Recuerdos de Viena (5)

El día en que pasó de todo

por Quintín

Tras el paréntesis marplatense, vuelvo a las memorias vienesas, aunque el paso del tiempo (los días transcurridos, pero especialmente la edad) las ha diluido un poco. Sin embargo, el 27 de octubre fue un día muy intenso del que trataré de dar cuenta a continuación.

Aunque a la mañana daban una película que me interesaba (The forgotten space de Allan Sekula y Noël Burch), se ve que me costaba levantarme porque empecé mi jornada al mediodía, presentando por segunda vez Estrada para Ythaca del cuarteto brasileño representado en Viena por Ricardo Pretti. Mientras se proyectaba la película y tomábamos cerveza en el coqueto café del cine Urania, me asomé a la sala para ver cuánto faltaba. Justo estaban pasando una escena que mencioné en la crónica anterior. Los cuatro amigos, aspirantes a directores, se encuentran frente a un cruce de caminos. Uno de ellos conduce al cine tercermundista y de la tradicional nacional y el otro al cine americano y juvenil. Ellos eligen el primero y, al hacerlo, se encolumnan en lo “peligroso y maravilloso” según una canción de Caetano. Yo recordaba esa escena como un momento jubiloso pero, al verla de nuevo, advertí que se trata de un momento solemne, casi lúgubre. Al elegir su destino, los futuros cineastas caminan despacio, mirando hacia el suelo, como abrumados por el peso de su decisión y de la historia que cargan encima, como si el Cinema Novo, Glauber y hasta la música de Chico y Caetano fuese un verdadero fardo que les dificulta el andar e, incluso, contrasta con la frescura y la ligereza del resto de la película. Se lo conté a Pretti durante el Q&A y fue un momento interesante de un debate verdaderamente animado, donde Pretti hizo honor a la leyenda de la simpatía brasileña.

Después me quedé pensando en ese tema, que me siguió hasta hoy cuando caminaba hacia la panadería. Trasladé la situación al cine argentino, tanto a los que quieren rescatar la herencia de Favio o de Hugo del Carril (los nac&pop) como a los que se alinean en la de Torre Nilsson y Hugo Santiago (los liberales modernistas), y me pareció que también están en problemas, que ese diálogo con los antepasados se hace muy pesado desde otra época y resulta a veces en manierismos poco felices (pienso en El desierto negro o en Castro, para tomar dos ejemplos recientes). Hasta cierto punto es lógico que un cineasta tenga discípulos en la generación siguiente (aun cuando los hijos se rebelen contra esa autoridad), pero cuando ya pasan dos generaciones la relación se hace forzada, exterior y termina pareciéndose mucho a un refugio desde el que se evitan enfrentar los problemas contemporáneos. Algo así ocurre —para seguir con el debate español— con lo de Erice: Guerín podría ser legítimamente su discípulo, pero el caso de Villamediana ya resulta dudoso. Y más que haya una escuela que perdure tanto en el tiempo. Por eso también suena muy lógico el tono burlón de Los Hijos, esa actitud de: “Está todo bien con Erice, pero déjennos hacer nuestro propio cine. Después de todo, para nosotros Erice no es tan distinto de Almodóvar, De Armendáriz o de Aranda: todos ellos iluminaban los exteriores como si fuera un set, que es lo que quisimos mostrar en el corto que hicimos”. El post-cine permite, entre otras cosas, sacarse el peso de encima que cargan los amigos brasileños: este sería el mensaje de un colectivo de cineastas a otro, de Los Hijos a los cuatro amigos de Estrada para Ythaca. Claro que Los Hijos viven cerca del centro del mundo (Europa, los museos, los festivales)  mientras que los Hermanos Pretti y los primos Parente pelean desde la remota Fortaleza. Las distancias se han acortado, pero no tanto. Mientras allá hay quien sigue venerando la bandera pero también hay quien se despega y se hace internacional, de este lado todo resulta más difícil y el cine parece condenado a no liberarse de la impronta nacionalista.

De allí me fui a ver Verano de Goliat del mexicano Nicolás Pereda, de quien había visto Juntos en el último Bafici. Juntos no me había gustado nada, me pareció un ejercicio narcisista y pastoso, pero hubo quien me aseguró que tenía películas mucho mejores, que era el gran cineasta moderno de México. En todo caso, desde entonces Pereda ha escalado en el ranking hot ya que ganó el primer premio en la sección Orizzonti de Venecia con la nueva película, que venía de ganar también en Valdivia la semana anterior, con un jurado que incluía a Jean-Pierre Rehm y al tío Koza. Rehm, director del festival de Marsella, es acaso el mayor gurú y promotor del post-cine. Cuando invita o premia una película, le ve potencial para integrar alguna forma de avanzada de lo que está ocurriendo. Así que iba con muchas expectativas a ver un nuevo ejemplo de película mexicana ganadora en festivales.

