Publicado en Perfil el 8/5/11
por Quintín
Hace unos meses compré Sobre héroes y tumbas con la intención de releerlo a la brevedad. Desde hacía tiempo sospechaba del doble desprecio del que era objeto su autor entre los universitarios (ya fuera entre la variante dedicada a las letras como entre los militantes), al que se agregaba la distancia que con él mantenía el poder político después de incurrir en la canallada de reescribirle el prólogo del Nunca más. La opinión sobre Sabato —prácticamente unánime entre la gente sofisticada— era que se trataba de un escritor mediocre que había abusado de su imagen y almorzado con el dictador Videla.
A su muerte quedó claro que el poder no lo quería demasiado y, a diferencia del velatorio de Mercedes Sosa, que transcurrió en el Congreso con pompa y llanto de los Kirchner, el de Sabato —un personaje respetado y popular— fue en Defensores de Santos Lugares, el club de su barrio, sin demasiados representantes del mundo cultural y con la solitaria asistencia de funcionarios del gobernador Scioli, acaso el político oficial con peor imagen entre la “gente como uno, culta, profesional, libresca, lúcida y progresista”. La expresión entre comillas es de Fogwill y alude justamente a quienes en su momento construyeron una imagen favorable de Sabato y un público para su novela. Pero si ese grupo social sigue existiendo, lee mucho menos que antes y ha sido penetrado tanto por el sentido común de la intransigencia de izquierda como por la larga prédica contra Sabato de los profesores de la academia y de los escritores de las generaciones siguientes. A su muerte, Sabato ya era decididamente “opio” y no “monada” —según la dicotomía que uno de sus personajes compartía con las clasificaciones de Landrú— y eso intimidó seguramente a quienes lo admiraban de un modo u otro, y así se escribieron obituarios de circunstancia y otros se encabezaron con fórmulas del tipo “tal vez Sabato no fuera un gran escritor” mientras que todo el mundo se apresuraba a aclarar que había leído sus novelas hacía mucho tiempo. De hecho, por las declaraciones de estos días, daba la impresión de que a Sabato solo lo habían leído personas que trascurrían la adolescencia y que ningún escritor maduro se había tomado el trabajo de volver a intentarlo.
Una notable excepción a esta regla fue justamente Fogwill (quien como no era opio fue velado en la Biblioteca Nacional), cuya atenta y necesaria relectura de Sabato acabo de descubrir por casualidad en una entrevista. Acababa de terminar Sobre héroes y tumbas que es un libro formidable y subestimado, que se lee con gran placer y cuyos defectos están tan a la vista que le agregan un interés suplementario. Desmesurada mezcla de folletín, novela histórica, policial, relato fantástico, ficción paranoica y cuento romántico pero también un ensayo que discute a Borges y a Perón pero cuyo propósito parece el intento de suturar las partes frankensteinianas que componen la Argentina de mediados de siglo y exorcizar desde allí un futuro para sus contradicciones. Lo más notable de Sobre héroes y tumbas, lo que demuestra su definitiva supervivencia, es que hoy se lee como un libro ligero, en contra de su truculencia y hasta del talante de su autor, como una novela atractiva y desmesurada, llena pasajes intensos en los que el escritor ha dejado todo con un esfuerzo y una generosidad que apenas se repetirá en la literatura argentina de los años siguientes y que en ese momento era de una originalidad poderosa. Pero aunque la novela da cuenta del trasfondo sobre el que se elaborarían las tragedias de los años siguientes, está recorrida por la intuición de que un país joven no puede tener un destino tan desgraciado. Si Sabato se apagó como novelista después de esta obra única e imprescindible, fue tal vez porque era consciente de haber perdido esa apuesta, al menos en los términos en los que él podía plantearla.
Foto: Flavia de la Fuente

mayo 8, 2011 a las 11:33 am
Muy excelente. Hace un par de años, a raiz de la película que hizo el hijo, escribí: Ha llegado el momento de hacer justicia con Ernesto Sábato.
mayo 8, 2011 a las 12:53 pm
Me gusta mucho este texto. Saludos. RK
mayo 8, 2011 a las 2:37 pm
La mejor nota de Perfil hoy, lejos. Excelente sr Q
mayo 8, 2011 a las 3:06 pm
Por cierto, una excelente crítica… del velorio de Sabato, del gobierno que le reescribe los prólogos, de los progresistas que leen menos y se convierten en kirchneristas, o leen más y se enrolan en la Academia.
En cuanto al único párrafo dedicado a Sobre Héroes y Tumbas, asombra como asombran todos los récords. ¿Cuántos ripios pueden acumularse en una docena de renglones? Novela “poderosa”, “formidable”, “desmesurada”, “subestimada”, que “se lee con placer”, llena de “pasajes intensos” y de “una originalidad poderosa”. Sólo faltó el adjetivo “genial”, sin el cual es imposible hacer carrera en el periodismo cultural.
