Locarno: memoria y balance (11)

Locura sueca

por Quintín

Esa tarde —todavía estamos en el sábado 7 de agosto— veríamos la película más polémica de la selección, o al menos la que causó más discusiones o, al menos, las discusiones más acaloradas en el jurado. Era Framtidens melodi o Songs for tomorrow, una película sueca de Jonas Bergengård y Jonas Holmström, habitantes de un país que, si mal no recuerdo, no produce una buena película desde las primeras de Bergman, allá por los años cincuenta. Cuando estábamos entrando al cine nos cruzamos con dos personajes. Uno tenía pinta de hippie viejo con una guitarra y el otro era un anciano vestido con un traje arrugado y un bastón. Resultaron los protagonistas de la película. En la presentación, uno cantó unos versos chapuceros e irónicos sobre Locarno, el otro hizo un pequeño discurso introduciendo a los demás.

Aunque los nombres de los actores no son los de los personajes, esa puesta en escena ayudó a hacernos creer a los jurados que se trataba de un documental, o por lo menos de un documental ficcionalizado sobre los protagonistas. El hippie es en la película un marginal alcohólico que vive en casas prestadas, come de la basura y mendiga tocando y cantando en la calle. El otro vive de vender lo que le queda de una colección de antigüedades y se considera el manager del cantor, a quien le ve un talento extraordinario. Trata de conseguirle actuaciones y lo cuida de sus depresiones. La película transcurre mostrando las vidas cotidianas de los personajes en Karlstad, una pequeña ciudad de Suecia, con ocasionales performances en un asilo de ancianos en las que el hippie canta canciones tradicionales e incluso cuando el manager alquila un estudio para hacerle grabar un disco. Hay otros personajes, como un tonto amigo del hippie que pierde las llaves de la casa en la que están parando o una mina de enormes tetas que lo abraza al cantante en una playa y otras amigas más. Después ocurren un par de cosas extras: aparece la hija del empresario, que quiere ver al padre para enseñarle a su nieto, pero el viejo no la recibe y, en cambio, le envía el disco que grabó el hippie como para mostrar que logró algo en la vida. Luego el viejo tiene un infarto y el hippie lo salva y lo cuida y en la casa descubre que existe la hija, de la que no sabía nada. Y después termina la película, no me acuerdo bien cómo.

Songs for tomorrow me divirtió mucho. Los personajes tienen un encanto bizarro, son locos inofensivos y a su modo inteligentes. El resto del jurado no opinó lo mismo, especialmente Joachim que salió indignado de la proyección. Lo curioso es que todos, en mayor o menor medida, pensábamos que habíamos visto un documental. Yo llegué a advertir que por lo menos en parte era una ficción, algo evidente a partir de que en un momento, la hija golpea a la puerta del viejo y este está adentro y no le abre, pero se muestran los contraplanos de ambos. Era obvio también que el ataque cardíaco tampoco era real, pero pensé que todo era una reactuación de episodios que habían sucedido efectivamente y que la historia era básicamente cierta. Más tarde, Mark Peranson me aclararía que no era así, que era todo inventado de punta a punta, lo que le da todavía más gracia a la película, que es un proyecto de pura ficción elaborado colectivamente por cineastas y actores. Los suecos habían engañado al jurado. De un modo limpio y cinematográfico habían convertido a un grupo de profesionales del cine del siglo XXI en espectadores de los hermanos Lumière. Bien por ellos.