Salí muy fastidiado. Verano de Goliat es una serie de viñetas filmadas en alguna localidad de México rural, con personajes que parecen ser los pobladores. La película va cambiando continuamente de registro. Empieza como un reportaje a dos pibes que hablan del asesinato de una chica. Después hay una mujer que se queja por el abandono del marido. También unos soldados que aprietan a un viejito en medio del campo, como si estuvieran actuando la violencia que sabemos que está fuera de campo. Pero hay un momento particular en el que distintos personajes aprenden una carta de memoria, lo que pone en evidencia el trabajo que el director está haciendo con ellos como actores. Y también que Pereda vio a Pedro Costa, que también vio a Apichatpong y que es claramente uno de los interdisciplinarios de éxito más meteórico en el circuito. Otra vez estamos ante una película que cuestiona el estatuto de lo que se filma y hace dudar sobre la mirada desde la cual se lo filma (esa es una diferencia importante con Costa y con Apichatpong, que todavía están de este lado en cuanto a la mirada, ya que no se permiten el cinismo ni la ambigüedad). Una experiencia comparable a la de Pereda es la de Federico León, con quien comparte esa actitud de “hagamos cine/teatro con los pobres o los inocentes” y no se pone de su lado sino que los utiliza para sus fines. El final, con la mujer abandonada arrastrándose en el barro, filmada con amaneramientos y desenfoques, es un tanto truculento y la película tiene mucho de juego gratuito, un perfecto ejemplo de este asunto de la transversalidad y del cineasta como un artista audiovisual que excede su medio, a quien el cine le resulta demasiado poco. Un cine que reemplaza los límites éticos de la vanguardia (de la que Apichatpong y Costa forman parte) por la fabricación deliberada y ostensible de momentos crueles. Lo que Verano de Goliat tiene de interesante por la ausencia de relato convencional lo pierde por esa declaración de soberanía sin restricciones: “como dirijo, se me permite cualquier cosa”. Algo así como una mala lectura de Buñuel. Queda para más adelante (mucho más adelante) pensar si en Costa y Apichatpong no están en verdad los gérmenes de la combinatoria desdeñosa de Pereda.

Al salir de la sala traté de recabar opiniones de los colegas y me encontré con un Olaf indignado, haciendo el gesto de meterse los dedos en la boca para vomitar y gritando que su amigo el filipino Lav Díaz, quien había sido jurado de Orizzonti, le iba a tener que dar cuenta de los motivos de ese fallo. Curiosamente, horas más tarde tendríamos la respuesta de la boca del aludido.

Afuera del cine, para mi sorpresa, me esperaba Flavia custodiada por Arroba y Ferreyra. Cuando me vio, me dijo “Hay pésimas noticias”. Se me heló el corazón: pensé que se nos había incendiado la casa. Pero no, se había muerto Kirchner. Me sentí un poco aliviado y nunca entenderé por qué Flavia utilizó esa expresión tan tremebunda. Flavia quedó muy afectada por lo ocurrido y estuvo muy nerviosa durante el resto del festival, pero a mí no me pasó gran cosa, porque los festivales me aíslan del resto del mundo. Antes de tener más información, pensé que no era un acontecimiento del todo inesperado. Lo había visto mal a Kirchner en los actos políticos de esos días y así se lo venía diciendo a Flavia: demacrado, distraído, con la mirada un poco perdida. Y recordé también su salida apresurada del sanatorio después del último ataque, con Cristina eufórica en el auto diciéndole: “contestale al periodista”. Es muy delicado hablar de la muerte de alguien, pero más allá de las interpretaciones políticas e históricas, creo que Kirchner murió como consecuencia de su negativa a resignarse frente a la realidad, empezando por la de su propio cuerpo. Creo que se puede decir esto con un mínimo de objetividad.

Flavia decidió que la mejor manera de calmar los nervios era ir a ver una película, así que la acompañé al Filmmuseum a ver un doble programa de la retrospectiva de Rohmer. Daban dos películas de la serie Cineastas de nuestro tiempo, un emprendimiento muy longevo de la televisión francesa. Rohmer participó en las dos, pero no sé exactamente en qué función. Poco importa, porque son dos películas extraordinarias, que forman parte de la memoria grande del cine. La primera estaba dedicada a Dreyer. Se lo ve al maestro hablar de su obra y resulta un señor que habla muy bajo, vestido como un empleado de banco de 1920 y de una extraordinaria sencillez. Dreyer atribuye sus alucinantes planos secuencia al ensayo y el error, niega toda influencia de una teoría en su cine y dice que es necesario que las cosas no ocurran demasiado rápido para que el público pueda captarlas. Es notable también ver a sus actores, que hablan de él con la misma reverencia con la que vimos alguna vez a los de Ozu referirse a su jefe.

