Más aventuras acuáticas
por Flavia de la Fuente
Pasó más de un mes del verano, ya dejé atrás casi cuatro columnas de las tablas de mareas, el sol se pone antes de las ocho de la noche, en fin, que la fiesta estival empieza a acabarse y la melancolía flota en el aire. O quizás siempre estuvo allí, pese al sol que brilla todos los días en la costa Atlántica. Sí, en realidad, la melancolía nunca se extinguió: antes de que empezara el verano ya sufría pensando en su finalización. “Pero tenés más de dos meses de natación por delante”, me consuela Gabi. “Sí, amiga. Pero el tiempo vuela. Ni bien nos demos cuenta ya estaremos de nuevo con el hogar encendido y encerrados en casa”.
Como estamos a mitad de la temporada de vacaciones, me parece que ya es hora de dar el informe acuático del verano 2010/11. Desde que me mejoré de la gripe, nadamos todos los santos días. Empezamos de a poco porque el agua estaba muy fría (o nosotros muy destemplados), pero a la semana ya nadábamos media hora sin parar. Y así seguimos cada mañana.
A veces, cuando mis ánimos decaen, recurro a mis heroínas. Ellas son las que me sostienen en los días difíciles, cuando mi lado oscuro me quiere alejar del mar. ¿Y quiénes son mis heroínas? Ellas, las diosas que me ayudan a seguir esta disciplina deportiva con tenacidad, son Esther Williams y la cineasta Leni Riefenstahl que empezó a bucear y a tomar imágenes bajo el agua a los setenta y dos años. Haciendo un paréntesis, me encantaría ver esos documentales submarinos, pero le acabo de pedir a Q que me los baje de Internet ¡y me dijo que me los buscara en un sitio nazi!
En fin. La cuestión es que todos los días, a eso de las nueve, nos levantamos, tomamos un té con azúcar y nos vamos al agua. Q va descalzo y solo lleva su gorra roja. Yo voy munida de mi torpedo, tapones para los oídos y unas súper antiparras con visor anaranjado que potencian la visión de una manera increíble. Esto merece un párrafo aparte.
El primer día que me las probé casi me muero. ¡Se veía todo rojo! El mundo parecía arder, el mar un océano de sangre, eran visiones del Apocalipsis. Me dio tanto terror lo que vi que me las saqué de inmediato y le dije a Gabi, que me las había regalado para Reyes, que esas antiparras anaranjadas eran una porquería, que por favor me trajera de Buenos Aires unas transparentes para ver la vida tal como es. Tan impresionada estaba que se las hacía poner a todo el mundo que me cruzaba por la playa, pero nadie parecía desmayarse por el efecto. Así que decidí darles otra oportunidad. Al día de hoy, después de haber nadado más de una semana con las antiparras Speedo bioFUSE, lo único que noto es que veo muchísimo mejor y que cuando me las saco el reflejo del sol me encandila. Son lo más grande que hay.
Como les decía, todas las mañanas, con frío o con calor, con o sin viento, partimos rumbo a la playa y nos lanzamos a la mar. Pero antes de salir miramos cuidadosamente la tabla de mareas porque cuando el mar está bajando la corriente va para el Sur y, cuando sube, hacia el Norte. A Q le gusta nadar hacia el norte porque ve la costa cuando saca la cabeza para respirar. A mí me da igual.
En general nadamos media hora. Salimos del muelle y nadamos hasta el Balneario Norte, que queda a unas quince cuadras, y volvemos caminando bien rápido. O, si la marea está bajando, vamos hacia el sur, hasta el Edén o más allá. Pero eso del Edén suena lindo. Un día de estos, supongo que la semana próxima, tengo planeado llegar hasta el vivero, que queda a unas veinte cuadras de casa. Nadar no es el problema. El asunto es volver caminando después de haber nadado mucho. Pero hoy encontré una solución. Ya van a ver.
El resultado de tanta vida acuática es que andamos todos muy calmados en la Sede Central. La única nerviosa es Solita que se enoja porque no la podemos llevar con nosotros a la playa invadida de turistas. Pero la conducta de Solita en este verano será el tema de otro post. Porque nuestra perrita está tremenda.
