Pequeña bitácora de la Hija de Neptuno (3)

Ya no estoy sola

por Flavia de la Fuente

Y el mar, tal como predije, se enfrió. No solo se enfrió sino que está helado. El windguru dice que la temperatura es de 21 grados y antes, cuando estaba tibia, de 22, pero no me lo creo para nada. La diferencia es demasiado notable, aunque no puedo comparar del todo bien porque desde que volvieron las aguas frías me empecé a meter en el mar sin traje de neoprene porque ya no voy sola al agua, sino que salimos a nadar con Q. Y con Q me siento protegida y ya no necesito mi armadura.


Porque el traje de neoprene, además de proteger del frío, da mucha seguridad, sobre todo si uno anda solo metido en el agua. Si de pronto uno atraviesa un cardumen de cornalitos o de pejerreyes, o bracea aguas vivas de variados tamaños, o se enfrenta a aguas con arañas que caminan lo más panchas, el traje da mucha tranquilidad. No sé si uno está totalmente a salvo de las posibles agresiones de los habitantes del mar, pero que se está menos expuesto, eso es seguro.

Así que, como les dije más arriba, dejé colgado el traje en casa y ahora nadamos con Q en malla. Y el frío sin el traje es una cosa seria. Hoy nadamos apenas diez minutos y salí del agua con la mandíbula dura. Ahora solo puedo nadar el tiempo que tolero el frío, que creo que podría ser unos cinco minutos más, mientras dure esto de la corriente helada.

Cuando nado con Q se acaba el tema de la música mental y la sensación de andar a la deriva, porque me paso todo el tiempo tratando de ver por dónde anda mi marido, que suele distraerse (debe imaginar cientos de tuits mientras nada) y se adentra en el mar en forma perpendicular a la costa sin hacerse ningún problema. Así que cuando veo que Q se desvía, allá voy al rescate, antes de que el Osi aparezca en Africa. Tener siempre a la vista a Q es el lema de la natación à deux, porque un par de veces se me perdió y no saben la angustia que me agarré en el medio del mar. Así que ahora nado y miro por dónde anda el rey del tuiter. Y nadar con Q es mucho más lindo que hacerlo sola. Después de haber hecho nuestra travesía diaria, siempre salimos eufóricos del mar, convertidos en dos dioses. Una vez que pisamos la arena empezamos a comentar los avatares del día mientras nos dirigimos con paso rápido y enérgico a casa para la ducha caliente, cada uno en un baño. Y después, el momento glorioso del día, el café con medialunas en Tropicana, con el cuerpo sedado y la mente despierta. Es algo muy cercano a la felicidad.

Ayer tuve una experiencia rarísima que, por suerte, ya la había vivido Gabi, cuando vino hace unos días de visita. Confieso que cuando mi amiga me contaba lo que sentía, yo pensaba que exageraba, pero igual le presté suma atención a su relato. He aquí mi versión de los hechos. Resulta que me metí en el mar congelado, estuve como cinco minutos con el agua hasta la cadera para ir acostumbrándome a la temperatura del mar, me fui mojando los brazos, la nuca, la cara hasta que finalmente, después de cinco minutos de tortura, me tiré al agua que estaba muy fría. Empecé a nadar pecho lentamente, sentía las piernas entumecidas y, de pronto, mi cuerpo empezó a arder. Irradiaba un calor infernal que contrastaba con el frío del agua. ¿No es rarísimo tener calor súbito en un mar helado? Fue algo muy extraño, casi inquietante. Por suerte, de inmediato recordé que eso le había pasado a Gabi en sus tres baños de hace diez días y seguí nadando con mi cuerpo ardiente, preguntándome cuánto tiempo duraría el fenómeno, porque también sabía que no duraba demasiado. Así que como empezó desapareció, y al rato empecé a tener frío. Salí del agua y le comenté mi experiencia a Q y, para mi sorpresa, me dijo que a él le había pasado eso mil veces en la ducha, cuando se iba a bañar con mucho frío después de un largo rato en el mar helado.

Lo cierto es que hoy no me hacía mucha gracia pasar de nuevo por esa experiencia tan extrema, así que había decidido ponerme el traje y listo. Nada de cosas raras, pensé. Cuando el agua vuelva a estar tibia me meteré sin traje. Pero hacía un calor tremendo, era un día bochornoso. La sola idea de calzarme el traje me hacía transpirar.  Por suerte, Q me convenció de que venciera la aprensión y me tirara en bikini al mar. Y hoy no me pasó nada raro. Nadé hasta que Q quiso salir y no hubo ninguna aventura notable, pese a que el agua estaba aún más fría que ayer. Los misterios de la fisiología son infinitos.

Con Q estamos muy orgullosos de ser amantes del frío. Hoy había que tener coraje para zambullirse en el mar. Pero siempre vale la pena. Un baño de mar helado, y con natación mucho mejor, es garantía de un día sereno, con un cuerpo tonificado y vigoroso. Q me dijo que a él lo envalentonaron mucho los relatos de Ana Inés Mato , una nadadora de aguas heladas que llegó a nadar en la Antártida, y de Enriqueta Duarte, quien cruzó el Canal de la Mancha en 1951 y, además, fue la primera mujer en cruzar el lago Nahuel Huapi en 1963. Hoy Enriqueta, a los 81 años, sigue nadando  y todos los años preside la carrera de cruce del Nahuel Huapi, que ella cruzó en traje de baño, mientras que ahora todos usan trajes de neoprene. Este año, creo que en mayo, le escribí para que me contara sus experiencias con la natación en aguas frías, pero lamentablemente no recibí ninguna respuesta. Quizás lo intente con una carta más persuasiva el año que viene.

Lo que no les conté es que nuestra cachorra negra, Ella, resultó ser una gran nadadora. Todos los días nada unos cuantos minutos y se nota que lo hace por placer. Yo me paro frente al mar y la aliento y ella nada y nada en forma paralela a la costa. Es conmovedor. La gran pregunta es si la celosa Solita, al ver que Ella despierta la admiración ferviente de sus dueños, se convertirá en otra hija de la hija de Neptuno. Creo que no, Soli solo nada si no le queda otra, lo suyo es la carrera en tierra, donde sigue siendo la más veloz de la playa.

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5 comentarios para “Pequeña bitácora de la Hija de Neptuno (3)”

  1. Janfiloso Dice:

    Recordá la temperatura como sensación.
    Si hace calor afuera, el agua te parecerá mas fría.
    (si alguien me desmiente le saldrán unas verrugas horribles)

  2. lalectoraprovisoria Dice:

    Eso lo tengo clarísimo, Janfi. Pero no es el caso. El mar se enfrió porque cambió la corriente. ¿Nunca te pasó de estar en el agua y que, de pronto, venga una corriente cálida, que luego se va y deja lugar a una helada?

    El otro día con Gabi nos reíamos porque yo le gritaba: “Agua caliente”, “Helada” y así siguiendo.

    Así que tu teoría de la sensación hace agua.

    F

  3. Janfiloso Dice:

    (te saldrá una verruga horrible :) )

  4. lalectoraprovisoria Dice:

    Ya lo sé, pero no lo pude evitar…

    F

  5. El Lurker Dice:

    Les tengo un terror inmenso a las aguas vivas, y en San Clemente hay muchas.
    Fui de niño a Mundo Marino el año en que murió alguien por un accidente con una bengala, me acuerdo de que en la playa de vez en cuando se escuchaba un grito desgarrador, y la gente aburrida decía, habrá tocado un agua viva.

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