La insoportable levedad del esnob

Publicado en Perfil el 26/6/11

por Quintín

Es posible que toda discusión sobre arte sea inseparable de la palabra “esnobismo”. Dos libros publicados en 2011 renuevan el interés por el tema. Ya el primer capítulo de La música en el grupo Sur de Pablo Gianera se titula: “Modernidad y esnobismo” y allí se afirma que Victoria Ocampo practicaba un “esnobismo ejemplar”. No creo que Ocampo se lo hubiera tomado como un elogio, pero unas páginas más adelante, Juan Carlos Paz la elogia indirectamente: “Snob, personaje entrometido y habitualmente pedante, aunque sensible y buen captador de nuevos impulsos en la expresión artística, por lo general, a los que apoya, contribuyendo de esa manera a la implantación de nuevos credos, valores, visión y posibilidades. Por el contrario su antípoda, el profesional suele ser un sujeto limitado a las rutinas de su oficio y cretinizado frecuentemente por ellas.”

Desde su espíritu adorniano, Gianera se distancia del esnobismo de Ocampo, de su afán renovador limitado por una gran ceguera sobre las vanguardias. Pero, acaso para no resultar incriminado por la cita de Paz, aclara en el prólogo que el libro no es una tesis académica ni aspira a “satisfacer referatos o estatutos curriculares”. Una cosa es reconocer el esnobismo propio, como hizo Thackeray en El libro de los esnobs escrito por uno de ellos y otra emprenderla contra los pobres y benéficos esnobs: atacarlos se está volviendo de mal tono.

Esa es la postura del otro libro, el Diccionario de Literatura para Esnobs de Fabrice Gaignault, una edición muy refinada y una monumental reivindicación del esnobismo literario que empieza citando a Proust (“el esnobismo es una grave enfermedad del alma pero localizada y que no la echa del todo a perder”) y rescata del olvido a unos cuantos nombres injustamente olvidados, e incluso a varios olvidados justamente. Sin embargo, Gaignault se cuida de aceptar para sí mismo el calificativo y aduce como prueba de ello que le gustan algunos de los diez libros que integran el panteón de los más odiados por los esnobs literarios, entre los que figuran La náusea de Sartre, El viejo y el mar de Hemingway y En el camino de Kerouac.

Acaso el peor defecto de Gaignault como árbitro del gusto se advierta en que en un libro escrito con ironía, con cierto desdén por los dinosaurios y en el que se habla de escritores raros y desconocidos, los pocos elogios enfáticos se concentren en revistas como Granta o McSweeney y en Dave Eggers, Michael Chabon, Zadie Smith y otras notoriedades anglosajonas, esa gente que practica “una determinada verdad en literatura, siempre atenta a no caer en el preciosismo o el intelectualismo” y que solían ser muy apreciados hace una década entre editores, agentes literarios y directores de suplementos.

A pesar de esa idea muy errada sobre la excelencia literaria, vale la pena leer el libro de Gaignault de corrido. De ese modo se advierte que al autor le importa menos la obra que la vida de los escritores elegidos y que entre las entradas del diccionario predominan quienes vivieron de un modo poco convencional. Da la impresión de que para decidir la selección final, Gaignault le sumó un punto a los alcohólicos, dos a los homosexuales, tres a los adictos a la droga, cuatro a los que dilapidaron su fortuna, cinco los suicidas, seis a los asesinos… La acumulación alfabética de tragedias produce un efecto narrativo que culmina en la última entrada. Esta corresponde a Fritz Zorn, un suizo muerto a los treinta y dos años, cuya autobiografía empieza diciendo: “Soy joven, rico y culto; y soy infeliz, estoy neurótico y solo.” Agrega Guignault: “Pues cada uno sabe para sus adentros que en realidad es un Fritz Zorn pendiente de condena”. Ser esnob es más duro de lo que parece.

Foto: Flavia de la Fuente

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Una respuesta para “La insoportable levedad del esnob”

  1. Rodrigo Dice:

    http://dialogandodemiconmigo.blogspot.com/2011/07/debates-x-mail-el-sabor-sopor-de-la.html

    Acá tienen un intercambio trasnochado de mails de cuando mis amigos y yo éramos jóvenes. El tema: Rambo I, II y III vs Lars von Trier y “El sabor de la cereza”.

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