La hibridez y cómo lograrla
por Quintín
Empiezo disculpándome con nuestro comentarista Pinto Saldanha, que es bastante maledicente pero es posible que tenga razón en su análisis de Norberto apenas tarde. Ahora que lo pienso, no entendí que la permuta del destartalado auto de Norberto por un camión que le sugiere un vendedor de usados estuviera dirigida a establecer que su salida profesional está en el transporte. También es posible que se aclare perfectamente bien que Norberto no se va a convertir en actor profesional, como me pareció al ver la película. De hecho, es muy probable que haya un sustrato verosímil en Norberto apenas tarde y que los destellos que atentan contra esa verosimilitud (la euforia de los compañeros en la obra y en el trabajo, la milagrosa supervivencia económica del gordito), que fueron lo que más me entusiasmó de la película porque la sacaban del costumbrismo para acercarla al cuento de hadas, tengan una importancia menor en el balance.
Pero lo interesante del asunto no es tanto que la película sea verosímil (lo que le gusta a Pintos Saldanha) o inverosímil (lo que me gusta a mí) sino que esos dos registros coexisten. Pero no se trata de distintos niveles de lectura como suele decirse (o como solía decirse, nadie se expresa así en estos días) sino de registros contradictorios pero simultáneos. Es decir, estamos frente a una película que no cree necesario apostar a un tono definido, sino que juega con lo que le puedan ofrecer los dos géneros que la atraviesan: la comedia costumbrista y el relato mágico —eso que describí como cuento de hadas— que deconstruye una vida adulta que en el fondo no es tal, ya que al Norberto que la propia película nos presenta como un gran perdedor solo lo puede salvar el genio salido de una botella y no un manual de autoayuda, ni siquiera con un curso de arte dramático adentro.
Esa ambigüedad, esa hibridez, ese doble registro sobre el que la película utiliza como marco para su eficacia cómica (Norberto está construida como una sucesión de escenas que dan lugar al chiste, a la manera de una sitcom) no es ajena al cine que estábamos viendo a esa altura y que se repetiría durante el resto del festival. Es como si el cine juvenil actual, ese cine entre mainstream e independiente, festivalero por excelencia, hubiera incorporado ese tipo de hibridez como ingrediente esencial de su fórmula. Dicho de otro modo, para que las películas no sean débiles, frágiles, deben destruir la consistencia de su tono, de su trama o de su estilo para incorporar la mayor cantidad posible de elementos atractivos y heterogéneos. Si a esta altura revisamos las películas de las que hemos hablado, esa característica se mantiene. Aardvark parte de un registro documental y un cierto subtexto gay y le incorpora una trama policial, una prostitua y escenas de erotismo hétero. Es un trabajo de la ficción sobre el documental. Burta balenei es una comedia costumbrista sobre trientañeros desprolijos, desocupados y aburridos, pero tiene también la impronta elegante de la realización y la presencia de la propia realizadora como actriz que juega a no ser ella. La academia rumana está también en la base de esa dualidad. Jo pour Jonathan es un retrato social, pero con carreras de coches y eutanasia. La vida sublime tiene un tono ensayístico-documental que juega con la falsedad de lo que se dice, como en el cine de Lacuesta, pionero de ese registro ambiguo en el cine español. Incluso Im alter von Hellen, la película alemana de la otra competencia, tenía esa dualidad entre drama burgués bergmaniano y una pulsión aventurera, onda Claire Denis, que ya es de por sí una cineasta ambigua. De lo visto hasta aquí, solo la película taiwanesa The fourth portrait tenía un perfil definido como relato infantil de aprendizaje. De todas las que habíamos visto hasta e momento, fue la única que le gustó a Anita, una información que sería relevante al final.
Foto: Flavia de la Fuente

agosto 30, 2010 a las 8:18 pm
“…deben destruir la consistencia de su tono…”
Si hubieras dicho deconstruir serías un crítico moderno.
agosto 31, 2010 a las 2:25 pm
Nadie parece haberlo notado, pero está buenísima la foto de Flavia.
septiembre 1, 2010 a las 1:04 pm
Muchas gracias por lo de maledicente, Q. Un verdadero halago.
Lo único que quería puntualizarte era que en la película sí existían esas explicaciones que tan mal te caen.
Por otra parte estoy de acuerdo en todo lo que decís sobre el cine conteporaneo. Vos le llamás joven, a mi me parece que la gente de 30 y pico ya no es joven, pero sin duda forma parte de la misma generación. Esa generación abarcaría desde Miguel Gómes a Maren Ade, pasando por su marido, por Hendler y por Lisandro: todos campeones de la “hibridación”. Pero ese es mi entender, solamente.
También creo que ese cine, no es festivalero: responde a otro circuito en el que si bien los festivales participan no son películas que no se van a ver fuera de ellos. De hecho, todos lo antes nombrados tuvieron estrenos comerciales más allá de la medida de éstos. Estas película, ni siquiera son las más codiciadas por los fondos, que siguen prefiriendo las películas exóticas de países pobres con historias edificantes.
Saludos.
septiembre 1, 2010 a las 1:26 pm
Saldanha, te dije maledicente porque sin ninguna prueba me acusaste de analizar una película según mis “odios o amores” y de criticarla porque la produjo Burman. No me parece que te hayas arrepentido de esa acusación infundada de parcialidad, mientras que yo sí mostré mi hidalguía y mi caballerosidad para discutir.
Saludos
Q
septiembre 3, 2010 a las 12:33 am
Y dónde se puede ver “Norberto apenas tarde” entonces? Intuyo, por los comentarios de Q, que es un bodrio mayúsculo. Pero por qué P.S. la defiende tanto? P.S. son las iniciales en realidad de un realizador uruguayo cuya intachable trayectoria podría comenzar a cuestionarse a partir de desinteligencias que se verán pronto en pantalla?
septiembre 3, 2010 a las 2:33 am
No “acuso” sin “pruebas”, Q. Sólamente, al igual que vos expreso una opinión. En este caso, basada en mis experiencias frente a algunos de tus textos, tanto en el blog como en El Amante en el pasado. Aprecio la hidalgía, no me arrepiento y si querés seguimos discutiendo de otras cosas.
Lucas Moody: me calaste! Soy Paul Schrader. El Paul Schrader charrúa.