This entry was posted on agosto 30, 2011 at 9:49 am and is filed under Primeras Páginas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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¡Por fin se uno! (Sin guglearlo, claro). “La aparición de la virgen”, gran poema de Enrique Lihn. Se consigue una edición baratísima y bastante fea de Eloisa Cartonera.
Gracias Rodrigo, Federico. Elegí otro libro de Cartonera, en este caso La aparición de la virgen de Enrique Lihn, que contiene el poema homónimo y unos pocos más. Creo que fue un acto irresponsable de mi parte, porque lo hice sabiendo que después tengo que comentarlo. Y el libro me supera por varias razones: el autor, su contexto, la poesía en sí.
Toda mi vida esquivé la poesía y no sé si viviré para enmendar ese error. Las razones: mi educación sesgada, el cerrado mundo de los poetas, la dificultad para decir algo sobre los poemas. Así fue como no aprendí a leer poesía —aunque no sé si eso se aprende— y tampoco a escribir sobre poesía, porque eso sí requiere de alguna pertinencia, de algún entrenamiento que comienza, supongo, leyendo a quienes escribieron sobre poesía, algo que tampoco hice.
En realidad, elegí el libro de Lihn y el poema sobre la virgen a partir de una frase de Raúl Ruiz que no sé si recuerdo exactamente pero que en su momento me llamó mucho la atención. Ruiz dijo que “en Chile, la Virgen es un asunto muy serio”. Leyendo el poema de Lihn, se corrobora esa frase y uno ve que el culto de la Virgen atraviesa los sectores sociales y también las diferencias políticas. Evidentemente, hay una adoración desde la derecha más radical, pero también un culto popular importantísimo. En la Argentina ambas ramas existen, pero en una escala menor, menos ostensible.
Pero también sé que Chile es uno de los países donde la poesía ha florecido, acaso como en ningún otro lugar de América Latina. La poesía, como la virgen, es también un asunto muy serio por allá. Y otro de los rasgos que hacen a la poesía chilena fascinante —y también un poco repulsiva— es que ese mundo de poetas y de escritores en general está íntimamente ligado a la historia de las familias más ricas y al poder político. Lihn (1929-1988) fue parte de ese mundo e incluso hay un libro de Jorge Edwards —uno de los apellidos más distintivos de la oligarquía chilena— llamado La casa de Dostoievsky, cuyo protagonista tiene por nombre El Poeta y está moldeado sobre Lihn, lo que provocó una de las infinitas querellas que atraviesan el pequeño mundo de las letras trasandinas, tan lleno de intrigas y silencios. No leí el libro de Edwards, como tampoco los dos libros en prosa que tengo de Lihn, las novelas La orquesta de cristal y La República Independiente de Miranda. Según César Aira, la mejor novela de Lihn es El arte de la palabra —que no puedo conseguir por ninguna parte— pero estas son buenas también, siempre según El Prosista.
Mis lecturas de poesía han sido escasas, pero curiosamente muy satisfactorias. La aparición de la virgen, por ejemplo, me dejó noqueado. Hay algo en el poema que sucede en vivo, durante su lectura, que requiere una atención muy superior a la de un texto en prosa. Me gustaría que el poema estuviera en la web para poder linkearlo, porque cada verso es mundo de sentido. El poema tiene varias etapas, recorre los distintos lugares en los que se evoca a la virgen, en particular las cámaras de tortura y también sus supuestas apariciones programadas para multitudes. Copio una sección construida sobre el Ave María:
Pero Ave Purísima
Líbranos de tus falsas apariciones
No hagan de tu nombre contraseña
Ni de tu tronco, leña los irreconocible
Ni de tu leña, un fuego satánico
Si eres el faro del otro mundo en este
Será para los náufragos de buena voluntad
Y fuiste sin pecado concebida
Para que ciertos pecados te resulten inconcebibles
Apágate a la vista de aquestos tiburones
Líbranos de caer en sus fauces secretas
Llena eres de recursos de amparo
Bendita eres entre todas las pobladoras
No me dejes caer en la indiferencia. Amén.
