Primera página (95), respuesta

Alimentar la mente, de Lewis Carroll

por Flavia de la Fuente

Continúa la búsqueda del libro más pequeño de la casa. Anoche, al ver que no iba a terminar el libro que tenía empezado, me puse a revolver angustiada la mesa de novedades del living y me topé con este librito de Lewis Carroll, Alimentar la mente. El título me pareció apropiado para mi estado mental. Veremos qué me aconseja el bueno de Lewis Carroll, pensé.

Alimentar la mente debe ser el volumen más esbelto de editorial Gadir, la de esos libritos azul-violeta, de elegante diseño y casi siempre diminutos. Hay que agregar que Gadir tiene un catálogo exquisito que incluye por ejemplo, a Stevenson, Pessoa, Emerson, Casanova, Dickens y muchísimos más.

En este caso, Alimentar la mente tiene apenas 71 páginas. Me tomé el trabajo de contar las letras del primer renglón más los espacios en blanco y me da que tiene 40 caracteres por línea. Conté luego los renglones de una página completa y comprobé que tienen 20 líneas. O sea que cada página tiene 800 caracteres. Pero, para saber exactamente cuánto tengo que leer no basta con multiplicar 800 por 71 ya que hay que descontar las páginas en blanco (11), las portadas, portadillas (7) y las ilustraciones (5), o sea un total de 23 páginas casi en blanco, solo para mirar o ni siquiera para eso porque en algunas no hay nada. Todo este laborioso registro da un resultado auspicioso. Quitándole las 23 páginas sin texto, restan apenas 48 páginas por leer, o sea, a lo sumo 38.400 caracteres. Una papa. Y, para colmo de bienes, no es un texto breve cualquiera, sino uno de Lewis Carroll, que promete ser encantador. Ayer me lo llevé a la cama y me dormí contenta a las diez páginas. Hoy me levanté temprano y lo terminé en un santiamén. Querido amigos, se solicita una lista urgente de libros muy cortos, porque nos estamos por ir de viaje otra vez y este proyecto corre peligro de ganarnos por knock out.

Volviendo al cálculo de caracteres, creo que esta obsesión por ponerme a hacer cuentas tipográficas en esta mañana fría y nublada me la contagió Lewis Carroll, que demostró ser un obsesivo tremendo. Eso no lo imaginaba, pensaba que era más bien un soñador, un matemático/poeta, quizás un poco psicótico, que trataba de vivir en el país de las maravillas.

Pero el hombre resultó ser muy ordenado, ordenadísimo. En este libro nos enseña metódicamente dos cosas: 1) Cómo alimentar la mente y 2) Como escribir cartas e incluso enviarlas.

En el primero ensayo compara la nutrición del cerebro con la del cuerpo. Lamenta que no sea tan claro el asunto del alimento intelectual, porque le parecería muy bueno poder ir al médico y decirle qué hay que darle de comer al cerebro para que no se indigeste ni sea obeso. Sugiere que hay que llevar una dieta mental balanceada (el equivalente a las tres o cinco comidas diarias del cuerpo), no atosigarse, descansar cinco minutos por hora (con eso basta) y tratar de pensar para no tener un cerebro obeso, que solo consume y no gasta.

Y, entonces, así como se mastica la comida, el proceso mental que esto conlleva como efecto es simplemente el de comenzar a pensar sobre lo que leemos. Es éste un ejercicio mucho mayor para la mente que la mera recepción pasiva de los contenidos de nuestro autor. (…) Una hora de pensamiento continuo sobre un tema (un paseo solitario es una oportunidad única para este proceso) es mejor que dos o tres de mera lectura.

El último párrafo me resignificó esta locura de las primeras páginas. No es porque yo piense mucho, aunque les juro que trato, hago lo mejor que puedo. Pero hay días que siento la mente nublada, cansada, que no tengo una idea ni aunque me sacudan. Hoy es uno de ellos. Pero la obligación de escribir día por medio sobre lo que leo supongo que ayudará a disminuir la obesidad y vejez de mi cerebro. Al menos algo tengo que pensar para redactar frases que tengan sentido. Y Carroll concluye su texto sobre la alimentación mental así:

Si este ensayo te ha dado algún consejo útil sobre la importancia de la lectura y te ha hecho ver que no es sólo por obligación, sino también por tu propio interés por lo que debes “leer, anotar, aprender y asimilar” los buenos libros que caigan en tus manos, se habrá cumplido su propósito.

El segundo ensayo, “Ocho o nueve palabras sabias sobre escritura epistolar”, es muy curioso. Y lo más curioso de todo es que debería ser de lectura obligatoria para los comentaristas y twitteros, porque es un manual de buenas costumbres y de cómo cultivar la amistad y la amabilidad por correspondencia.

El primer capítulo es sobre su Funda de Sellos, que es una caja donde guardaba las estampillas de distintos valores, porque nuestro amigo se enervaba cada vez que no conseguía los sellos que necesitaba. Pero, la Postage-Stamp Case de Lewis Carroll es muy peculiar. De un lado tiene una ilustración de Alicia con un bebé en brazos (la hija de la Duquesa), y en el anverso, una idéntica, pero el bebé es un chanchito. “

Alicia con el bebé

Alicia con el chanchito

El resto del texto trata sobre cómo hacer más eficaz y amable la correspondencia. Carroll se explaya sobre la necesidad de claridad en la redacción y en la caligrafía, de las buenas maneras para evitar malos entendidos, de la importancia de leer bien, en primer lugar, la carta que se va a responder, en fin, lo que toda persona debería hacer cuando responde una carta y raras veces lo hace.

