Un panfleto de los buenos
This entry was posted on julio 7, 2011 at 11:10 am and is filed under Primeras Páginas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.

julio 7, 2011 a las 11:48 am
¿René de Chateaubriand?
julio 7, 2011 a las 12:32 pm
parece hablar de Napoleón…
julio 7, 2011 a las 2:11 pm
Juas, qué texto enigmático. Muy lindo. Ni idea qué es.
julio 7, 2011 a las 2:18 pm
Sí equidna, De Buonaparte y de los Borbones.
julio 7, 2011 a las 2:51 pm
Efectivamente. Es un pequeño libro de François-René de Chateaubriand que Acantilado editó en marzo de 2011. Se llama De Buonaparte y de los Borbones y en la Wikipedia francesa está calificado (entre ensayos, memorias y novelas) como “libelo”. Chateaubriand lo publicó en 1813 para ayudar a la derrota de Napoléon y la restauración de la monarquía.
La prosa de Chateaubriand es maravillosa y no veo el momento de terminar las Memorias de ultratumba, de las que solo leí una cuarta parte. Más difícil se me va a hacer emprenderla con El genio del cristianismo que compré hace unos días por diez pesos en una librería de viejo.
Católico, monárquico, tenido como ejemplo de escritor reaccionario, a Sartre se le ocurrió una vez ir a mear encima de su tumba para demostrar que el tiempo de Chateaubriand había finalmente terminado. Pero hoy es más probable que sea el tiempo de Sartre el que haya caducado mientras que Chateaubriand vuelve una y otra vez como escritor genial y como referencia política. También como el diplomático que renunció a su cargo cuando su jefe cometió uno de sus primeros crímenes al asesinar al duque de Enghien.
En principio, la elocuencia de Chateaubriand, sus diatribas contra Napoléon, son un deleite sin tomar en cuenta las consideraciones políticas o históricas.
Pero en el prólogo, Cesare Garboli señala con acierto que más que aludir a un tirano clásico, Chateaubriand retrata al dictador moderno, en particular a cualquier déspota de los siglos posteriores con su moral pragmática y su falta de escrúpulos.
El texto resulta de una extraordinaria actualidad. Porque es evidente que el recurso de Chateaubriand a la Providencia como explicación y a la Monarquía como alternativa al despotismo (“Nosotros queremos la monarquía fundada sobre la base de la igualdad de los derechos, de la moral, de la libertad civil, de la tolerancia política y religiosa”) es simplemente un modo de construir una retórica que le permita enfrentarse con las formas contemporáneas de la dictadura.
Cuando nosotros desde nuestra modestia argumentamos contra los pequeños dictadores y mandamases del populismo latinoamericano, esas sombras de las sombras de Napoleón, nos encontramos en una situación parecida a la de Chateaubriand, aunque recurrimos a la República y a la Democracia como talismanes que nos permiten afirmar que hay otro mundo posible, otro sistema político que no es el del mesianismo, la megalomanía y la prepotencia disfrazadas de beatitud ideológica ni es necesario que el fin de la razón de Estado, impuesta y manipulada contra el pueblo por un mediocre a quien el destino otorgó un poder que no sabe usar más que en su beneficio, sea la realidad inevitable.
Termino con otro fragmento glorioso del libro, que también parece escrito ayer:
Q
julio 7, 2011 a las 3:45 pm
¡Ah bue!
julio 7, 2011 a las 4:13 pm
Che Q, ya sé que es desubicado poner este post acá, pero nunca leí nada tuyo sobre Rodolfo Walsh. Si podés, me gustaría que escribieras algo. Saludos
julio 7, 2011 a las 4:17 pm
Sí escribí algo sobre Walsh en LLP, sobre uno de sus libros de cuentos. Pero ahora no me acuerdo dónde está.
Q
julio 7, 2011 a las 4:19 pm
No lo encuentro, cuando puedas, pasame el link. Saludos, gracias
julio 7, 2011 a las 4:19 pm
Porque justamente sus libros de cuentos son formidables.
julio 7, 2011 a las 4:26 pm
Ya lo encontré:
http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2007/02/05/un-heroe-equivoco/
julio 8, 2011 a las 9:42 pm
Me encantó esta primera página y no, no leí a Chautenbriand. Pero lo haré. Hace 3 meses que estoy leyendo página a página la “Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano” de Edward Gibbon. Esta página, barroca, cargada y poderosa me hace acordar a Gibbon.
Pero antes después de Gibbon y antes de Chautebriand leeré un par de números de Paparazzi.
Y haceme un favor, publica una fácil y avisame, porque si esto es una competencia, voy último.
julio 12, 2011 a las 11:28 pm
Gente, de ahora en más, todas las noches, taka taka: un ratito de Chateaubriand. Te cambia el bocho, para siempre.