Primera página (28)

Un genio doméstico

10 comentarios para “Primera página (28)”

  1. Max Fischer Dice:

    Laiseca, Aventuras de un novelista atonal.

  2. desde la sierra Dice:

    Vengo tarde ultimamente y además ignorante, pero este por lo menos estuvo entre mis manos. Max, ud está en lo cierto, Laiseca y su atonal con seguridad.

  3. lalectoraprovisoria Dice:

    Empiezo por confesar algo. Hasta que esta mañana, cuando después de subir la primera página de Aventuras de un novelista atonal me puse con el libro, no había leído nada de Alberto Laiseca. Hay escritores cuyo nombre viene asociado con buenas vibraciones y Laiseca es uno de ellos. Durante años, compré todos los libros suyos que encontraba en las librerías, incluyendo las 1300 páginas de Los sorias. Pero los ponía ahí, uno al lado del otro, sin decidirme por cuál empezar. Es cierto que el personaje Laiseca me intimidaba un poco: no tanto por el aspecto de ogro bonachón, ni por su fama de chiflado genial, ni por su presencia en una película más bien infame como El artista. El temor que me generaba Laiseca es que no estuviera a la altura de su excentricidad. Es decir, si un escritor tiene esa pinta y genera esa leyenda, tiene que ser un genio porque si no es un chasco.

    Después de leer las 124 páginas de este librito, publicado en 1982 y reeditado por Santiago Arcos veinte años más tarde, no tengo dudas de que estamos en el primer caso. Laiseca es un genio. Es una de las grandes fortunas que tiene la literatura argentina. No hay nadie en ella tan libre, tan original, tan ingenioso, tan cómico y tan trágico al mismo tiempo. La ingenuidad de Laiseca, su sinceridad, su carácter de outsider vocacional y verdadero, lo distinguen como si le hubiera sido otorgado un título de nobleza literaria, de esos que se conceden una vez por generación. Solo alguien que sufre como Laiseca y que vive hasta tal punto en la literatura es digno de ese reconocimiento.

    En un sistema literario en el que los escritores medran con sus pequeñas historias personales, planean cuidadosamente cada paso en su carrera y participan de una vida social, académica y promocional intensa, la idea de un tipo encerrado escribiendo, acechado por sus fantasmas y alimentado con el goce retrospectivo de sus lecturas, es una anomalía absoluta. Laiseca es un monstruo, pero un monstruo benefactor de sus lectores. Ese es el efecto que me produjo el novelista atonal, cuyo personaje tanto se le parece.

    En el prólogo de esta edición reciente, Fogwill anota que Piglia ha leído en Las aventuras un prólogo de Los sorias. No hace falta ser Piglia ni Fogwill para advertir la relación entre uno y otro, pero más que un prólogo, El novelista atonal es de Los sorias un making-of anticipado. De hecho, el libro tiene dos partes bien diferenciadas y si bien la segunda —una invasión de Rusia durante la última era glaciar a cargo del tiránico Rey Teobaldo en la que se juntan todas las tecnologías y las crueldades de la historia— bien podría aparecer en Los sorias, en la primera —que se llama como el libro— se cuenta cómo un novelista fóbico escribe en una miserable pieza de la pensión de doña Clota una novela de 2500 páginas. Esa novela desmesurada, completamente a contramano de su época (de ahí la atonalidad), tiene mucho de Los sorias, que Laiseca venía imaginando y escribiendo desde siempre. El relato se emparenta con La vida nueva, la novela de Aira en la que recuerda las demoras en la publicación de Moreira, su primera novela. Pero si Aira (evidentemente, el otro escritor cuya obra está en la longitud de onda de Laiseca) construye a partir de la anécdota de su debut literario una de sus novelas más maduras, más melancólicas, El novelista atonal es una invención desaforada y desopilante, de una frescura brutal. “Ahora por fin comprendo que solo el delirio nos hará libres”, dice uno de los hijos de Grotesco de Montfort Bruillon en La epopeya del Rey Teobaldo y el delirio erudito en saberes múltiples, a veces controlado pero siempre premonitorio de la publicación de Los sorias nos hace verdaderamente libres, nos coloca en un paraíso de placer en el que la literatura es soberana.

    Cito ahora sí a Fogwill:

    … un autor que sabía librarse del tono de la época y que desde entonces sigue su camino a espaldas de una demanda que combina la mesura en el lenguaje con la trivialidad de los temas. A comienzos de los ochenta Laiseca venía a ofertar desmesura temática y naturalidad en la lengua narrativa. Nada en ella es impostado, porque no escribe con la lengua hablada —ese artificio magistral del grado cero del decir— sino con la lengua natural de la literatura, que, en la parodia, remite permanentemente a la épica y a los orígenes de la novela.

