Carta de Viena

por Flavia de la Fuente

Queridos amigos:

Hace días que quiero escribir pero no puedo porque no me queda tiempo. Por si no lo saben, estamos una vez más en la Viennale, el festival más refinado del mundo. Acabo de ver un documental sobre Rohmer, En compagnie d’Eric Rohmer de Marie Rivière (la actriz de El Rayo verde y Cuentos de otoño) que me puso triste y me angustió. No saben lo viejo que está Rohmer en la película. Y lo más triste es que no tenía viejo el cerebro sino el cuerpo. Mientras que el estuche muestra sin piedad la máscara de la muerte, su alma se expresa solo a través de poesías clásicas, canciones y chistes agudos. Una vida entre libros, películas y música que se extingue ante nuestros ojos. Un hombre muy dulce que está a punto de morir. Me impresiona que desaparezca esa masa de cultura digerida, procesada, integrada a la carne. Me parece insoportable que tanto saber, tanta sensibilidad se convierta en polvo o que se lo coman los gusanos. Ya sé que solo son lugares comunes pero estar frente a un moribundo lúcido es algo que me perturba. Rohmer vivió noventa años y trabajó hasta el final. Y al parecer murió rodeado de todos sus amigos y colaboradores. En el film aclara que no va a hablar de su vida privada, solo de cine y así lo hace. En fin, que la película me resultó muy mortuoria, aunque, pese a que sufrí como una china, igual me gustó pasar un rato con el viejo y querido Eric Rohmer.

Salgo corriendo de la película de Rohmer sin mirar los títulos. Tanta muerte me dio claustrofobia y necesitaba salir a tomar aire fresco, caminar rápido por el Ring para llegar oxigenada al Hilton. Subí a mi habitación y me conecté a Internet. No saben lo deprimente que se ve la Argentina desde Viena. No lo tomen a mal. Disculpen otra vez el lugar común. Pero es muy fuerte. El contraste entre la vida festivalera y los diarios argentinos es brutal. Uno lee las noticias y se da cuenta de que vive en un lugar horrible, demasiado horrible. Dejando de lado los dislates de la presidente y los sindicalistas, la guerra contra Fibertel y otras historias, hoy me encuentro con la noticia surrealista de que puede colapsar un edificio por contener demasiados expedientes judiciales de los jubilados. Les juro que pensé que era un invento de La política on line. Pero no, lamentablemente, no era ningún invento. Abro el Clarín y la misma noticia estaba en primera plana. ¿No es todo demasiado loco?

Julio Bressane en Valdivia

Antes de llegar a Viena, a la vuelta de Valdivia, viajamos en avión hasta Santiago de Chile con el cineasta brasileño Julio Bressane. El artista, un hombre de 64 años, nos preguntaba qué le había pasado a la Argentina. Recordaba que para ellos la Argentina era un modelo a seguir, que era un país de gente ilustrada, que en Brasil se decía que en Buenos Aires se veía a cada ciudadano con un libro. ¿Cómo llegaron a ese estado de desintegración?, nos preguntaba preocupado. Nos ilustró su comentario contándonos que había sido jurado en el Festival de Toulouse donde había una muestra de cine argentino. Creo que dijo que había once directores. “Ninguno parecía un cineasta argentino. Los argentinos eran gente ilustrada, la envidia de Latinoamérica. Ahora no son nada.” La cita es de memoria, la charla se dio en un café del aeropuerto. También nos comentó que visitó Buenos Aires en 2005 y que no podía creer lo que veía. ¿Gente durmiendo en las calles en Buenos Aires? ¿Niños pidiendo limosna? Eso era un paisaje brasileño, no argentino. En fin. Nos despedimos del gran Bressane y cada uno siguió su camino, él y su mujer hacia Río, nosotros, hacia el aeroparque porteño.

Es demasiado chocante estar en Viena. No se ven pobres, la gente se pasea tranquila de noche, la ciudad resplandece. Hace dos años que no veníamos por acá y todo se ve mejor que en 2008, más próspero pese a la supuesta crisis. La fantasía que tengo es que la Argentina va a desaparecer, que no va a quedar nada. Que vamos a tener que salir rajando. Pienso en Cristina y siento vergüenza. Pienso en los intelectuales que la apoyan y les juro que no los entiendo, que también me dan vergüenza.