No sé si lo notaron los que andan por la costa, pero el mar este año casi no tiene olas. Tampoco sé si será así en todas las playas, pero me animaría a decir que sí. En todo lo que va de enero el mar estuvo planchado, es casi una pileta de natación. Les juro que las estoy extrañando. El año pasado nos costaba como diez minutos o más lograr cruzar todas las rompientes y ahora no hay ninguna.
Otra de las variables es la temperatura del agua. Hay días que el agua está tibia y otros fresca, pero a partir de la mitad de enero la temperatura del mar permite nadar todo el tiempo que uno quiera.
También varía el color del agua. La mayor parte de los días el mar está marrón, o verde amarronado y, pocas veces, es de un verde transparente. El día que está verde los sanclementinos nos sentimos eufóricos y nadamos mucho más. Ni bien veo desde casa que el mar está azul, me pongo mi bikini y me voy al agua a nadar de nuevo.
Q no hace lo mismo salvo en días de muchísimo calor y es así como se perdió jornadas de natación inolvidables.
Una novedad es que Q nada más rápido que el año pasado. O quizás la novedad sea que yo nado más lento. Lo cierto es que antes yo era la líder alfa de la manada y ahora Q encabeza la comitiva acuática.
Pero lo que no cambió es que todos los días se queja porque está cansado. Así que hoy decidió tomarse un día de descanso, el primero en más de un mes. Yo casi lo imito, porque si bien brillaba el sol y no había viento, el aire estaba fresco y, por qué no admitirlo, yo también andaba cansada.
Pero una vez más, la visión del mar azul desde casa me hizo ponerme la malla, agarrar todo mi equipo de natación y salir para la playa.
Bajé del muelle. Le dejé las cosas a Fabián como todos los días (Fabián es el guardavidas del balneario “El Delfín”) y me fui al agua. El mar estaba subiendo, así que tenía que dirigirme hacia el norte si no quería nadar contra la corriente. Nadé hacia adentro lo suficiente como para poder pasar lejos del muelle y braceé y braceé hasta que llegué al Balneario Norte. El agua estaba tibia pero sentía un poco de frío cuando levantaba los brazos porque soplaba una brisa del sur. El paisaje era muy apacible en esta tarde de sol. Había un barco que iba y venía y un guardavidas pelado que siempre recorre las playas en su moto acuática.
Nadé y nadé. Tardé como cuarenta y cinco minutos en llegar a mi meta. Mientras braceaba cantaba “Masters of War” de Dylan y también pensaba en Stefan Zweig y Rosa Chacel. Cuando paré de nadar, como siempre, me agarré del torpedo, me saqué las súper antiparras y me puse a mirar el mundo a mi alrededor. De pronto, sentí una fiaca enorme de volver caminando a casa. Me imaginé que me iba a morir de frío y que, además, como no estaba Q tenía que cargar el torpedo durante todo el trayecto de más de un kilómetro y medio. Así que en un acto de arrojo, le grité al guardavidas que andaba por ahí con la moto y le pregunté si no sería tan gentil de llevarme de vuelta hasta mi balneario.
Les cuento que nunca me había subido a una moto acuática y que me daba curiosidad. No solo quería ahorrarme las quince cuadras, también quería probar cómo era eso de la motonáutica.
Para mi sorpresa, el bañero, que más tarde me enteré de que también se llamaba Fabián, me dijo que no, que no podía llevar mujeres en la moto. “Dale, llevame, por favor. Si te dicen algo les decís que te encontraste a una viejita agotada en el medio del mar.” El pibe se rió y accedió a transportarme. Pero, otra vez, para mi sorpresa, me dijo que no me podía llevar hasta “El Delfín”, sino que me iba a dejar en “El Almejas”, cinco cuadras antes de mi destino. Y bueno, algo es algo, me ahorraba un kilómetro de frío y probaba cómo era el viaje en moto.
