Una idea sobre Moneyball
por Quintín
No me gustó Moneyball. La vi sin dificultades, me interesa el tema, tiene ingenio y algunas buenas escenas. Pero me pasó lo mismo que con El contable hindú, el libro de David Leavitt que leí la semana pasada. Aunque este se basa en una historia de matemáticos y la película habla de béisbol, ambos son parte de lo que uno podría llamar la neoficción documental anglosajona, un nombre pomposo que se me acaba de ocurrir para designar los relatos que se apoyan en hechos muy conocidos y se mantienen fieles a ellos salvo en lo que hace a detalles secundarios. Creo que el cine clásico ha sido reemplazado por esta forma narrativa híbrida apoyada en la investigación y el ingenio para contar lo que ya se sabe agregándole los viejos trucos hollywoodenses: secundarios brillantes, líneas de diálogo recordables, situaciones afectivas colaterales, un pasado que oprime, un dilema intelectual subyacente, un suspenso apoyado en que el espectador ignora o no recuerda lo ocurrido. Es un cine en el que solo cuentan las vueltas del guión y la verosimilitud que la realidad aporta sostenida en las estrellas. Hablé también de literatura, pero lo cierto es que la novela de Leavitt parece escrita por un guionista en busca de un productor con deseos de invertir el dinero suficiente para la reconstrucción de época. Como si estos libros y películas padecieran de anemia y necesitaran una transfusión de los famosos hechos reales para insuflarles vida. O como si presupusieran un espectador que ha dejado de creer en la libertad y la imaginación, para no hablar de la experimentación.
Me harté un poco de de leer estos libros, de ver estas películas que solo excepcionalmente (Invictus, Zodiac) me emocionan o me dejan satisfecho. Pero me molesta algo más que este método y la estética tan convencional que suele poner en juego. Creo que así como una película como Moneyball deja el cine por la mitad y no va más allá de lo convencional y lo probado (digamos que su aspiración máxima sería una Casablanca desleída y nunca The Searchers), tampoco dice toda la verdad ni explora su tema con la honestidad intelectual que podría. Se conforma, por el contrario, con verdades a medias e ideas superficiales, fáciles de comprender y transmitir. Aunque sean falsas. Pero es lógico que si alguien reduce el cine a la escritura, también reduzca la información al periodismo.
Tal vez lo más interesante de Moneyball sea que su estrategia cinematográfica tiene relación con lo que cuenta. En cierto sentido, puede pensarse como una apología de esta especie de telefilms de neoficción, en este caso un cuento deportivo. La película trata sobre Billy Beane, Manager General de los Atléticos de Oakland en 2001 (algo que en fútbol equivaldría al Director Deportivo, el tipo que compra los jugadores y supervisa al técnico, aunque la división del trabajo no es exactamente la misma). Trasponiendo los deportes, Beane tiene obsesiones e ideas similares a las de Marcelo Bielsa. Es decir, que el juego debe ser más sistema que improvisación, más estadísticas que Riquelmes. Esta idea se potencia cuando el equipo se queda sin sus mejores jugadores y debe iniciar la temporada con un presupuesto muy bajo para reemplazarlos. Allí aparece Peter Brand, el ayudante ideal: un freak graduado en Yale que refuerza la fe de Beane en los números (la escena en la que Beane conoce a Brand es la más lograda, la única de estatura clásica en la película). Curiosamente, Beane tuvo una trayectoria similar a la de Bielsa: se retiró muy joven como jugador para dedicarse a dirigir. Y también, como Bielsa, representó la modernización de ciertas ideas románticas, ligadas a la vieja guardia. El enfrentamiento entre Beane, armado con sus libros de estadística del pionero Bill James, contra los viejos scouts y periodistas amantes de la intuición y las tradiciones podría representar una confrontación entre Bielsa y el Coco Basile.
Beane y Brand proponen una táctica que parte de no arriesgar, de hacer que el equipo juegue de acuerdo con ciertos parámetros sin desviarse de un pragmatismo codificado (no robar bases, no tocar ni hacer sacrificios, llegar a la primera base como principal objetivo de todo bateador). Como para que no parezca todo tan crudo también hay en Beane algo romántico que se conecta con su pasado: no quiere aceptar ofertas basadas solamente en el dinero. Sobre el final, Beane se encuentra con quien parece el dueño de los Medias Rojas de Boston. Este le comunica su intención de aprovechar el dinero para terminar con los “dinosaurios” y hacer que el béisbol ingrese en la era científica, sin importarle lo que digan los demás. Allí, el millonario enuncia el discurso de la película y caracteriza a los viejos entrenadores, dueños, managers y periodistas como gente que no entiende el juego y que no ha advertido lo que se viene.
La película incluye una hijita encantadora que canta, típicas escenas de entrenamiento y de vestuario, una recorrida por los tópicos del béisbol y a Brad Pitt rompiendo mesas y haciendo caras mucho más allá de lo necesario. Pero Moneyball deja claro quiénes son los villanos: esos viejos conservadores que creen que saben porque estuvieron mucho tiempo allí, abusan de su poder y le mienten al público. Y también que la corriente joven y científica llegó para barrerlos. En ese punto la película se hace maniquea en su ideología deportiva y no reconoce mérito alguno en los adversarios: los pinta como perezosos, ignorantes e inútiles. Y los acusa de esconder detrás de la defensa del talento individual y las tradiciones la intención espuria de mantener sus puestos.