Pero lo mejor estaba por venir, acaso lo mejor del festival: la película sobre Louis Lumière. Es curioso que sea tan poco conocida, ya que debería ser obligatoria en cualquier curso de cine. Alex Horvath, director del Filmmuseum, dice que no entiende por qué se proyecta tan poco, incluso en Francia. El documental consiste en una entrevista en la que Jean Renoir y Henri Langlois comentan la filmografía de Lumière, de la cual se ven una importante cantidad de ejemplos que acababan de ser restaurados en ese momento (1968). Con Flavia nos quedamos con la boca abierta, porque nos pareció la conversación sobre cine más inteligente a la que asistimos en nuestra vida. Renoir es impresionante de por sí y cada respuesta suya es brillante, pero Langlois resulta la gran sorpresa: era mucho más que un restaurador y un exhibidor de películas, algo que nunca tuve claro (tal vez porque no dejó nada escrito) a pesar de que todos saben el lugar fundamental que ocupó para la Nouvelle Vague. Gracias a la película, uno se entera en primer lugar de que hasta los años treinta se consideró que la obra de los Lumière estaba destinada a desaparecer en pocos años. Y tampoco se le prestaba demasiada atención, un prejuicio que sigue vigente. La clave la proporciona el entrevistador, cuando pregunta si no era ese un cine primitivo, anterior a la invención del “lenguaje cinematográfico” que empezaría con Griffith y el montaje. Langlois lo mira con cara de desprecio y le contesta algo así: “Pavadas. Eso del lenguaje cinematográfico no existe. Las películas de Lumière tenían todo lo que necesita una película. Además de una utilización de la luz maravillosa (que ahora está perdida), esas películas de una toma manejaban planos generales, medios y cortos en la misma unidad, inventaron el travelling y la panorámica, la narración y la puesta en escena. Estaban cuidadosamente planeados y lo que vino después fue un retroceso. Así nos lo confesó Fritz Lang, quien sostiene que su carrera habría avanzado veinte años si hubiera conocido la obra de los Lumière.” Y así siguiendo. Langlois permite intuir que los Lumière proponían una vía para el cine que después quedó parcialmente obturada. Esta película debe estar en la web y uno debería aprenderla de memoria. A la salida del cine, cuando caminábamos extasiados por el aire, nos encontramos con Gonzalo Castro. Nos pinchó el globo: dijo que Renoir y Langlois eran dos viejos tarados que no sabían de qué hablaban. Sabemos que Castro es un post-cineasta y que, como tal, declara su ruptura con la tradición. Pero no sabíamos que su rechazo no era solo a la filmografía existente, sino al medio del cine por sí mismo, que será reinventado por él y otros. Una declaración de radicalidad extrema que me hizo enojar bastante. [N. de la R.: Gonzalo Castro niega haber dicho sobre la película y sus protagonistas lo que aquí se le atribuye. Se incluye esta aclaración a pedido del interesado.]

Lav Diaz y Christoph Huber en el Mozart Café

En el Filmmuseum nos encontramos con Christoph Hüber para nuestra rutina anual de milanesas en un bolichón tradicional seguida de café con torta y schnaps en el muy cajetilla café Mozart para terminar con los últimos schnaps en el Kleines. Esta vez, Christoph vino acompañado justamente de Lav Díaz, que paró en su casa mientras el Filmmuseum restaura una de sus películas. Diaz, autor de una serie de películas kilométricas y figura central del auge del cine independiente filipino, nos cayó fenómeno. Es un tipo zapatilla como decimos siempre con Flavia. Mientras cenábamos, le trasladamos la pregunta de Olaf: ¿por qué habían premiado al mexicano en Venecia? Diaz se excusó diciendo que Alex Horvath y él votaron por la película de Burch (que yo no había podido ver esa mañana), pero que los otros eran tres y que fue decisiva la presidente del jurado Shirin Neshat, “artista visual iraní residente en Nueva York conocida por sus instalaciones en video”, según la Wikipedia. Casi no hacía falta decir nada más: los representantes de la instalación y la interdisciplina se reconocen entre ellos, se programan y se premian. Es evidente la importancia que va tomando lo audiovisual y cómo empieza a ocupar el centro de las discusiones. En los últimos viajes no hacemos más que tropezarnos una y otra vez con la misma cuestión.