Fabián me dio las indicaciones para subir por atrás a su vehículo, sostuvo mi torpedo y una vez que logré sentarme en la parte trasera de la moto me dijo que me sostuviera de una manija. Así que volví hasta “El Almejas” saltando sobre las olas y con un viento helado, mucho más frío que el que soplaba en la orilla. Pero fue divertido. Llegamos en nada y el gentil guardavidas me dijo que me tirara al agua y volviera a la costa. Le agradecí y me quedé flotando un ratito pensando en qué agradable que era a veces la vida.
Contenta de mi aventura, caminé las cinco cuadras que me distanciaban del mangrullo donde estaba el otro Fabián, el que tenía mi mochila con mis anteojos y mis ojotas. Le conté la historia de la moto y me dijo que seguro que el otro Fabián no me había llevado hasta allá para que no lo cargaran. Misterios de la vida de los guardavidas.
Yo agarré mis bártulos y me volví contenta a casa a contarle a Q las aventuras marinas de su esposa, que no parecieron sorprenderlo en lo más mínimo.
Pero ahora, que ya pasaron unas tres horas de mi aventura, mientras recuerdo todo esto pienso en el poder de las endorfinas. Si en este momento alguien me dijera que me subiera a una moto acuática no lo haría ni loca. Lamentablemente, al salir del agua y sacarme el traje de la Hija de Neptuno vuelvo a ser yo, Flavia, esa persona aprensiva y tímida. Les juro que no sé cómo me animé a hacer dedo y pedirle a Fabián que me llevara en moto acuática hasta mi casa. Ni tampoco cómo fue que quise andar a alta velocidad saltando por el mar. Hasta la próxima.





enero 29, 2011 a las 9:38 pm
¿No hay un rally dakar acuático?
¡lo ganás seguro!
enero 30, 2011 a las 12:15 am
Tema justo para el tono del post. Con el debido respeto a las grandes versiones que se hicieron, la mejor. Viene con rumor de olas incluido.
http://www.youtube.com/watch?v=QpG0X5M04qQ
enero 30, 2011 a las 9:43 am
La próxima titulalo ‘La revancha de la hija de Neptuno’
enero 30, 2011 a las 3:39 pm
Para Reyes 2012 te regalo una motito de agua con chofer.
enero 31, 2011 a las 11:13 am
Gabi, espero ansiosa la motito con chofer para Reyes del año que viene. Ya tengo amontonadas todas mis zapatillas y ojotas en mi pieza para que se vayan enterando.
Ayer nadé cantado Summertime. Gracias, Yupi!
Saludos a todos,
F
enero 31, 2011 a las 1:47 pm
A veces la necesidad te da seguridad suficiente para hacer cosas a las que normalmente no te animarías. Una vez, hace como mil años, nos desencontramos con mi novia en un recital de Costanera Sur, había muchísima gente. Yo estaba medio preocupado porque la torpe (verbigracia, mi novia) es bastante despistada para ubicarse fuera de su Devoto natal, y como no tenía celular para llamarla encaré al primer flaco que pasaba y se lo pedí prestado, y el tipo me lo dio de una!!!!
La llamé, la ubiqué y devolví el celular. Mi novia todavía no lo puede creer.
enero 31, 2011 a las 3:26 pm
Las cosas que hacemos por una novia.
—–
Una mujer dice a su sicólogo -”mi marido antes era un hombre cálido y simpático”-
-¿Antes cúando?- pregunta el sicólogo.
-Antes de conocerme- responde la señora.
—–
enero 31, 2011 a las 4:29 pm
Janfiloso, Verdaguer not dead.
enero 31, 2011 a las 4:38 pm
…Verdaguer… cuando Yo era chico y lo escuchaba, Verdaguer ya era viejo, pero era bueno, fino e inteligente.
febrero 5, 2011 a las 2:23 pm
Tus escritos marinos
refrescan la ciudad,
mamasa.
Gracias.
febrero 9, 2011 a las 3:58 pm
Voy a hacer una pregunta tonta porque es un tema que desconozco pero me gusta: ¿es muy arriesgado para alguien que no está acostumbrado cruzar todas las rompientes? ¿A cuántos metros de las costa está aproximadamente?