El fragmento revela claramente esa disputa por la Virgen, que también me hace acordar de las disputas eclesiásticas de La vocación suspendida, la película de Ruiz. En estos días, sigo en Twitter a algunos amigos chilenos que funcionan como una radio encendida a la distancia, que traen ecos de un mundo tan próximo y tan impenetrable. Pero es una manera de ampliar el horizonte, de vivir más de una vida, de tener una vida chilena que no es más que un fantasma grato.
Aprenden a leer poesía los poetas, por necesidad; y los críticos y académicos, por oficio. Pero en el fondo, la poesía es una cosa muy personal, ¿no? Y muy especial también. Pueden haber buenos cuentos, buenas novelas, buenos narradores; pero el calificativo de “bueno” clavado a un poeta, lo disminuye notablemente. Uno espera de la poesía mucho, al menos yo lo hago; y vivo con un puñado de poetas a los que jamás intenté aprender a leer, porque bastó encender el oído y templar eso que llaman alma.
No salió nada mal la lectura, Q.
Pero creo que se puede aprender a leer poesía, o al menos ganar una familiaridad que permita detectar ciertas regularidades, los acentos, eso que un poco torpemente suele llamarse “la música”. Fogwill fue un gran lector de poesía. Pero esa familiaridad es laboriosa, porque efectivamente, uno no puede leer poesía distraído.
De paso, Quintín: me gustaría enviarle un libro, ¿tendrá un dirección postal? Pregunto acá, porque no encuentro un mail en el blog. Mi mail es mglxo ARROBA yahoo.com.ar
Yo tampoco soy un lector asiduo de poesía, se me ocurre Bolaño, Pessoa, Borges, Pizarnik, Nicanor Parra…
Cuando uno va a una librería y pide libros de X autor, enseguida te aclaran: “mirá que es poesía”, como diciendo: no es una novela, seguro no te va a interesar.
Puntualmente, me pasó con Zelarrayán y Fabián Casas (pedí “Horla city” y me dijeron “ojo que es poesía”).
Ahora me quiero comprar las obras completas de Viel Temperley.
agosto 30, 2011 a las 10:10 am
¿Enrique Lihn? Si no es pega en el poste.
Saludos
agosto 30, 2011 a las 10:14 am
Bolaño escribe sobre este poeta en el último cuento de “Putas Asesinas”.
agosto 30, 2011 a las 1:35 pm
¡Por fin se uno! (Sin guglearlo, claro). “La aparición de la virgen”, gran poema de Enrique Lihn. Se consigue una edición baratísima y bastante fea de Eloisa Cartonera.
agosto 30, 2011 a las 6:33 pm
Gracias Rodrigo, Federico. Elegí otro libro de Cartonera, en este caso La aparición de la virgen de Enrique Lihn, que contiene el poema homónimo y unos pocos más. Creo que fue un acto irresponsable de mi parte, porque lo hice sabiendo que después tengo que comentarlo. Y el libro me supera por varias razones: el autor, su contexto, la poesía en sí.
Toda mi vida esquivé la poesía y no sé si viviré para enmendar ese error. Las razones: mi educación sesgada, el cerrado mundo de los poetas, la dificultad para decir algo sobre los poemas. Así fue como no aprendí a leer poesía —aunque no sé si eso se aprende— y tampoco a escribir sobre poesía, porque eso sí requiere de alguna pertinencia, de algún entrenamiento que comienza, supongo, leyendo a quienes escribieron sobre poesía, algo que tampoco hice.
En realidad, elegí el libro de Lihn y el poema sobre la virgen a partir de una frase de Raúl Ruiz que no sé si recuerdo exactamente pero que en su momento me llamó mucho la atención. Ruiz dijo que “en Chile, la Virgen es un asunto muy serio”. Leyendo el poema de Lihn, se corrobora esa frase y uno ve que el culto de la Virgen atraviesa los sectores sociales y también las diferencias políticas. Evidentemente, hay una adoración desde la derecha más radical, pero también un culto popular importantísimo. En la Argentina ambas ramas existen, pero en una escala menor, menos ostensible.
