por Hernán Firpo
Ella piensa como Juanse, el de los Ratones, que me lo contó una tarde en su pent-house de Belgrano: “Las letras no importan. Qué letras si nacimos escuchando a los Stones y a Los Beatles antes del despelote de las academias de inglés… Qué letras, man”, te dice.
¿Querés letras? Sus letras, sus canciones, son otra clase de letras. Como las del lenguaje del cuerpo. Juanse no me da el secreto de su poesía. “No te voy a explicar mi método, no te voy a decir de dónde vienen las ideas”. La creación a imagen y semejanza de Juanse.
***
En fin, yo revisaba que la puerta de casa estuviera cerrada entonces era un “maniático obsesivo compulsivo”. Pero lo peor de lo peor era mi “autismo severo”. Aunque peor todavía eran mis intentos de socializar.
¿Qué es eso de llamar a la gente para pelear? ¿Te crees que así estás más vivo?
Y…
No, sos insoportable.
Ella no entendía, no entiende que hay que saber manejar el arte de la pelea. Ir de a poco. Impedir, si la charla es telefónica, que el adversario cuelgue, y si la charla es presencial, que pida la cuenta y se quiera ir. Hay que ser un generalista y maniobrar con ambigüedades hasta llegar a la particularidad. El contrario no debe comprender muy bien adónde apuntás hasta que ya sea tarde y tenga que defenderse.
Y era un “autista severo”, el mismo que tenía ganas de coger de madrugada. Yo era “un retorcido en grado de perversión primaria”.
Como Silvia no me recetaba nada para dormir, ella se las ingenió y me consiguió unas pastillitas.
Somit.
¿Y esto?
Media, antes de dormir.
Ella creía que yo no dormía porque tenía “un biotipo de conciencia obscena”.
Más terrenal, que yo la “frustraba” con su deseo de ser madre.
Y yo: sos madre.
Y ella, lareputamadrequetepario, madre de nuevo.
Eso quería decir: madre, recontramadre.
Ella: el hermano que todos necesitamos para sentir que estamos vivos.
¿Por qué no pensar que un padre de la vida posmoderna, un ser integrado socialmente, empleado en plenas facultades de su condición, con 15 días de vacaciones al año, no merece –merecer: eso– tener tan sólo un hijo?
¿Por qué atomizar la condición de padre entre dos, tres o más niños que a las diez de la noche tienen que irse a dormir, cuentito pin pan pun? ¿Cómo se hace para educar al salvaje con verdadera conciencia de padre si tenés que levantar a los chicos en plural, buen dííía, darles la leche, llevarlos al cole y chau, un beso, hasta la noche?
¿Y en el medio? En el medio hay un montón de gente haciendo un trabajo a desgano y tu influencia entonces es tan ridícula, tan accesoria y dependiente que un día vienen tus nenes y los escuchás decir que Michael Jackson no quería ser un negro de mierda y que por eso cambió su color de piel.
Vos los mirás como asqueado. Este no fui yo. Yo lo crié para que fuera dedicado y cortés y que, en todo caso, pudieras confundirlo con un retrasado mental. Sabés muy bien que no fuiste vos, que no tenés nada que ver con esa interpretación pigmentaria. Mirás a tu mujer, nos miramos, ella arquea las cejas. Decidís, decidimos, que el año que viene hay que cambiarlo de colegio. Michael Jackson no quiso ser “un negro de mierda”. Ni siquiera un negro, que puede discutirse, que es posible en el caso Maicol, pero “un negro de mierda”… Mierda es un adjetivo calificativo, pero que entiendan los adjetivos calificativos así…
Insisto en que la paternidad debería ser un hecho excepcional. No le cuento que maté a mis padres. Prefiero expresarlo de otra manera.
No sé, le digo, no sé cómo se llama esta enfermedad; debe ser una clara patología, ¿verdad? –verdad se me pegó desde que escucho a Calamaro.
Marido, padre, empleado, repositor de lamparitas quemadas, nunca una boleta de gas impaga, nunca jamás yendo a pedir que se abra una moratoria. Todos los mandatos sociales reunidos en un solo hombre que, sin hacer ostentación, debe soportar más y más.
A continuación hace un esfuerzo, y habla:
Estás enfermo Germán.
Por eso, digo. Debe ser una patología.
Tu vida es tu vida; y la de tus padres es la de tus padres.
Pero vos no me entendés…
No.
No tengo muy jerarquizado ese lugar que me toca…
Estás enfermo.
Puede ser.
Natalia no desconfía de un asesino. También está enferma. Es más, le dice que quiere tener un hijo. No dice: quiero tener un hijo con vos aunque seas un criminal. No siente miedo. Mirá que soy muy Barreda, pienso decirle para que ella me responda… ¡a ver todos! ¿qué me va a responder? ¡¡Estás enfermo!! Muy bien. Little pop.
Nadie me cree. Nadie se da cuenta.
Ya me voy, ya casi con las valijas hechas en el pasillo. Un plano abierto y en perspectiva.