Termino la crónica de hoy contando el origen del sobrenombre “Lav” que usa nuestro amigo Diaz. Viene de Lavrenti y su padre se lo puso por Lavrenti Beria, jefe de la NKVD durante Stalin y uno de los grandes asesinos del siglo XX. Cuando lo contó me quedé muy impresionado frente a una nueva prueba de la adhesión que provocó el estalinismo a escala planetaria. ¿Cómo no pensar que sus elementos constitutivos (políticos, ideológicos y hasta psicológicos) siguen estando entre nosotros?

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53 comentarios para “Recuerdos de Viena (5)”

  1. Marco Dice:

    Insisto en preguntarle si sabe o le dijeron en qué està trabajando actualmente el bueno de Lav. Un saludo

  2. lalectoraprovisoria Dice:

    Lav contó que está haciendo tres películas. Pero no sé los detalles.

    Q

  3. Gallego Dice:

    Si entre los nac&pop se pueden incluir películas como “Caja negra” o “Nadar solo”, y hay que contraponerlas a las de los liberales modernistas tipo Gonzalo Castro o Fontán, me quedo con los favistas.

  4. Gallego Dice:

    A riesgo de ser pesado y aprovechando que en la entrada se habla de cine argentino me gustaría que me recomendaseis algunas películas argentinas. A España sólo llegan los Burman, Sorín, Campanella, Aristaráin, Subiela y poco más. De las que he visto mi lista sería la siguiente:

    -”Caja negra” Luis Ortega
    -”Cama adentro” Jorge Gaggero
    -”La ciénaga” Lucrecia Martel
    -”Crónica de un niño solo” Leonardo Favio
    -”Invasión” Hugo Santiago
    -”La libertad” Lisandro Alonso
    -”Nadar solo” Ezequiel Acuña
    -”Silvia Prieto” Martín Rejtman
    -”Los suicidas” Juan Villegas
    -”XXY” Lucía Puenzo

    ¿Me he perdido algo imprescindible?

  5. lalectoraprovisoria Dice:

    Solo Los muertos de Alonso es imprescindible. Algo de Perrone también. Historias extraordinarias. Y vamos cerrando.

    Pero si te gustan XXY y Cama adentro, no me atrevo a recomendarte nada.

    Q

  6. Lenny Dice:

    Sí, “Tiro de Gracia” Ricardo Becher

  7. Lenny Dice:

    Y agregá: “La Mujer sin Cabeza” Lucrecia Martel

  8. j.p.s. Dice:

    Q. y de Trapero no rescatamos nada ?

  9. mulder Dice:

    Gallego. ¿Sólo pélículas de los últimos diez, quince años?

    - Pulqui, Los resistentes y Espejo para cuando me pruebe el smoking (documentales de Alejandro Fernández Mouján)

    - Ocho años después (Perrone)

    - La tigra Chaco (Federico Godfrid y Juan Sasiaín)

    - Pizza birra faso (Caetano y Stagnaro)

    - Bolivia (Caetano)

    - El aura (Bielinsky)

    Y como veo ahora que pusiste Crínica de un niño solo e Invasión agrego nombres más viejos:

    - El camino hacia la muerte del Viejo Reales (Gerardo Vallejo)

    Y algunos directores

    - Leonardo Favio

    - Hugo del Carril

    - Daniel Tinayre

    - Luis Saslavsky

    - Carlos Schlieoer

    - Manuel Romero

    - Alberto Fisherman

    No todo lo que hicieron es igual de bueno y hay algún bodrio dando vueltas. Pero cada uno filmó unas cuantas grandes películas. Así, a los apurones, es lo que se me ocurre.

  10. Lucasg Dice:

    De las de esa lista La Libertad es imperdible. Y Crónica de un niño solo e Invasión probabl. representen las vertientes históricamente opuestas de las q habla Q en el post. Y no está en la lista pero aguante Historias Extraordinarias.

  11. DDD Dice:

    Historias extraordinarias? Eso si que es más escalofriante que la peli del mexicano que comentaste, cine falso basura vacío. Ahora, si a la hora, cuando no aguanté más el aburrimiento, comenzaba a mostrarse hasta el final que el guión era así de malo y trillado y todo era falso y mal actuado por algún motivo… ahi tal vez estaría buena, si alguien me puede decir que termina así, se lo agradecería.

  12. lalectoraprovisoria Dice:

    j.p.s. Algo de Trapero. Sí, por qué no.

    Q

  13. Luis Dice:

    Para mí a “los muertos” habría que agregar “la libertad” también de Alonso.

  14. NP Dice:

    Sí, cerrá con “Los muertos” Gallego. Ahí se acabó la historia del cine (no solo el argentino, no seamos modestos…)

    El cine ha muerto, viva el post-cine! Abajo los “límites éticos de la vanguardia”! Vivan el cinismo y la ambigüedad! (todo eso nos salva del estalinismo, que sigue estando entre nosotros!!!)