¿La mejor nota de Perfil? Señor kioskero, devuélvame el dinero.
mayo 8, 2011 a las 3:12 pm
También dice que es única, generosa, ligera e imprescindible. Saludos.
Q
mayo 8, 2011 a las 6:06 pm
Muy buena nota!
mayo 8, 2011 a las 7:10 pm
Quintín, con este ejercicio de indignación populista estás para sumarte a los “actos de desagravio a Soriano” que de vez en cuando gustan organizar Saccomano, Bayer y cía..
mayo 8, 2011 a las 8:16 pm
Fabián. Si leés Sobre héroes y tumbas, vas a advertir que es una gran novela, acaso la última buena novela popular y masiva de la literatura argentina. Cuando la leía pensaba justamente que después de Sabato, los best sellers serían Soriano y Asís, verdaderos populistas que con su sentido común chato, unilateral y cínico están en las antípodas de un libro abierto y lleno de contradicciones como SHYT.
Te dejo una cita de Gombrowicz que leo en uno de los deliciosos textos de Juan Carlos Gómez:
Q
mayo 8, 2011 a las 9:03 pm
Este artículo me puso felí. Sobran cancheros que le pegan a Sabato, como le pueden pegar a ciertos textos de Cortázar o a Cien años de soledad, porque queda bien.
Fabián Casas, sin referirse a Sabato, pero en un concepto que seguramente podría alcanzarlo, lo expresó bien en otro notable artículo que terminaba diciendo: “(pasamos) de Operación Masacre a Operación Jaja”.
mayo 8, 2011 a las 9:06 pm
igual, la mejor frase, por lejos, es “cuyos defectos están tan a la vista que le agregan un interés suplementario”
mayo 8, 2011 a las 9:26 pm
SHYT es mucho mejor que Rayuela y que Cien años de soledad. He dicho.
Q
mayo 8, 2011 a las 9:27 pm
Y que La ciudad y los perros, ya que estamos.
Q
mayo 8, 2011 a las 9:34 pm
Sí, a mi entender, toda la cuestión del cadaver de Lavalle le da una dimensión mayor a la novela.
Igual creo que Cien años de soledad es un buen libro, que se banca un par de relecturas (¿podría decirse lo mismo de Adan Buenosayres?).
De Rayuela no puedo opinar, sencillamente porque no lo leí. A lo mejor sería una experiencia interesante abrirlo por primera vez pasados los 35 años.
mayo 8, 2011 a las 9:37 pm
Bueno, ya que estamos tirando: ¿cuál es la mejor novela latinoamericana?. ¿Pedro Páramo? ¿El limonero real? ¿Los rios profundos?
mayo 8, 2011 a las 10:12 pm
…(datos meramente subjetivos, de relativa importancia solo para un servidor): …Yo sigo poniendo mi cosa por ‘Rayuela’, con todas las prevenciones del caso (aunque el Cortázar que aún me interesa sea el cuentista -hasta ‘La Vuelta al Día…’, digamos-)… la de Sábato me gustó en su momento, pero no la re-leí, no se como me sonaria ahora… ‘Cien Años…’ supongo que me gustó ‘porque debía gustarme, nada más… no me da ninguna gana de re-leerla… sí es cierto que (la de Sábato) fué una de las pocas ‘novelas de ‘autor importante’ que fue realmente popular en su hora…
mayo 8, 2011 a las 10:17 pm
Mejor novela latinoamericana?
Que dificil. A mi me gusta ‘El siglo de las Luces’. La mejor argentina es ‘El sueño de los Heroes’.
mayo 8, 2011 a las 10:54 pm
Yo sigo releyendo Tres Tristes Tigres, pero como es de un so-called gusano, ya nadie le presta atención.
mayo 8, 2011 a las 11:02 pm
Estimado Quintín:
Excelente artículo. ¿Mejor novela latinoamericana? ‘Gran Serton: Veredas’, sin duda alguna. ¿Mejor novela argentina? A ver… hay muchas buenas, pero no más que buenas… Ah sí, cualquiera de Onetti. (No, estaba bromeando.. yo voto por ‘Zama’).
Saludos
G.B.
mayo 8, 2011 a las 11:07 pm
Muy buena nota.
mayo 8, 2011 a las 11:27 pm
Y… ahora solo queda la rehabiltación de Bioy, aunque dudo que sea en este blog . Yo pongo los votos. A propósito , otro muertito velado en el pago chico de Horacio González fue David Viñas , el enemigo número 2 de Sábato , porque el número uno sigue siendo don Bayer.
mayo 8, 2011 a las 11:35 pm
Hola a todos: no suelo coincidir casi nunca con las notas de Q, pero adhiero sobre cada una de sus palabras en esta. Sobre héroes y tumbas es una extraordinaria novela, tal vez una de las más grandes que se hayan escrito por estos pagos. Lo que me parece es que no es muy atinado incluirla dentro de lo que se llama literatura latinoamericana. Creo que la literatura rioplatense es absolutamente distinta al resto de la literatura de América Latina. Pero tal vez sea mi solitario parecer de lector. Y además creo que me sería imposible poder describir ese tono que la hace diferente.