Este año estuve en Costa del Este y lo máximo que me adentré fue donde las olas se hacían más grandes, unos 50 metros de la orilla como mucho. En todos los días que estuve, la bandera era roja y negra y el mar estaba bastante bravo. Eso sí: cuando caia la tarde, la temperatura del agua era muy tibia y agradable.
febrero 10, 2011 a las 9:52 am
Santi. No es arriesgado pasar la rompiente, al contrario. Todo es muy sencillo ahí, sin que te peguen las olas, porque nadar en el mar es mucho más fácil que en la pileta o el río: la salinidad hace que flotar sea automático. Sobre todo en estas playas, muy bajas, sin pozos ni corrientes traicioneras. Lo de la bandera roja y negra es muy relativo y poco influye en este aspecto a menos que haya una gran sudestada. El único requisito (ineludible) es saber nadar.
Q
febrero 10, 2011 a las 12:04 pm
Es muy poca la gente que, en general, he visto desde la orilla nadando detrás de las olas más grandes. Debe experimentarse una sensación de aislamiento total, me imagino. Ahora, si mirás hacia la playa desde ahi, ¿se llega a ver algo más que una gran pared de agua? (lo que presumo son las olas más altas, ¿o estoy diciendo un disparate?).
Me encanta nadar en el mar, pero confieso que hasta los post de la Hija de Neptuno, creia que cuanto más te adentrabas, más altas y violentas eran las olas. ¡Tengo menos mar que Bolivia!
febrero 10, 2011 a las 1:15 pm
No, tenés que irte muy lejos para estar totalmente aislado. Las rompientes están a 100, 200 metro de la costa. Pasándolas, no hay olas. Aun bastante más lejos se ve la playa, los edificios. No es algo tan salvaje. Pero es verdad que se ve muy poca gente nadando unos metros adentro. EN general son bañeros, que por otro lado, tratan de desalentar a los turistas cuando quieren meterse. Cuando yo era chico, curiosamente, había más nadadores. Hoy no existe la costumbre y la gente no se contagia de los pocos que hay.
Pero es muy seguro. Hoy, por ejemplo, me agarró el famoso y temido calambre en una pierna, algo que nunca me había pasado. Pero no es nada. Es como cuando te agarra jugando al fútbol. Elongás un poco y pasa.
Q
febrero 10, 2011 a las 1:23 pm
Q. estoy prácticamente decidido a probar la experiencia. Sólo me queda una última pregunta: en el mar, más bien cerca de la orilla, siento que la corriente me va llevando hacia alguno de los lados (Norte – Sur), pero que también me ‘chupa’ hacia adentro. Pasando las rompientes, ¿sigue ‘tirando para adentro’?.
febrero 10, 2011 a las 1:34 pm
Detrás de las rompientes no hay corrientes hacia adentro ni afuera. Eso ocurre muy cerca de la costa, justamente por el flujo y reflujo de las olas. Un poco más atrás no se siente nada. Algunos hablan de algo que llaman “el chupón”, una corriente hacia adentro muy local, que en seguida se desvanece, es cuestión de dejarse lleva unos metros hacia adentro. Pero la verdad es que nunca me tocó algo así. Sí —y es importante— hay corrientes hacia los laterales y por eso conviene nadar a favor de la corriente porque se avanza más rápido. Atención: aunque el viento haga parecer que la corriente va hacia un lado, eso se verifica solo al lado de la playa (en lo que llaman “la canaleta”, ese pozo que a veces hay antes de la rompiente). Más atrás, al menos en SC, la regla es asi: el agua va para el Norte cuando la marea sube y para el Sur cuando baja, aparentemente porque el Río de la Plata avanza o retrocede según suba o baje la marea. Las horas de las mareas se averiguan con una muy precisa tabla de mareas que acá provee gentilmente la casa de pesca amiga, y si no se miran en el site del Servicio de Hidrógrafía Naval. En otros puntos de la Costa no sé cómo es, conviene consultar a los bañeros más despiertos.
