Primera página (6)

Un panfleto de los buenos

13 comentarios para “Primera página (6)”

  1. equidna Dice:

    ¿René de Chateaubriand?

  2. hilario ascasubi Dice:

    parece hablar de Napoleón…

  3. lilia Dice:

    Juas, qué texto enigmático. Muy lindo. Ni idea qué es.

  4. Noel Dice:

    Sí equidna, De Buonaparte y de los Borbones.

  5. lalectoraprovisoria Dice:

    Efectivamente. Es un pequeño libro de François-René de Chateaubriand que Acantilado editó en marzo de 2011. Se llama De Buonaparte y de los Borbones y en la Wikipedia francesa está calificado (entre ensayos, memorias y novelas) como “libelo”. Chateaubriand lo publicó en 1813 para ayudar a la derrota de Napoléon y la restauración de la monarquía.

    La prosa de Chateaubriand es maravillosa y no veo el momento de terminar las Memorias de ultratumba, de las que solo leí una cuarta parte. Más difícil se me va a hacer emprenderla con El genio del cristianismo que compré hace unos días por diez pesos en una librería de viejo.

    Católico, monárquico, tenido como ejemplo de escritor reaccionario, a Sartre se le ocurrió una vez ir a mear encima de su tumba para demostrar que el tiempo de Chateaubriand había finalmente terminado. Pero hoy es más probable que sea el tiempo de Sartre el que haya caducado mientras que Chateaubriand vuelve una y otra vez como escritor genial y como referencia política. También como el diplomático que renunció a su cargo cuando su jefe cometió uno de sus primeros crímenes al asesinar al duque de Enghien.

    En principio, la elocuencia de Chateaubriand, sus diatribas contra Napoléon, son un deleite sin tomar en cuenta las consideraciones políticas o históricas.

    Entonces comenzaron las grandes saturnales de la realeza: los crímenes, la opresión, la esclavitud marcharon al mismo paso con la locura. Toda libertad expira, todo sentimiento honorable, todo pensamiento generoso se convierten en conspiraciones contra el Estado. Si se habla de virtud, se es sospechoso; alabar una buena acción es una ofensa contra el Príncipe. Las palabras cambian de acepción: un pueblo que lucha por sus soberanos legítimos es un pueblo rebelde; un traidor es un súbdito fiel; Francia entera se convierte en el imperio de la mentira; periódicos, panfletos, discurso, prosa y verso, todo disfraza la verdad. Si ha llovido, se asegura que hacía sol; si el tirano ha paseado por entre el pueblo mudo, se afirma que avanzaba entre las aclamaciones de la multitud. El único fin es el Príncipe; la moral consiste en entregarse a sus caprichos, el deber en elogiarlo. Sobre todo hay que prorrumpir en gritos de admiración cuando ha cometido un error o un crimen.

    Pero en el prólogo, Cesare Garboli señala con acierto que más que aludir a un tirano clásico, Chateaubriand retrata al dictador moderno, en particular a cualquier déspota de los siglos posteriores con su moral pragmática y su falta de escrúpulos.

    “Esa juventud será corrompida, pero así me obedecerá mejor; se destruirá ese ramo de la industria, pero de momento sacaré de él varios millones; esta empresa costará sesenta mil hombres, pero yo ganaré la batalla.” He aquí todo su razonamiento, y he aquí como los reinos son aniquilados.

    El texto resulta de una extraordinaria actualidad. Porque es evidente que el recurso de Chateaubriand a la Providencia como explicación y a la Monarquía como alternativa al despotismo (“Nosotros queremos la monarquía fundada sobre la base de la igualdad de los derechos, de la moral, de la libertad civil, de la tolerancia política y religiosa”) es simplemente un modo de construir una retórica que le permita enfrentarse con las formas contemporáneas de la dictadura.

    Cuando nosotros desde nuestra modestia argumentamos contra los pequeños dictadores y mandamases del populismo latinoamericano, esas sombras de las sombras de Napoleón, nos encontramos en una situación parecida a la de Chateaubriand, aunque recurrimos a la República y a la Democracia como talismanes que nos permiten afirmar que hay otro mundo posible, otro sistema político que no es el del mesianismo, la megalomanía y la prepotencia disfrazadas de beatitud ideológica ni es necesario que el fin de la razón de Estado, impuesta y manipulada contra el pueblo por un mediocre a quien el destino otorgó un poder que no sabe usar más que en su beneficio, sea la realidad inevitable.

    Termino con otro fragmento glorioso del libro, que también parece escrito ayer:

    Cuando Dios manda a la tierra a los ejecutores de los castigos del cielo, todo se allana delante de ellos; logran éxitos extraordinarios con una aptitudes mediocres; nacidos en medio de la discordias civiles, estos exterminadores sacan sus mayores fuerzas de los males que los han engendrado y del terror que el recuerdo de esos males inspira: consiguen así la sumisión del pueblo, en nombre de las calamidades de las que han escapado. Les es dado corromper y envilecer, acabar con el honor, degradar la almas, manchar todo lo que tocan, quererlo todo y atreverse a todo; reinar por medio de la mentira, la impiedad y el terror, hablar todas las lenguas, fascinar a quienquiera que los mire, engañar hasta a la misma razón, hacerse pasar por grandes genios cuando no son más que unos vulgares desalmados, pues la excelencia es inseparable de la virtud; arrastrando tras ellos a las naciones seducidas, llevados en triunfo por la multitud, deshonrados por cien victorias, con la antorcha en la mano, con los pies metidos en la sangre, van hasta los confines de la tierra como ebrios, empujados por ese Dios que ellos ignoran.

    Q

  6. Janfiloso Dice:

    ¡Ah bue!

  7. Juan Carlos Dice:

    Che Q, ya sé que es desubicado poner este post acá, pero nunca leí nada tuyo sobre Rodolfo Walsh. Si podés, me gustaría que escribieras algo. Saludos

  8. lalectoraprovisoria Dice:

    Sí escribí algo sobre Walsh en LLP, sobre uno de sus libros de cuentos. Pero ahora no me acuerdo dónde está.

    Q

  9. Juan Carlos Dice:

    No lo encuentro, cuando puedas, pasame el link. Saludos, gracias

  10. Juan Carlos Dice:

    Porque justamente sus libros de cuentos son formidables.

  11. Juan Carlos Dice:

    Ya lo encontré:
    http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2007/02/05/un-heroe-equivoco/

  12. Francisco de Zavalía Dice:

    Me encantó esta primera página y no, no leí a Chautenbriand. Pero lo haré. Hace 3 meses que estoy leyendo página a página la “Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano” de Edward Gibbon. Esta página, barroca, cargada y poderosa me hace acordar a Gibbon.

    Pero antes después de Gibbon y antes de Chautebriand leeré un par de números de Paparazzi.

    Y haceme un favor, publica una fácil y avisame, porque si esto es una competencia, voy último.

  13. Dam Dice:

    Gente, de ahora en más, todas las noches, taka taka: un ratito de Chateaubriand. Te cambia el bocho, para siempre.

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