Santi: Adan Buenosayres no sólo resiste una relectura sino varias y a mi entender es la mejor novela que se escribió en la Argentina .
Sobre Ernesto Sábato me pareció notable un artículo que escribió María Rosa Lojo en el diario La Nación .
Saludos a todos
mayo 9, 2011 a las 1:49 am
No creo que haya grandes novelas latinas. Los latino es vetusto como lo costumbrista. Sin embargo me parecen mas que entretenidos “Palermo Manifesto” del devenido en no sé que cosa en Rolling Stone Esteban Schmidt, el libro Galimba de unos ex periodistas de Noticias y tal vez los cuentos onettianos de JJ Saer. SNM.
mayo 9, 2011 a las 10:19 am
Es verdad: vayamosnos todos a vivir a Europa y/o EE.UU.
[De "Galimba" lo mejor es el prólogo, probablemente lleno de anécdotas falsas].
mayo 9, 2011 a las 10:21 am
Vayámonos.
mayo 9, 2011 a las 11:40 am
La mejor novela de Marechal es, claramente, El banquete de Severo Arcángelo y no Adán Bs. As.
mayo 9, 2011 a las 4:23 pm
En 1959 vi en canal 7 (¡uf, cuánto hace!) una versión extraordinaria de una obra teatral de Sabato, que se llamaba La vieja bandera. Trabajaban Fanny Navarro y Golde Flami, y la dirigió Martín Clutet. Recorría los pasos de un viejo profesor universitario, adherente a la Unión Democrática, que había tenido que renunciar a sus cátedras por antiperonista. La historia estaba contada desde el punto de vista de la mujer y de la amante joven. Realmente me sorprendió la altura dramática de esta breve obra teatral de Sabato, que creo que es lo único que escribió para teatro.
mayo 10, 2011 a las 12:59 am
Muy buena nota sobre Sábato.
El tema Sábato va a merecer largas páginas en los libros que hablen de la hegemonía cultural de éste país. Sábato terminó jugando como una suerte de tercero excluido en lo que sería una lectura filolacaniana del asunto. Esa especie de pacto tácito entre Bioy, Hebe de Bonafini, Marta Minujín y ciertas lecturas acerca de lo que se estaba escribiendo sobre filosofía en Europa en las décadas del ’60 y ’70 que hizo la gente que copó el espacio social de la academia en las universidad pública después de la dictadura. Toda esta última gente que generó a su vez ese link entre lo único abiertamente de izquierda que tenía el Estado en el gobierno de Alfonsín (aquellos sectores de la universidad que se proclamaban como tales) y las organizaciones que afines a esa identificación habían sufrido sobremanera la represión de los años anteriores. Así el debate pasó a ser entre el viejo marxismo y los diversos intentos de “modernización” del mismo. Sábato sobraba en un contexto así. Podía aparecer alguna noche en el programa de Neustand, pero ahí no se jugaban las cosas que realmente valían. Lo que hoy es el kirchnerismo, se estuvo cocinando allá, en el lugar donde se cocinaba el preparado cultural en el que no podía entrar ni una pizca de Sábato. En ese otro lado que muchos entendieron como aguantadero de lo que había sido su adolescencia argentina cargada de experimentos con el peronismo. Esta supervivencia tanto del marxismo como de la ciencia dura en el campo cultural hoy es fundamental para estructurar discursos a todo nivel de la sociedad, que se instalan con cierta facilidad en el espacio de la legitimación, y así consiguen este control de la hegemonía cultural de la que tanto se habla.
mayo 10, 2011 a las 8:41 am
Me acuerdo haber ido a escuchar a Sabato en la facultad de psicología. Era justo el día en que Argentina le ganó a Brasil en el mundial 90. Ese partido afiebrado y demente que le termino de hacer creer a todos que Argentina era invencible. Me acuerdo la euforia que se sentía en la calle justo después del partido cuando ibamos a la charla. Sabato estaba sonriente y le dijo al moderador que ese era un día feliz y que eran pocos los días que un pueblo podía estarlo, así que no habia que arruinarlo con temas angustiantes. Eso si, en la charla deslizó que Argentina habia jugado horrible.
mayo 10, 2011 a las 9:05 am
Diego, demasiado “Puan” tu comentario, aunque no reside allì mi discrepancia. Le asignàs al K`mo una identidad que no tiene. El K`mo se compone basicamente de tres elementos distintos (bien distintos) : a) los iluminados de Sta. Cruz, b) residuos del PJ, c) lo que vos llamàs “superviventes tanto del marxismo como de la ciencia dura en el campo cultural”. Suponer que este tercer grupo es la esencia del K`mo es a mi juicio un error. Y un error doble, xq los sobrevivientes que mencionàs, si son legìtimos sobrevivientes del marxismo y de la ciencia dura jamàs habrìan aceptado formar parte de un gobierno fascista y corrupto.