Por favor, me lo pide. Vos mataste nuestro matrimonio.
Las cosas son cincuenta y cincuenta.
Faltan unos meses para que me lo anuncie: esto no va más.
Te traje esto, me dice estirándome una cajita de clonazepán dos miligramos.
Dormir te va a hacer bien. Dormís mejor, pensás mejor, estás más despejado.
Dormir te va a hacer bien. Descansar para pensar mejor es igual a otro hijo. La aritmética productiva se basa en creer que mi negación es fruto de las pocas horas de sueño.
El clonazepan me hacía bien en otro sentido. Un organismo virgen que apenas toleraba la bayaspirina de pronto empieza a recibir dosis parejas de ansiolíticos. Gracias a mis primeros miligramos sostenidos pude echarme los últimos polvos de la relación. Esto es fábula poético: en el cosmos tan unificado del matrimonio me era imposible exiliarme, y los 2 mm. me permitían olvidarme que Nati esa Nati, era la misma Nati de hace un rato. A mi sexualidad en estado de conciencia alterada, también le puso un nombre. Lo tuyo es un acto patente de exhibicionismo. ¿Exhibicionismo? Sos un exhibicionista coercitivo. ¿Me explicás? Cuando tomás la pastillita… ¿estás tomando una pastillita o media pastillita? Depende. ¿Depende de qué? Depende: si tengo ganas de coger… ¡Qué pelotudo que sos! Si tomo una fijate que no prendo la tele ni nada y te encaro directo: me hace efecto al toque. ¿Te excitás pelotudo? No sé bien, es un estado raro, raro de agradable. Hay momentos del día que pienso: por suerte a la noche me tomo la pastillita. Y cojo. Cogés y decís boludeces. Jé, sí, puede ser…. Ayer me preguntabas qué hacía toda esa gente en nuestro cuarto. ¿Qué gente? Si no lo sabés vos… Y saltabas en la cama para pegarle a un tipo que estaba en el techo. ¿En el techo? “¿Qué hace ese tipo en el techo?”, decías. Y saltabas y en un momento te caíste encima mío. ¿Te lastimé?
Natalia se mordió el labio inferior. De su repertorio gestual de irritación cotidiana, lo peor que se podía esperar. Si se mordía el labio inferior y se le hinchaban las fosas nasales, vos eras una auténtica mierda en estado de descomposición. Si se le hinchaban las fosas nasales, yo le decía “estás haciendo fosas” y se reía, entonces la rabia desaparecía y le quedaba un labio inferior escurridizo. Ahí le pedía: “Haceme fosas”.
Pero no podía repetirlo y jugábamos un rato a tratar de hacer “fosas” hasta que se aburría y me mandaba a la mierda.
El labio masticado podía anticipar la furia. Y la furia llegaba a los gritos. Los gritos le acumulaban la espuma entre los dientes -separados como los de Madonna- y burbujeaban extra brut. Se volvían espumantes, el grumo parejo que terminaba desbordando su boca e irremediablemente salpicaba mi cara.
A esa hora nada es gracioso, yo me levanto a las seis y vos me querés coger. Ves a los tipos en el techo, querés coger, ¿qué te pasa? Eso se llama exhibicionismo. Parece que te gusta que nos miren, ¡¿ahora te gusta que nos miren, boludo?!
Confuso, extravagante, nuevo, algo incauto también, gracioso muy a su pesar. Todo eso provocó un repliegue en su gestualidad del arrebato.
Había que verla ubicada en su grado de furia lenta.
Diría que tenés serios trastornos de personalidad. Diría que sufrís desviaciones sexuales, paranoias de comparación y, si pensás en el clonazepán, hasta te diría que tenés una pérdida importante de contacto con la realidad.
Lo del exhibicionista que tiene serios trastornos de personalidad no se lo pude contar a Silvia porque últimamente estábamos concentrados en que los crímenes parecieran un accidente. “Imperceptibles”, como los de Guillermo Martínez,
¿Ellos te echaron de tu casa?
…
Ninguno quiso vivir con vos. Uno se fue, otro se quedó, pero ninguno quiso vivir con vos.
Algo así.
¿Pero te mudaron a un departamento?
No entiendo el “pero”.
Que te propusieron una forma burguesa de orfandad.
Orfandad, repetí orfandad.
Gran revelación. Hasta entonces, lo de burgués sólo me molestaba cuando provenía de los lectores de Galeano.
Foto: Javier Legris

febrero 23, 2011 a las 10:36 pm
¡Ahhhh! las sicólogas …
febrero 24, 2011 a las 11:00 am
Firpooooo, Firpoooo, olé, olé, olé
febrero 26, 2011 a las 9:53 pm
odioso y adorable, tu asesino serial.
febrero 27, 2011 a las 2:49 pm
No funciona el capítulo 3. Arréglenlo, por favor!
febrero 27, 2011 a las 3:48 pm
Ya está. Perdón.
Q
marzo 27, 2011 a las 10:59 pm
la insoportable levedad del ser………… de 40 años, muy bueno hernan!