Primera página (41)

El biógrafo autobiografiado

19 comentarios para “Primera página (41)”

  1. janfiloso Dice:

    tengo un “deja vu”, pero no me animo a arriesgar.

  2. equidna Dice:

    Stefan Zweig, gran biógrafo: Casanova, Tolstoi, Stendhal.

  3. lalectoraprovisoria Dice:

    El autor está bien, equidna. Pero no es ese libro.

    Y vamos Janfi con el déjà vu. ¡Tú puedes!

    Saludos,

    F

  4. irrepetible Dice:

    Necesito pedirles un favor, a Flavia o cualquier interlocutor: como se llama(si tiene un nombre) la cita que uno pone de otro autor al comienzo de un texto? Sobre todo si el texto que uno escribe a continuacion hace referencia metaforica a dicha frase? No se me ocurre un ejemplo, pero espero se entienda y me lo conteste alguien. Gracias

  5. lalectoraprovisoria Dice:

    No sé si tiene nomre, irrepetible. Voy a tratar de preguntarle a mi amiga Gabi, que sabe todo.

    Saludos,

    F

  6. Montañés Dice:

    Epígrafe.

  7. lalectoraprovisoria Dice:

    Sí, lo mismo dijo Gabi. Yo creía que epígrafe era lo que iba debajo de las fotos. “A la cama no irás sin aprender algo más”, como decía mi abuela María.

    Saludos,

    F

  8. libreros de la ciudad Dice:

    ¿Es “El Mundo de Ayer”?

  9. janfiloso Dice:

    Gracias F, pero no recuerdo haber leido a Zweig, de modo que mi déjà vu, como muchos déjà vu, son meras ilusiones o mas vale deseos.
    Leí hace poco un autor colombiando cuyo nombre no recuerdo, que hace una biografía de su padre, ergo, también de alguna forma una autobiografía, y supongo que esta primer página me hizo acordar a aquella, sobre todo por el tono.

  10. janfiloso Dice:

    …el título era “el olvido que seremos”…
    (una frase de Borges)

  11. irrepetible Dice:

    Gracias!!! justo me acorde de esa palabra… pero muchas gracias, uds me ahorran seguir buscandola.

  12. corleone Dice:

    sí libreros

  13. lalectoraprovisoria Dice:

    Hoy quería poner Montaigne de Stefan Zweig, porque seguía obsesionada con el sabio francés y, además, quería seguir leyendo sobre el tema, pero me pareció que los estaba atosigando siempre con lo mismo así que elegí subir El mundo de ayer. Memorias de un europeo, la autobiografía del escritor austríaco.

    Pero, aunque subí la primera página de El mundo de ayer, no pude con mi genio y releí el ensayo de Zweig de 1942, sobre Montaigne, que es una joyita.

    El libro comienza haciendo una interpretación sospechosa sobre el porqué Zweig en su juventud no disfrutó de la lectura de Montaigne:

    Sólo quien en su propia alma agitada haya vivido una época donde, por la guerra, la violencia y las ideologías tiránicas, haya visto amenazada su vida y, dentro de esa vida, la sustancia más preciosa que es su libertad individual, sólo alguien así sabe todo el coraje, toda la honradez y decisión que se requiere para permanecer fiel a su “yo” más íntimo en tales tiempos de estolidez de rebaño. Solo una persona así sabe que nada en la tierra es más difícil y problemático que mantener incontaminada la propia independencia espiritual y moral en medio de una catástrofe masiva. Sólo cuando alguien ha dudado, presa de la desesperación, hasta de la razón y la dignidad del hombre, puede exaltar como una hazaña el que un individuo permanezca ejemplarmente íntegro en medio de un caos universal.

    Que la sabiduría y grandeza de Montaigne sólo pueda valorarla alguien experimentado y probado lo he vivido por mí mismo.

    Me resultó extraño este párrafo de Zweig sobre Montaigne. Para mí, fuera de cualquier contexto, por el solo hecho de vivir en sociedad, a los seres humanos les cuesta permanecer fieles su yo interior, a su ciudadela, y suelen comportarse como rebaño. Por eso, siempre me fascinó Montaigne. Y no creo que el haber vivido momentos históricos dictatoriales me haya hecho valorarlo más. Los individuos así son raros siempre, en cualquier contexto y cada uno es un tesoro que hay que cuidar, porque no abundan en la historia de la humanidad.

    Lo cierto es que ese párrafo me pareció casi bizarro. El texto de un hombre sumido en sus obsesiones, el texto de un hombre desesperado. Y no parece descabellada mi sensación. Zweig terminó ese libro y se mató.

    En El mundo de ayer Zweig se encarga de contarnos la historia de la desaparición del imperio austrohúngaro, en el que se inició su vida. El joven Zweig creció en un contexto de libertad, de auge de las artes, de felicidad. Y, de pronto, se le cayó el mundo encima. Todas las desgracias comenzaron con la Primera Guerra Mundial y culminaron con la Segunda. El libro es complejo y la historia es conocida pero tremenda. La soledad de algunos pocos intelectuales austríacos frente al surgimiento del nazismo, catástrofe evidente para ellos e invisible para la mayoría de las mentes ilustradas, es algo desesperante. Mientras que Zweig, Joseph Roth, o Soma Morgenstern veían lo que se venía, la mayoría de sus colegas contemporáneos decían que estaban locos, que eran paranoicos, que no pasaba nada y se comportaban sumisos como el ganado que va al matadero.