Asignar a este sub-grupo “hegemonìa cultural” me resulta un exceso. Un cambio de viento, un traspié, un resultado eleccionario, y la verdadera escencia PJ del K`mo (ùnica escencia vàlida por perdurable) mandará al ostracismo a la oleada santacruceña y al CONICET a los sobrevivientes que mencionás.
mayo 10, 2011 a las 9:48 am
Janfiloso. A mí, por el contrario, lo que dice Diego me parece muy digno de atención y una muy buena explicación de parte de lo que ocurre. Ayer la vi a Sarlo con Morales Solá y dijo que la hegemonía cultural (la del kirchnerismo y cualquier otra) no se construía en toda la población sino en una minoría activa. Y esa minoría, o mejor dicho el núcleo duro que activa esa minoría, se fue gestando durante todos estos años. Recuerdo que hace unos tres o cuatro años le dije a la propia Sarlo que yo veía en las carreras de humanidades una máquina de formar cuadros destinados a un ejército cultural en potencia. Sarlo me contestó, con su legendaria falta de lucidez para la coyuntura —en esa época andaba diciendo que los K se iban seguro—, que lo que yo veía carecía de toda importancia. Cuando salió la Ley de Medios no quedaban dudas de la potencialidad y de la organicidad de ese ejército ya ligado absolutamente al poder. Pero lo de Diego apunta más atrás y lo de Sabato es un excelente ejemplo de ese vaciamiento de las humanidades de todo lo que no fueran unos pocos temas de moda y la antigua querella marxista. Claro que Sarlo fue parte importante de ese caldo, del cual nunca quiso salir. Se ve claro ahora, en su papel de analista política, de “adversaria respetada”, de persona que acompaña críticamente al gobierno hacia la destrucción definitiva de la democracia (en la que, hoy se ve bien, nunca creyó del todo). El otro día, en la charla esa con Horacio González en TN (es oportuno señalar que Sarlo fue la única intelectual que no tuvo nada que decir sobre el episodio Vargas LLosa), dijo que el kirchnerismo tenía como aliado a un sindicalismo corrupto, que las decisiones se tomaban de modo corporativo, que no se respetaban los fallos judiciales y que CFK no tenía ninguna vocación de diálogo con la oposición, pero que se podía votar tranquilamente al kirchnerismo, que esto era una democracia. Sabato, a esta altura y con todos sus defectos, aparece como el testimonio del sentido de esa hegemonía cultural gestada según las líneas que señala Diego en una intervención muy interesante.
Q
mayo 10, 2011 a las 10:23 am
¿es acaso distinto ese “ejército cultural en potencia” del de la década del 60? No digo que no exista, digo que es autónomo del K’mo. Hoy funcional, pero autónomo bilateralmente, por el futuro de ambas partes.
mayo 10, 2011 a las 11:54 am
Fabian Casas y el grupete que reivindica a Zelarrayan y a los Lamborghini como maestros gurues mentores capos o lo que sea a Sábato lo llamaban Ernesto “Sótano”. Alguna vez leí una entrevista a Andahazi donde criticaba el modelo de artista al que Sábato contribuía, al artista considerado como un tipo atormentado, oscuro, etc. Nunca entendí del todo ni esa alusión al sótano como algo necesariamente malo, ni esa crítica aunque considero que un artista no debe ser necesariamente atormentado pero viniendo del salame de Andahazi no me puede sorprender, ni eso ni su vanagloria del escritor con onda que interpreta. Sobre heroes y tumbas es una gran novela, a años luz de lo que puede llegar a producir un tipo así. Y si, atormentada, oscura, y, como bien dice Quintín con pasajes impresionantes. Una novela que si la hubiese escrito Le Clezio, Murakami, Jelinek (cito estos nombres independientemente de su calidad) u otro autor extranjero mucha gente que denosta todo lo que ha hecho Sábato estaría hablando de maravillas
mayo 10, 2011 a las 12:49 pm
Q, ese núcleo duro existe desde hace mucho y siempre fue muy numeroso, tanto en las facultades de humanidades como en las de ciencias sociales. La diferencia con otras etapas es que hoy están en el gobierno. Además, creció la cantidad de contratos y posibilidades para los graduados de esas facultades, muchos de los cuales encontraron que había llegado el momento de pasar de la resistencia a la hegemonía. Y en eso andan, con dosis variadas pero siempre altas de mediocridad y sectarismo.
mayo 10, 2011 a las 3:04 pm
A Sabato no lo excluyó nadie de ningún lado. Y si no díganme de dónde. Hace añares que está guardado por los achaques. Aunque Q o cualquiera pueda defender (con todo derecho) una novela de los años 60, no jodamos, las últimas “entregas” del escritor dan vergüenza ajena, tres manganetas editoriales casi al hilo, de punta a punta ilegibles.
mayo 10, 2011 a las 10:58 pm
Beatriz Sarlo con Leuco acaba de hacer una precisiòn que entiendo va en mi lìnea, mas allà de las predicciones erròneas de BS que relata Q y que ella misma reconoce en el reportaje.