Q
febrero 10, 2011 a las 2:18 pm
Me hiciste un informe completísimo, Q. ¡Gracias!. El fin de semana me lanzo a la aventura.
febrero 10, 2011 a las 2:23 pm
¡Exito!
Q
febrero 10, 2011 a las 2:33 pm
Acá, la hija de Neptuno pregunta. ¿En qué playa vas a nadar Santi?
Es importante que hables con los bañeros, para que te asesoren. Pero ojo que están los temerosos que no quieren que nadie nade en el mar y los buenos bañeros, esos que quieren que uno disfrute.
Ayer había sudestada y un bañero le dijo a Q que no quería nadar: “No seas gil. No te lo pierdas. Es pura diversión.” Y nadamos como veinte minutos a la deriva entre las olas de la sudestada y estuvo espectacular. Con esos tenés que hablar.
Acá te paso el link a la información fundamental de las mareas:
http://www.hidro.gov.ar/Oceanografia/Tmareas/Form_Tmareas.asp
Besos y éxitos!
F
PD: ¿Sabés nadar bien? Esto es, ¿podés aguantar media hora sin fatigarte en la pileta? Si no, no lo hagas.
febrero 10, 2011 a las 2:50 pm
Voy a nadar en Costa del Este.
Técnicamente nado bastante bien (aprendí de muy chico), pero no tengo un muy buen estado físico: el mes pasado en el mismo mar salía muy agotado del agua a los 20 minutos de barrenar olas.
¿Te parece demasiado arriesgado que me vaya a nadar tan lejos?
febrero 10, 2011 a las 3:01 pm
Empresa de pompas fúnebres La mar estaba serena comunica el fallecimiento por ingestión masiva de agua del sobrino de Neptuno, aka Santi.
Sus restos serán velados el lunes, y sus cenizas, como corresponde, lanzadas al mar.
febrero 10, 2011 a las 3:05 pm
Nah. Pero el primer día no nades más de diez minutos a ver cómo te sentís.
Galois, callate, catastrotskista. Je.
Q
febrero 10, 2011 a las 3:11 pm
Claro, voy probando de a poco!.
febrero 10, 2011 a las 3:19 pm
Santi, la buena noticia es que barrenar cansa más que nadar. Empezá como dice Q. El primer día, 5 minutos, el segundo 10 y después, si te sentís cómodo, todo lo que se te cante. Una vez que uno empieza no quiere parar. El problema es que después uno queda cansado. Pero es lo más!
Por otra parte, en Costa del Este el mar debe ser bastante tranquilo, como San Clemente.
Así que avanti!
Besos y contanos,
F
febrero 10, 2011 a las 3:45 pm
Otra cosa, Santi. Al menos en San Clemente, el mar siempre te tira para afuera.
Yo, cuando decido parar de nadar, lo espero a Q y cuando decimos “salimos” me agarro del torpedo como si fuera una tabla de surf y me dejo llevar por las olas hasta la orilla, solo ayudada por una suave patada de pecho. Q, en cambio, va nadando a mi lado, ¡pero avanzamos lo mismo! O sea que es el mar el que nos lleva para afuera.
Averiguá si también pasa lo mismo en Costa del Este. Yo pienso que debe ser igual. No estamos tan lejos.
F
febrero 10, 2011 a las 7:49 pm
Ah, me olvidé de preguntar algo: ¿se ve algo debajo del agua detrás de las rompientes? Porque cerca de la orilla hay demasiada arena y obviamente no se ve nada.
febrero 10, 2011 a las 8:04 pm
Santi, no sé si habrás notado que F y Q que son la hija y el yerno de Neptuno respectivamente, usan un torpedo salvavidas aún siendo experimentados nadadores. Conclusión, te aliento a tu incursión marítima y te aconsejo imites a los parientes de Neptuno y te sumerjas con un torpedo.
febrero 10, 2011 a las 9:51 pm
No te preocupes, si te ponés un salvavidas no te va a pasar nada.
