Primeras Páginas (94), respuesta

Siesta nómade de Débora Vázquez

por Quintín

En nuestra desesperada búsqueda de libros cortos que nos permitan mantener el ritmo diario de estas Primeras Páginas, Flavia me sugirió este de Débora Vázquez que nos regaló Serra Bradford, que viene a ser el marido de Débora Vázquez. Lo puse ayer a la mañana sin siquiera hojearlo y no tuve tiempo de más. Así que lo leí recién esta mañana, un poco aterrorizado por la posibilidad de que no me interesara, agravada por los dichos agoreros de nuestro librero amigo Pablo Pazos.

Pero sí que me interesó el libro, en primer lugar porque va contra la prosa argentina vigente, no solo contra el costumbrismo ramplón que constituye su horizonte mayoritario, sino contra los modelos más sofisticados a imitar (Aira, Fogwill, Piglia, Casas, sigan ustedes). Hay algo en esta colección de viñetas que se resiste al relato, que se orienta más bien hacia la descripción, aunque una descripción dictada desde una conciencia especial.

Hay algo en Siesta nómade que encaja bien con cierta idea antigua de la literatura femenina: una particular relación con la infancia, la sensación de que el mundo es casi intocable y la presencia del arte (literatura, plástica, música) en cada fragmento. Para mayor distanciamiento, buena parte de los textos transcurren (aunque transcurrir no es el verbo apropiado) en Francia. Allí hay niños, ancianas, escultoras, bailarinas, modelos de pintores, escritoras. Una de ellas da un poco el tono general del libro:

Como antes, la escritora se pasea de puntillas por la casa, como tantas veces, antes, cuando él viajaba y ella prefería no abrir sus cartas hasta que volviera. ¿Para qué leerlas, si sólo escribía para mentir? El no era como ella. Ella no inventaba, estaba muy adentro y miraba todo como a través de un tubo. (…) ¿Cómo había podido quererlo más que a su pez rojo, a su gata, a sus dibujos en carbón, los que colgó, los que tiró, los de él? ¿Cómo pudo quererlo más que a sus miedos más antiguos?

En ese párrafo aparece nítido el deseo de la escritura de Vázquez: desmarcarse de una literatura que miente, de un mundo literario que la separa de su infancia y de su solitaria artesanía. Es una literatura íntima, frágil, pulida, ideal en definitiva para estas Primeras Páginas, orientadas cada vez más hacia el secreto y el susurro.

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3 comentarios para “Primeras Páginas (94), respuesta”

  1. lilia Dice:

    Qué atractivo. Parece tener mucho aire fresco.
    Tu segundo párrafo es muy provocador… a mí no me da el piné para decir nada.
    Gracias.

  2. pablo P Dice:

    Quintín
    no quise ser agorero, a mí me había gustado mucho, pero por ahí prejuzgué tu gusto
    Como sé que la poesía te cuesta encontrarle la vuelta pense que el tipó de escritura de Débora, que es muy poética no te iba a fascinar
    pido perdón
    …no sabía que era la mujer de Matías
    abrazos a los dos

  3. lalectoraprovisoria Dice:

    Era una broma lo de agorero. Lo que me desconcierta es saber cuál creés que es mi gusto después de haberme vendido libros durante dos décadas (¿dije dos décadas?). Je.

    Q

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