La precisiòn indica que una cosa es la batalla cultural y otra la identidad cultural, que el K`mo puede estar prevaleciendo en la batalla cultural pero que no podrá lograr imponer una identidad cultural.
mayo 10, 2011 a las 11:17 pm
Creo que la batalla cultural así calificada, aclarando incluso que influye en una minoría muy minoritaria (perdón), no es mas que fuegos de artificio y gurkas al servicio del poder de turno.
Esto claro, salvo que BS vuelva a equivocarse y el K´mo tenga el tiempo y la habilidad necesarias para convertir esta batalla en una identidad cultural.
mayo 10, 2011 a las 11:30 pm
No es mejor que Cien años de Soledad, no me rompan los bolas.
Rulfo, García Márquez, Borges, Darío y Neruda están un escalón arriba de todos los demás escritores latinoamericanos.
Igual, lindo artículo y estoy de acuerdo con Quintín con respecto a Betty Sarlo.
mayo 11, 2011 a las 1:39 am
Por suerte, en medio de la mediocridad reinante, ahora que el núcleo duro consiguió contratos tan bien pagados, sólo queda este reducto de exquisitez espiritual e integridad cívica que es LLP.
Queda como testimonio de los lectores del futuro. Algún día se le prestará atención a este sitio tan singular.
mayo 11, 2011 a las 9:23 am
Oscar, estamos unidos por un hilo de sincronicidad. Acabás de privar a los lectores de LLP de un post sobre el tema de la carne. En lugar de eso te recomiendo 2 minutos de lectura de esta nota :
http://www.lanacion.com.ar/1372298-los-obreros-de-la-carne-viven-un-drama
15.000 obreros de la carne despedidos desde 2006 y, agrego, la industria paradigmática argentina vendida a los brasileños. Kirtchner lo hizo. Ahora, eso sí, mis predicciones son un fracaso.
mayo 11, 2011 a las 9:29 am
Què tragedia vive el país, janfiloso, esperemos que esta pesadilla pase pronto y que todo vuelva a la normalidad.
Atenas necesita de tábanos como vos para que cada tanto nos despierten.
Gracias!
mayo 11, 2011 a las 10:17 am
Para los registros, el país no vive ninguna tragedia, sólo algunas cosas van mal; el problema es la continua negación de la realidad y una tendencia que de mantenerse nos puede llevar a males mayores, espero que no a una tragedia.
Lo curioso es que yo, un don nadie, pueda tener el papel del tábano, mientras que íntelectuales capaces y preparados construyen un relato ficcional y niegan la realidad con obstinaciòn.
mayo 11, 2011 a las 6:42 pm
“el problema es la continua negación de la realidad y una tendencia que de mantenerse nos puede llevar a males mayores, espero que no a una tragedia”.
janfiloso: por ejemplo, vos decís ahora que el país no vive ninguna tragedia, pero en otras intervenciones decís que este es un régimen fascista. Dijiste el año pasado que no iba a haber carne ni pan en Argentina y continuamente agitás la bandera de una catástrofe inminente. De hecho, el país no vive ninguna tragedia, pero esperas que esto “no lleve a una tragedia”. Da la sensación de que necesitaras una tragedia para resarcir tu prestigio profético. Creo que no actuás de buena fe, porque pretendés que tu interpretación sea la verdad incontrastable que yo (y otros) no quieren aceptar. Es difícil debatir sobre esa base. Sobre todo cuando una interpretación diferente de la realidad es aquí inmediatamente burlada y descalificada mediante argumentos ad hominem.
Es imposible discutir con el grupo de personas que habitualmente comenta en este blog, que van detrás de la brutalidad ofensiva que instala Quintín. Después de cada exabrupto suyo (“grandísimo hijo de mil putas” es una salida habitual en sus intervenciones), salen dos o tres de ustedes a sumarse a sus ofensas con barbaridades sólo un poco más suaves.
Es obvio que él habilita a sus seguidores a que se sumen a descalificar cualquier opinión disidente. El tema puede ser Sabato, la inflación, las opiniones de Sarlo, la película de Filippelli, o la interna porteña, pero todo siempre confluye hacia la ominosa admonición de que vamos hacia el fascismo y todo el que no esté de acuerdo con eso es un idiota, un agente de los servicios o un corrupto al que le pagan por apoyar al gobierno. La inconsistencia más evidente es que si hubiera una tendencia seria al totalitarismo los debates que se dan en este blog no podrían sostenerse.