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http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-102266563-salvavidas-inflable-tipo-barquito-pbebesninos-como-patito-_JM#utm_medium=PMS&utm_campaign=5096471&utm_source=http://argentina.natyo.com
febrero 10, 2011 a las 10:08 pm
Otro modelo, Santi:
http://www.distribuidoradales.com.ar/images/productos/100_0787%20copia.jpg
febrero 10, 2011 a las 10:29 pm
Santi, no se ve nada abajo del agua. Porque el mar a lo sumo es verde, pero nunca transparente. Nuestro Atlántico no se parece en nada al Caribe. Pero a veces podés nadar dentro de un cardumen de cornalitos y con gaviotas que te sobrevuelan porque se los quieren comer, o te podés encontrar con un lobito marino (todavía nunca me pasó, pero sí a muchos bañeros amigos), o ver peces que saltan alrededor tuyo, o bracear entre millones de pequeñas aguas vivas. Es divertido.
Pero lo más lindo es nadar y, a la vez, dejarte mecer por el movimiento de las olas.
Y quedate tranquilo que siempre se ven los edificios de la costa y los balnearios. Nosotros siempre decidimos hasta a dónde vamos a nadar y las referencias son los balnearios o algunos hoteles.
Bueno, mañana contanos, pero no seas temerario. Empezá de a poco.
¡Buen viaje! (como me dicen los bañeros sanclementinos),
F
febrero 10, 2011 a las 11:41 pm
Que ganas me dieron de nadar. Espero con ganas el relato de Santi.
Galois: estuviste bien¡
febrero 14, 2011 a las 10:49 am
Bueno, primero: estoy vivo. Asi que los malos augurios de Galois no se cumplieron.
Me aventuré el sábado (muy lindo día) y el domingo (un poco más nublado, por momentos parecía que iba a llover), dos veces cada día. Me gusta meterme al mar ni bien llego a la playa y luego al atardecer, cuando el agua se vuelve más templada.
Lo que más me costó fue vencer el miedo de dejar atras ‘la frontera’: esa última gran ola a la que ninguna de las personas que estaba en el agua se atrevía a pasar. Le pedí a mi mujer que mirara desde la orilla, un poco para darme ánimo y otro poco para que, llegado el caso, avisara a los guardavidas.
Cuando finalmente atravesé esa ‘gran ola’, nadé un poco más hacia adentro y me encontré con otras olas menos altas y luego, con el mar calmo. Miré hacia atrás y me dió un poco de vértigo, porque mi mujer se veia muy chiquita allá lejos (supongo que unos 150 metros), aunque todavía agitaba el brazo para saludarme.
Me dejé llevar por la corriente (bastante suave), que se dirigía hacia Mar del Tuyú (yo estaba en Costa del Este); mientras, nadaba como en una pileta, tal cual me habían dicho F. y Q, o hacía la plancha, con el pecho bien erguido, como me habían enseñado en la escuela primaria. Fueron 10 minutos de absoluta paz.
Cuando me sentí cansado, fui nadando hacia las olas y me dejé llevar hacia la orilla barrenando, lo que terminó por agotarme (un par de olas grandes me tumbaron y me hicieron girar dentro del agua). F. tenía razón: barrenar cansa mucho más que nadar (y según mi mujer, tambíen da más verguenza ajena).
Repetí la experiencia otras tres veces, pero en ninguna ocasión pude nadar más de 10 o 15 minutos, porque el estado físico me pasó factura. Igual, fue más que suficiente, lo disfruté muchísimo.
Pero el próximo verano voy por más: será la vuelta del Hijo de Mojarrita.
febrero 14, 2011 a las 3:02 pm
Bien, Santi! Ahora, lo que tenés que hacer es tratar de nadar en Buenos Aires, o donde sea que vivas. Así, cuando vuelvas el año que viene a la costa, podrás nadar mucho más.
Nadar en el mar deja una placidez increíble. Creo que no hay nada igual en materia de deportes.
Y vamos Hijo de Mojarrita! Lo lograste!
Besos y felicitaciones de la Hija de Neptuno
febrero 14, 2011 a las 3:12 pm
Santi, imagino que el domingo nadaste antes de ver el partido de Boca, de lo contrario estabas listo para hacer la gran Alfonsina…