    Y es verdad: El novelista atonal remite al Quijote, en particular por algo que me parece muy poco común en la historia de la literatura. Laiseca imagina un escritor y una novela imposibles, propios de una construcción borgiana. Incluso imagina un editor que solo la publica porque quiere fundirse y actúa como los productores de Con un fracaso millonarios. Un disparate que nadie quiere leer, que nadie respeta pero que por misteriosas razones termina siendo un éxito. Un disparate, una pura ficción, salvo por el detalle de que la novela existe, es (o será) Los sorias y que el novelista es Laiseca. Claro que en 1982 no teníamos Los sorias para comprobarlo (vieron que a veces es mejor dejar que los libros se estacionen en el estante).

    Les dejo un fragmento escogido:

    El final de la novela atonal resultaba un poco tramposo. Se parecía a las organizaciones heterodoxas de Stravinsky. Para sorpresa del lector, los últimos párrafos eran tonales. Terminaba con un teorema continuo y completo del matemático Riemann. El novelista sostenía que era un poema de los más bellos. Diremos de paso que esta concesión, esta traición, esta agachada de cerviz ante los propios sentimentalismos, le valió la animadversión de los poquísimos que lo habían seguido con gusto hasta ese momento.

    Sigo sin entender por qué hay escritores argentinos que admiran a Coetzee y Naipaul si en el barrio están Aira y Laiseca.

    Q

  4. karlos Dice:

    Gran novela que reencontré hace unos días armando mi nueva biblioteca y hoy mismo la separo para releer. También observo que uds. también compran libros para leer “después”, como yo, pero lo que envidio de verdad es la cantidad y calidad de libros que deben tener, ya que de la mayoría de las “primeras páginas” publicadas hasta ahora prácticamente no tengo a ninguno…Tendré que armar otra biblioteca! Cuántas miles de libros atesoran los sanclementinos? Saludos y buena votación.

  5. sombrafantasma Dice:

    La tengo esperando (compro también para el futuro). Casi no tengo recuerdos -excepto las máquinas sexuales- de “La mujer en la muralla” que leí hace mucho. De San Bernadro este verano traje “El gusano máximo de la vida misma”. Me fascinó. Se siente la libertad de un genio que desborda y nos vuelve más libres también, un rato por lo menos.

    Por momentos pensaba que era lo más extraordinario que había leído, quizás estaba exagerando pero frente a un despliege tal no podía ofrecer menos. Después de todo si una cucaracha dio tanto que hablar en la literatura, el gusano máximo no se queda atrás.

    Si perder un sentido del humor incomparable, conmueven los recuerdos familiares del narrador y el necrófilo escapado de Su turno para morir. Tengo curiosidad de ver cómo van cruzándose los personajes de un libro a otro en su obra.

    En un suplemento de verano, hace años, leí un cuento donde uno de los personajes tenía guardada las tetas de María Antonieta, para admiración secreta y de algunos pocos. En el gusano también revela su obsesión (que no juzgo y comparto) por ejemplo en pasajes como: “Cuántos crímenes que, supuestamente, se cometieron en el nombre del amor, en realidad se cometieron en el secreto, inconfesable, nombre de las tetas”.

    Por suerte además de Las desventuras…, gracias a mi avaricia, también me espera Las Aventura del Profesor Eusebio Filigranati y Los sorias que no entiendo porqué no editaron en dos tomos que puedan sostenerse con las manos de un mortal, si estábamos dispuestos a pagar igual, si fuera necesario… (que no lo es).

  6. sebastian andres sanchez Dice:

    Grande, Q !!!!! otra vez compartimos algo. Te conté alguna de las veces que nos vimos, que Laiseca era extraoirdinario. Ojo, que aparte de lo que señalás en estas novelas es un cuentista genial también . Acaban de editar un mamotreto de tamaño soriásico con su narrativa breve completa.

  7. sombrafantasma Dice:

    Ya que aprece mencionado en tu comentario Q, por prologar el libro de Laiseca aprovecho y lo digo: cuánto se extraña a Fogwill no. Ahora por suerte surgen noticias de libros postumos que para su horror está en manos de editores. Lo que sea, será bienvenido para los que lo extrañamos.

  8. saint-jacob Dice:

    http://www.4shared.com/get/XY_qJOqi/41651.html

  9. saint-jacob Dice:

    …si gustan de los cuentos del loco…

    http://www.4shared.com/file/16853066/77bf1791/31777.html

    http://www.4shared.com/get/sY2ufjfr/31776.html

  10. saint-jacob Dice:

    … si gustan de enloquecer…

    https://rs552l32.rapidshare.com/#!download|552dt|220744532|Los_Sorias.pdf|35022|R~DC15FC7A3D8530D1D91E3EBB94283681

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