This entry was posted on julio 28, 2011 at 10:10 am and is filed under Primeras Páginas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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Qué bueno los comienzos de todas estas primeras páginas!
———
“Hay un canon de primeras frases célebres ..
..La cosa, como es obvio, se vincula con las liturgias, con el rito y con, digamos, una disposición cultural de larga duración, antropológica se diría, según la cual siempre es posible arruinar lo que siga al mejor de los comienzos, pero imposible levantar el muerto de un inicio torpe, fallido o equívoco (y es irrelevante que no sea cierto, porque así y todo funciona). Entre los casos más conocidos sobre cómo arruinar para siempre un comienzo está el del chiste con Garcilaso, a la postre lacaniano: “El dulce lamentar de dos pastores”, “El dulce lamen tarde dos pastores”. Huelga decir que el chiste es pueril y ligero porque Garcilaso escribió eso, es decir se lo buscó.” Miguel Dalmaroni
bazaramericano.com, mayo-junio 2011
Es una opcion miserable, ya lo se, pero mi unica esperanza es que nadie lo sepa. Van 27 y no acerte nunca(pero supuse uno o dos, me refiero a los autores, tristisimo)
Como bien dijo el espía informático Hishkatan, la primera página de hoy es del libro Aventuras de una negra en busca de Dios de George Bernard Shaw (1856-1950), Premio Nobel en 1925 y ganador del Oscar en 1938 por el guión de Pygmalion.
Tengo Aventuras de una negra en busca de Dios en una edición muy sofisticada de la editorial mexicana Aldus, con una elegante tapa verde e ilustrada con los grabados originales de 1933 de John Farleigh (hasta viene con un señalador con esos preciosos grabados). Según cuenta en el prólogo, la traductora y editora Georgina Blanco, se publicó por primera vez como “Libro de Navidad” y vendió 200.000 ejemplares antes del final del año.
Hace tiempo que tenía ganas de releer algo de Bernard Shaw, pero no tengo nada en casa. Ni tampoco encuentro nada cuando voy por las librerías. El único libro que conseguí fue este, Aventuras de una negra en busca de Dios, que no sé de dónde lo saqué. Así que para sacarme el antojo hoy me puse a leerlo.
Se preguntarán por qué quería releer a Bernard Shaw. Resulta que me crié en una familia del PC donde abundaban las obras de este autor y mi viejo era un gran fan del escritor irlandés. Recuerdo haber leído Comedias agradables y Comedias desagradables. Y sé que, en su momento, me encantaron. Más tarde, también leí Hombre y superhombre y Pygmalion. Todos los libros me gustaban por su chispa tan particular. Acabo de encontrar una página con citas de Shaw, otro rey de los one-liners, como Woody Allen. Mi papá siempre me advertía que lo más importante eran los prólogos de las obras de teatro de GBS. Lo único que recuerdo eran que eran largos y que trataba con esfuerzo que me interesaran. No recuerdo si me gustaban. Por eso, quería volver ya adulta (casi vieja) sobre esos mismos textos, pero no se consiguen. ¡Malditas modas! ¿Cómo puede ser que no se consiga Pygmalion? Quizás deba leerlos en inglés porque son muy fáciles, o eso al menos recuerdo. Y supongo que en inglés existirán, o acaso también haya desaparecido GBS en los países angloparlantes, aunque me parece improbable. Y seguro que están en PDF gratis en la web, pero me da fiaca leer en la computadora.
La frustración del día es que no sé si me gustó. Me fui al balotaje. No sé qué decirles. Creo que el librito más bien me aburrió. Es una especie de Cándido de Voltaire (otro libro que adoré a los veinte años y que aburrió a Q a los cincuenta y pico) pero la protagonista, en lugar de buscar el mejor de los mundos posibles, parte de viaje en busca de Dios. Se encuentra con varios especímenes y los va desechando, les discute o los mata, pero ella sigue su camino con decisión para encontrar al Gran Creador. Al final, se topa con un viejo que le dice que para encontrar a Dios debe cultivar su jardín. Así que se queda con el buen anciano a quien venera sembrando papas. Un día, aparece un irlandés socialista e ignorante quien se une al grupo de plantadores de papas y al viejo se le ocurre que la joven debe casarse con él. La negra no quiere, pero finalmente acepta por obligación. El irlandés y mujer, entonces, se casan, tienen hijos, la negra deja de buscar a Dios por unos años, y, cuando vuelve a tener tiempo libre para pensar, ya es vieja y no tiene energía para reiniciar su periplo.