Hace muchos años que entro de vez en cuando a este blog y veo que esa característica se fue afianzando con el correr de los años. Al principio entré porque me interesaba leer a Quintín y a Tomás Abraham. También eran interesantes los debates que se generaban a partir de la tensión entre dos puntos de vista no opuestos, pero sí muy diversos como los de Abraham y Quintín. Eso sufrió un quiebre importante al irse Abraham, pero luego se fue deteriorando cada vez más. Muchos comentaristas que le ponían sal a los debates se fueron alejando: Prividera, McDonagh, Maiacovski, para citar algunos que me vienen a la memoria. A medida que el kirchnerismo se fue afirmando en la aprobación popular y los opositores evidenciaron su incapacidad para ofrecer una propuesta superadora, el tono catastrófico y persecutorio de los textos de LLP fueron arrimándose a la autoparodia.
Ahora entro de vez en cuando y solo por cierto interés morboso por el extravío. Son un grupo extravagante de personas que se quedaron un poco descolocados ante la dinámica de la política argentina y cuya única respuesta es redoblar la apuesta del tremendismo con dictámenes cada vez más inverosímiles. El clima que trasmiten los textos de LLP cada vez se aleja más del mundo real, de la calle, de los bares, de las universidades, las plazas. En 2008 tenía alguna esperanza de que hablando podríamos llegar a algunos acuerdos. Hoy más bien entro a leer de vez en cuando porque me divierte verlos tan desorbitados y sin capacidad de regular sus percepciones.
No tengo ninguna expectativa de que este comentario genere algún intercambio fructífero, pero me parece que valía la pena dejar constancia de esto.
Así que no creo que vos puedas sostener tu reclamo de asumir la realidad, cuando por otro lado no das ninguna señal de asumir la realidad de tus propias intervenciones en este foro.
Saludos
mayo 11, 2011 a las 7:41 pm
Cuervo, saludozzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
mayo 11, 2011 a las 7:46 pm
Hablando de asumir la realidad, estás hablando conmigo no con Q, pero si de dejar constancia se trata me pregunto cómo es posible que en tu blog dediques tanto tiempo a denostar malamente a Q y luego pretendas un trato cortés y amable de su parte. Los problemas que vos tengas con Q arreglalos con él (aunque yo trataría de no olvidar entre otras cosas que éste es su blog, el blog de Q).
Con respecto a mis opiniones, te seguís brulando de mis “profecías” ignorando de una manera insultante los datos de la realidad que te muestro sobre la industria de la carne. No veo que clase de diálogo fructífero puede haber si directamente te burlás de los datos de la realidad que te expongo. No se trata de opiniones, se trata de datos de la realidad.
En fin Oscar, verás que si digo que es tragedia me equivoco y si digo que no es tragedia también me equivoco, pienso que lo que realmente te molesta es que hable, en lugar de dejar que me cocine en mis propios errores, lo que realmente querés es que no hable, pero una de las cosas buenas de este blog es que podés hablar y si decís una boludez te la marcan y listo, no pasa nada, no es tan grave y se aprende bastante.
mayo 11, 2011 a las 8:22 pm
Efectivamente, no esperaba un intercambio fructífero. Se ve que es todo lo que Bigote y janfiloso pueden dar, no es que me sorprenda.
Buena suerte.
mayo 11, 2011 a las 8:30 pm
Lo mejor para vos.
mayo 11, 2011 a las 8:31 pm
El Lurker,
Se nota que leyó a todos los escritores latinoamericanos y justamente por eso me sorprende que no incluya en su lista a Guillermo Cabrera Infante (escritor mencionado más arriba por Bigote).
También me sorprende que GGM le parezca mejor que Vargas Llosa. Reconozco que Vargas Llosa no tiene una novela como “Cien años de soledad” pero su obra es más amplia y a su vez más pareja. En un nivel parecido a GGM yo pondría a Carlos Fuentes y quizá a Jorge Amado. Es mi humilde opinión.
Sobre gustos hay muchísimo escrito pero creo que cada lector tiene derecho a hacer su propio ranking y a no dejarse influir por quienes tratan de convertir la literatura en ciencia y establecer arbitrariamente lo que es bueno y lo que es malo. Tampoco me interesan demasiado las opiniones de un escritor sobre otro escritor contemporáneo ya que suelen estar influídas por los celos, el intercambio de favores, el marketing, los compromisos con la industria editorial, etc.