  15. enrique Dice:

    Langlois y Renoir eran dos viejos tarados que no sabían de qué hablaban, Rohmer era de derecha y Lumiere…quién carajo fue Lumiere? Un gil, seguro

    http://www.youtube.com/watch?v=9FXIsXj_7i0

  16. mulder Dice:

    La película de Rohmer sobre Lumiere se consigue en la mulita. Cualquier cosa, pasar por http://www.cine-clasico.com

  17. sebastian andres sanchez Dice:

    Invasión de H Santiago no solo es esencial : es la gran excepción de lo que el cine argentino podría haber sido y no fue.

  18. gc Dice:

    Bueno, Q, no es muy gentil de tu parte como situás la escena y la libertad que te tomás para citarme. Yo no dije que eran dos viejos tarados que no sabían de que hablaban. De hecho casi no llegué a decir nada, porque en cuanto detectaste que mi gesto no era de complacencia ante el éxtasis que te había provocado la película…
    A ver, el diálogo exacto fue:
    Q: ¿No es extraordinario lo que acabamos de ver?
    GC: No.

    …tu reacción fue empezar a vociferar en el hall repleto del FilmMuseum: “Sos un pelotudo, así nunca en la vida vas a hacer una película…” y etc. Acto seguido salí del lugar, porque no tenía caso intentar una conversación.

    Como sea, lo que dice Langlois, de que analizar la tabla de horarios del tranvía para aprovechar el exigüo minuto de filmación es “ciencia”, es realmente una tontería. Y el análisis de Renoir de la narrativa de esos sketches (y el sketch del regador regado era tan estúpido hace cien años como ahora) es algo que sólo la gracia natural de Renoir puede hacer ver como algo no totalmente ridículo.

  19. Gallego Dice:

    Si sólo consideras “Los muertos” imprescindible haces bien en no recomendarme nada Quintín porque esa película me pareció muerta. Es la película de la historia del cine en la que se ve más veces a un hombre colocarse el pelo, es más, diría que no hace otra cosa en toda la película. Por no hablar del primer plano, deshonesto sería el epíteto más flojo. Aún así la prefiero a “Liverpool”, las películas de Bartas prefiero verlas en versión original. Supongo que lo de Perrone lo dirás de broma, si consideras “Cama adentro” y “XXY” basura y a continuación me recomiendas Perrone algo falla, probablemente tu criterio. Perrone no hace cine, hace jarmuschadas sin el talento de Jarmusch, eso en el mejor de los casos, la mayoría de las veces se conforma con Kevin Smith o Linklater. “Cama adentro” y “XXY” son dos peliculones, sobretodo “Cama adentro”, opina lo mismo Leonardo Favio, no lo menciono como autoritas sino para constatar que no soy el único. Me temo que en cuestión de cine argentino sólo recomiendas amigos, muy profesional y objetivo por tu parte. Si a estas alturas del invento nos ponemos a reivindicar a los hermanos Lumiére que consideraban el cine un negocio y cuando dejó de darles rédito lo abandonaron por completo, o al reaccionario Rohmer apaga y vámonos.

    Con “Historias extraordinarias” no puedo, si quiero leer un libro voy a la biblioteca. Trapero tampoco lo soporto. De las que me recomiendas mulder solo no he visto Pulqui, Los resistentes y Espejo así que me las apunto. De los clásicos de los que más he visto son Leonardo Favio y Luis Saslavsky, Favio es un gran tipo y todo un referente pero al margen de su primera época no me interesa demasiado, de Saslavky me gusta “La corona negra”, a pesar de que es más mérito de Cocteau que suyo. Creí que había cine argentino sumergido pero por lo que veo hay lo que hay, y encima despreciáis lo que tiene valor, “Cama adentro” y “XXY”, viva el cainismo.

  20. lalectoraprovisoria Dice:

    GC. Tu relato difiere del mío en apenas algún detalle. Y tu encomillado no es estrictamente cierto. A mí me pareció una película maravillosa, de la que hay mucho que aprender y a vos no. Un mundo de diferencia.

    Q

  21. lalectoraprovisoria Dice:

    Gallego, parecías una persona honorable, con la que se podía disentir civilizadamente, hasta que apareciste con eso de “Me temo que en cuestión de cine argentino sólo recomiendas amigos, muy profesional y objetivo por tu parte.” Eso es bien de hijo de puta.

    Saludos

    Q

  22. boudu Dice:

    Los Traidores, de Gleyzer

  23. Gallego Dice:

    Pues retirado queda Quintín. No voy a decir que no era mi intención ofender porque era esa mi intención. No me cuadra que desprecies “Cama adentro” y acto seguido recomiendes Perrone. Pero en vista de tu reacción tendré que aceptar que es una opinión sincera, aunque me resulte incomprensible.