Como no se me ocurre nada para detener la hecatombe de nuestro país, mejor me relajo y vuelvo a Viena, donde la vida todavía nos sonríe, aunque si uno piensa en los films de Michael Haneke y los textos de Thomas Bernhard esto tampoco debe ser un paraíso.

Liso y Fede en el Schönbrunn

Solo para los fans de Sissi. Con mi hermano Liso y su amigo Fede fuimos a visitar el Schönbrunn, el palacio de verano de la familia real. Había muchos pases de visita y elegimos el más corto, que dura unos cincuenta minutos. Recorrimos 26 habitaciones rodeados de una multitud de turistas de todo el mundo. A la entrada nos dieron una audioguía que iba describiendo cuarto por cuarto lo que veíamos. Al parecer, la buena Sissi fue una mujer egoísta, que nunca amó a Francisco José (quien sí la adoraba) y odiaba la institución del matrimonio que exigía a la gente a casarse por obligación. Además de ser una mujer sumamente bella, cuentan que Sissi era una coqueta empedernida. Vivía a dieta para mantener su cinturita de avispa y pasaba horas cepillando su larga y tupida cabellera. En lugar se ser una madre devota, se la pasaba de viaje. En fin, será así, pero la película nos contó siempre otra historia. Y la suegra, la mala de la película, según la audioguía era buenísima. María Teresa era una madre y esposa devota, una política ejemplar, no la bruja que nos legó el celuloide. La verdad es que no sé cómo siguen vendiendo chocolatines con la cara de Sissi después de semejante relato. ¿Será que nadie escucha la audioguía?

El Café Sperl

Con Liso y Fede recorrimos miles de cafés, comimos tortas, sopas y charlamos a lo loco. El mejor café en mi ranking sigue siendo el Sperl, que también es el favorito de Edgardo Cozarinsky, que pasó por la Viennale 2010, pero con quien solo compartimos una concurrida cena. Nos saludó con mucho cariño y nos contó que esa noche se iba de milonga vienesa, que él no se pierde el tango en ningún lugar del mundo.

Hans Hurch recibe a Larry Cohen en la puerta del Hilton

Otra foto de Larry Cohen, la estrella de la Viennale 2010

Mientras Q hace presentaciones de películas y sigue la retrospectiva de Larry Cohen, yo decidí hacerle mi humilde homenaje a Rohmer aprovechando la retrospectiva completa que hay en el Film Museum. Ayer vi un corto que me encantó, que se llama Bois ton café, il va être froid. Dura solo tres minutos y es puro placer. Lo pueden ver acá. Y también encontré la letra de la canción. Este corto acompañaba Les jeux de société, un telefilm de 1989, también burbujeante, que describe los divertimentos sociales en la corte.

Y qué más. Que tengo hambre, que son las 22.30 y Q no vuelve de su película. Ya me tomé quinientos tés y no tengo nada para comer. ¿Me pido un room service o lo espero? Porque Q es peligroso. Quizás se quedó charlando y comiendo salchichas mientras yo me muero de hambre en la habitación. Pero allá él. Yo lo espero y soy fiel a nuestro arreglo de cenar juntos. Me dijo que volvería a las 10, 10 y media y aquí me encontrará. Rohmer, conocido reaccionario, decía que él era un defensor de la institución del matrimonio. Que ningún hombre ni ninguna mujer era único, que las personas solo eran fieles porque querían serlo, no porque no se sintieran atraídos por otros. Que justamente para eso, para evitar las traiciones, servía el matrimonio.

Mañana me espera un día agitado. A la mañana una película que me recomendó Arroba, The Forgotten Space, de Noel Burch, y a la tarde dos de Rohmer.

Gonzalo Castro y Marcela Castañeda en el Café Imperial

¡Ah! Me olvidaba de Gonzalo Castro y Marcela Castañeda. Hoy fui a la presentación de Invernadero, que se dio por última vez en Viena. Me contó Q que el día anterior Castro no quiso contestarles a quienes le preguntaban cómo había hecho la película (por ejemplo, si los diálogos eran improvisados o él les daba una guía). Así que hoy asistí a un ensayo del Q&A donde Q y Gonzalo se ponían de acuerdo sobre qué iban a hacer esta vez, para no repetir la desconcertante reacción de Castro de la noche anterior. Les cuento que cuando terminó la película hubo aplausos y que Gonzalo contestó amablemente las preguntas. No sé cómo terminó la cosa porque me tuve que ir a ver el documental de Rohmer. Hasta la próxima.