Hasta inventa un curioso sistema de archivo de la correspondencia por remitente, fecha, asunto, una señalización especial por grado de importancia, etc. Si le daban unos años más, seguro que Lewis Carroll desarrollaba el Outlook o el Entourage. Pero como no existía la Internet en esos años, él hacía con paciencia sus planillas a mano en un cuaderno grande de tapas duras y bien cosido porque iba a ser abierto cientos de veces. Miren qué locura su sistema de archivo. Tiene todas las funciones de un programa de e-mail. La verdad es que me deslumbró.

Se ve leyendo el texto, que era Carroll era muy distraído, porque temía olvidar los adjuntos, o incluso poner la estampilla.

Cuando lleves las cartas a la oficina, llévalas en la mano. Si te las metes en el bolsillo, darás un largo paso por la zona (hablo por experiencia), pasarás dos veces por la Oficina de Correos –una al ir y otra al volver– y, al llegar a casa, las encontrarás todavía en tu bolsillo.

Mi octava Regla: Cuando dices en tu carta: “Adjunto envío un cheque por valor de 5 libras” o “Adjunto envío la carta de John para que la veas”, deja de escribir un momento, ve a por el documento referido y mételo dentro del sobre. De otro modo, será fácil que te lo encuentres por ahí en medio una vez realizado ya el envío.”

Este problema también ya lo resolvió el webmail. Ultimamente noté que cada vez que escribo “mando” o “envío” o “adjunto”, luego de apretar “enviar” el programa me pregunta si no olvido el archivo adjunto. Cuánto más fácil que sería la vida para Mr Carroll en la era de la computación. Habría escrito varias secuelas más de Alicia en el País de las Maravillas.

Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson) (http://lcsna.org/carroll/) nació en 1832 en Cheshire y murió en 1898, a los 65 años. Fue escritor, matemático, diácono, lógico y fotógrafo.

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10 comentarios para “Primera página (95), respuesta”

  1. Santi Dice:

    Perdón por descolgarme así, pero como todavía no poseo cuenta de Twtter no tengo otro canal de comunicación que este.
    Entiendo que no está bien reirse de esas cosas, pero los twts de noriega y Q. sobre la Chona y el Mercado Central me dieron un ataque de risa. “Los psicofármacos”… son dos hijos de puta, jajajajajajaja.
    Tengo que tener twtter!

  2. Adriana Dice:

    Menta, de Aderiana Lis Maggio. Ediciones Orillera 2010
    http://www.orillera.blogspot.com
    Si no es muy corto, le pega en el palo!

  3. lalectoraprovisoria Dice:

    Gracias, Adriana! Pero ese no lo tengo. Y ahora estoy justo buscando qué poner mañana.

  4. lilia Dice:

    El registro de la correspondencia de LC es notable y abrumador.
    Un piano de cola a 175 libras, vaya.

  5. Montañés Dice:

    Raymond Carver, si mal no recuerdo, tiene libritos rápidos. Me fijaría en la biblioteca para refrescar, pero todavía yace sepultada en cajas y bolsas y caos posmudanza. (En breve espero comenzar su organización y armado, si es que los perros no la destruyen antes, junto con la casa y el jardín y todo lo demás.)

  6. Montañés Dice:

    ¿Algún ensayo de Daisetz Suzuki sobre el zen?

  7. Montañés Dice:

    Chesterton, El hombre que fue Jueves. Vallejo, Manualito de imposturología física. Aunque este no me acuerdo si era breve…

    En fin, ya no jodo más. Estoy inmoderadamente contento debido al torrontés que estamos libando aquí en el living con los perros. Acorde a ese sentimiento, dejamos un par de guitarras y nos borramos.

  8. lalectoraprovisoria Dice:

    ¿Los perros liban torrontés, amigo Montañes?

    Ya encontré uno muy cortito para mañana, que no vamos a estar en casa.

    A Daisetz Suzuki no lo tengo. ¿Está bueno? Quiero leerlo ya.

    Gracias por las recomendaciones,

    F

  9. Montañés Dice:

    Flavia, tengo un buen recuerdo de los libros de Daisetz Suzuki, cuya literatura podría calificar, en mi difusa evocación, de erudita, breve y elegante. Pero hace mucho de esas lecturas, debería releerlo… Tus recientes reseñas nipónicas me recordaban a Suzuki. El rol del tipo fue, al modo del montañés Lin Yutang, el del orientalista políglota y enciclopédico que tiende puentes culturales con Occidente, venerables doctores con asiento aquí y allá.

    Con respecto a los perros y al torrontés, ellos más bien se limitan a mirarme tomarlo. Les ofrecí un poco, pero luego de olfatearlo desviaron el hocico con cierta indolencia. De suyo que prefieren experiencias bucolinguales más intensas y directas: las clásicas inmundicias de la tierra son sus favoritas. Aun así, saben ofrecer una compañía encantadora.

  10. Bigote Dice:

    Dos fantásticos que a mí me gustan mucho: Universo de Locos, de Fredric Brown, y El circo del Dr. Lao, de Charles G. Finney. Ambos están en la güeb (el segundo se lo envié a Q por mail). Son perfectos para leer de corrido, pero creo que sólo se pueden ver on line en estos tiempos.
    El de Brown además es una gran crítica – declaración de amor – parodia del pulp americano.
    Saludos.

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