  24. Lenny Dice:

    Gallego, dos más:

    - “Ufa con el sexo” Rodolfo Kuhn
    - “Con alma y vida” David Kohon

  25. gc Dice:

    Mirá, Q, yo no dije que Langlois y Renoir eran “dos viejos tarados”; y a los efectos prácticos del post, eso no es un detalle. Tengo un interés muy específico en las palabras, y por ejemplo jamás me referiría despectivamente a alguien como a un “viejo”. Y la palabra “tarado” no está en mi repertorio. Lo único que dije fue “No”. Hay una gran diferencia entre decir que una película no me parece extraordinaria y decir que dos próceres son “dos viejos tarados”.
    Y el entrecomillado era estrictamente textual, no estoy acostumbrado a que me insulten, por ende se me quedó grabada tu frase.

    Q, yo se que vos decís que sos un crítico retirado que vive en San Clemente y escribe un blog. Pero resulta que ese blog tiene 5000 visitas diarias y vos seguís siendo, desde tu hiperactivo retiro, el crítico más influyente de estos lares. Entonces por lo menos imponete un mínimo de precisión a la hora de arrojar cristianos a los leones.

  26. lalectoraprovisoria Dice:

    GC. Los detalles de color carecen de mayor importancia. Así como vos recordás las palabras, yo recuerdo bien tu indignación con la película y sus personajes. No creo que te esté tirando debajo de ningún tren (con lo que a Renoir le gustaban los trenes) si comento que las ideas sobre el cine que transmiten Renoir y Langlois te resultaron sin valor mientras que a mí me maravillaron. No fue mi intención tratarte de irrespetuoso con la gente mayor, sino ilustrar tu visión del cine, que cada día me parece más inexplicable.

    Lo de mi (supuesto) poder y mi influencia es una discusión poco seria, ligeramente obscena. Siempre escribí más o menos igual. A veces me salen mejor las notas, a veces peor. A veces soy injusto con alguien, a veces acierto. A veces la gente se toma bien las cosas, otras se enoja. Son los riesgos de este oficio (?). De todos modos, te pido disculpas si te ofendí.

    Q

  27. gc Dice:

    Un detalle de color era todo lo que había en tu post respecto a mí, y a mí sí me pareció importante, por eso lo aclaro. Disculpas aceptadas.

    Pero no creo que tu intención fuera ilustrar a nadie con mi visión del cine, puesto que no te molestaste en preguntarme por que no me pareció maravillosa la película en ese momento, ni después. Mi “visión del cine” (si tal cosa existe) te resulta inexplicable porque no estás interesado en mis explicaciones.
    Y que discutas vos tu influencia sería obsceno, no que yo la mencione. ¿Es obsceno hablar de la cantidad de visitas de la Lectora?

  28. gc Dice:

    Y yo acepto las disculpas, Q, pero el post sigue difamándome. Supongo que debe haber mucha gente que lee este blog que no lee los comments, así que yo solicito formalmente un encorchetado en el cuerpo del post que aclare que yo niego haber dicho eso. (Sé que es una estupidez galopante, pero no me gustaría quedar en los sedimentos de Internet con un dixit tan espantoso y del que soy inocente.)

  29. Mishíguene kop Dice:

    Bueno, ya que estamos desasnando, mencionaría, en una ensalada desaforada: La vuelta al nido, de Leopoldo Torres Ríos. Gran película gran. Y fijate la fecha: 1938.
    También de Leopoldo Torres Ríos acomañado por su hijo Leopoldo Torre Nilson: El crimen de Oribe (1950).
    Y si querés una buena película nac and pop, de las primeritas: Los tres berretines (1933), de Susini. No es la gran cosa, pero marca un rumbo. Y es una buena peli.
    Y la de Alfredo Alcón lidiando con el diablo, El agujero en la pared, de David José Kohon (1982).
    Y una gran comedia de Luis Saslavsky, con la gran Mirtha Legrand en su mejor momento: Vidalita (1948).

  30. Fabian Dice:

    Iba a decir “Un oso rojo” pero no me animo a recomendarle nada al gallego. Me da miedo. Noto que es un espectador furibundo. Capaz de “defender” o “atacar” películas. Y quién sabe qué furias le puedan salir de la cabeza de no gustarle, capaz que acabo muerto.