De eso se trata, de una larga reflexión, que intenta ser graciosa, para mí sin lograrlo, sobre la religión y la Biblia. Puede ser mi ignorancia sobre el tema, pero hoy lamentablemente GBS me aburrió.
Ojo, que a mí me gustan los libros sobre La biblia, aunque nunca la leí. ¡Vergüenza debería darme! Para reivindicarme un poco, les cuento que disfruté de las sátiras religiosas de Mark Twain, como el Eldiario de Adán y Eva que me resultó desopilante y, en la vertiente seria, ahora mi hermano Liso me trajo el Evangelio abreviado de Tolstoi, que todavía no leí pero seguro que me va a interesar, como Confesión, por ejemplo. Pero este libro no me resultó ni gracioso ni religioso. Algo que no alcanzo a detectar bien me mantuvo distante.
En el extenso epílogo (porque este libro no viene con un prólogo sino con un epílogo) dice Shaw:
…es más sensato aceptar la advertencia de Voltaire sobre las ventajas de cultivar un jardín y educar a sus negritos en vez de gastar su vida en imaginar que podía encontrar una explicación del universo circundante a golpe de clava.
¿Por qué? ¿Por qué una negra no puede pasar su vida tratando de encontrar a Dios o lo que sea? ¿No es un pensamiento demasiado burgués?
Pensando en estos temas, me acordé de que Tolstoi se escribía con Bernard Shaw y corrí a mi pieza a buscar la correspondencia del ruso.
En la entrada “Shaw, George Bernard” del índice onomástico de la correspondencia tolstoiana, dice que Shaw “incluyó a Tolstoi en una lista de los cinco hombres que estaban construyendo ‘la conciencia intelectual de la raza’. Los otros eran Nietzsche, Wagner, Schopenhauer e Ibsen.”
En la correspondencia hay dos cartas de Tolstoi a Shaw. Creo que en esta cita de 1908, Tolstoi expresa un poco lo que me pasó esta tarde leyendo Aventuras de una negra en busca de Dios.
En su libro encuentro el deseo de sorprender, de maravillar al lector con la erudición, el talento y la inteligencia tan enormes que usted posee. Y, sin embargo, esto no sólo no hace falta para resolver las cuestiones que aborda, sino que con frecuencia distrae la atención del lector de la esencia misma del asunto, haciéndolo sentirse atraído por la brillantez de la exposición.
En todo caso, pienso que este libro suyo no expresa sus puntos de vista en su desarrollo amplio y claro, sino únicamente en su estado embrionario. Pienso que si desarrolla esos puntos de vista, llegará a la única verdad que todos buscamos y a la que nos vamos acercando poco a poco.
Pero no se crean que tiré a GBS a la basura. Sigo intrigada por volver a leer los libros que disfruté en la adolescencia. Algún día los encontraré.
Mientras tanto, de vez en cuando, reveo My Fair Lady, que me encanta. Creo que alguna vez vi Pygmalion, la versión con el guión oscarizado de GBS, pero si lo hice no me acuerdo. Pero My Fair Lady, con Audrey Hepburn y Rex Harrison, es una de mis películas protectoras. Y adoro al profesor Higgins y al padre de Liza Doolittle, dos personajes inolvidables que justifican con holgura la inmortalidad de Mr Shaw. Hasta la próxima.
También yo leí a mis 20 el Cándido de Voltaire, y recuerdo que durante la lectura me reía a carcajadas. Creo que todo Voltaire me hacía reir en aquel entonces. Pero no sé si esto es una señal importante para evaluarlo a la distancia, puesto que habitualmente me río cuando leo, aun con temas serios, amargos o abstractos. La (buena) escritura tiene siempre gracia para mí, no importa el tema que toque, y una de sus mejores virtudes (junto con la imaginación que desata y la libertad que provoca) es esa especie de curiosa higiene mental que proporciona la risa derivada del impreso.
Con respecto a libros que comentan la Biblia, recuerdo en este momento uno de Fernando Vallejo, La Puta de Babilonia (que más que comentarla la destripa), y otro del erudito Gerald Messadié, El Diablo (Histoire générale du diable), dos ensayos tan dispares como rigurosos.
