El rey Cophetua, de Julien Gracq
por Quintín
Desde que iniciamos nuestra gira de trabajo y vacaciones, y aún antes, cuando intentábamos adelantar el trabajo de estas Primeras Páginas, no hubo más remedio que elegir libros cortos, por lo menos de mi parte. El resultado fue descubrir que solo los franceses y los hispanoparlantes publican libros cortos. Los americanos no se lo permiten, salvo tal vez en poesía. Es como si el contrato moral protestante exigiera que se entregaran por lo menos cuatrocientas páginas a la editorial. De modo que esta serie se ha sesgado bastante: Flavia recurre cada vez más a repasar a sus ponjas y yo a descubrir a estos franchutes de tiro corto.
De Gracq hablé con admiración cuando la Primera Página fue un libro de Stendhal. Entonces redescubrí sus deslumbrantes ensayos de crítica literaria. Y ahora se me presentó la oportunidad de apreciar su prosa en un libro corto, en esta hermosa edición de El rey Cophetua de la editorial española Nocturna (2010).
La oportunidad se presentó pero no la aproveché. No es que el libro sea malo, ni mucho menos, sino que estoy tan cansado por este viaje (se sabe, descansar es lo que más cansa) que no logré la concentración para leerlo como se debe. Gracq tiene una escritura que me animaría a describir como suntuosa. No es que adorne lo que dice, sino que es extremadamente rico, un poco como Proust pero con menos cambios de ritmo y de tono. Se nota que Gracq es brillante, pero cada una de las frases del libro tiene una complejidad que requiere un cerebro más despierto que el mío en estas condiciones.
Basado en un mito sajón, el del rey que se enamora de una criada —un tema que aparece un poco por todas partes, desde Shakespeare a Baudelaire, Gracq cuenta una historia que es al menos dos historias. Por un lado, una de sombras y de lejanas resonancias: durante la Guerra del 14 (nací en 1951, mis padres todavía decían la Guerra del 14, pero hoy no se usa más), un periodista llega a la altiva casa en la campaña de un compositor moderno. Allí no hay nadie, salvo una misteriosa mujer, que es probablemente una criada pero se comporta como una reina. La casa está a oscuras, a lo lejos se escuchan cañonazos, todo remite a la incertidumbre de ese momento y a un vacío del mundo. También es la historia de un polvo entre los dos personajes. Pero es cada frase la que merece la atención y el deleite. Y esa parte no me tocó, no estaba a la altura de las circunstancias. La literatura tiene esa maldición: que a uno se le pase por delante sin poder asirla. Si no fuera una cursilería, diría que es como la vida.

septiembre 28, 2011 a las 9:38 pm
Vila-Matas se refiere a Gracq en las primeras páginas de la gran “Dublinesca”.
septiembre 28, 2011 a las 10:02 pm
“Los americanos no se lo permiten, salvo tal vez en poesía. Es como si el contrato moral protestante exigiera” = que pelotudez lo que decís, tengo cientos de nouvelles y libritos made in CUALQUIER PARTE DEL MUNDO, empdzando por las de saul Bellow (judío canadiense y Norteamericano) pasando por las 1280 almas de Jim Thompsom y culminando en cualquier cosa que se te ocurra..
lo que si es interesante es indagar acerca de los hugonotes y calvinistas (los marcia grey) que pululan en colonias cercanas de por donde andás, los famosos alemanes del volga o rusoalemanes o rusos girasoleros como les llaman por allá, que primero huyeron de los catolicos franceses y luego de los turcos que invadían rusia. Mientras tanto fueron un puente de contencion utilizados politicamente por catalina la grande…
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-23025-2011-09-28.html
La película, que fue presentada en Cannes 2010, está basada en la novela de mediados del siglo XVII, en la que Madame de La Fayette echaba la mirada un siglo atrás, observando el período de las guerras religiosas entre católicos y hugonotes.
(el que estaba siempre rumiando su condición ancestral era Sartre, descendiente de hugonotes)