  31. m.a. Dice:

    Adhiero, Quintín. La película sobre Lumière es maravillosa. Aquí, en La Plata, por suerte se trabaja con ella en la universidad (espero que eso te reconforte).
    Tras tanto ejercicio de cinismo extremo (¿post-cine?), creo que verla funciona como una invitación al reencuentro con la imagen, más vital que dar la batalla por perdida y entregarse al regodeo, con resultados a veces más o menos felices, de la ironía.
    Pareciera que las artes plásticas, hace tiempo ya, se han declarado muertas (cualquier visita a un museo o galería lo demuestra) y en su afán necrológico arrastran tras de sí a quienes gustan de firmar certificados de defunción, vengan de donde vengan.

  32. lalectoraprovisoria Dice:

    Gc. Ya puse la aclaración. ¿Todo bien?

    Q

  33. Mishíguene kop Dice:

    m.a., lo que pasa que de por sí los museos en La Plata están medio muertos. Así no se vale.

  34. m.a. Dice:

    Mishíguene:
    el regionalismo sólo corría para la anécdota universitaria.
    De todos modos, adhiero a tu afirmación y me animo a extender el radio de alcance al territorio nacional en su conjunto. Así de peleadora.

  35. Mishíguene kop Dice:

    Y esto tiene que ver con el asunto del catador, el crítico y el productor. El sistema está manejado institucionalmente por “catadores” que determinan quién o qué entra y quién no, quién puede exponer y quién no, qué es bueno, qué es artístico y qué no. Los museos en Argentina, no sólo en La Plata funcionan con el sistema de doble entrada típico de la burguesía bienpensante. Lo mismo pasa con el sistema editorial y con el INCAA. Los catadores tienen más peso en la cultura que los productores. Son quienes determinan quién puede o no mostrar lo que produce. Es un sistema que propende al estrangulamiento. Tal vez esto pase también en el mundo. Los verdaderos modernos en cambio querían tirar abajo los museos y se hubiesen cargado al INCAA y a todos sus funcionarios.

  36. lalectoraprovisoria Dice:

    Mishíguene. Lo de los catadores no se aplica al Incaa: son los productores los que deciden qué cine se hace, en general con criterios absolutamente corporativos y reaccionarios.

    Q

  37. m.a. Dice:

    Es que sí, nunca deja de ser un problema de las instituciones como tales, con sus operaciones de legitimación y demás. De todos modos, no creo que haya que alarmarse tanto por esto (porq)como por encontrar la huella de estos discursos incluso en los ámbitos marginales. O sea: por quienes se cargan con el INCAA y lo que esté cerca en el ámbito de la producción, pero terminan adhiriendo en sus premisas estéticas. Ergo:

  38. Mishíguene kop Dice:

    Bueno, es posible, pero siguen siendo catadores, son productores-catadores, que sólo sienten el gusto de lo nac and pop, cosecha 1945, y todo lo demás lo desestiman. Y si hay recambio, vienen los otros, los productores-catadores radichetas, que también son nac and pop y que incluso muchas veces comparten funcionarios. En el sistema de la cultura argentina sí que hay una continuidad, la continuidad institucional entre los opuestos que se le reclama a la político. Curiosamente, donde más debería haber constantes rupturas, en el campo del arte, es donde más continuidades se detectan.

  39. gc Dice:

    Perfecto encorchetado, gratzie, Q.

  40. m.a. Dice:

    Es que sí, nunca deja de ser un problema de las instituciones como tales, con sus operaciones de legitimación y demás. De todos modos, no creo que haya que alarmarse tanto por esto (porque es enemigo conocido, supongo), como por encontrar la huella de estos discursos en los ámbitos marginales. O sea: por quienes se cargan con el INCAA y lo que esté cerca en el ámbito de la producción, pero terminan adhiriendo en sus premisas estéticas.

    En relación al post-cine al que acá se hace referencia, se puede desmontar un poco el asunto (sostener el trabajo en algún procedimiento formal cual aritmética, etc -tan cercano al arte conceptual que viene galopando hace bastante en los museos-), y no resulta tan extraño pensar que terminen encontrando albergue en el ámbito “performático”. Y lo paradojal de este asunto es que es una estética que generalmente viene de la mano del presupuesto cero, el no academicismo y todo lo que supondría (en el ámbito audiovisual) lo que vos acá llamabas verdaderamente moderno.
    Ergo: estamos en problemas. Salís corriendo para un lado y te atajan en la esquina.

  41. m.a. Dice:

    allí fue un comentario incompleto. mis disculpas.
    más abajo prosigue.

  42. Lucasg Dice:

    El gallego pide recomendaciones y después resulta q se las vio todas y tiene opiniones ultraformadas de cine argentino. Qué introducción extraña para entrar a bardear al blog.

  43. italiano Dice:

    mira, gallego, sos una bestia, y un irrespetuoso para hablar asi de perrone, hablas de jarmusch, te quedastes en los 90, por que no hablas de las peliculas si es q las vistes, y no de directores , y si no fijate a cuantos tipos el imfluencio, imformate.