Por algún motivo viene también a mi memoria la excelente El Reino de los Réprobos (The Kingdom of the Wicked), de Anthony Burgess, quien tiene en su haber estupendas novelas históricas.
julio 28, 2011 a las 12:34 pm
Qué bueno los comienzos de todas estas primeras páginas!
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“Hay un canon de primeras frases célebres ..
..La cosa, como es obvio, se vincula con las liturgias, con el rito y con, digamos, una disposición cultural de larga duración, antropológica se diría, según la cual siempre es posible arruinar lo que siga al mejor de los comienzos, pero imposible levantar el muerto de un inicio torpe, fallido o equívoco (y es irrelevante que no sea cierto, porque así y todo funciona). Entre los casos más conocidos sobre cómo arruinar para siempre un comienzo está el del chiste con Garcilaso, a la postre lacaniano: “El dulce lamentar de dos pastores”, “El dulce lamen tarde dos pastores”. Huelga decir que el chiste es pueril y ligero porque Garcilaso escribió eso, es decir se lo buscó.” Miguel Dalmaroni
bazaramericano.com, mayo-junio 2011
julio 28, 2011 a las 3:53 pm
Uh, no lo conocemos. De veras está olvidado este/a grande.
julio 28, 2011 a las 3:57 pm
ni idea, che
julio 28, 2011 a las 4:01 pm
Es una opcion miserable, ya lo se, pero mi unica esperanza es que nadie lo sepa. Van 27 y no acerte nunca(pero supuse uno o dos, me refiero a los autores, tristisimo)
julio 28, 2011 a las 4:33 pm
George Bernard Shaw. Je. No por erudito sino por detective informático.
julio 28, 2011 a las 7:34 pm
Me pregunto como escribio “lance amoroso” en la version original en ingles…
julio 28, 2011 a las 7:39 pm
¿levanting?
julio 28, 2011 a las 9:17 pm
Como bien dijo el espía informático Hishkatan, la primera página de hoy es del libro Aventuras de una negra en busca de Dios de George Bernard Shaw (1856-1950), Premio Nobel en 1925 y ganador del Oscar en 1938 por el guión de Pygmalion.
Tengo Aventuras de una negra en busca de Dios en una edición muy sofisticada de la editorial mexicana Aldus, con una elegante tapa verde e ilustrada con los grabados originales de 1933 de John Farleigh (hasta viene con un señalador con esos preciosos grabados). Según cuenta en el prólogo, la traductora y editora Georgina Blanco, se publicó por primera vez como “Libro de Navidad” y vendió 200.000 ejemplares antes del final del año.
Hace tiempo que tenía ganas de releer algo de Bernard Shaw, pero no tengo nada en casa. Ni tampoco encuentro nada cuando voy por las librerías. El único libro que conseguí fue este, Aventuras de una negra en busca de Dios, que no sé de dónde lo saqué. Así que para sacarme el antojo hoy me puse a leerlo.
Se preguntarán por qué quería releer a Bernard Shaw. Resulta que me crié en una familia del PC donde abundaban las obras de este autor y mi viejo era un gran fan del escritor irlandés. Recuerdo haber leído Comedias agradables y Comedias desagradables. Y sé que, en su momento, me encantaron. Más tarde, también leí Hombre y superhombre y Pygmalion. Todos los libros me gustaban por su chispa tan particular. Acabo de encontrar una página con citas de Shaw, otro rey de los one-liners, como Woody Allen. Mi papá siempre me advertía que lo más importante eran los prólogos de las obras de teatro de GBS. Lo único que recuerdo eran que eran largos y que trataba con esfuerzo que me interesaran. No recuerdo si me gustaban. Por eso, quería volver ya adulta (casi vieja) sobre esos mismos textos, pero no se consiguen. ¡Malditas modas! ¿Cómo puede ser que no se consiga Pygmalion? Quizás deba leerlos en inglés porque son muy fáciles, o eso al menos recuerdo. Y supongo que en inglés existirán, o acaso también haya desaparecido GBS en los países angloparlantes, aunque me parece improbable. Y seguro que están en PDF gratis en la web, pero me da fiaca leer en la computadora.