Pero también sé que Chile es uno de los países donde la poesía ha florecido, acaso como en ningún otro lugar de América Latina. La poesía, como la virgen, es también un asunto muy serio por allá. Y otro de los rasgos que hacen a la poesía chilena fascinante —y también un poco repulsiva— es que ese mundo de poetas y de escritores en general está íntimamente ligado a la historia de las familias más ricas y al poder político. Lihn (1929-1988) fue parte de ese mundo e incluso hay un libro de Jorge Edwards —uno de los apellidos más distintivos de la oligarquía chilena— llamado La casa de Dostoievsky, cuyo protagonista tiene por nombre El Poeta y está moldeado sobre Lihn, lo que provocó una de las infinitas querellas que atraviesan el pequeño mundo de las letras trasandinas, tan lleno de intrigas y silencios. No leí el libro de Edwards, como tampoco los dos libros en prosa que tengo de Lihn, las novelas La orquesta de cristal y La República Independiente de Miranda. Según César Aira, la mejor novela de Lihn es El arte de la palabra —que no puedo conseguir por ninguna parte— pero estas son buenas también, siempre según El Prosista.
Mis lecturas de poesía han sido escasas, pero curiosamente muy satisfactorias. La aparición de la virgen, por ejemplo, me dejó noqueado. Hay algo en el poema que sucede en vivo, durante su lectura, que requiere una atención muy superior a la de un texto en prosa. Me gustaría que el poema estuviera en la web para poder linkearlo, porque cada verso es mundo de sentido. El poema tiene varias etapas, recorre los distintos lugares en los que se evoca a la virgen, en particular las cámaras de tortura y también sus supuestas apariciones programadas para multitudes. Copio una sección construida sobre el Ave María:
El fragmento revela claramente esa disputa por la Virgen, que también me hace acordar de las disputas eclesiásticas de La vocación suspendida, la película de Ruiz. En estos días, sigo en Twitter a algunos amigos chilenos que funcionan como una radio encendida a la distancia, que traen ecos de un mundo tan próximo y tan impenetrable. Pero es una manera de ampliar el horizonte, de vivir más de una vida, de tener una vida chilena que no es más que un fantasma grato.
Q
agosto 31, 2011 a las 12:46 am
Aprenden a leer poesía los poetas, por necesidad; y los críticos y académicos, por oficio. Pero en el fondo, la poesía es una cosa muy personal, ¿no? Y muy especial también. Pueden haber buenos cuentos, buenas novelas, buenos narradores; pero el calificativo de “bueno” clavado a un poeta, lo disminuye notablemente. Uno espera de la poesía mucho, al menos yo lo hago; y vivo con un puñado de poetas a los que jamás intenté aprender a leer, porque bastó encender el oído y templar eso que llaman alma.
agosto 31, 2011 a las 1:35 pm
No salió nada mal la lectura, Q.
Pero creo que se puede aprender a leer poesía, o al menos ganar una familiaridad que permita detectar ciertas regularidades, los acentos, eso que un poco torpemente suele llamarse “la música”. Fogwill fue un gran lector de poesía. Pero esa familiaridad es laboriosa, porque efectivamente, uno no puede leer poesía distraído.
De paso, Quintín: me gustaría enviarle un libro, ¿tendrá un dirección postal? Pregunto acá, porque no encuentro un mail en el blog. Mi mail es mglxo ARROBA yahoo.com.ar
agosto 31, 2011 a las 1:44 pm
Ah: en la feria del libro compré bastante barato una antología de Lihn editada por el Fondo de Cultura Económica:
http://www.fce.com.ar/ar/libros/detalles.aspx?IDL=1117
agosto 31, 2011 a las 10:21 pm
Yo tampoco soy un lector asiduo de poesía, se me ocurre Bolaño, Pessoa, Borges, Pizarnik, Nicanor Parra…
Cuando uno va a una librería y pide libros de X autor, enseguida te aclaran: “mirá que es poesía”, como diciendo: no es una novela, seguro no te va a interesar.
Puntualmente, me pasó con Zelarrayán y Fabián Casas (pedí “Horla city” y me dijeron “ojo que es poesía”).
Ahora me quiero comprar las obras completas de Viel Temperley.