Y allí es donde creo que el equipo del director Bennet Miller y los guionistas Zaillian y Sorkin hacen de esta situación tan claramente definida, tan aplastada para que se haga comprensible y el espectador tome partido, una defensa de su propia manera de entender el cine como una máquina industrial orientada desde un libreto que todo lo condiciona. El juego que le hacen proponer a Beane tiene la misma falta de libertad y de riesgo que Moneyball. La película da su versión cómoda y simplificada de una cuestión tan fascinante como la táctica en el deporte.
Lo primero que aparece en Moneyball es una frase de Mickey Mantle, un famoso beisbolista, en la que reconoce ignorar muchas cosas de un deporte que practicó toda la vida. Pero Moneyball no está a la altura de esa sinceridad: aunque explica muchas cosas, su propósito no es revelar sino esconder de otro modo. Su filosofía es que el manager y el guionista lo saben todo. Y que el público se conforma con lo que le ofrezcan. Se trata de dotar a la máquina de recursos y ponerla a funcionar.
diciembre 28, 2011 a las 7:33 pm
Me quedo con la idea de una historia de amor construida con materiales equívocos y de un personaje que sufre porque está atado a lo único que le es esquivo. No en vano hay pocas escenas de béisbol propiamente dicho y la única equivalente a la arenga de vestuario es la de Beane metiendo un anticlima. ¿Puede uno estar enamorado de un deporte si es bueno para la rosca, la compraventa de jugadores, el regateo mediático, las relaciones de poder, pero es un mediocre jugador y padece como DT? La película me hace esa pregunta y, a mi juicio, la responde en el propio desarrollo.
Lo que sí: el rechazo a la oferta de los Medias Rojas me hizo un poco de ruido, justamente porque introduce una idea moral distinta a lo que venía promoviendo, que es que existe nobleza en zonas poco homologadas por el romanticismo.
Es cierto que también hay una mirada un poco distante por parte del director, que planea por sobre toda la historia, pero a lo mejor sea para no meterse en terrenos de Any Given Sunday.
diciembre 28, 2011 a las 7:43 pm
Hay mucho de tópicos debéisbol. EL diálogo con David Justice, la escena de indisciplina en el vestuario, la idea de que perder es lo peor que existe. Es cierto, no es la historia de un campeonato ganado, no hay muchas escenas de partidos. Pero la épica de un personaje como Bielsa, atormentado y neurótico. Pero ese amor por el béisbol se le niega a todos salvo a los que piensan de un modo determinado. Los demás (incluidos los jugadores y el técnico, no tienen importancia en el juego). La película está enunciada desde el poder. La película trata de algo interesante, pero lo diluye en anécdotas ilustrativas y esquemáticas, que parecen páginas de un libro más articulado.
Q
diciembre 28, 2011 a las 7:44 pm
Excelente, Q. Aunque la película me gusta igual. Yo creo que es a la inversa: que en realidad -lo mismo pasa con Red Social, también con guión de Sorkin- está efectivamente diciendo que hay un nuevo mundo y que se basa en reglas estables y perfectamente manipulables con el saber correcto (la famosa “sociedad de la información”) pero que en realidad eso es el infierno. Porque en el último instante, lo que queda claro es que los Red Sox ganan su campeonato y Billy Beane jamás lo logra: el punto es, justamente, que le va a faltar siempre el “factor Riquelme”. Así como el protagonista de Red Social gana el mundo y pierde todo contacto con la Humanidad. Sorkin -esta es una película de guionista- se sincera diciendo que el cine de ingenieros es una bosta. Y por eso es que la escena que vos decís es la más humana de la película, porque la juegan solos Pitt y Jonah Hill (a diferencia de la del despido, que parece cronometrada y ensayada cien millones de veces, puesta por puro contraste). La frase central del asunto está en Red Social: “Todo mito de la Creación necesita su Lucifer”. Por ahí viene el asunto, creo.
diciembre 28, 2011 a las 7:53 pm
Ahora me dieron ganas de ver Red Social. Me cuesta ver las ambigüedades en la película, aunque puede ser que estén. También debo confesar que me molestó mucho la actuación de Brad Pitt, compuesta por una serie de muecas y pautada por una aparente calma interrumpida por ataques de locura. Tal vez el personaje fuera así, pero justamente ese préstamo de los hechos reales le saca interés a la fábula, la hace muy periodística.
Q
diciembre 28, 2011 a las 8:26 pm
Sorkin es lo mas interesante que anda dando vueltas por Hollywood y por la television. Hay capítulos de The west wing que son impresionantes. Lo curioso es que el equipo pierde justo lo que necesitaba ganar y eso acaba con el discurso de la película. Los medias rojas no ganan en realidad con el sistema que el personaje de Brad Pitt quiere imponer porque los medias rojas gastan millones para aplicar el sistema. Es cierto que es una película claustrofobica por momentos, pero tiene buenos momentos.
diciembre 28, 2011 a las 8:34 pm
Red social deberías verla. Además está Fincher, que hace otra cosa. Es una película central, creo, en estos años.
