Publicada en Perfil el 20/11/11
por Quintín
El festival de Mar del Plata tuvo para mí un epílogo inesperado en San Clemente del Tuyú. Es que El premio de Paula Markovitch, una de las películas de la competencia internacional, se filmó en mi pueblo. Vi la película en una función especial porque —haciendo honor a su nombre— había ganado un premio que se sumó a una larga lista de triunfos que arrancó con dos trofeos oficiales en Berlín.
La película me interesó y descubrí que el lunes habría una proyección en San Clemente en presencia de la directora y de los actores, especialmente de los chicos que componen la mayoría del elenco como los compañeritos de escuela de la protagonista, una diva local de nueve años llamada Paula Galinelli Hertzog de un talento asombroso. Paula hace de Cecilia Edelstein, una nena que llega a San Clemente con su madre durante la dictadura. El padre está ausente y la madre sospecha que puede haber muerto a manos de los militares, por lo que vive con su hija de un modo semiclandestino.
Markovitch nació en 1968 en Buenos Aires y a los pocos meses vino a vivir a San Clemente con sus padres, que eran artistas plásticos y tal vez militantes políticos (ella no da mayores precisiones al respecto). Vivió aquí hasta los once años, después en Córdoba donde estudió y a los 22 se radicó en México donde tiene una destacada carrera como guionista. El premio es su primer largo. Lo que distingue a la película es lo que llevó a un crítico amigo a elogiarla pero a preguntarse desde dónde diablos estaba pensada: El premio tiene algo raro.
Para averiguar la respuesta converso con Markovitch en un café sanclementino mientras tiene lugar la primera de las dos funciones a sala llena (hubo que agregar una tercera) que revolucionaron al pueblo. Cuenta que utilizó un director de fotografía polaco porque ni los mexicanos ni los argentinos la convencían. Los primeros porque iluminan desde la publicidad o desde la sordidez y los segundos porque creen que hay que reproducir la realidad y también creen que la realidad es fea. Y ella quería algo que solo se consigue en Europa del Este: una tristeza que no sea sórdida ni fea. La idea es un poco esquemática, pero la apuesta por Wojciech Staron resultó acertada y El premio tiene las mejores imágenes de la playa argentina que yo recuerde.
La película obtuvo apoyo estatal de México, de Francia, de Alemania y de Polonia, pero no de la Argentina gracias a una de las absurdas reglamentaciones del Incaa. Esa inadecuación con la burocracia nacional es sintomática. Markovitch filmó una ficción con base autobiográfica en la que una nena en tiempos de la dictadura está triste por la ausencia de su padre y vive tironeada no solo por el trasfondo político sino de un modo más general entre la casa y la escuela, entre la gran ciudad y la provincia, entre el aislamiento y la integración, entre su origen judío y la mayoría católica en un medio que oscila entre lo hospitalario y lo hostil y tiene su centro en el ambiguo personaje de la maestra sobreadaptada al sistema pero secretamente solidaria: esa maestra que propone composiciones de apoyo al ejército y participa de los actos castrenses bien podría estimular hoy a los niños actores y acompañarlos en el estreno de la película. Markovitch ha hecho una película sobre los tiempos de la dictadura basada en la borrosa memoria individual y situada irrevocablemente en el pasado. Y eso es lo que resulta raro, porque nos hemos acostumbrado a que todo lo relacionado con los setenta debe ser enunciado en tiempo presente y a que ese presente debe ser eterno. En ese sentido, El premio es lo contrario de la hagiografía de Estela Carlotto que también se exhibió en el festival, donde la misma actriz interpreta al personaje en tres edades distintas.
Foto: Flavia de la Fuente

noviembre 20, 2011 a las 10:50 am
tambien se premio a abrir puertas, otra pelicula no incaa…
noviembre 21, 2011 a las 12:52 pm
Grossa Marcovitch. Los primeros 15 minutos son de una brutalidad hermosa. De un registro lúcido que interpreta al pasado como tal. Me llevó a mi aula de la primaria, y por lo tanto, a mis primeras grandes angustias y mentiras. Chapeau
noviembre 21, 2011 a las 2:38 pm
¡Cuántas sugestiones tiene esta película! Qué ganas de verla. “… ella quería algo que solo se consigue en Europa del Este: una tristeza que no sea sórdida ni fea.” Muy bueno.
noviembre 21, 2011 a las 4:37 pm
No suelo hacerlo, pero en esta ocasión haré una excepción: una entrevista a PM: http://ojosabiertos.wordpress.com/2011/03/30/ficg-3-el-premio/ Saludos. RK