PD: Q llegó media hora tarde, muerto de hambre y agotado. Me contó entusiasmado que vio una película de Larry Cohen en el Gartenbaukino lleno y que Cohen fue ovacionado. Pero no me dejó jugar a Lost in Translation y pedir el room service sino que me llevó a comer un pancho a la calle, pese a los cuatro grados de temperatura en Viena. Dice Q, en su defensa, que llamar a esa delicia gourmet un pancho es un insulto a la gastronomía.

11 comentarios para “Carta de Viena”

  1. Lectora Dice:

    Tú crónica me ha sugerido una imagen:

    Sissí tumbada en un sofá viendo indignada en la televisión un documental sobre los indigentes argentinos mientras paladea extasiada un Ferrero Rocher.

  2. Gabriel Dice:

    Entiendo perfectamente:

    “No saben lo deprimente que se ve la Argentina desde Viena. No lo tomen a mal. Disculpen otra vez el lugar común. Pero es muy fuerte. El contraste entre la vida festivalera y los diarios argentinos es brutal. Uno lee las noticias y se da cuenta de que vive en un lugar horrible, demasiado horrible.”

    La Argentina parece inmersa en un procedimiento de suicidio colectivo en múltiples etapas. Un largo descenso al horror. ¿De dónde provienen esas tendencias auto-destructivas? No tengo la menor idea. Pero el escenario presente y futuro es deprimente.

    Saludos y suerte.

    Gracias

    Gabriel

  3. janfiloso Dice:

    ¿Un pancho afuera con 4 grados?
    ¡cómo me perdí eso!

  4. Fabián Dice:

    Heme aquí, afuera del afuera.

  5. Mishiguene kop Dice:

    La vida nunca fue ni será un festival de cine. Y Austria es un reducto de nazis que al menor conflicto salen a cazar inmigrantes.

  6. janfiloso Dice:

    …qué pena…
    (ambas afirmaciones)
    PD viendo los cánticos de algunos partidos de futbol tanto en europa como en nuestro país, la xenofobia no parece ser una exclusividad de los austríacos.

  7. Roberto Dice:

    Muy bueno el corto de Rohmer. Respecto a la música, ayer ví “El arbol, el alcalde y la mediateca” y finaliza con una tonada parecida a la del corto. Si encuentro la letra la transcribo ¿Que opinan de esta película? No la había visto y me pareció una reflexión aguda sobre el campo-ciudad y los modelos sociales que generan. Volveré a verla.

    PD. Coincido con janfiloso. Recordemos solamente los paraguas de este fin de semana que pasó.

  8. Andrés Dice:

    “El contraste entre la vida festivalera y los diarios argentinos es brutal”.
    Bien, y eso que ambas cosas son pura ficción, aunque el primero es como el buen cine de ficción puro placer. Y cualquier -repito, cualquier- diario argentino tiene gran porcentaje de falso documental. Saludos

  9. Napo Dice:

    No saben lo deprimente que se ve la Argentina desde Viena. No lo tomen a mal. Disculpen otra vez el lugar común. Pero es muy fuerte. El contraste entre la vida festivalera y los diarios argentinos es brutal. Uno lee las noticias y se da cuenta de que vive en un lugar horrible, demasiado horrible.”

    Y a lo mejor si caminas un poco por Argentina, charlas con gente diversa, entras a los negocios y las fabricas, te vas a dar cuenta que la realidad es mas compleja y matizada. Si te atibboras de Clarin y Perfil, bueno, si te vas a deprimir.

  10. Samurai Jack Dice:

    Estos días fueron para ver en persona NINGÚN diario da una idea de lo que fueron estos días por acá.

  11. Laura Dice:

    Lo perturbador es semejante perturbación ante la muerte (apego a la vida). Los antiguos griegos y cristianos la consideraban una expresión de falta de dignidad y de espíritu (propio de esclavos y de cobardes).
    No hay que preocuparse por Rohmer, hombre de esíritu: la muerte no lo desesperaba.

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