Bueno, de todos modos me liberaste del miedo a que te guste El árbol de la vida: Pitt ahí hace las mismas muecas pero se lo toma en serio. Imagináte.
diciembre 28, 2011 a las 8:37 pm
Este debate sobre Moneyball?! Cuando estrenen algo decente (Tinker tailow bla bla?) habrá que armar un seminario … LOL
diciembre 28, 2011 a las 9:10 pm
La red social es muy cinemascope. La intenté ver pero no pude. ¿Habrá un DVD?
Q
diciembre 28, 2011 a las 10:12 pm
Igual el planteo de juego de Billy Beane es bastante amargo.
diciembre 28, 2011 a las 10:29 pm
Q, te agrego otra escena para reforzar lo que dice Bigote respecto del “factor Riquelme”. Cuando están por alcanzar el 20 triunfo consecutivo y el partido se les va de las manos después de estar 11 tantos arriba, lo ponen a batear a Hatti. El mérito del tipo, te lo dicen en toda la película y lo recuerda el relator, es que se sabe embasar, sobre todo por bolas. Sin embargo, ganan pq Hatti mete un home run. Ganan por algo que estaba afuera de las sabermetrics, un imponderable, un golpe genial. No hacen el menor comentario al respecto, lo dejan pasar. Yo creo que esa escena debilita mucho la aparente tésis cientificista, o al menos, la matiza.
diciembre 28, 2011 a las 10:50 pm
A mi me gustó mucho La Red Social, y no me gusto Moneyball.
La Red Social es un drama empresarial, no sé cómo encasillar a Moneyball.
Algo que tienen en común es que ambas películas tienen freaks de universidad de la Ivy League con alto coeficiente intelectual, capacidad matématica, se ve que Sorkin gusta de ese tipo de personajes.
Es como si el tipo se hubiera propuesto contar con sus guines la forma en la que los nerds están cambiando la sociedad moderna.
diciembre 28, 2011 a las 11:35 pm
Noriega. Y hay otra cosa en esa escena. Hatti no está jugando de titular como querían Beane y Brend durante toda la película. O sea que el proyecto de inventarlo como primera basa fracasa. Nada se dice de eso. Pero para mí eso tiene que ver con cierta chapucería general del guión en cuanto al escamoteo de detalles. Pero sí, lo del HR está en otra capa de la historia. Es un poco K el guión, como si hubiera una verdad para cada momento…
Q
diciembre 28, 2011 a las 11:38 pm
No creo que sea tan así. Al principio parece que es el nerd el que marca el rumbo, el que delimita la estrategia, pero el nerd no se tiene confianza, recula, y es el personaje de Brad Pitt el que lo hace sobreponerse, que lo estimula a continuar, que le dice que no tiene nada que perder y que él en cambio sí, que se la jugó el todo por el todo y si no gana esta no gana más, lo que resulta ser falso. Entonces al igual que Red Social es una película sobre corporaciones, sobre el valor del dinero versus el valor del prestigio, sobre el valor de la idea versus el valor de la ejecución de la idea, sobre el valor del riesgo versus la timidez del sueño. Es una película muy interesante que trastabilla un poco al final. Faltaba que apareciera el personaje de Seinfeld, Constanza, para cagarla del todo.
diciembre 29, 2011 a las 2:35 am
Creo finalmente que el cientificismo no alcanza y por eso en el momento clave la diferencia la hace un jugador. No es una vuelta de guión porque fue un hecho de la realidad. Al diablo con todos los cálculos! El genio, el virtuosismo finalmente es lo que les hace ganar el partido y mantener la racha.
diciembre 29, 2011 a las 9:46 am
Como dice Noriega, pero eso, para mí, es un mérito de la película, la tésis “cientificista” es aparente. Me parece que la película trabaja con pares de oposición (la experiencia de los viejos vs. los saberes de los jóvenes) pero no busca una síntesis o tomar partido por uno de esos términos. Baraja una serie de cuestiones que hacen al capitalismo y a “lo americano”, no todas de manera inteligente, pero aun así no me parece una película despreciable y, además, creo que es más compleja de lo que parece en un principio.
¿Notaron los pósters de The Clash que tiene el tipo en su oficina? Parece que BB es fanático de los Ramones y de The Clash. Me gustó el dato. Una suerte de punk de los negocios que no ataca el sistema, sino que intenta golpearlo en alguno de sus puntos débiles, para encontrar su lugar.
Otra cosa: Red social es una de las películas más importantes de los últimos años. Moneyball es un hijo menor, y algo tonto, de esa gran película.
diciembre 29, 2011 a las 10:47 am
No logro ver en la película ambigüedades sino más bien contradicciones. Por otro lado, la tesis cientificista se impone de punta a punta y si los jóvenes no son perfectos, los viejos son pintados casi siempre como malos y siempre como vulgares. Es cierto que el nerd vacila, pero a favor de la barrosa parte romántica de la película: las convicciones de Beane, su posición antisistema que se reduce (en la película, al menos) a que los bateadores lleguen a la primera base. Porque después hace lo mismo que el resto de sus colegas. Moneyball es otra película autocomplaciente sobre jóvenes profesionales y allí es donde la perspectiva del guionista (triunfar en la gran industria viniendo de la universidad, pero sin hacer demasiadas concesiones) empalma con la del entrenador. El resultado es esa cosa híbrida, con algún interés por el tema, rutinariamente filmada, con un Pitt insoportable y con demasiados agujeros. En fin.
