Primera página (30)

El rey de los raros

10 comentarios para “Primera página (30)”

  1. SantiagoS Dice:

    A la deriva, de Huysmans. Me gustaría leer a un Folantín paseando por las calles de Córdoba en 2011.
    Saludos.

  2. Roger Malquerer Dice:

    Esa categoría de los “raros” en la que tanto insisten Vila Matas, Pitol y tantos otros ha terminado por cansarme. Como dice mi buena amiga X: ¿Y quién demonios no es raro? La explicación que Pitol ofrece de la categoría es insuficiente, pero eso no le quita belleza a su magnífico libro “El mago de viena”.

    ¿Qué agregar en torno a Huysmans? Que escribió un libro fenomenal que no es precisamente el que le dio fama: “La Bas” -exploración del universo espiritual del medioevo; biografía novelada de Gilles de Raiz, el asesino de niños; crónica intimista de las andanzas de un verdadero raro, Durtal; teoría sintética de la historia, con una defensa ambivalente de los métodos de Michelet. En suma, una verdadera maravilla que reclama pronta traducción al español, si es que no existe todavía.

  3. Roger Malquerer Dice:

    Renard acaba de escribir “Pelo de zanahoria”. El título al parecer escandalizó a Huysmans, que en una reunión amical le sugirió: “Quita la palabra zanahoria, no se usa en la alta sociedad”. Se refería, tal vez, a la sociedad del estilo.

  4. lalectoraprovisoria Dice:

    Roger. Primero, lo de raro jugaba con “el rey de los trolos”. Una broma inofensiva. No sé qué dice Pitol.

    Segundo. La bas es Allá lejos, el libro del que hablo por ahí, que tiene esa edición bizarra de Valdemar.

    Lo cierto es que M. Huysmans parece un escritor del carajo.

    Q

  5. Roger Malquerer Dice:

    Si fuese argentino, hubiera entendido lo de los trolos. Y eso de los raros no me molesta, simplemente me parece trillado; no por la lectora provisoria, sino por lo tanto que lo repiten los escritores jóvenes de 45 años.

    No conozco la versión de Valdemar. La novela la leí en Inglés en una traducción excelente. Y sí, Huysmans es eso: un escritor del carajo.

  6. lalectoraprovisoria Dice:

    Entre los baches que tiene mi cultura literaria figura el decadentismo. Hasta hoy, cuando encontré A la deriva, la nouvelle de Joris-Karl Huysmans, no había leído nada de ellos. Tengo una antología publicada en 2007 por la sorprendente editorial argentina Caja Negra, cuyo subtítulo es Perversión, neurasteina y anarquía en Francia. Los (auténticos) decadentes, dice allí, son uno de los fenómenos más injustamente subestimados de la historia de la literatura. No sé quiénes son todos los decadentes, pero los antologados por Claudio Iglesias para Caja Negra son Jean Lorrain, Villiers de L’Isle-Adam, Barbey d’Aurevilly, Huysmans, Jean Richepin, Remy de Gourmont y Marcel Schwob. Tengo libros de todos ellos (salvo de Richepin, que no me suena par nada) y, en particular, la que se considera la obra maestra del grupo y uno de los hitos de la transición literaria entre los siglos XIX y XX: A rebours de Huysmans, traducido al castellano como A contrapelo, Al revés e incluso Contra natura, título que sugiere la impresión que uno tiene de los decadentistas apenas se acerca a ellos: que eran una banda de grandes trolos. Al parecer no es así ni todos lo eran, pero sí Lorrain abiertamente quien, según dicen, disputaba con Proust —con el que se batió a duelo— el centro del mundillo gay en París. Y me parece que Huysmans también, por un comentario de la antología que habla de Lorrain: “Los caminos vedados de la sodomía y el satanismo pautaron su amistad con Huysmans”. En fin: todo en los decadentes suena a caminos vedados en la vida y en la obra. Uno de los libros que tengo en la biblioteca es una espectacular edición de Valdemar de Allá lejos, también de Huysmans, impreso con tinta azul (!).

    Huysmans nació y murió en París (1848-1907), era descendiente de pintores flamencos y su vida extravagante en las letras se complementó con una larga carrera de burócrata en el Ministerio del Interior, en algo relacionado con la policía. En sus primeras obras, Huysmans se acercó al naturalismo de Zola, para romper definitivamente con él a partir de A rebours, coquetear luego con el satanismo y, finalmente, convertirse al catolicismo y pasar su últimos años en un convento. A la deriva (1882) es dos años anterior a A rebours y se considera como su obra de transición entre el período naturalista y el simbolista (en prosa) o decadentista. Copio todo esto porque no es fácil enfrentarse con un librito diabólico como este, donde no se sabe si uno lee al San Francisco de Asís o al Conde Drácula.