Durante la cena, la discusión alcanzó tonos irritados, especialmente porque a Joachim se le sumó una francesa amiga de Anita —Juliette—,  que estaba verdaderamente furiosa. Las acusaciones de los francófonos consistían en que la película era “miserabilista”, que no se podía filmar así la locura (en su vena psi, Joachim repetía “es un psicótico filmado por un perverso”) y yo les contestaba que, locos o no, se notaba lo que se había divertido esa gente filmando y que la locura, que es ciertamente el tema de la película, está tratada con un extraordinario coraje y por fuera de la vertiente hipócrita, institucional y paternalista con la que el cine suele ocuparse de ella. Pero allí la francesa se ponía peor y decía que en Francia sabían cómo tratar esos temas, que había que hacerlo con respeto y que esos suecos eran unos delincuentes abusadores. Hasta que yo les grité que la cortaran con la corrección política y estética francesa que tiene una receta para todo, que los castraba y no los dejaba pensar ni ver una película con libertad. Joachim acusó el impacto: como belga, le resultaba terrible que lo trataran de colonizado. La francesa, en cambio, se puso peor y dijo que en Suecia también había grandes cineastas que sabían filmar con tacto y delicadeza un drama social semejante. Allí perdió la discusión cuando yo le dije que la película era más bien una comedia y que no tenía nada miserabilista. Y con Joachim a coro le recordamos que en Suecia no había ningún gran cineasta. Para embarrarla más, citó a Kaurismaki, que es finlandés y ahí la derrota fue definitiva. Pero que hubo bronca, hubo bronca.

Repito. Muy interesante Songs for tomorrow. Ese es el tipo de película distinta que a mí me gustaría ver en la competencia del Bafici, una película que viene de otro universo del que alimenta las cosechas del “nuevo talento”. Pero no es fácil que un festival acepte propuestas tan sesgadas del mainstream festivalero aunque, en el fondo, hoy la diferencia habría que buscarla allí y no en el film “bien hecho” que los comités votan sin pestañear y sin arriesgar.

Los cineastas Bergengård y Holmström, como varios de los que presentaron películas en Cineasti del presente llegaron al cine de cualquier otro lado. Bergengård estudió medicina y trabajó en un instituto psiquiátrico donde, según cuenta el catálogo, se enamoró de una mujer (al parecer, una paciente), mientras que Holmström es un artista visual. Ambos son de Karlstad y la película es una expresión provinciana, un poco como ocurre con varias películas de la sección. Songs for tomorrow es un poco torpe por momentos (especialmente cuando se pone narrativa e interviene la hija del manager) pero también es refinada en su imaginación y en su tono. Se puede asociar con varias películas distintas entre sí, como las de Albert Serra y su troupe de pueblerinos, pero también con Los idiotas de Lars von Trier —aunque sin personajes ni situaciones repugnantes— por su utilización de la locura como desafío más que como excusa o como metáfora. Como veíamos que sucedió con el resto de la selección, es también un trabajo híbrido, que hace trabajar la ficción sobre el documental y viceversa, como es el caso de Aardvark, aunque esta última se orienta finalmente hacia el género, el narcisismo y la violencia características del cine americano. Lo de los suecos es menos rebuscado y más humano.

Pero lo cierto es que una película había logrado entusiasmarme, aunque no es de las que ganan premios. Volveremos sobre este tema.

Foto: Flavia de la Fuente

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20 comentarios para “Locarno: memoria y balance (11)”

  1. boudu Dice:

    No gusto Fucking Amal ni Let the Right One In?

  2. lalectoraprovisoria Dice:

    Creo que no vi ninguna de las dos.

    Q

  3. lalectoraprovisoria Dice:

    Oh, sí, Lucas Moodison. Un hijo de puta.

    Q

  4. ojosabiertos Dice:

    La primera es la más aceptable de Moodison. La segunda es muy buena, por momentos excelente. RK

  5. lalectoraprovisoria Dice:

    ¿Qué es Let the right one in?

    Q

  6. noriega Dice:

    La de vampiros adolescentes (que no es Crepúculo, ciertamente), es realmente muy buena, se estrenó el año pasado.

  7. lalectoraprovisoria Dice:

    Bueno, si todos lo dicen esa debe ser la primera película sueca buena después de Un verano con Mónica.

    Je.