Vuelvo a la escena que señalaba Noriega, la del home run que define el partido con KC. En definitiva, ahí interviene una decisión del manager, tal vez el más logrado de la película por la actuación de Hoffman (que casi no habla). Pero esa es una decisión natural en un partido y los bateadores, aunque traten de llegar a primera base, de vez en cuando la sacuden. La jugada tiene que ver con el suspenso de las 20 victorias y es como una digresión de la trama central que se reanuda cuando Pitt va a ver a John Henry.
Ultima. Está claro que el nerd y Hoffman son los dos personajes que sostienen la película. El primero está en el centro del conflicto como alter ego de Pitt. El segundo es el que equilibra un poco la situación humanamente. El resto de los personajes son no personajes: apenas clichés de jugadores, scouts, directivos. El nerd y Hoffman hacen el trabajo que Pitt no sabe cómo hacer, del mismo modo en que Beane contrata tres jugadores para reemplazar a su estrella. Tampoco es raro que en esa concepción del cine no haya lugar para que una estrella se luzca, como no la hay en el equipo de Beane. Por eso Pitt desentona tanto aunque sea el productor. Otra vez aparece el paralelismo: en ese juego colectivo, los Riquelme son una concesión no deseada a la audiencia (hinchada).
Q
diciembre 29, 2011 a las 10:52 am
Me parece por lo menos forzada la interpretación de Bigote, Noriega y Samurai. A lo largo de toda la película, y fundando su épica, el relato carga las tintas sobre este abordaje numérico y administrativo del deporte. Es cierto que es finalmente Hatti quien les hace ganar el partido 20; y es cierto que son finalmente los Red Sox, y su presupuesto millonario, quienes logran el campeonato. Pero en el primer caso, como dice Noriega, la película no se detiene de ninguna manera en el home run de Hatti, en el hecho de que sea un logro ajeno a la filosofía de Brand. Y no es por sutileza o por no ser discursiva que deja de hacerlo (es por momentos una película muy discursiva), sino sencillamente porque decide no abordar -o no sabe cómo hacerlo- los matices de una posible complementariedad entre las dos dimensiones de todo deporte: administración de la táctica, espontaneidad de la experiencia o del genio. Esta incapacidad se ve, sobre todo, en el hecho de que el relato no se ocupa de la relación problemática entre el personaje de Pitt y el de Seymour Hoffman, el técnico. Que es, dicho sea de paso, quien decide hacer batear a Hatti. Esa relación podría haber sido el centro del film, donde una y otra “concepción” del deporte encontraran concretamente su medida… y no queda claro por qué no lo es. Samurai dice que el home run de Hatti “no es una vuelta de guión porque fue un hecho de la realidad”. No veo por qué una cosa niega la otra. Al contrario: la aparición lateral, anecdótica, del home run de Hatti responde sólo a que se trató de “un hecho de la realidad”. Como si ese referente bastara para que la película no tenga que hacerse cargo de lo que en ella sucede.
Por otro lado, Bigote sostiene que el hecho de que sean los Red Sox quienes ganan el campeonato vendría a decirnos que en realidad no basta con los números y su administración. Pero esa idea no aparece de ninguna manera en la película. En principio porque, si bien Beane recurre a este “abordaje cientificista” a raíz de una urgencia financiera, esto no implica que un presupuesto abultado vaya necesariamente a contradecir a ese cientificismo. El caso de Bielsa en la selección argentina, dicho sea de paso y más acá de su fracaso mundialista, es de esto un ejemplo. Pero la lectura de Bigote me parece también forzada porque de hecho la película no nos dice nada sobre los jugadores contratados por los Red Sox: suponer en el triunfo de los Sox un “factor Riquelme” es justamente eso, una suposición que no tiene base en la película. Lo único que sabemos es que contratan a este Bill James, el padre de los “sabermetrics”. Es decir: el desenlace afirma una vez más una oposición binaria entre “administración” y “espontaneidad”, barriendo los pocos matices que podrían haber sido -pero no fueron- desarrollados. Y habría que agregar la canción que cierra la película, donde la hija reivindica la derrota de Beane… dando a entender que el “just enjoy the show” refiere al concepto de los sabermetrics.
Por eso, me parece forzado adjudicar a Sorkin la idea de que el “nuevo mundo” de la estadística es en realidad un infierno, o atribuir a la película una complejidad que al parecer pertenece más a la voluntad de los críticos que a lo que ella tiene efectivamente para ofrecer.
diciembre 29, 2011 a las 11:01 am
Para mí la película se sostiene en la muy buena actuación de Pitt así como la posibilidad de introducir o imponer un cambio de perspectiva en el sistema (no es una película antisistema, sino, parcialmente, contra cierta modulación del sistema) se sostiene en el carisma de su personaje. El nerd necesita de Pitt, son complementarios (uno no es el alter ego del otro).