  44. Mishíguene kop Dice:

    Pero atenerse a las reglas del procedimiento es parte de la modernidad. El problema es cuando el artista no crea su propio procedimiento o se burla del procedimiento mismo y empieza a sobrarlo, mirándolo desde las alturas del gourmet, del que ya todo lo conoce y no es capaz de encontrarle la vuelta al procedimiento. El procedimiento bien usado, al que se le saca el jugo, para pensar y sentir lo humano y no para mirarlo desde las alturas de la suficiencia y de la historia, es la matriz de todo arte moderno.

  45. Gallego Dice:

    boudu dije películas no pasquines electorales. Me apunto las tuyas Lenny aunque los títulos tiran para atrás. Me fiaré de tu nick, espero que tus recomendaciones estén a su altura. Haces bien en no recomendarme “El oso rojo” Fabian, soy tan simple que me tomo el cine en serio, ya sé que es poco posmoderno pero que se le va a hacer, soy de la vieja escuela, de los que disfrutan con el cine y desenmascarando fantasmas. Como por lo visto el cine ha muerto sólo nos queda la posibilidad de reconocer los cadáveres para poder meterlos en el panteón familiar, aunque me parece que la mayoría van a acabar en la tumba del soldado desconocido.

  46. m.a. Dice:

    Adhiero, Mishíguene.
    Cuando hacía la analogía matemática pretendía acercarme a esto. Podría pensarse al procedimiento en relación a las palabras de Renoir acerca del peligro de la libertad en sentido absoluto. Incluso cuesta creer que pueda haber arte sin procedimiento, más allá de lo explícito del planteo moderno (el rodar en una sola bobina, con cámara fija y demás, va de esto y de modo bastante más radical que lo que vemos a diario).
    Al hablar de cinismo, un poco antes, me refería a esa cobardía bien instalada en el llamado post-cine que anula la idea de lo humano, tanto en el acercamiento al otro como en la propia presencia.

  47. Galois Dice:

    Me parece que el ‘Gallego’ tiene tanto de Galicia como yo de Valonia.

  48. Lenny Dice:

    Gallego: Confiá, son peliculones.

  49. Lucasg Dice:

    Sí, el gallego es el de la esquina de casa.

  50. mulder Dice:

    Gallego. Los traidores es un peliculón. Al final, todos tiramos nombres de onda y vos venís y bardeás.

  51. pablo Dice:

    gallego, te fuistes a bajar peliculas argentinas x internet? y candela.

  52. Marto Dice:

    A ver quién tiene razón… acá está la película de Rohmer para bajarse en un ratito. Con subtítulos incrustados en español y todo.

    http://www.megaupload.com/?d=L3SO49ZN
    http://www.megaupload.com/?d=4Q27EVR8

  53. Boris K Dice:

    Q, no hay un cine moderno, internacionalista y popular? Así nos anotamos todos…

    Es interesante esto que decis: “Una experiencia comparable a la de Pereda es la de Federico León, con quien comparte esa actitud de “hagamos cine/teatro con los pobres o los inocentes” y no se pone de su lado sino que los utiliza para sus fines.”

    Por eso Daney decia que la abyección (a la que muchas veces se confunde con un simple límite en la configuración del plano, como si alejarnos con la cámara, en plano general, nos convirtiese inmedientamente en mejores personas) era el plusvalor de la figuración (supongo que por eso en televisión se utiliza tanto el lunfardo “garpa”, algo “garpa” frente a cámara). Un contrato entre el sujeto y el objeto, actor y director, que se rompe. Cruzar ese límite solo puede llevar a la Ambigüedad y el cinismo. O sea, a la autodestrucción (vease el recorrido que hace el personaje el film ambigüo por excelencia “Memorias del subdesarrollo”, de Gutierrez Alea)

    Y me permito citar al poeta:
    “A quien como yo no sabe, viviendo, tener vida, ¿Qué le resta sino, como mis pocos pares, la renuncia como actitud y la contemplación como destino? No sabiendo que es la vida religiosa, incapaces de saberlo, porque no se tiene fe con la razón; no pudiendo tampoco tener fe en esa abstracción llamada Hombre, ni sabiendo qué hacer con ella ante nosotros, nos quedaba, como motivo para tener alma, la contemplación estética de la vida.
    Y así ajenos a la solemnidad de todos los mundos, indiferentes de lo divino y desdeñosos de lo humano, nos entregamos con frivolidad a la sensación sin propósito (…)”

    Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.

    En boca de algún pibito postcineasta, el realizador de un cine muerto, que no sabe lo que es trabajar, o sea lo que hace el otro 90 por ciento de la sociedad a la que mira con lupa, suena hasta gracioso.

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