La frustración del día es que no sé si me gustó. Me fui al balotaje. No sé qué decirles. Creo que el librito más bien me aburrió. Es una especie de Cándido de Voltaire (otro libro que adoré a los veinte años y que aburrió a Q a los cincuenta y pico) pero la protagonista, en lugar de buscar el mejor de los mundos posibles, parte de viaje en busca de Dios. Se encuentra con varios especímenes y los va desechando, les discute o los mata, pero ella sigue su camino con decisión para encontrar al Gran Creador. Al final, se topa con un viejo que le dice que para encontrar a Dios debe cultivar su jardín. Así que se queda con el buen anciano a quien venera sembrando papas. Un día, aparece un irlandés socialista e ignorante quien se une al grupo de plantadores de papas y al viejo se le ocurre que la joven debe casarse con él. La negra no quiere, pero finalmente acepta por obligación. El irlandés y mujer, entonces, se casan, tienen hijos, la negra deja de buscar a Dios por unos años, y, cuando vuelve a tener tiempo libre para pensar, ya es vieja y no tiene energía para reiniciar su periplo.
De eso se trata, de una larga reflexión, que intenta ser graciosa, para mí sin lograrlo, sobre la religión y la Biblia. Puede ser mi ignorancia sobre el tema, pero hoy lamentablemente GBS me aburrió.
Ojo, que a mí me gustan los libros sobre La biblia, aunque nunca la leí. ¡Vergüenza debería darme! Para reivindicarme un poco, les cuento que disfruté de las sátiras religiosas de Mark Twain, como el El diario de Adán y Eva que me resultó desopilante y, en la vertiente seria, ahora mi hermano Liso me trajo el Evangelio abreviado de Tolstoi, que todavía no leí pero seguro que me va a interesar, como Confesión, por ejemplo. Pero este libro no me resultó ni gracioso ni religioso. Algo que no alcanzo a detectar bien me mantuvo distante.
En el extenso epílogo (porque este libro no viene con un prólogo sino con un epílogo) dice Shaw:
¿Por qué? ¿Por qué una negra no puede pasar su vida tratando de encontrar a Dios o lo que sea? ¿No es un pensamiento demasiado burgués?
Pensando en estos temas, me acordé de que Tolstoi se escribía con Bernard Shaw y corrí a mi pieza a buscar la correspondencia del ruso.
En la entrada “Shaw, George Bernard” del índice onomástico de la correspondencia tolstoiana, dice que Shaw “incluyó a Tolstoi en una lista de los cinco hombres que estaban construyendo ‘la conciencia intelectual de la raza’. Los otros eran Nietzsche, Wagner, Schopenhauer e Ibsen.”
En la correspondencia hay dos cartas de Tolstoi a Shaw. Creo que en esta cita de 1908, Tolstoi expresa un poco lo que me pasó esta tarde leyendo Aventuras de una negra en busca de Dios.
Pero no se crean que tiré a GBS a la basura. Sigo intrigada por volver a leer los libros que disfruté en la adolescencia. Algún día los encontraré.
Mientras tanto, de vez en cuando, reveo My Fair Lady, que me encanta. Creo que alguna vez vi Pygmalion, la versión con el guión oscarizado de GBS, pero si lo hice no me acuerdo. Pero My Fair Lady, con Audrey Hepburn y Rex Harrison, es una de mis películas protectoras. Y adoro al profesor Higgins y al padre de Liza Doolittle, dos personajes inolvidables que justifican con holgura la inmortalidad de Mr Shaw. Hasta la próxima.
F
julio 29, 2011 a las 8:41 am
También yo leí a mis 20 el Cándido de Voltaire, y recuerdo que durante la lectura me reía a carcajadas. Creo que todo Voltaire me hacía reir en aquel entonces. Pero no sé si esto es una señal importante para evaluarlo a la distancia, puesto que habitualmente me río cuando leo, aun con temas serios, amargos o abstractos. La (buena) escritura tiene siempre gracia para mí, no importa el tema que toque, y una de sus mejores virtudes (junto con la imaginación que desata y la libertad que provoca) es esa especie de curiosa higiene mental que proporciona la risa derivada del impreso.
Con respecto a libros que comentan la Biblia, recuerdo en este momento uno de Fernando Vallejo, La Puta de Babilonia (que más que comentarla la destripa), y otro del erudito Gerald Messadié, El Diablo (Histoire générale du diable), dos ensayos tan dispares como rigurosos.
Por algún motivo viene también a mi memoria la excelente El Reino de los Réprobos (The Kingdom of the Wicked), de Anthony Burgess, quien tiene en su haber estupendas novelas históricas.
Saludos.