En este sentido, el carisma es un ingrediente central; y, por eso, ni la película ni la propuesta de renovación pueden darse sólo con los cálculos de los universitarios nerds. Digo: el carisma no tiene nada de “científico”.
diciembre 29, 2011 a las 11:17 am
Coincido con Binder. Y no con Larsen, claro (me cuesta creer que elogie la actuación de Pitt). Pero doy un ejemplo. Hay varias escenas en las que se ve a Beane y Brand en la oficina enseñándoles el juego a los jugadores. Esas escenas no duran nada. No explican bien lo que les dicen, como si no quisieran aburrir al espectador que no entiende de béisbol. Eso es lo que y llamo filmar mal: no comprometerse con describir lo que ocurre y, en cambio, ilustrarlo con panatallazos, con escenas que parecen postales de un capítulo del libro original. La diferencia entre el buen y el mal cine pasa en parte por ahí (y por la presencia de un director, aquí inexistente). Pero hay algo peor. Después vienen los críticos y ven metáforas contenidistas (una lucha contra las corporaciones que la película no plantea) o decodifican los guiños a la platea avisada (el poster de The Clash, por ejemplo) y hacen —por exceso de interpretación— que una película claramente mediocre y concesiva como esta se transforme en un territorio de debate sobre la ética y el capitalismo. Así, en lugar de pedir que se haga un mejor cine, se juega otra vez al periodismo interesado en “los temas importantes”. En fin, creo haber hecho estas cosas yo mismo más de una vez. Pero en este caso veo claro que la película no está a la altura de sus pretensiones ni, lo que es más preocupante, de sus interpretaciones.
Q
Q
diciembre 29, 2011 a las 12:03 pm
No me parecía preocupante, sino estimulante, cuando hacías interpretaciones de este tipo con films aun menores que Moneyball como Acoso sexual. Ahora estás medio como Groucho Marx: no querés formar parte de un club que te acepta como socio.
Por lo demás, la película no me pareció excelente, ni siquiera muy buena. Para decirlo en números: 7+. Podría decir, también: “La vi sin dificultades, me interesa el tema, tiene ingenio y algunas buenas escenas”.
Y con las “interpretaciones” (la película, según vos, tiene una “filosofía”) empezaste vos. Hay películas no muy buenas que permiten cierto intercambio y otras, mucho mejores, no.
El “ingenio” que le adjudicás quizá pasa por eso. No es el mejor ingenio que puede entregarnos una película, pero es ingenio, al fin. La película hace algo con los “temas importantes”; un algo que estará más o menos logrado, pero algo.
Quiero decir: me parece excesiva tu alarma.
diciembre 29, 2011 a las 12:41 pm
Coincido con Binder. Y además me pareció una buena película. Pero creo que a eso se suma que en general me resultan apasionantes las películas deportivas.
Otra cosa Q: mirá Red Social. Es una película fundamental, brillante, agotadora, inteligente. Está en DVD y en Blue Ray editada acá. No excuses.
diciembre 29, 2011 a las 1:18 pm
Lo interesante del personaje de Brad Pitt que también tiene el protagonista de Red Social es su aspecto quijotesco y en este sentido el nerd no funciona como alter ego de Pitt sino en todo caso como una suerte de Sancho Panza. En esa relación de pareja despareja se sostiene un poco la película. Lo que la hace trastabillar no es su relación con el personaje en la sombra, porque el protagonista claramente es Pitt, sino su relación con los personajes secundarios que desdibujan un poco el esquema de es relación central. Eso lo noto sobre todo en ese prefinal forzado ese el que Pitt cambia la cábala que había sostenido todo el tiempo a instancias del pedido de su hija, un personaje que está un poco de más en la trama, para humanizar quizás a Pitt por sobre el resto de los personajes. Esa escena en la que Pitt da vuelta hacia el estadio, se mete a ver el partido y rompe la matemática de la cábala es un poco el talón de Aquiles de la película, porque rompe con la lógica interna de la misma, que no es la lógica de la realidad en la que se basa la película pero tampoco es la lógica del cine convencional en el que hay un protagonista y un antagonista, como podría haber sido hacer hincapié en la relación entre Pitt y Hoffman.
diciembre 29, 2011 a las 1:22 pm
Corrijo:
Lo interesante del personaje de Brad Pitt que también tiene el protagonista de Red Social es su aspecto quijotesco y en este sentido el nerd no funciona como alter ego de Pitt sino en todo caso como una suerte de Sancho Panza. En esa relación de pareja despareja se sostiene un poco la película. Lo que la hace trastabillar no es su relación con el personaje en la sombra, porque el protagonista claramente es Pitt, sino su relación con los personajes secundarios que desdibujan un poco el esquema de esa relación central. Eso lo noto sobre todo en ese prefinal forzado en el que Pitt cambia la cábala que había sostenido todo el tiempo a instancias del pedido de su hija, un personaje que está un poco de más en la trama, para humanizar quizás a Pitt por sobre el resto de los personajes. Esa escena en la que Pitt da vuelta hacia el estadio, se mete a ver el partido y rompe la matemática de la cábala es un poco el talón de Aquiles de la película, porque rompe con la lógica interna de la misma, que no es la lógica de la realidad en la que se basa la película pero tampoco es la lógica del cine convencional en el que hay un protagonista y un antagonista, como podría haber sido hacer hincapié en la relación entre Pitt y Hoffman.