En el fondo es todo una gran farsa, una forma de esnobismo. Por ejemplo, mucha gente habla maravillas del “Ulises”, de “En busca del tiempo perdido” y de “Viaje al fin de la noche”, pero la mayoría sólo los leyó traducidos al castellano con lo cual se perdió la esencia de estas novelas donde gran parte de la genialidad consiste en malabarismos del lenguaje (juegos de palabras, sonidos, neologismos…) que por supuesto pueden estar bien explicados con notas al pie pero nunca será lo mismo que leerlas en idioma original. La mayor parte de la literatura es legible con una buena traducción pero quizá Joyce, Proust y Céline sean excepciones. Por eso me cuesta entender cuando “ponen los ojos en blanco” (según palabras de Arlt) al hablar de estos autores.
Para mí lo más parecido que hay en castellano a estos “gigantes de la literatura del siglo XX” es Tres Tristes Tigres, que termina con una frase que dice más o menos “traduzcan esto si pueden” (No sé si lo dice en esos términos pero es la idea que me quedó. Algún día volveré a leerla). ¿Estás de acuerdo Bigote?
Este esnobismo de lo “literariamente correcto” es lo que nos lleva a denostar a Sabato y sobrevaluar a Cortázar o defenestrar a Soriano y ensalzar a Copi. Me cuesta creer que un lector que es capaz de disfrutar de una novela como “La internacional argentina” no pueda apreciar “A sus plantas rendido un león”.
Muchas veces la apreciación de una obra está condicionada por la imagen que tenemos de su autor en tanto personaje público. Es decir los prejuicios respecto al autor nos limitan enormemente a la hora de encarar la obra. Esto pasa con Sabato, Cortázar, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Céline, Borges, Fogwill, Hemigway, etc… Por ejemplo, a mi el personaje público de Cortázar me repugna y reconozco que eso me limita en la apreciación de su obra. De la misma manera la admiración hacia otros de la lista me hace sobrevaluar su producción.
“Sobre héroes y tumbas” me encantó. La leí hace más de diez años así que no la tengo demasiado presente. Me gustó especialmente la parte del cadáver de Lavalle y el Informe sobre ciegos (como a la mayoría). Quienes critican a Sabato probablemente sean un poco ciegos y estén resentidos no sólo con el informe sobre ciegos sino también con el informe de la Conadep, pero no lo digo sólo por la “teoría de los dos demonios”, lo digo especialmente por la cifra de desaparecidos (menos de 9000) que los detractores del Sabato político suelen multiplicar por el mágico número Pi (3,14 etc) para así llegar a la casi bíblica cifra de 30.000.
Estos mismos detractores, iluminados por la oscuridad del Nunca Más, suelen decir que “Sobre Héroes y Tumbas” es una novela kitsch. Pero por suerte su gran héroe kitsch (que lamentablemente está en la tumba) logró corregir el endemoniado prólogo a tiempo. Igual me sorprende que no haya corregido la cifra de desaparecidos. Quizá lo hizo y no me enteré.
El personaje público Sabato me merece un enorme respeto y me parece muchísimo más rescatable que Cortázar que en su faceta pública me resulta un charlatán, una víctima más del esnobismo y el “political correctness”.
Por último, no creo que “Sobre Héroes y Tumbas” y “Cien años de soledad” sean comparables. No sabría qué criterio utilizar para comparar una con la otra. Lo máximo que puedo hacer es intentar recordar cuál de las dos disfruté más en su momento, aunque tampoco me cambia demasiado. “Sobre héroes…” la leí una sola vez en cambio “Cien años… ” la leí dos, pero no porque me haya gustado más sino porque sentí que con la primera lectura se me escapaban un montón de detalles y se me mezclaban un poco los Arcadios y Aurelianos.
Son las opiniones personales de un simple lector, outsider de los círculos académico-literarios.
mayo 12, 2011 a las 8:02 pm
La comparación entre obras tan disímiles como Sobre Héroes y Tumbas, Rayuela, Cien Años de Soledad y La Ciudad y los Perros es tan estúpida que ni vale la pena explicar por qué.
mayo 12, 2011 a las 8:05 pm
Son algunos de los exponentes más importantes de la literatura latioamericana de los tempranos sesenta. ¿Hace falta explicarlo? Y ahora andá a la concha de tu hermana.
Q
mayo 12, 2011 a las 9:36 pm
Ahora sí quedó claro por qué. Según parece, para hacer crítica literaria basta mirar el almanaque, formar una terna con todos los libros que se publicaron en el mismo lustro y después eligir uno, preferentemente al azar.
mayo 12, 2011 a las 9:40 pm
Sabés qué, para hacer crítica literaria hay que leer y escribir sin pedirle permiso a ningún boludo. Y ahora andate que me hinchaste las pelotas.
Q
mayo 16, 2011 a las 11:04 pm
Buenos Aires, abril-junio de 1972
Trácense las líneas generales como una narración de Borges.