    Pero en realidad no es uno ni otro y la impresión que de el librito es la de un embrión de Bouvard y Pécuchet (que se publicó póstumo en 1881), menos por la trama que por la atmósfera. El señor Folantin es un oscuro escribiente en un ministerio, rengo, misántropo, desinteresado de las mujeres. El señor Folantín es pobre, está incómodo en la ciudad, en el trabajo, en su pequeño departamento pero sobre todo no encuentra cómo alimentarse decentemente con lo que su modesto sueldo le permite. A la deriva es la historia de la lucha de Folantin contra los infames restaurantes en los que los pequeñoburgueses pobres son envenenados cada noche, obligados a tomar vino malo y comidas en dudoso estado. Y es también la historia de su progresiva desesperación frente a un problema insoluble (que hoy sería plenamente válido como tema: no hay dónde comer decentemente en el barrio a menos que uno sea rico… y aún así…) buen símbolo del estado de miseria espiritual en la que vive toda una clase.

    Llegó el momento de decir que el libro es brillante. Huysmans es un virtuoso, capaz de inventar mil y una formas de comer mal, de describir esa noches de soledad y de indecisión de Folantin frente a la certeza de que llegará la hora de la cena y solo le queda elegir entre tugurios sucios o desabridos, entre comidas malolientes o insípidas y estar en compañía de los que son como él pero no se dan cuenta de la desgracia que les ha tocado en la vida.

    Huysmans fue un crítico de arte y de literatura refinado y se notan su manías cuando describe los paseos de Folantin entre los libreros de viejo de los quais y la declaración de que solo tiene cincuenta libros que sabe de memoria. Las pintura de los momentos de la vida gris y sin destino de la clase media es vivaz, maligna, extraordinaria. El horror frente a los teatros de medio pelo, el desagrado por que los bulevares han reemplazado las callejuelas, la molestia del invierno parisino, la añoranza por una vida con sol y libros para leer son de una elocuencia superlativa. Déjenme copiar un par de fragmentos. El primero describe la visita a un comedero popular donde van los estudiantes, que bien podría ser la descripción de algunos blogs:

    Casi todos los miembros de la juventud estudiantil, esa gloriosa juventud cuyo pensamiento trivial asegura a las clases dirigentes la leva inmortal de su estupidez. El Sr Folantin veía desfilar ante sí todos los lugares comunes, todos los retruécanos, todas las opiniones literarias caducas, todas las paradojas usadas hacía más de cien años.

    Y este es el final del libro, después de una de las búsquedas de un lugar mejor para cenar acaba en el encuentro con una prostituta, donde ser muestra un poco el horror que las mujeres le producían a Huysmans.

    El Sr. Folantin bajó de la casa de aquella chica profundamente asqueado y, cuando iba hacia su casa, abarcó en una sola visión el horizonte desolado de su vida; comprendió la inutilidad de los cambios de ruta, la esterilidad de los arranques y de los esfuerzos; “lo que hay que hacer es dejarse ir a la deriva. Schopenhauer tiene razón —se dio— “la vida del hombre oscila como un péndulo entre el dolor y el hastío. Así que no tiene ningún sentido acelerar o retrasar el vaivén de la péndola; lo único que se puede hacer es cruzar los brazos y tratar de dormir; cómo me equivoqué cuando quise modificar los hechos del pasado cuando quise ir al teatro, fumar algún buen cigarro, tomar tónicos y visitar a una mujer; cómo me equivoqué cuando dejé de ir a un mal restaurante para ir a otros no menos malos, ¡y todo para encallar en los inmundos volovanes de una pastelera!

    Razonando de ese modo, llegó a su casa. “Vaya, ahora no tengo cerillas”, de dijo, rebuscando en los bolsillos mientras subía las escaleras. Entró en su casa, un soplo de frío le heló la cara e, internándose en la oscuridad, suspiró: “lo mejor será regresar al viejo tascucio, volver al redil espantoso. Definitivamente, lo mejor no existe para los pobres; sólo les sucede lo peor.”

    (Es la primera vez que veo la palabra “tascucio”, pero parece que Huysmans usaba términos oscuros y olvidados del francés y el traductor quiso encontrar algún equivalente.)

    Q

  7. Mulder Dice:

    Viene a cuento. Una mención especial a los Des Esseintes colombianos: el José Fernández de De sobremesa y el mas díscolo Arturo Cova de La vorágine, la gran novela de José Eustasio Rivera.

  8. lalectoraprovisoria Dice:

    Roger. Mis disculpas. Cuando escribí el comentario de las 2:34 pensé que ya había subido el de las 6:38. El día electoral fue agitado…

    Q

  9. sebastian andres sanchez Dice:

    Monsieur Huysmans era, con su mezcla de catolicismo y satanismo, uno de mis escritores favoritos de mi adolescencia. Leí
    Ällä Lejos ¨ en una edición de la llorada editorial Bruguera y ´Al rëvés ¨en una edición de la no menos llorada librería Fausto, que aparte de vender al público , solían editar libros como ¨Cuentos populares italianos ¨ de Italo Calvino .

  10. saint-jacob Dice:

    …otra del tipo…

    http://www.linksole.com/z7b7xc

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