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diciembre 29, 2011 a las 1:26 pm
Sí, insisto con eso: el nerd no es el alter ego de Pitt, de ningún modo; aunque tampoco me convence lo del Sancho Panza. Son complementarios, pero no en ese sentido.
Y coincido con Binder y con Mishíguene en que el escaso desarrollo del personaje de Hoffman y de la relación de éste con Pitt es una de las cosas más flojas de la película.
diciembre 29, 2011 a las 1:29 pm
No, Larsen. Yo no dije eso. Al contrario. Lo que digo es que la escasa relación con el personaje de Hoffman la saca de la típica trama de guión perfecto que podría filmar un Campanella. La pone en otro lugar más quijotesco y menos perfecto.
diciembre 29, 2011 a las 1:56 pm
Como bien apuntaron Binder y Q, la película tiene tremendos baches en su lógica interna. Me parece que el único modesto aporte de Moneyball al género deportivo es que acá los malos son los buenos. En cualquier otrs película “el egresado de Yale” y “el ex jugador fracasado” que quieren ganar con estadísticas, serían los villanos contra los jugadores y técnicos experimentados que son los que realmente entienden el corazón del juego, un Kevin Costner por ejemplo.
diciembre 29, 2011 a las 2:08 pm
Pregunta:
No hay algo ahi?
No perdieron el deporte, el cine, a fuerza de la difusión, de la odiosa imitación, y del estudio, muchos de sus secretos?
diciembre 29, 2011 a las 2:37 pm
El mejor amigo del productor es el guionista, el cine de grandes guionistas es tristemente la máxima aspiración de joligud chodei, ju quers? (eso hizo de Tarantino -cough- la “excepción a la regla” :) )
diciembre 29, 2011 a las 5:15 pm
JC. Sí, es como si el héroe de Quién mató a Liberty Valance fuera James Stewart y el personaje de Wayne se confundiera con el de Lee Marvin. Uno puede decir que es la mirada de un joven universitario, emprendedor, que se enfrenta con los molinos de viento del conservadurismo deportivo (y los vence). O alguna otra cosa. Pero lo que pasa con la película es que no hay relación humana entre los personajes, son reservorios de posiciones ideológicas. Es el cine de Stanley Kramer o de Sydney Lumet, el periodismo, pero con menos énfasis y una aproximación menos líberal y más neolíberal. Y eso es todo. Cine de ideas, en el peor sentido.
Q
diciembre 29, 2011 a las 6:07 pm
Quintín, tiene que ver The Social Network, hiperbolizando, haber visto Moneyball y no The Social Network es como haber visto a Ova y no a Gaby Sabatini.
diciembre 29, 2011 a las 6:24 pm
La filosofía neoliberal de la película la entreveo si hago la abstracción de someter a los personajes al mundo de la política. Entonces resulta que Pitt es uno de esos Presidentes neoliberales que confian en la estrategia de un Ministro de economía de una universidad prestigiosa, pero que finalmente deciden ellos lo que sea hace o lo que no, mientras que los otros, los románticos, que apuestan a utilizar lo que hay, son los “kirchnersitas”, los que confian en el Riquelme de la economía, los que se adaptan a las circunstancias sin hacer tanto cálculo y si hace falta hacen trampa pero se adaptan y siguen. En ese caso Kirchner, que no confiaba en el nerd univeristario economista y pretendía manejar la economía a lo suyo, es un Kirchner del agrado de Quintin. Sé que suena muy estrambótico esto, pero digamos que la película también lo es, como la realidad.
diciembre 29, 2011 a las 6:27 pm
Mishíguene. Sí, la realidad es estrambótica, pero no es necesario interpretar cualquier cosa. Podemos seguir durante un rato largo proponiendo metáforas de todo tipo, pero la película no va a mejorar. El delirio interpretativo no sirve de mucho.
Q
diciembre 30, 2011 a las 12:39 am
La acabo de ver. Decididamente es una película que toma partido por el nerd y por Pitt, que sabe escucharlo. El momento de mayor comunión entre los dos no es el del final, cuando el gordo muestra el home-room que el bateador miedoso no vio (una fábula hegeliana) sino el tiki-taka que hacen en la oficina de Pitt para conseguir al jugador venezolano.
Que el record de 20 victorias se consiga con una jugada fuera de sistema no niega nada; apenas funciona como climax dramático de lo que la secuencia de montaje ha dejado en claro: el triunfo de la estadística y la despersonalización que permitió a un equipo sin figuras ganar 19 partidos al hilo y dejar todo listo para la emoción del record. En cuanto a los Red Sox, el cartel del final dice que ganaron el campeonato después de décadas por asumir el método nerd.
diciembre 30, 2011 a las 1:40 am
Tuvieron un récord pero no el campeonato.
diciembre 30, 2011 a las 3:08 am
Si no recuerdo mal, el cartel dice que el equipo para el que Pitt no acepta trabajar ganó el campeonato siguiente. ¿No es los Sox ese equipo?
diciembre 30, 2011 a las 9:40 am
EL cartel dice que tres años más tarde los Red Socks ganaron la Serie Mundial (después de 86 años, desde que Babe Ruth se fue a jugar a los Yankees). También dice que Beane sigue sin ganarla.