    Q

  8. Héctor Ullmer Dice:

    Consulta: por qué Moodison es un hijo de puta?
    Segunda consulta: No es demasiado taxativo señalar que en Suecia no ha habido una buena peli desde las primeras de Bergman?

  9. Montañés Dice:

    Recuerdo un texto de Fabián Casas sobre Let the right one in, que leí durante su estreno. Estaba de viaje y aproveché para verla en cine, incentivado por la lectura de la nota, graciosamente titulada Heidi Metal.

  10. sergio Dice:

    Let the Right One In es una de las películas de la década. Burrowing es excelente. Y Roy Anderson un cineasta interesante. Claro: comparados con Bergman… Es como comparar cada opera prima argentina con Cronica de un niño solo, o cada francesa con Los 400 golpes o Sin aliento.

  11. noriega Dice:

    No estoy tan seguro de que a Q le vaya a gustar tanto como a nos Let the Right One In pero seguro que está muy por arriba de lo que pensaba del cine sueco.

    Off topic: Q, escribite algo de fútbol, el kirchnerismo nos está matando las pasiones!!

  12. lalectoraprovisoria Dice:

    Puedo comprar la de vampiros, pero no me vengan con el impostor de Roy Anderson, el primo de Subiela.

    Q

  13. lalectoraprovisoria Dice:

    Noriega. Fútbol. Sí, ahora va.

    Q

  14. boudu Dice:

    Roy Andersson es el primo de Carlos Sorin, no de Subiela.

    Me convenciste (?), Moodyson es un hijo de puta. Te estas convirtiendo en este tipo?

    Jerry Lewis habia hecho una pelicula sueca?
    Y estaba esas I Am Curious…que poco que vi.

  15. Hugo Salas Dice:

    Concuerdo en el juicio lapidario a Moodison.
    Me gusta Let the right one in… pero no, Q., no es Un verano con Mónica ni de cerca.
    ¿Alguien recuerda a Bo Widerberg? Q, no sabés cuánto lo odiarías, es el ejemplar acabado de cineasta “finoli”. Acá se vio mucho (demasiado) una pesadilla suya que se llamaba Elvira Madigan, una oda al zoom y el teleobjetivo con Mozart de fondo, en la campiña… “muy bucólica, te felicito”, diría el Vecchio García

  16. saint-jacob Dice:

    ‘Let the right one in…’ es de ‘vampiros’ pero no, Q… del amigo Bo (no Armando) dicen que dicen que en los 60′ la tenía… en sus últimas películas no, evidentemente… ‘Fucking’ es la tìpica pelìcula adolescente-indie (permítaseme el término, y disculpas) que se filmaron en los 90′ por allá… ¿alguien vió algo de Ruben Östlund, Josef Fares, Maria Blom?. yo no…pero el verdadero artista es…Lasse Hallström (estoy jodón)…

  17. Anónimo Dice:

    me da que Let the right one in cumple con todos los cánones, tan bien expuestos, del cine festivalero que el amigo Q detesta…

  18. janfiloso Dice:

    También vos … Suecia, Finlandia, Noruega… segual…
    ¿es una península, no?

  19. Boris K Dice:

    Fucking Amal es bastante inocentona por lo tanto más del gusto contemporaneo, pero Lyla 4 ever está tan a contrapelo de lo que se filma en la actualidad y al momento de su estreno que me parece una película valiente.
    Sus films posteriores son si son una mierda. Aunque el de los hippies que viven juntos tiene momentos muy buenos, es un clásico.
    Y Let the right one es cine a secas, no tiene nada que ver con ninguna especulación estética ni de mercado.
    La reseña del film sueco me hace acordar a 77 Doronship, lo mejor del cine argentino (?) de los últimos tiempos.

  20. lalectoraprovisoria Dice:

    Boris K. Doronship es buenísima, lástima que somos dos los que lo pensamos… Es verdad que se parece un poco a la peli sueca.

    Q

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