracolitos bien finitos y largos, como su nombre lo indica. Son bien diminutos y no pude encontrar la forma de sostenerlos en mi set. Me hubiese gustado fotografiar a mi farito separado del fondo, pero no se me ocurrió cómo hacerlo. Vino Pita y me dijo que lo pusiera cabeza abajo y con la punta clavada en miga de pan o en cáscara de papa. No sé, todavía no lo intenté, eso lo voy a probar tal vez mañana.

Estas fotos las tomé usando como fondo mi gorra de natación de goma, que tiene un degradé de grises. Usé una luz lateral pero me parece que la puse muy cerca del objeto, creo que lo quemé. Usé nuevamente el lente de 42 mm y el Manfrotto, del que no me puedo despegar.

En esta otra intenté sostener con algo el farito, pero no logré nada especial. Creo que es otra foto demasiado expuesta, pese a que yo la oscurecí muchísimo en el revelado.

Por último, a la vuelta de la playa, decidí probar de nuevo con la luz del sol, que entra de manera lateral por mi ventana. Creo que esta foto quedó mejor. Además, le saqué todos los colores menos el amarillo, por eso se ve tan rara.

Por último, le quería decir a Betina Z que la espontaneidad no se pierde cuando uno aprende fotografía. Cuando yo quiero sacar fotos de las perras, por ejemplo, en la playa cuando voy de paseo, pongo la cámara en modo P y que sea lo que sea, si no, hasta que me acomodo las perras se fueron a Mar del Plata. Lo que sí produce esto de aprender fotografía de manera formal es una angustia difusa e intensa, de qué va a poder hacer uno con todo lo que aprende, si va a estar a la altura de los nuevos conocimientos o si va a seguir sacando las mismas fotos como si nada hubiese pasado. Esos pensamientos sí que me acosan, y tengo pánico de mis propias limitaciones. Pero es así. Alguna vez hay que enfrentarse con las propias limitaciones y ver si se las puede vencer o no. Lo más probable es que uno no las venza, que apenas logre mejorar un poco la calidad técnica de las fotos, y esa idea es dolorosa. Porque es más fácil pensar que a uno no le salen las fotos de Henri Cartier-Bresson porque no sabe que porque no tiene talento. En fin, que ahí estamos, en la lucha.

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2 comentarios para “Fotonovela de aprendizaje (4)”

  1. Luis Dice:

    Me gustan estas fotos, la última sobre todo. Me parece que atravesarás un período en que te parecerá no haber aprendido nada,pero solo será tu sensación porque significa que incorporas la técnica naturalmente. Además,ninguna persona mas insegura de su conocimiento que la que se toma el saber en serio.
    Lindas notas.

  2. Betina Z Dice:

    Qué bueno que seguís contando, Flavia.
    Entiendo tu desazón con esta parte de la teoría: lo mío tampoco fueron ni son las ciencias exactas, así que estaría igual de perdida con ese tipo de datos. Con respecto a que no sabés cómo practicar esas ideas, ¿el/la profe no les propone ejercicios al respecto?…

    Los objetos marinos me gustan de por sí, he recolectado cientos de piedras, caracoles y omnis (objetos marinos no identificados) a lo largo de mis vacaciones. Y las fotos que subiste son muy interesantes. Los caracoles parecen flotar en el espacio, en un cielo negrísimo y estrellado, ¡se ven bellos! La foto que más me gusta es la segunda. Y también el ¿huevo de raya? (parece una joya, como si tuviera gotitas de oro).

    Sí, tenés razón, seguramente no se pierde espontaneidad. En todo caso, uno puede elegir cuándo es el momento de poner la cámara en P (y no perderse un momento irrepetible de Soli, por ejemplo) o cuándo producir una foto hasta que dé el resultado que uno busca. Si me permitís , yo que vos no me angustiaría tanto. ¿Por qué?… Si intuitivamente tenés el ojo y la sensibilidad suficientes para sacar fotos hermosas, el conocimiento que estás adquiriendo no puede sino mejorar eso que ya tenés.
    Claro que todo depende de las expectativas de cada uno, pero insisto: olvidate de Cartier -Bresson, relajate, disfrutá y divertite ( de lo contrario, solo pensando en Cervantes o en Borges, nadie osaría escribir la más mísera palabreja …)

    Un beso

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