Q
diciembre 30, 2011 a las 2:12 pm
Me pareció una buena película, hay unas 5 caras de Pitt que me dieron la sensación de que tiraba el personaje por la ventana para venderte un jabón. A mi entender el mayor problema de la película es hacer foco en la controposición progresistas-conservadores sin explicitar bien los argumentos, casi que todo termina definiéndose por una cuestión de empatía estética burda, Brad Pitt es bonito, está solo, y los seleccionadores de Oakland son unos viejos chotos, malos, sucios y feos. La escenificación de lo conservador está explicitada burdamente a través de un refuerzo estético innecesario, pero necesario en el sentido en que está armada la película que no va muy a fondo sobre los fundamentos técnicos en que se sustentan las decisiones de los personajes. Para mí está bien, quizá le falta contenido, desarrollo sobre la táctica que se pone en juego, pero bue llegando a fin de año me tiran un Sorkin y agarro viaje como con Studio 60.
diciembre 30, 2011 a las 8:39 pm
“me tiran un Sorkin y agarro viaje como con Studio 60″. Hay algo que se me pasó, evidentemente. Parece que este Sorkin es Gardel, pero no me enteré.
Q
diciembre 31, 2011 a las 2:13 am
Este Sorkin es un tipo de talento medio que en cinco años va a ser cuestionado por los mismos que ahora le cantan himnos: ya está bien Sorkin con tus nerds solitarios, ya está bien. A propósito, el gordito es el de Supercool y Get him to the greek, y su actuación en esta última es muy parecida a la de Moneyball.
diciembre 31, 2011 a las 2:38 am
Studio 60 fue sobrevalorada por la crítica, y si la ves no tardás en notar la diferencia entre ella y The West Wing, con esta película pasa algo parecido, después de ver The Social Network esperás algo muy bueno, y sale esto, que está bien, pero nada más.
diciembre 31, 2011 a las 2:42 am
Es un guionista muy interesante que quizás se pasa de vivo pero con unos diálogos certeros y llenos de links a distintos ítems de la cultura popular. Studio 60 arranca homenajeando a Network y termino en un dramón un poco indigestible. Para la gente que trabaja en los medios electrónicos, seguramente, es mucho mas interesante que para el resto de los mortales.
diciembre 31, 2011 a las 4:18 am
Ahhh y no hay que olvidarse de Sports night, serie exquisita que duro solo dos temporadas donde descollaba una de las amas de casa desesperadas
diciembre 31, 2011 a las 9:36 am
A diferencia del contenido de este post, no vi Moneyball, todavía, pero si La Red Social.Lo de Sorkin, hasta ahora, me parece interesante. Y la peli está muy bien, especialmente la forma utilizada para narrar el conflico particular en el ámbito juridico entre los nerds involucrados. Siempre me parecerieron embolantes y algo obscenas las peliculas basadas o enteramente vinculadas a juicios. Todo muy teatral. Acá el recurso funciona muy bien y no cansa.
diciembre 31, 2011 a las 1:46 pm
Studio 60 fue una joyita. De esas que cuando las ves decís “no, esto no puede durar”. Y sí: la cancelaron con sólo una temporada. Sports Night era decididamente mala. También la cancelaron, pero ya nadie se acuerda.
diciembre 31, 2011 a las 3:51 pm
Los últimos cuatro capítulos de Studio 60 no funcionan bien salvo el final donde recupera la mística. Sports night m gustaba mucho.
diciembre 31, 2011 a las 6:02 pm
Uhhh tengo varias cosas para decir..
Quintin cuando decís “neoficción documental anglosajona” no es una forma un poco mas complicada de decir “televisión”???…porque eso es justamente lo que es Moneyball, lo que es Red Social, lo que es Invictus, Zodiac, The Wire o West Wing (o El Estudiante). En el cine la ficción basada en hechos reales tenía manipulaciones poeticas y esteticas que la tv con sus planos cortos y medios, sus decorados, y sus guiones “periodisticos”, la glosa incorporada a los dialogos, nunca permite ni permitirá. Este tipo de ficciones son mas ficciones periodisticas, la “leyenda” pero en formato prensable. Este genero un poco viene a reemplazar al anquilosado, maniqueo y caido en desgracia biopic y su dogma “ascenso-caida-redención”. No extraña para nada que el publico de Sorkin sea un “publico” que ya tiene incorporado su gusto por la narrativa televisiva como Samurai. Para reemplazar nada menos que a esos biopics que en su traslación de la tv al cine se “anabolizaban” con sus presupuestos inflados, su pirotecnia y su metamensaje. Ya no se trata de hacer una biopic de Mandela, Dirty Harry, Beane, o Zuckerberg, acá lo que importa es un determinado suceso que involucra lateralmente esos personajes: La final del Mundial de Rugby, un determinado caso policial, la creación y el litigio por la propiedad de Facebook, o la temporada 2002 de los Athletics. Una narrativa periodistica que pone al guionista en primer plano (lo mismo sucede con la narrativa publicitaria y los publicistas). Por eso incorporo a Llinás en este subgenero. El guión del Estudiante con sus extractos de Wikipedia (el “duelo” entre Yrigoyen y de la Torre), un poco me remitían a esta escritura popular de Sorkin que va en paralelo con páginas como esta:
http://www.baseball-almanac.com/teamstats/roster.php?y=2002&t=OAK
No es un genero menor, pero no es cine. De hecho yo me divertí bastante viendo Moneyball, con esta hoja de estadisticas, que permite un poco ver hasta que punto Beane sabía o era un chanta. La evolución de los jugadores y el equipo durante esa temporada y la siguiente, etc. Que tanto la pegó como tarotista deportivo.