El dictador es derrocado y más de la mitad del pueblo se alegra de ello. El dictador había llenado las cárceles y vaciado la tesorería. Al igual que muchos dictadores, no había empezado mal. Quería engrandecer su país. Pero él no era un gran hombre; y quizás no era posible engrandecer el país. Transcurren diecisiete años. El país sigue sin grandes hombres; la tesorería sigue vacía; y el pueblo se encuentra al borde de la desesperación. Empieza a recordar que el dictador tenía una visión de la grandeza del país y que era un hombre fuerte; empieza a recordar que había dado mucho a los pobres. El dictador está en el exilio. Comienza la agitación popular para que vuelva. Ahora el dictador es muy viejo. Pero el pueblo recuerda también a la esposa del dictador. Ella amaba a los pobres y odiaba a los ricos, y era joven y hermosa. Y ha seguido siéndolo, porque murió joven, en plena dictadura. Y, milagrosamente, su cuerpo no se ha descompuesto. ~
“Esa”,. dijo Borges, «es una historia que yo nunca podría escribir».
octubre 22, 2011 a las 7:30 pm
Hola, Quintín. Buena descripción de SBYT. No leí “El túnel” pero ésta sí. Y la leí hace tres años, así que me acuerdo, en grandes términos la novela. Para mí, lo mejor, no es esa descripcion de Fernando Olmos sobre sus queridos ciegos y la conspiratorio que hilvana Buenos Aires y personajes urbanos. Me gusta el personaje de Martín, sus diálogos con Bruno y Alejandra (la hija de Fernando). Por lo demás, no es que esté mal comprar obras distintas, sino que (yo no conozco tantos autores como ustedes, soy estudiante de Ingeniería) no entran algunos en la misma categoría, supongo. Una novela de un género debiera compararse con otra novela de categoría similar, creo. Un cuento no se puede comparar con una novela. Están los mejores cuentos (para mí de Bradbury, Quiroga, Borges, y Asimov, no leí mucho “latino”) y los pasajes hermosos de cómo deconstruir el mundo y cómo describir la raza humana como una imperfección perfecta (Sábato). Cortázar me da escalofríos: es tan wannabe que da miedo, pero, por otro lado, logra un estructuralismo moderno y toda la parafernalia esa. Pero, para mí, son cosas distintas. Por ahi, por cuentos, no sé si se podrían comparar Castillo y Borges, o ensayos borgeanos con ensayos sabatianos o cosas así. Bah, creo que se debería medir por categorías distintas. Pero repito, soy estudiante de Ingeniería. Quizá la categoración deba ser así. Perdón si quedó mal.
octubre 22, 2011 a las 7:31 pm
Conspiratoria, no conspiratorio, perdón.
octubre 22, 2011 a las 7:32 pm
No es que esté mal comparar, no comprar. Pido perdón por la falla de diseño de mi teclado que produce error al tipear (error humano, mea culpa).
octubre 22, 2011 a las 7:33 pm
Supongo que grandes cuentos latinos serán los de Abelardo Castillo (todavía no lo lei, pero supongo que pudieran eclipsar al gran Borges, debo corroborarlo en mis tiempos libres, todavía), y de Onetti ni idea.
octubre 22, 2011 a las 7:38 pm
Lo lindo de Sábato es que no es lógico, es un oxímoron contradictorio. Frases como “tanto y tan poco”, “alto bajón”. Y de hecho, yo creo que eso debe ser así. La Humanidad no es perfecta, nunca lo será. Intentar ser perfecto, ganando lógica con leyes Lockianas de retórica es tan idiota, pero tan imbécil, que ser perfecto o perfectible debería ser eliminado de la cultura, directamente. Pero bue, hay gente que necesita perfección. Para eso estarán Poe, Wilde, Dostoievski, Faulkner (leí muchos cuentitos de Jefferson, un capo total), Bradbury, o algunos escritores tales como Lester Del Rey. Ja. Todos no latinoamericanos xD: a mí me gusta Horacio Quiroga, no sólo con los cuentitos de la selva, sino con “Vampiro”, con ese abstraccionismo abierto y elegante de Rhodes (¿así se llamaba el personaje?) o “La Mancha Hiptálmica”. Pero bueno, supongo que son percepciones zafias. De lo latino voy a seguir viendo para leer después. Gracias por dar tantos nombres, voy a investigar para ver que me gusta y que no. Muy interesante blog.
octubre 22, 2011 a las 7:42 pm
Bah, en la informática (estudio Ingeniería en Sistemas) hay un concepto multivaluado de lógica, llegando a abarcar grises: la lógica difusa (fuzzy logic) de Zadeh. O sea que, desde la informática, se está empezando a usar la imperfección, casi intentando que una computadora emule al ser humano. Eso, supongo, será más de palo de Sábato que de Borges o Bioy. Aunque supongo que, sobre todo, más del palo de Asimov que de todos los anteriores xD.