    Zweig, un escritor muy famoso en su época, se tuvo que exiliar en Inglaterra, luego em Francia y después de Francia huir a Brasil. Eligió establecerse en Petropólis, un sitio que describe como un paraíso donde pensaba dedicarse a trabajar. Ahí escribió Montaigne y El mundo de ayer. Vivía en Brasil donde a menudo recibía malas noticias de su querida Europa.

    En ocasión de una visita a la Argentina en 1940 le escribe a su ex mujer lo extraordinario que es el público de nuestro país, que había 3000 personas para una conferencia suya, que 1500 se quedaron afuera y que tuvo que organizar otra para el día siguiente. Describe también asombrado el paisaje de la pampa donde solo se ven los niños que van a caballo a la escuela. Y agrega “todo se hace a caballo, pues los hay aquí a cientos de miles y cuestan de cinco a seis dólares por cabeza.” Comenta también que “los judíos me tributan un recibimiento aún más caluroso, y los hay que recorren para verme un trayecto de cinco o seis horas.”

    En fin, que el pobre Zweig, decide aparentemente reiniciar su vida en el trópico. Escribe y escribe. Vive su nueva vida con su segunda mujer. Trabaja y trabaja. Y un día, no se sabe por qué, su mujer y él se suicidan. Me cuesta imaginar por qué lo hizo. Me cuesta imaginar al hombre que hasta 1942 estuvo escribiendo su maravillosa autobiografía, dando conferencias, estudiando a Montaigne, el hombre que buscaba conocerse, en fin, una persona activa y luchadora, bajando los brazos. Se suicidó porque no soportaba la idea de un mundo dominado por el nazismo. Me da mucha pena que no viera la luz que llegaría unos años después. Su amargura era demasiado grande.

    En la misma carta que cité más arriba le escribe a su ex mujer refiriéndose al mismo viaje por la Argentina:

    Todo ello hubiera sido causa de satisfacción, pero por desgracia se me ha agotado la alegría. (…) El suicidio de Ernst Weiss me ha afectado mucho, pues era un buen amigo y yo le hubiese mantenido a flote durante años. ¡Siempre los más honrados, siempre los mejores! A todo ello viene a sumarse la noticia de que Alemania y Rusia se han aliado… Lo que nos espera. Creo que no regresaré jamás a Europa y que está perdido todo cuanto allí tengo, mis libros y sobre todo mi Balzac (escrito ya en sus tres cuartos y esquematizado en su conjunto).

    Estas cartas a Fridrike Maria Burger von Winternitz, mujer de Zweig entre 1920 y 1938, las leí en un librito que se llama El misterio de la creación artística, que es básicamente una conferencia sobre el arte que dio en 1940 en Buenos Aires.

    Quizás no sea tan incomprensible su suicidio. Quizás fuera insoportable el desarraigo y la idea de que su mundo había desaparecido para siempre.

    Pero sigo sin conciliar la energía del hombre que escribió Montaigne, su libro póstumo, y el suicida. Lo tomo, miro lo que subrayé y no encuentro rasgos de depresión ni de ausencia de vida. El libro del suicida Zweig es un elogio de la libertad e irradia energía.

    Y lo mismo su lúcida autobiografía, El mundo de ayer, donde nos describe la entrada de Europa en el infierno. En fin, murió en la plenitud de su fuerza. Y en esos últimos libros está todo lo que tenía para dejarle al mundo que había querido tanto.

    No leí mucho más. Me encantó una novela suya La embriaguez de la metamorfosis y, por supuesto, Carta de una desconocida, que en 1948 adaptará al cine Max Ophuls, convirtiendo una obra maestra en otra. También leí una antología de ensayos sobre escritores El legado de Europa, que comienza con el ensayo sobre Montaigne.

    Hace poco, mi amigo Javier Legris fue de viaje de trabajo a Petrópolis. Como sabe que yo soy fanática de Zweig me trajo una piedra de su casa. Y no solo eso. También sacó fotos y visitó la tumba donde yacen él y su mujer. Y encontró una carta de un lector desconocido.

    La tumba de Zweig y de su mujer

    Zweig nació en 1881 en Viena y se suicidó en 1942 en Petrópolis.

    Y, felicitaciones a libreros de la ciudad, una vez más. Qué haríamos sin los libreros para jugar a las primeras páginas!

    F

  14. saint-jacob Dice:

    http://www.4shared.com/get/-wvWwSB-/58686.html

  15. saint-jacob Dice:

    http://www.4shared.com/get/DIxvZzDC/Stefan_Zweig_-_Carta_de_una_de.html

  16. lalectoraprovisoria Dice:

    Q y yo te estábamos extrañando saint-jacob!

    Saludos y gracias,

    F

  17. saint-jacob Dice:

    …¡las gracias he de darlas yo!… y ya que estamos, va link de la película/Obra Maestra (de Ophuls) para completar la cosa…

  18. saint-jacob Dice:

    …o sea…

    http://www.patiodebutacas.org/foro/showthread.php?t=5995&highlight=carta+una+desconocida

  19. lalectoraprovisoria Dice:

    Buenos días, genio de los links! A mí me vuelve loca eso de tener todos los libros a disposición en la web, pero después me da una fiaca tremenda leerlos en la compu. Pero habrá que acostumbrarse. Ya estoy harta de tener la casa invadida de papeles. Estoy esperando a que se vuelvan cosa corriente los e-books para comprarme uno. Eso creo que va a ser la solución, para los que nos gusta leer tirados en los sofás.

    Gracias de nuevo!

    F

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