diciembre 31, 2011 a las 6:09 pm
Por otro lado hay que entender la cultura deportiva de los Estados Unidos, donde no existen los clubes, el virtuosismo de los deportes ingleses y los estetas como Pirlo o como Riquelme. Las franquicias reemplazan a los clubes con el impacto de sus numeros macroeconomicos y las estadisticas reemplazan a los estetas y los virtuosos. Son dos modelos diferentes que a veces entran en crisis como por ejemplo cuando los Farrelly adaptaron Fever Pitch a la temporada de los Red Sox a la que hace mención Moneyball.
diciembre 31, 2011 a las 6:41 pm
Y creo que tampoco seria justo analizar Moneyball con el viejo parametro del biopic acerca de si el protagonista era finalmente un heroe o un villano, si el discurso de la película lo afirma o refuta su saber.
Un poco por lo que dice Quintin donde lo que importa aquí son los titulares, el hecho, el suceso noticiable y no indagar demasiado en la letra chica. Un equipo chico que gana 20 partidos seguidos. Algo que el habil Sorkin se encarga muy bien en esconder disfrazandolo de pericia para contratar jugadores, filosofia deportiva o principios.
La vida de Beane no daría seguramente para una biopic porque su carrera como jugador no pasó de mediocre, al igual que sus ultimos años como manager -con las mismas limitaciones de siempre.
Lo que la película disimula muy bien es que la temporada de Beane del 2001 es igual a la del 2002. Sin su gran estrella eso sí. Pero Beane decide prescindir en plena temporada de Chaves la estrella emergente que venia a reemplazarlo. O sea la aparente desventaja en relación al año anterior no era tal. Chaves era el jugador peor pago del equipo y el mas prometedor, otro dato que la película oculta. El problema de los Athletics no era que no tenian dinero para contratar el talento sino que cuando lo tenían lo negreaban.
diciembre 31, 2011 a las 6:52 pm
Para el modelo deportivo de los Athletics, de los Yankees, de los Indians, del post- o el pre-Beane o de quien fuere (porque la película no lo pone jamas en crisis) lo mejor es tener un crack mal pago como Chaves porque eso lo convierte en una pieza apetecible para cualquiera y en una moneda de cambio extraordinaria. Y sacarse de encima a Chaves y usarlo de moneda de cambio para armar un nuevo equipo es casi mas importante que lograr un campeonato (ni hablar de jugar bien).
diciembre 31, 2011 a las 9:02 pm
Recomiendo enfáticamente ver “Carlos” de Assayas.
enero 2, 2012 a las 8:54 am
Confieso que Moneyball me gustó, quizás porque uno no espera mucho de esas películas tan atadas a la realidad y a la industria. Hubo tres o cuatro escenas que me parecieron realmente originales. Es sólo una opinión. De tus reflexiones lo que más me llamó la atención fue tu comentario acerca de “los trucos holliywoodenses”, es decir, “secundarios brillantes, líneas de diálogo recordables, situaciones afectivas colaterales, un pasado que oprime, un dilema intelectual subyacente, un suspenso apoyado en que el espectador ignora o no recuerda lo ocurrido”. Tal vez cada uno por separado pueda ser simplemente un truco, pero tengo la impresión de que sumados no son precisamente moco ‘e pavo.
enero 2, 2012 a las 11:05 am
Justamente, sumados es que hacen ruido: así es como se hacen las películas cambalache. Casablanca es una de ellas, se dirá, pero es una de las pocas excepciones, porque los gadgets son inspirados y múltiples. Aunque no deja de ser un cambalache.
Q
enero 2, 2012 a las 4:06 pm
…aquí tiene para ver ‘Red Social’, don Q…
http://www.megaupload.com/?s=seriesyonkis&d=WHRX8C05
http://www.megaupload.com/?s=seriesyonkis&d=UO3HJNW5
enero 2, 2012 a las 5:26 pm
Gracias!
Q
enero 2, 2012 a las 10:28 pm
…Q, te pas+e links con idioma español castizo, cuando encuentre los del idioma original con subt los paso de nuevo (perdón)…
enero 2, 2012 a las 10:56 pm
…ahora si (creo!)…
http://www.mediafire.com/?sjldkamfcwsf15a
http://www.fileserve.com/file/PQBydar
enero 9, 2012 a las 1:20 am
a mi me rompio la cabeza la peli,
la vi dos veces y no puedo creer como hacen para meterle tanta tension a unos simples dialogos,
no se si sera la musica o la fotografia solemne pero
que lindo seria ver una peli asi del barsa de guardiola.
quizas en unos cuantos años. (no tanto por el tema de la plata,
sino por la reinvencion del juego)
enero 11, 2012 a las 2:40 am
muy buena esta frase quintín: “su propósito no es revelar sino esconder de otro modo”. bien ahí. no es exclusividad de moneyball por supuesto, esto se extiende a la gran mayoría de las películas que circulan por todos lados.